Siempre que hablo de mi primer relato publicado, menciono «El chico de la moto es el rey», aparecido en el número 10 de Máser, el fanzine que editaba Juan José Parera. Como tiendo a ser un puñetero desastre organizativo, a menudo menciono la fecha de 1989, pero consultando ahora la completísima bibliografía que de mí tienen en La Tercera Fundación, veo que fue en 1987.

Y veo también que, en realidad, no fue ésa mi primera publicación. De hecho, según La Tercera Fundación, publiqué mi primer relato unos cuantos años antes.

¿Cómo fue eso?

Recuerdo, en su momento, haberme puesto en contacto con —creo— Carmelo Rosales Santana, un aficionado de Canarias que publicaba un fanzine llamado Black Hole. Recuerdo haber hablado con él de esto de lo otro y de lo de más allá y haberle mandado algunos de mis cuentos.

Y, tras eso, no volví a pensar mucho en el asunto. Creo que le mandé los cuentos simplemente para que los leyera. No esperaba gran cosa del tema ni tenía la menor idea de que los estuviera considerando para su fanzine.

Es difícil recordar los detalles (hablamos de cuando tenía dieciséis años, allá por 1981) pero fue más o menos así.

Es posible que Carmelo me dijera que había aceptado dos de los cuentos que le mandé y que pensaba publicarlos en el fanzine. Hasta es posible que, en su momento, me mandase un ejemplar del mismo. No puedo asegurarlo. Mi memoria insiste en decirme que no, que tras aquel contacto no volví a saber de él, pero es muy posible que me equivoque.

En cualquier caso, no volví a pensar en el tema. Y, curiosamente, no volví a intentar publicar un relato en ningún otro sitio hasta casi seis años más tarde, cuando le envié a Juanjo Parera un par de cuentos para su Máser. Para entonces, ya había olvidado totalmente el tema de Black Hole. Y, de hecho, ni siquiera conservaba los relatos que había publicado, titulados «Los únicos seres vivos» y «Elecciones».

Así que, para mí, la aparición de «El chico de la moto es el rey» en Máser 10 es mi primera publicación (mi «primer vuelo» según la terminología que usaba Nueva Dimensión). Lo cual no es cierto y, además, injusto. Seis años antes, mi firma ya había aparecido al pie de dos relatos en un fanzine llamado Black Hole que se hacía en Canarias.

Recogido queda aquí, por tanto, como desagravio y para que quede constancia del hecho.

 

POSTADATA:

Sí que recuerdo perfectamente ambos relatos. Que me acuerde de «Elecciones» no es raro, pues aún conservo la adaptación al cómic que un amigo hizo de él cuando éramos adolescentes, pero es más sorprendente que tenga tan claro en la memoria «Los únicos seres vivos», del que no conservo copia alguna.

Ambos eran cuentos con retruécano final.

El primero, «Elecciones» era un chiste bastante facilón. Y, anticipándose en varias décadas a la moda, un microrrelato de dos o tres párrafos. Básicamente un personaje se preguntaba a quién iba a votar en las próximas elecciones. En la frase final, descubríamos que era un ángel que no sabía a qué deidad elegir con su voto. Una chorrada de chiste.

El segundo estaba resuelto, por lo que recuerdo (y, de nuevo, puede que me equivoque) como un diálogo entre dos individuos. Consideraban a su planeta el único con seres vivos de todo el universo, ya que el universo entero giraba alrededor de ellos y ellos eran los únicos inmóviles: para ellos, todo cuanto se movía, estaba muerto, y era la inmovilidad lo que marcaba que algo estuviera vivo. Al final, descubríamos que quienes hablaban eran dos rocas lunares. Un intento de relato de «inversión de ideas», como los llamaba Asimov. Un intento bastante patético, todo hay que decirlo.

Esos dos fueron mis primeros cuentos publicados. No creo que nadie hubiera dado un duro por mí (¿un duro de 1981?, ni de coña, ni una peseta) tras leerlos. Yo mismo no lo habría hecho, en realidad.

Pero, bueno, aquí estamos, sea donde sea, treinta años más tarde.

2 thoughts on “Desagraviando

  1. Vaya por Dios… y yo que pensaba que lo primero que habías publicado era un relato que nos habías pasado para leer mientras estábamos haciendo la guerra (light) en Cabo Noval. Por lo menos creo recordar que aquel finalmente te lo habían publicado. Desgraciadamente no recuerdo cuál era, pero sí que también tenía retruécano final (al estilo de los a veces intraducibles juegos de palabras finales de los relatos de Asimov). Y aquello, si mi memoria no me falla, fue allá por el 1991.

  2. Supongo que el relato sería uno de la serie de “Horizonte de sucesos”, cuya fórmula era que varias personas escuchaban como otra les contaba una historia increíble y luego intentaban echarla por tierra buscándole las cosquillas con los detalles científicos. Al menos la mayoría de los cuentos que publiqué mientras estaba en el Glorioso Regimiento de Infantería Aerotransportada Príncipe Número Tres eran de esa serie.

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