Reproduzco a continuación el texto de presentación que acompaña a Memoria de Tinieblas, la extraordinaria ucronía steampunk escrita por Eduardo Vaquerizo y que transcurre en el mismo escenario que Danza de Tinieblas.

Memoria de Tinieblas, de Eduardo Vaquerizo

Memoria de Tinieblas, de Eduardo Vaquerizo

Madrid, 1970.

Las naciones católicas siguen sumidas en la decadencia. Quién sabe si, en Roma, el Papa actual se lamenta de que la cerrazón de sus predecesores causara el cisma español cuatrocientos años atrás y perdiera para el catolicismo, no sólo España y los principados alemanes, sino todo el nuevo continente de las Américas.

África, casi despoblada tras las plagas que la asolaron, permanece inexplorada en gran medida, salvo aquellas zonas costeras controladas por España o por los turcos.

El Imperio Español construido por Juan de Austria y mantenido por sus sucesores, parece gozar de buena salud. En sus costas, en efecto, no se pone el sol y su influencia se extiende por todo el mundo, desde las Américas a las más lejanas costas de Asia. Hay descontento entre las clases bajas pero, ¿cuándo no lo hay? El Imperio es una máquina bien engrasada a la que le queda cuerda para rato.

Aunque…

En el Este, se desangra en una larga guerra contra el Imperio Otomano que hace tiempo ha alcanzado una situación de impasse. Ninguno de los dos bandos es capaz de alzarse con la ventaja, y esta situación va minando poco a poco los recursos de ambos.

En el Oeste, en las Américas, el territorio de Nueva Borgoña se está convirtiendo en terreno abonado para la revolución, para que los plebeyos se gobiernen a sí mismos sin reyes ni nobles que les impongan un sistema de vida que los aboca a la miseria. Quizá no son más que un puñado de desharrapados extendidos por un territorio sin importancia. Pero su ejemplo puede ser peligroso si cunde.

Además…

Un momento.

¿Madrid, 1970?

¿Qué Madrid? ¿Y qué 1970?

En efecto, amable lector. Has dado con meollo del asunto, el verdadero intríngulis de todo esto. Porque no estás en el siglo XX que conoces. Y, de hecho, la historia de los últimos cuatro siglos ha sido muy distinta a la que recuerdas.

Estás ante una ucronía. Un escenario que, en un momento concreto de su historia (que en este caso puede situarse justo tras la batalla de Lepanto, en 1571), se ha separado de nosotros y ha discurrido por su propio camino de acontecimientos hasta construir un siglo XX, un año 1970 que no es el que conoces… aunque a veces lo recuerde poderosamente y, en ocasiones, parezca incluso más real, más vívido y detallado que el que describen los libros de historia.

Si has leído Danza de tinieblas, ya sabes de qué te hablo. Si no, echa a correr a por ella y devórala lo antes posible. No porque la necesites para comprender o disfrutar del libro que tienes en las manos (te aseguro que no es así), sino porque Danza de tinieblas es una estupenda novela por sí misma.

En ella nos asomamos al Madrid de 1929 (un 1929 que, no me canso de decírtelo, no es el que figura en los libros de historia) y, a lo largo de una aventura trepidante, de un emocionante thriller de capa y espada (o de acero y Villegas, podríamos decir, para los iniciados), vamos teniendo un atisbo, una pequeña pincelada de un paisaje y un escenario que prometen ser fascinantes una vez se alce el velo.

Y éste se alza aquí, en esta Memoria de tinieblas. La novela anterior tenía un foco cercano y cerrado, ese Madrid de finales de los años veinte que recorre el cabo Salamanca en su empecinamiento por desvelar el misterio. Ahora, el foco se abre y nos muestra un panorama mucho mayor, más completo; cierto que Madrid sigue siendo uno de los puntos clave de la historia, pero no es menos importante la Nueva Borgoña americana o incluso el frente de Alsacia. Y Eduardo Vaquerizo, a medida que despliega ese panorama ante nuestros ojos, lo va usando como escenario para una historia más grande que la anterior, más ambiciosa, más compleja y elaborada y, en todos los aspectos, más redonda.

Danza de tinieblas era una estupenda novela en un escenario prometedor.

Memoria de tinieblas es una novela impresionante en un escenario que ya no es una promesa, un atisbo, sino una fascinante realidad. Tras esa realidad hay un trabajo metódico, preciso y elaborado que casi parece orfebrería narrativa; un esfuerzo mitopoiético que nada tiene que envidiar a los mejores «otros mundos» que nos han dado la ciencia ficción y la fantasía.

Creo que podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que estamos ante una de las cinco mejores ucronías steampunk jamás escritas en cualquier idioma. Desde luego (y vais a perdonarme la contundencia), es la mejor ucronía steampunk jamás escrita en castellano: el cuidado en el detalle, el mimo en las invenciones tecnológicas de esa historia alternativa, el estilo elegante y ocasionalmente castizo, las dos tramas que se van desenrollando hasta encontrarse de un modo fluido y natural al final, el conocimiento de primera mano de ese paisaje madrileño alternativo, como si el autor llevara viviendo en él toda su vida, el ritmo regular, la precisa respiración de la novela… todo eso se confabula, se une y se combina en una novela espectacular destinada a convertirse en un clásico del género.

Pero no tenéis por qué creerme, por supuesto. Al fin y al cabo, soy el editor de este libro y supongo que se espera de mí que hable en extremos, que exagere las virtudes de lo que publico y oculte sus defectos.

Así que, os lo ruego, no me creáis. No me hagáis caso, por favor. Comprobadlo por vosotros mismos. Echadle un tiento a la novela, leed las primeras páginas, adentraos en ese siglo XX que nunca existió y que a veces parece más auténtico que el real.

Una vez que lo hayáis hecho, os lo advierto, no habrá vuelta atrás. Tendréis que seguir leyendo hasta el final.

Porque eso es lo peor de Memoria de tinieblas. Que se acaba.

Confío en que sólo de momento.

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