Soy fan del cine musical desde que tengo memoria (algunos dicen que eso viene a ser un periodo de unos siete minutos, pero mejor no les hacemos caso a esos ígnaros). No recuerdo cuál fue la primera película musical que vi, pero tuvo que haber sido muy joven y, seguramente, en televisión.

Me encantan los grandes musicales clásicos de MGM (sobre todo los co-dirigidos por Donen y Kelly), igual que los de Warner o RKO. Y me gustan los musicales que adaptan grandes obras de Broadway, los musicales más rompedores y experimentales de los años 70, y los desenfrenados y sumidos en una orgía de colores, cardados y hombreras de los 80 y los…

Vamos, que me gusta el musical.

Si lo pienso un poco, posiblemente sea el género más fantástico de todos. El menos realista. Puedo creer que algún día salgamos al espacio (si no nos extinguimos antes) y nos encontremos con extraterrestres inteligentes. Incluso puedo suspender la incredulidad lo suficiente para imaginar un universo en el que haya dragones, magos y unicornios. Pero un mundo en el que, de repente, la gente se pone a cantar y a bailar para decir las cosas importantes, perfectamente coreografiados y con unos misteriosos arreglos orquestales de fondo que no se sabe de dónde salen… bueno, no puede haber nada más descabellado que eso.

Pero me gusta el musical. Me encanta. De algún modo toca ciertas teclas emocionales en mi interior y suspendo sin problemas la incredulidad y me meto casi sin pensármelo en ese absurdo universo donde las declaraciones de amor y de guerra, las soflamas políticas o los discursos existenciales se dan cantando y bailando.

Se me ha ocurrido poner algunos de mis momentos favoritos del cine musical. Porque sí. Porque hoy es hoy. Porque me apetece y me lo pide el cuerpo.

Vamos allá.

Cantando bajo la lluvia (Moses Supposes His Noses are Roses)

Quizá mi musical favorito, el que mejor resume y compendia el género, con un Kelly brillante, una pizpireta y encantadora Debbie Reynolds, un Donald O’Connor carcajeante, un guión casi perfecto en su estructura, lleno de comedia bien hecha y con, seguramente, los mejores números del género.

Pero mi número favorito no es el que da título a la película, ni algún otro como el emblemático Good Morning, sino este momento de la clase de dicción en el que humor, baile acrobático y música se mezclan a la perfección. Además, me encanta el trabalenguas: Moses supposes his noses are roses, but Moses supposes erroneously…

The Band Wagon (That’s Entertainment)

Me encanta esta película. Un Fred Astaire elegante como nunca, una Cyd Charisse altiva y hermosa y llena de gracia y armonía, deliciosos momentos de comedia (algunos de ellos a costa de cierto arte pretencioso y empeñado en la trascendencia a toda costa… ecuestre lo que cuestre, que dirían Les Luthiers) y algunos grandes momentos musicales.

Además, tiene la mejor versión que he oído de That’s Entertainment, esa canción que es en sí misma una declaración de intenciones y que siempre me alegra el corazón cuando la oigo.

Tenía claro que esa era la canción que quería poner aquí, pero no cuál de las dos versiones que de ella se hacen en la película. ¿Al principio de la misma, cuando juega con elementos de comedia y hace una maravilla descripción de lo que es la literatura, la narrativa, el arte en general? ¿O al final, más seria y solemne, menos divertida, pero con la incomparable presencia de Cyd Charisse?

Qué narices. Pongo las dos.

El Rey y yo (Getting to Know You)

Deborah Kerr, Yul Brinner, con esa “presenciona” imponente (el calvo más sexy de la historia, con diferencia), drama, comedia, tragedia y musical, todo ello mezclado con elegancia y, en medio, maravillosas canciones de Rodgers y Hammerstein.

Siempre he tenido debilidad por ese momento en que Deborah Kerr (aunque no es su voz, está doblada por Marni Nixon) se pone a cantarles a los hijos y mujeres del rey de Siam y a explicarles qué pretende. Seguro que más de uno lo encuentra un momento ñoño y cursi.

Qué les den.

My Fair Lady (I Could Have Danced Tonight)

Venga, sigamos con el azúcar, pensará más de uno. Pues eso, sigamos. Y es que desde mi reciente descubrimiento de que soy un sentimental (algo que, al parecer, todo el mundo sabía menos yo, como no podía ser menos) no tengo ningún problema en reconocer que me pongo emotivo con cancioncitas como esta.

Ni de reconocer que me dan ganas de bailar por toda la casa en camisón. Por suerte para aquellos que viven conmigo, aún no he cedido a la tentación.

Jesucristo Superstar (Heaven on Their Minds)

Venga, cambio de tercio. Y, de paso, vamos con uno de mis principales fetiches. Y es que esta opera rock de Tim Rice y Andrew Lloyd-Webber es una de mis obsesiones desde la adolescencia. No sé cuántas veces la habré escuchado (ya sea en inglés o en español) ni cuántas veces habré visto la película de Norman Jewison.

Sigue pareciéndome lo mejor que ha hecho Lloyd-Webber con diferencia. O, al menos, lo más original, arriesgado y conseguido. Y una de las pocas obras que merece realmente ser llamada “opera rock” en un sentido estricto. Pues al contrario que en otras donde la palabra ha sido usada gratuitamente, aquí sí que tenemos una fusión prácticamente perfecta entre un sonido de rock y una estructura y una ambición operísticas.

En cuanto a la película, no me canso de verla. Está llena de grandes detalles, muchos enormemente sutiles. Además, con ese inicio en el que el reparto se baja del autobús se pone a vestirse y empiezan a interpretar la obra (y el correspondiente final, en el que guardan el atrezzo, se suben al bus y se van), siempre me ha dado la impresión de que la película es la filmación de un grupo de personas que han decidido hacer un rol en vivo de la obra musical.

Por otro lado, el detalle genial de que nunca se vea a Jesús bajar del autobús (aparece de pronto en medio de un círculo de personas) ni se lo vea subir al final, es la guinda perfecta.

All That Jazz (Take off With Us)

Otra de mis películas fetiche. Y, para mí, la obra maestra de Bob Fosse (más que la oscarizada Cabaret, a mi entender) y, desde luego, su testamento musical y cinematográfico. La película es estremecedoramente autobiográfica y Fosse se disecciona a sí mismo con una carencia de piedad notable. El final, premonitorio y lúcido, con un número maravilloso con Roy Scheider y Ben Bereen dándolo todo… hasta la vida en el caso del primero.

Todos los actores están en estado de gracia, la comedia y la tragedia se mezclan a la perfección… y coño, hasta me creo a Roy Scheider como bailarín y coreógrafo.

¡Y, narices, la muerte es Jessica Lange, Jessica Lange nada menos!

De todas las escenas he elegido este Take OfF With Us, que muestra al reparto de una obra ensayando un número. La primera parte del número es totalmente convencional, Broadway clásico puro y duro. La segunda parte… ay, la segunda parte.

Y, por si no os habéis fijado, una de las intérpretes del número es Sandal Bergman. Si, Valeria en la primera película de Conan, esa misma.

Hair (I Got Life)

Una película que fui a ver sin tener la menor idea de qué iba y que me atrapó desde el principio. La epopeya hippie por excelencia con la guerra de Vietnam de telón de fondo y algunas canciones que se han convertido en emblemáticas, casi en un himno, como Aquarius os Let the Sun Shine.

He elegido I Got Life, una canción por la que siempre he sentido cierta querencia. Como otras, es también una declaración de intenciones.

Moulin Rouge (Elephant Love Medley)

Sí, me encanta el Moulin Rouge de Baz Lurhmann, qué pasa.

Una trágica historia de amor (que sabemos, además, que va a acabar en tragedia desde el momento mismo en que empieza la película), grandes números musicales, una explosión de color desenfrenada, momentos de comedia impagables y algunas de las mejores versiones de famosos temas pop.

Ese The Show Must Go On pone los pelos de punta. La versión de Like a Virgin es carcajeante. La interpretación de Roxanne, estremecedora.

Pero he elegido la escena del elefante, en parte por la maravillosa interacción entre Ewan McGregor y Nicole Kidman (y cómo cantan lo dos, los muy cabrones) y en parte por la inteligente y conseguida mezcla que se hace de diversos fragmentos de varias canciones pop de amor.

Y porque me gusta, que narices.

Por cierto, es película se comió los mocos en los Oscars mientras, poco más tarde, la insufrible, pretenciosa y espantosa Chicago se llevaba estatuillas como si no hubiera un mañana. En fin.

Yentl (A Piece of Sky)

Sí, otro de mis fetiches. Todas y cada una de las canciones de esta película me emocionan y la voz de Barbra me pone los pelos de punta. Pero, bueno, eso no tiene mérito, la voz de Barbra me pondría los pelos de punta aunque estuviera leyendo la puñetera lista de la compra.

La historia me funciona en todo momento y las implicaciones de la misma (por la que, por cierto, buena parte de la comunidad judía, y no tan judía, se le echó encima a Barbra Streisand en su momento) me llegan.

De toda la película tenía que elegir este Piece of Sky. Sí, otra maldita declaración de intenciones, qué narices.

***

¿Ya está? ¿Hemos acabado?

Sí y no. Podría seguir enumerando musicales hasta la saciedad (Siete novias para siete hermanos, Grease, Un americano en París, La leyenda de la Ciudad sin Nombre, West Side Story, Todos dicen “I Love You”, Kiss Me, Kate, Dinero caído del cielo, El fantasma del paraíso, Sombrero de copa, Ha nacido una estrella,  Show Boat, New York New York…) y eligiendo mis momentos favoritos. Pero creo que como muestra ha estado bien.

Elegid ahora vosotros los vuestros.

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