A finales de este mes estará en la calle mi nuevo libro. Se trata de Dados cargados, una recopilación de relatos en la que repaso lo que ha sido mi actividad hasta ahora en el terreno de la narrativa breve. Publicada por Cazador de Ratas Editorial, pretende ser un muestrario de mi evolución como escritor de cuentos. A tal fin, las historias han sido ordenados cronológicamente, pero no atendiendo a la fecha de publicación, sino al momento en que fueron escritas.

De este modo se repasan veinticuatro años, los que van de 1989 («La carretera») a 2013 («En el ático»). La idea es ir viendo con cada sucesivo relato cómo se van refinando mis obsesiones narrativas, cómo basculo de un género a otro y los voy mezclando y, en general, cómo me he ido convirtiendo con el tiempo en el escritor que soy ahora, ya sea para bien o para mal.

El libro tiene una particularidad, y es que cada uno de los relatos ha sido prologado por un colega escritor. Once autores (seis hombres y cinco mujeres) presentan los distintos cuentos, hablan de ellos y de mí y, por decirlo de algún modo, hacen de maestros de ceremonias para esta recopilación. Elia Barceló, Juan Ramón Biedma, Luis Alberto de Cuenca, Cristina Jurado, César Mallorquí, Felicidad Martínez, Ismael Martínez Biurrun, Sofía Rhei, José Carlos Somoza, Eduardo Vaquerizo y María Zaragoza dan su visión de los diferentes relatos y reflexionan sobre ellos, en tonos muy distintos y siempre desde una óptica sumamente personal.

Confieso que cuando Carmen Moreno, la editora de Cazador de Ratas, me planteó la idea de prologar cada cuento con un texto de otro escritor, la encontré descabellada, por no mencionar que me pareció un tanto arrogante, ¿A cuento de qué otro autor iba a perder parte de su tiempo en hablar de mí?, fue lo primero que pensé. Pese a todo, seguí adelante con la idea, creé una lista de posibles interesados y contacté con ellos, esperando, lo confieso, que la mayoría me diera largas o me respondiera con una negativa directa. Sin embargo, la respuesta fue casi inmediata y entusiasta; no hubo ni un momento de vacilación y prácticamente todos me respondieron que estarían encantados de escribir unas líneas hablando del relato que les enviase.

Desde que empecé a publicar, allá por 1989, las recompensas me ha dado mi actividad como escritor han sido numerosas y muy variadas, pero creo que ninguna de ellas se compara con ver cómo otros escritores se entregan con tal entusiasmo a la lectura y análisis de lo que has escrito. Ir recibiendo cada prólogo a medida que me lo enviaban, leyéndolo y sonrojándome ante las cosas que leía sobre mí escritas por mis colegas ha sido una experiencia que, sinceramente, dudo que pueda describir como se merece. Baste decir que ha sido uno de los momentos más gratificantes de mi vida y que me siento profundamente en deuda con todos y cada uno de ellos. Como escritores que son ya lo estaba antes («al cabo, nada os debo, me debéis cuanto escribo», que decía Machado) pero ahora lo estoy a un nivel mucho más personal. Elia, Juan Ramón, Luis Alberto, Cristina, César, Felicidad, Ismael, Sofía, José Carlos, Eduardo,  María, gracias a todos.

En cualquier caso, falta ya poco para que el libro esté en la calle con una estupenda portada de Iván Ruso. Otro libro más. Otro hijo, otra muesca en la culata del revólver. Si todo va bien, no será el único que salga este año y, allá por diciembre, espero poder darles a mis lectores una sorpresa muy especial. Pero, como dijo no sé quién no sé cuándo no sé dónde, «esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión».

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