El proceso de creación de La sombra del adepto fue bastante accidentado y en más de una ocasión pensé que no llegaría a buen puerto. Aunque inicié la novela a finales de 2012, la cosa no terminó de cuajar y, tras varios comienzos en falso que me ocuparon algunos meses, me di cuenta de que, antes de embarcarme en el futuro de Yáxtor Brandan, tenía que echarle un largo vistazo a su pasado. Así fue como nació Los rostros del pasado, donde se exploraban la infancia y juventud de Yáxtor Brandan y se narraban en parte los acontecimientos que lo convertirían en el personaje que conocimos en El adepto de la Reina. Esa exploración del pasado era necesaria antes de poder seguir narrando el futuro del adepto y en ella, como recordarán los lectores, conté con la inestimable ayuda y colaboración de Felicidad Martínez.

Retomada La sombra del adepto en noviembre de 2014, conseguí rematar el primer tercio y adentrarme en la segunda parte de la novela en los siguientes meses. Pero mi progreso fue haciéndose cada vez más lento, hasta finalmente detenerse en algún momento a principios de 2015.

Para colmo, a principios del verano de ese año, una nueva novela se interpuso en el camino. Se trataba de La canción de Bêlit, mi novela de Conan, que me tuvo ocupado hasta la primavera de 2016.

Aquel parecía un buen momento para retomar La sombra del adepto, pero cada vez que intentaba ponerme a ello, descubría que no podía. Tenía claros los acontecimientos que me faltaban por narrar, al menos de un modo general, pero no conseguía concretarlos sobre el papel. Reflexionando, descubrí que para que la novela estuviera completa necesitaba añadirle una nueva subtrama; había una parte importante del escenario y los acontecimientos generales del mismo que estaba dejando de lado y que necesitaba contar si quería que la novela tuviera la forma adecuada. De ese modo el carneútil Avanzadilla (que había hecho su aparición en El jardín de la memoria) se incorporó a la historia y el empujón que eso me aportó me permitió concluir el segundo tercio de la novela. Pero al llegar ahí me detuve de nuevo. Lo que quedaba por contar parecía bastante claro, pero de algún modo no era capaz de plasmarlo en palabras.

Pasé los siguientes meses dedicado a otras cosas, sobre todo a traducir varias obras de diversos autores al castellano y una recopilación de mis propios relatos al inglés (que verá la luz en 2018 bajo el título de The Road to Nowhere de manos de NewCon Press). Hasta finales de 2016 no volví sobre La sombra del adepto y aún entonces avanzaba de un modo vacilante, a trompicones.

Repasé todo lo escrito y reflexioné sobre lo que faltaba por escribir. Al principio no comprendía qué ocurría, hasta que de pronto una mañana todo encajó en su sitio. Casi desde el principio había tenido muy clara la resolución final de dos personajes importantes, pero al repasar ahora todo lo que sabía comprendí que estaba equivocado, que lo que había planeado para ellos no encajaba del todo y que, de hecho, tenía alternativas más coherentes.

(Por si os estáis preguntando si esto que acabo de describir es lo mismo que cuando otros escritores dicen «tal personaje me tomó por sorpresa y empezó a actuar por su cuenta», en efecto, de eso se trata. No tiene nada que ver con que los personajes cobren vida merced a quién sabe qué ignota magia, sino que sean coherentes con los parámetros que el autor ha establecido para su personalidad. A veces esa coherencia los lleva a hacer cosas con las que el autor no contaba. Así de sencillo y de prosaico, me temo.)

En cuanto hube solucionado esos detalles, el tercio que quedaba por contar se escribió prácticamente solo y en un par de semanas el primer borrador de la novela estaba listo.

Quedaba, por supuesto, la tarea de revisar, pulir y resolver incoherencias, pero el trabajo duro e importante estaba hecho. Cierto que en esas revisiones se incorporaron algunos cambios de menor entidad, se repasó la coherencia de los diversos acontecimientos… y se cambiaron radicalmente un par de escenas cercanas al final cuando me di cuenta de que no las había enfocado correctamente.

Pero ese primer borrador era, como es habitual en mi caso, la novela definitiva en casi un noventa por ciento. Si todo va bien, saldrá en 2018. Pido perdón a los lectores por la larga espera, pero hay cosas por las que vale la pena esperar. Ojalá La sombra del adepto sea una de ellas.

Ya me lo diréis.

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