A continuación reproduzco la presentación que escribí a Dados cargados, mi último libro, una recopilación de relatos que pega un repaso a mi carrera en el terreno de la narrativa breve, recientemente publicada por Cazador de Ratas Editorial.

En los casi cuarenta años que llevo escribiendo habré pergeñado casi un centenar de relatos de diversa extensión. De esos he publicado poco más de sesenta. De los inéditos, buena parte de ellos se perdieron por el camino, unos pocos sobreviven en mi disco duro y de alguno existe una copia impresa, mecanografiada o incluso manuscrita, en el fondo de un armario.

No, no siento ninguna lástima por los cuentos que se han perdido. Y si se perdieran los otros inéditos confieso que tampoco experimentaría demasiada pena. Más allá de la nostalgia que me puede asaltar al releerlos (y que difícilmente será compartida por nadie más) el valor de esas piezas es prácticamente nulo. Son parte forzosa del proceso eterno de aprendizaje que es la vida de un escritor. En cierto modo, son las víctimas colaterales inocentes, las bajas inevitables que se producen a lo largo de una larga travesía y que van quedando abandonadas a la estela del buque del que cayeron, despojos que la marea puede llevar a alguna playa, pero que lo más probable es que acaben engullidos por las aguas y se pudran lentamente por toda la eternidad en un mar de los sargazos narrativo.

Además, no han muerto del todo. Aquellos relatos que tenían algo aprovechable (ya fuera la idea de arranque, el enfoque, alguna situación o cierto personaje) acabaron pasándolo a cuentos posteriores. Así que aunque están muertos, podríamos decir que no fallecieron sin descendencia y que una parte de ellos vive en relatos posteriores que aún conservan buena salud.

Empecé a escribir, como decía, hace unos cuarenta años; a publicar en fanzines y revistas de aficionados hace veintiocho; y tuve mi primera publicación profesional seis más tarde, en 1995.

En ese tiempo he ido dispersando mis relatos un poco por todas partes: por fanzines y revistas aficionadas al principio, como acabo de decir; por algunas publicaciones periódicas profesionales después; por antologías de autoría compartida y por recopilaciones propias de narrativa breve; en papel y en formato digital; con diversos editores y ejerciendo yo mismo esa tarea.

Hasta ahora existían tres libros que recogían el grueso de mi producción de narrativa breve. Los dos primeros, Callejones sin salida (Berenice, 2005) y Laberinto de Espejos (Berenice, 2006), son hoy inencontrables; hace tiempo que agotaron su tirada. El tercero es Porciones individuales (Sportula, 2012), que sigue estando disponible, tanto en papel como en ebook, pero que se centra en mis relatos de corte puramente fantástico y deja fuera mi producción más de ciencia ficción.

Tenía ganas de hacer una nueva recopilación que tuviera un cierto carácter antológico y que pudiera servir como muestrario de lo que ha sido mi evolución en el terreno del relato a lo largo de los años. A tal fin, fui seleccionando los relatos que me parecieron más representativos y decidí ordenarlos cronológicamente, no atendiendo a su fecha de publicación, siempre engañosa, sino al momento en el que fueron escritos.

Así nace este Dados cargados. Abarca unos veinticuatro años, los que median entre el primer relato, «La carretera», escrito en 1989, y «En el ático», pergeñado en 2013, y muestra los principales géneros que he ido tocando a lo largo del tiempo, sobre todo la fantasía y la ciencia ficción.

Ya no os molesto más. Que los relatos hablen por sí mismos. Espero que sean de vuestro agrado.

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