En el diario El País, en la sección Tentaciones, aparece hoy un amplio artículo sobre Emilio Bueso y su más reciente proyecto, Transcrepuscular. Enhorabuena a Emilio y le deseo la mejor de las suertes, por supuesto.

Podéis leerlo completo pinchando aquí.

Hay varias cosas en el artículo que me desconciertan, empezando por el titular original, que decía: «Hablamos con el primer español que publica el editor de ‘Juego de Tronos’» y que demostraba una ignorancia bastante enorme de la editorial Gigamesh, ya que Emilio es el quinto autor español que publican. El nuevo titular, que pretende ser más diplomático, no es mucho mejor: «Hablamos con el primer español por el que apuesta el editor de ‘Juego de Tronos’». O sea, los anteriores españoles fueron meramente publicados, el editor nunca apostó por ellos. En fin. Dejémoslo en que estoy seguro de que no hay mala intención en el titular y en que tampoco es una cuestión demasiado importante. Además, ya se sabe, los titulares, cuanto más sensacionalistas, mejor (o cuento de qué, si no, la mención a Juego de Tronos).

Es el contenido del propio artículo el que de verdad me desconcierta, sobre todo por el modo en que se mezclan cosas sumamente interesantes (cuando se describe la estrategia de ventas y marketing para rentabilizar al máximo los lectores fieles Emilio Bueso, por ejemplo) con auténticos disparates como afirmar que para hacer worldbuilding de verdad («como un paisanu», que diríamos en Asturias) hay que calcular hasta las órbitas de los planetas. No sé si tomármelo como más una de las habituales boutades de Emilio (sospecho que por ahí van los tiros, conociéndolo un poco) o como un síntoma de deformación profesional. No olvidemos que es ingeniero. Pero, bueno, digamos que hasta puede resultar graciosa la afirmación.

Lo que de verdad me ha dejado de piedra es la falta de perspectiva y las anteojeras deliberadas de un párrafo concreto. Leyendo el artículo, no queda claro si refleja la opinión de Emilio Bueso, la de Alejo Cuervo, el editor, o la del autor del artículo. Este último, Ángel Luis Sucasas, ha reconocido en Twitter que esa opinión es la de Alejo. Aceptémoslo por tanto mientras el interesado no afirme nada en contra.

El párrafo se inicia así:

A la vez que pasa esto, resulta que hay una primera generación de españoles que están en igualdad de condiciones (literarias) para subirse al ring con los Stephen King, Brandon Sanderson o Patrick Rothfuss. Surgen nombres propios como los de Ismael Martínez Biurrun, Víctor Conde, Sofía Rhei, Guillem López o el propio Emilio Bueso.

(EDITANDO: Alejo Cuervo ha afirmado, en una discusión en FaceBook, que esa frase no es suya, sino del autor del artículo. Que no está entrecomillada y, por tanto, no corresponde a sus declaraciones. Como hemos visto, Ángel Luis Sucasas afirma una cosa muy distinta.)

Es decir, es la primera vez que los autores españoles del fantástico están en igualdad de condiciones literarias para medirse con los internacionales de primer orden. Recalco lo de literarias. No de potencia editorial, de cantidad de lectores o de capacidad de promoción. No, literarias. Parece ser que antes de lo que podríamos llamar «la generación transcrepuscular» (y pido perdón de antemano, seguro que no es la etiqueta más apropiada) los autores españoles de fantasía y ciencia ficción eran unos inútiles. Del montón.

Que no me mencionen no me parece raro. Entre otras cosas porque ese tipo de listas tiende a ignorarme a menudo y porque, además, coincide con mi propia opinión sobre mí mismo: un autor competente de segunda fila que a veces tiene momentitos de brillo un poco por encima de su nivel.

Más importante es ver cómo se hace como si César Mallorquí, José Carlos Somoza, Rafael Marín, Eduardo Vaquerizo, Félix J. Palma o León Arsenal, por mencionar unos pocos, no existieran o su obra no tuviera calidad suficiente comparada con la de la Generación Transcrepuscular. Ante lo cual me pregunto qué idea de calidad literaria tiene la persona cuya opinión refleja el párrafo.

Pero, mira, estoy de un humor benévolo y tal vez si hubiera omitido todos esos nombres y hubiera dado uno solo no le habría dado más importancia al parrafito. ¿Qué nombre? Bueno, es evidente, el de la única persona que, dedicándose al fantástico en este país, puede medirse en pie de igualdad literaria con Stephen King o con quien le plazca. La única persona que por calidad, trayectoria, ambición y versatilidad (no mencionaremos siquiera la proyección internacional) hace que los demás parezca que jugamos en las ligas menores (yo seguramente lo hago) o incluso ni siquiera estemos en el mismo deporte.

Hablo, por supuesto, de Elia Barceló.

Elia lleva desde finales de los años ochenta demostrando una calidad apabullante, una increíble versatilidad que la ha hecho tocar todos los palos posibles dentro y fuera del fantástico, y una ambición que la lleva a no arredrarse ante ningún reto literario, por difícil que sea, y encima salir con bien de él una y otra vez. Elia nos lleva dando sopa con ondas a todos los demás autores españoles de fantasía y ciencia ficción (incluida, sí, lo siento, la Generación Transcrepuscular) la friolera de casi treinta años.

Ahí es nada.

Así que a lo mejor, por mucho que uno esté intentando vender y promocionar a sus autores, un poco de perspectiva y, sobre todo, un pelín de respeto, quizá no vengan mal.

Un poquito de por favor, vamos.

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