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	<title>Escrito en el agua &#187; Visto y oído</title>
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	<description>El blog de Rodolfo Martínez</description>
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		<title>Shakespeare en la pantalla</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Jun 2010 07:42:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rodolfo Martínez</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Visto y oído]]></category>

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		<description><![CDATA[<STYLE type="text/css">#cita {font-size:12px;text-align:right;font-style:normal;}#autor{font-size:13px;text-align:right;font-style:normal;font-weight:bold;font-color:#000000;}</STYLE>Seguro que esto ya se ha hecho otras veces, pero da igual. Esta mañana, no sé por qué me puse a pensar en mis películas shakespearianas favoritas y se me ocurrió confeccionar una pequeña lista.
Ahí va:

Ran, de Akira Kurosawa. O El rey Lear en el Japón feudal. Seguramente la película más épica (y una de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<STYLE type="text/css">#cita {font-size:12px;text-align:right;font-style:normal;}#autor{font-size:13px;text-align:right;font-style:normal;font-weight:bold;font-color:#000000;}</STYLE><p>Seguro que esto ya se ha hecho otras veces, pero da igual. Esta mañana, no sé por qué me puse a pensar en mis películas shakespearianas favoritas y se me ocurrió confeccionar una pequeña lista.</p>
<p>Ahí va:</p>
<ul>
<li><strong>Ran</strong>, de Akira Kurosawa. O <strong>El rey Lear</strong> en el Japón feudal. Seguramente la película más épica (y una de las más trágicas) de Kurosawa.</li>
<li><strong>West Side Story</strong>, de Robert Wise. <strong>Romeo y Julieta</strong> convertido en un musical. Estupenda música, buenos números de baile, enemistades eternas, amor y muerte, qué más se puede pedir.</li>
<li><strong>Julio César</strong>, de Joseph L Mankiewicz. Un reparto excelente, una dirección de primera y un momento, el discurso fúnebre de Marco Antonio, que sigue siendo uno de los mejores ejemplos de manipulación política de las masas que jamás se han escrito o filmado.</li>
<li><strong>Kiss me, Kate</strong>, de George Sidney. Durante la representación de un musical basado en <strong>La fierecilla domada</strong>, la pareja protagonista vive una historia paralela a la que los espectadores ven en el scenario. El musical clásico de Hollywood en todo su esplendor.</li>
<li><strong>Los tarantos</strong>, de Francisco Rovira Beleta. Otra adaptación de Romeo y Julieta, ahora con la trágica historia de amor trasladada a la enemistad entre dos clanes gitanos en la España de los años sesenta.</li>
<li><strong>Shakespeare in love</strong>, de John Madden. No es una adaptación de ninguna obra de Shakespeare, pero el modo en que juega con las referencias interertextuales alrededor de la génesis de (sí, otra vez) <strong>Romeo y Julieta</strong>, convierten esta comedia romántica en un festín para los aficionados a Shakespeare. Añadamos un tono ligero, desenfadado, a veces casi chulesco, unos cuantos guiños anacrónicos al mejor estilo de Astérix y una Judi Dench que está impresionante como la Reina Isabel de Inglaterra. Qué más se puede pedir.</li>
<li><strong>Hamlet</strong>, de Kenneth Brannagh. Para mí, la adaptación definitiva de Shakespeare. Brannagh echa el resto y nos regala un peliculón en el que además sale triunfante de la difícil tarea (mucho más de lo que parece a simple vista) de convertir la narrativa dramática de Shakespeare en puro cine. Nadie como Brannagh ha sido capaz de tomar la obra del Bardo y traducirla al lenguaje del séptimo arte.</li>
</ul>
<p>Me dejo muchas en el tintero, lo sé. Y más de uno me criticará por no incluir ninguna de las adaptaciones de Laurence Olivier.</p>
<p>En cuanto a lo primero, sí, la lista de buenas películas shakespearianas no se termina aquí, ni mucho menos. Pero estas siete son las que primero me vienen a la memoria cuando pienso en el asunto. Por algo será.</p>
<p>Respecto a lo segundo… aunque tendría que revisar el <strong>Enrique V </strong>de Olivier (que hace ya muchos años que vi) su otra gran adaptación, <strong>Hamlet</strong>, me parece pesada, morosa y falta de gracia. Aunque suene a herejía, el Hamlet de Olivier me resulta aburrido y amanerado.</p>
<p>Y eso es todo, amigos. O, como diría Puck:</p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>Si nosotros, vanas sombras, os hemos ofendido,<br />
pensad sólo esto, y todo está arreglado:<br />
que os habéis quedado aquí durmiendo<br />
mientras han aparecido esas visiones.<br />
Y esta débil y humilde ficción<br />
no tendrá sino la inconsistencia de un sueño,<br />
amables espectadores, no nos reprendáis;<br />
si nos concedéis vuestro perdón, nos enmendaremos</em>.</p>
<div align=right><span style="font-variant: normal;font-size: 12px; color: #000000">&copy; 2010, Rodolfo Martínez</span></div><blockquote><div id=cita>He hecho un curso de lectura rápida y he leído Guerra y paz  en veinte minutos. Habla de Rusia.</div><div id=autor>Woody Allen</div><p> </p></blockquote><p>&copy;2010 <a href="http://www.escritoenelagua.com">Escrito en el agua</a>. All Rights Reserved.</p>.]]></content:encoded>
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		<title>El viaje ha merecido la pena</title>
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		<pubDate>Fri, 28 May 2010 16:39:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rodolfo Martínez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Imágenes en acción]]></category>
		<category><![CDATA[Visto y oído]]></category>

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		<description><![CDATA[<STYLE type="text/css">#cita {font-size:12px;text-align:right;font-style:normal;}#autor{font-size:13px;text-align:right;font-style:normal;font-weight:bold;font-color:#000000;}</STYLE>Estaba más que predispuesto para salir cabreado del visionado de la sexta y última temporada de Lost. No tanto por la solución sobrenatural que me temía se avecinaba (al fin y al cabo, no importa a qué lado de la realidad caiga la conclusión, mientras sea coherente con lo que se nos ha contado) como [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<STYLE type="text/css">#cita {font-size:12px;text-align:right;font-style:normal;}#autor{font-size:13px;text-align:right;font-style:normal;font-weight:bold;font-color:#000000;}</STYLE><p><img class="alignleft" src="/imagenes/lost/lost6.jpg" alt="" width="310" height="248" />Estaba más que predispuesto para salir cabreado del visionado de la sexta y última temporada de <strong>Lost</strong>. No tanto por la solución sobrenatural que me temía se avecinaba (al fin y al cabo, no importa a qué lado de la realidad caiga la conclusión, mientras sea coherente con lo que se nos ha contado) como por el hecho de que sospechaba que los guionistas iban a echar mano de un <em>deus ex machina</em> que les ayudara a resolver el jaleo que habían ido enhebrando durante cinco años. Puede que la primera vez que un dramaturgo griego usó el recurso de hacer aparecer a Zeus para resolver una situación de la que no salía salir fuera novedoso y original: varios miles de años más tarde sería, directamente, imperdonable.</p>
<p>Y no, no ha sido así. Ayer mismo terminé de ver el último episodio y la sensación fue agridulce. No ha sido una conclusión de esas de quedarte con la boca abierta y la mandíbula dislocada de asombro y admiración, pero tampoco ha resultado cabreante. Un final digno; no brillante, ni siquiera novedoso, pero coherente y sin trampas. Tanto que, tras ver tres o cuatro episodios de esta temporada era incluso fácil de adivinar cómo iba a acabar la cosa, detalles concretos aparte.</p>
<p>Ante eso, me resulta tan chocante el entusiasmo babeador de los fundamentalistas pro <strong>Lost</strong> como la santa indignación de los no menos fundamentalistas anti <strong>Lost</strong>. El de unos, porque han puesto en un pedestal una serie de televisión que, aunque buena, no ha dejado de ser irregular y de tener sus patinazos. Y el de otros, porque a menudo lanzan sus diatribas furibundas contra algo que ni siquiera han visto completo.</p>
<p><strong>Lost</strong> me ha gustado. Me parece una buena serie. En ciertos momentos, una serie excelente; en otros, no tanto. El balance final es positivo. Y seguro que, en unos meses, tendré ganas de verla completa de un tirón y no me cabe duda de que la disfrutaré y me lo pasaré bomba viendo cómo van encajando los pequeños detalles. No ha sido perfecta por dos motivos: cierta improvisación de la trama -hay elementos que han intentado ser justificados pero que apestan a explicación a posteriori- y, sobre todo, el error de intentar alargar el invento en la segunda temporada -y un buen trozo de la tercera- dando vueltas alrededor de lo mismo sin hacer avanzar casi nada la historia. Un <strong>Lost</strong> de temporada y media menos habría sido sin duda más redondo.</p>
<p>En cuanto al final, como he dicho, me parece adecuado. Y cuando digo el final no me refiero a ese último episodio que tan decepcionante ha resultado para algunos fans (¿qué esperaban? ¿saber lo que es la isla? ¿qué coño importa lo que es la isla? la isla es una cosa chunga que necesita un guardián, no es necesario saber más), sino a la última temporada completa, que funciona a la perfección como un único megaepisodio donde las cosas se van encaminando suavemente y de forma natural hacia el único lugar al que pueden ir.  Sin grandes sorpresas, sin momentazos de admiración, pero sin trampas y sin sacarse de la manga a última hora soluciones traídas por los pelos.</p>
<p>Y ya está. Han sido seis buenos años llenos de buenos personajes y con algunos grandes momentos, cerrados y empaquetados en un par de planos que remiten al inicio y nos dejan con ganas de volver a empezar. Un viaje interesante que no me importará repetir.</p>
<p><strong>POSTDATA</strong>: Un comentario final. Durante todo este tiempo he oído alabar una y otra vez la novedosa narrativa televisiva de <strong>Lost</strong>. Y cada vez que oía eso, me quedaba frío. No supe por qué hasta ayer mismo, curiosamente. Y es que esa gran originalidad, toda esa forma novedosa de narrar no es más que la utilización en occidental y en imagen real -una buena utilización, eso sí- de recursos y técnicas que el <em>anime</em> lleva usando desde hace años. Así que de original, poco, me temo.</p>
<div align=right><span style="font-variant: normal;font-size: 12px; color: #000000">&copy; 2010, Rodolfo Martínez</span></div><blockquote><div id=cita>Nunca voy a ver películas donde el pecho del héroe es mayor que el de la heroína.</div><div id=autor>Groucho Marx</div><p> </p></blockquote><p>&copy;2010 <a href="http://www.escritoenelagua.com">Escrito en el agua</a>. All Rights Reserved.</p>.]]></content:encoded>
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		<title>La cosecha de Samhein</title>
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		<pubDate>Mon, 10 May 2010 06:19:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rodolfo Martínez</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Visto y oído]]></category>

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		<description><![CDATA[<STYLE type="text/css">#cita {font-size:12px;text-align:right;font-style:normal;}#autor{font-size:13px;text-align:right;font-style:normal;font-weight:bold;font-color:#000000;}</STYLE>Llevo poco más de treinta páginas de este libro, primero de los tres que componen El ciclo de la luna roja.
Treinta páginas que me han hecho abandonar la lectura.
¿Es que acaso no me estaba gustando?
En realidad, justo al contrario. En esas treinta páginas José Antonio Cotrina se las ha apañado para meterme de lleno en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<STYLE type="text/css">#cita {font-size:12px;text-align:right;font-style:normal;}#autor{font-size:13px;text-align:right;font-style:normal;font-weight:bold;font-color:#000000;}</STYLE><p><img class="alignleft" src="/imagenes/portadas/samheim.jpg" alt="" width="240" height="366" />Llevo poco más de treinta páginas de este libro, primero de los tres que componen <strong>El ciclo de la luna roja.</strong></p>
<p>Treinta páginas que me han hecho abandonar la lectura.</p>
<p>¿Es que acaso no me estaba gustando?</p>
<p>En realidad, justo al contrario. En esas treinta páginas José Antonio Cotrina se las ha apañado para meterme de lleno en un universo fascinante, lleno de recovecos oscuros y paisajes sugerentes  y dejarme además la impresión de que, cuanto más me adentre en la lectura de la novela, más interesante me resultará. Es más, mientras iba leyendo esos primeros capítulos de <strong>La cosecha de Samhein</strong> no podía quitarme de la cabeza la idea de que algo así era lo que podría llegar a crear Neil Gaiman el día que aprendiera de una maldita vez a escribir novelas.</p>
<p>Así que, ¿por qué he dejado su lectura?</p>
<p>Precisamente por todo lo que acabo de exponer. Antes de sumergirme demasiado en los universos que Cotrina estaba desplegando ante mis ojos, antes de que fuera demasiado tarde y ya no pudiese abandonar la lectura, decidí detenerme (y me costó, podéis creerlo) y esperar con tranquilidad un año a que salga el tercer libro y el ciclo esté completro.</p>
<p>Entonces sí, tomaré de nuevo <strong>La cosecha de Samhein</strong>, me adentraré en el universo de Rocavarancolia y estoy seguro de que seré incapaz de dejarlo hasta haber terminado la tercera novela.</p>
<p>Y entonces, casi podría apostarlo, querré más.</p>
<div align=right><span style="font-variant: normal;font-size: 12px; color: #000000">&copy; 2010, Rodolfo Martínez</span></div><blockquote><div id=cita>El tema central de la fe religiosa, su fuerza y su gloria más grande, es que no depende de la justificación racional. Del resto de nosotros se espera que defendamos nuestros prejuicios. Pero pídale a una persona religiosa que justifique su fe y uno está violando su "libertad religiosa".</div><div id=autor>Richard Dawkins</div><p> </p></blockquote><p>&copy;2010 <a href="http://www.escritoenelagua.com">Escrito en el agua</a>. All Rights Reserved.</p>.]]></content:encoded>
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		<title>La perla, una fábula</title>
		<link>http://www.escritoenelagua.com/2010/01/26/la-perla-una-fabula-de-moralidad/</link>
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		<pubDate>Tue, 26 Jan 2010 05:12:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rodolfo Martínez</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Mis fetiches]]></category>
		<category><![CDATA[Visto y oído]]></category>

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		<description><![CDATA[<STYLE type="text/css">#cita {font-size:12px;text-align:right;font-style:normal;}#autor{font-size:13px;text-align:right;font-style:normal;font-weight:bold;font-color:#000000;}</STYLE>Tenía once años, lo recuerdo muy bien, cuando leí mi primera novela de John Steinbeck. Cuando, en realidad, me la leyeron.
Sí, lo he escrito bien.
6º de EGB.  1976. Clase de lengua.
Y el profesor (un hombre al que nunca agradeceré lo bastante el modo en que convirtió mi infantil amor por la literatura en algo que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<STYLE type="text/css">#cita {font-size:12px;text-align:right;font-style:normal;}#autor{font-size:13px;text-align:right;font-style:normal;font-weight:bold;font-color:#000000;}</STYLE><p>Tenía once años, lo recuerdo muy bien, cuando leí mi primera novela de John Steinbeck. Cuando, en realidad, me la leyeron.</p>
<p>Sí, lo he escrito bien.</p>
<p>6º de EGB.  1976. Clase de lengua.</p>
<p>Y el profesor (un hombre al que nunca agradeceré lo bastante el modo en que convirtió mi infantil amor por la literatura en algo que sólo puede ser descrito como pasión) dedicó varias clases a leernos en voz alta una novela corta llamada <strong>La Perla</strong>.</p>
<p>No creo que le llevara muchas clases. Al fin y al cabo, ya lo he dicho, es una novela corta, casi un cuento largo. Y, en cierto modo, es precisamente eso, un cuento, una fábula. La historia de un pescador que un día encuentra la perla perfecta y el modo en que ésta cambia completamente su mundo. Y no para bien.</p>
<p>Inútil es decir que la historia me impresionó.</p>
<p>En parte (aunque eso lo supe mucho después, cuando volví a leerla -o quizá debería decir que la leí por primera vez- y reflexioné sobre ella) por lo bien que estaban construidos todos los personajes, no importaba lo arquetípicos que fueran. Con dos pinceladas, rápidas y precisas, Steinbeck era capaz de hacer que creyéramos reales a los participantes en aquel drama. Que los sintiéramos.</p>
<p>Y en parte, sin duda, por la sencillez aparente con la que todo estaba narrado. Usando sólo las palabras precisas para que la historia fluyera y para que los acontecimientos se desarrollasen ante nuestros ojos de un modo natural, inevitable. Para que, en suma, nos metiéramos en la historia como si fuéramos un personaje más.</p>
<p>Desde aquel momento John Steinbeck se convirtió en uno de mis escritores favoritos. O quizá debería decir que estaba destinado a convertirse en uno. Al fin y al cabo, pasaron varios años antes de que volviera a leer nada suyo. Y, cuando lo hice, el resultado no pudo ser más contundente. Era <strong>Las uvas de la ira</strong>, claro, seguramente su mejor novela; y confieso que si acabé leyéndola fue porque hacía poco que había visto la versión cinematográfica que John Ford había realizado.</p>
<p>En ella, Steinbeck narra las desventuras de una familia de campesinos que, en medio de la Depresión, pierden sus tierras y se ven obligados a emigrar a California para buscar trabajo como temporeros. Y era, y lo sigue siendo, una de las novelas más duras, desgarradoras y humanas que jamás he leído. La sensibilidad y la contundencia con la que Steinbeck se asomaba al corazón y al alma de los perdedores, de los desheredados, era asombrosa; pero lo era más aún el que fuera capaz de conseguir eso sin un solo atisbo de sensiblería fácil o compasión cursi-buenista. El novelista no nos ahorraba nada, ni bueno ni malo, y sus personajes estaban muy lejos de ser santos o de resultar inocentes. Eran, simplemente, seres humanos, con todas sus miserias y grandezas, que habían tenido mala suerte.</p>
<p>Luego llegaron, claro, <strong>Al Este del Edén</strong>, <strong>Cannery Row </strong>(y su "remake": <strong>Jueves, dulce día</strong>), <strong>De ratones y hombres</strong> o incluso su intento de adaptar <strong>La Morte D'Artur</strong> de Mallory al lenguaje del siglo XX y que acabaría siendo publicado de forma póstuma. Y unas cuantas novelas más.</p>
<p>Nunca he podido evitar la comparación entre Hemingway y Steinbeck. Injusta, sin duda, como todas las comparaciones. Y en ella, siempre ha salido mejor parado el segundo. No puedo evitar encontrar mucho de pose en Hemingway, sobre todo en el de las novelas. Sin embargo, Steinbeck me resulta auténtico en cada palabra que escribe, en cada línea, en cada página. Sí, ya lo he dicho, es una comparación injusta, seguramente. Y lo es desde el momento mismo en que el terreno natural de Hemingway es el relato y el de Steinbeck la novela. Comparar, por tanto, las novelas de ambos es hacer trampa, en cierto modo.</p>
<p>Pese a todo...</p>
<p>Es tentador comparar las dos historias más parecidas de los dos. <strong>La perla </strong>y <strong>El viejo el mar</strong>. Ambas son fábulas, ambas adoptan el formato de novela corta y en ambas está presente la lucha del hombre por dominar la naturaleza.</p>
<p>El problema es que no me creo del todo <strong>El viejo y el mar</strong>. Sí, por supuesto que la peripecia de ese pescador es apasionante, como lo es su empecinamiento, su negativa a darse por vencido, le cueste lo que le cueste. Y sin duda Hemingway describe magistralmente todo eso. Pero... no acabo de creérmelo. No por completo.  Todo me parece un poco de cartón-piedra, por así decir, un poco demasiado espectacular para ser cierto.  En cambio, en <strong>La perla</strong> ni siquiera me planteo si me estoy creyendo la historia o no: estoy demasiado metido en ella para pararme a pensar en esas tonterías.</p>
<div align=right><span style="font-variant: normal;font-size: 12px; color: #000000">&copy; 2010, Rodolfo Martínez</span></div><blockquote><div id=cita>Sólo existen átomos y espacio vacío, lo demás son opiniones.</div><div id=autor>Demócrito</div><p> </p></blockquote><p>&copy;2010 <a href="http://www.escritoenelagua.com">Escrito en el agua</a>. All Rights Reserved.</p>.]]></content:encoded>
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		<title>Cien años de soledad, el culebrón definitivo</title>
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		<pubDate>Thu, 21 Jan 2010 05:52:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rodolfo Martínez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Juntaletras]]></category>
		<category><![CDATA[Mis fetiches]]></category>
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		<description><![CDATA[<STYLE type="text/css">#cita {font-size:12px;text-align:right;font-style:normal;}#autor{font-size:13px;text-align:right;font-style:normal;font-weight:bold;font-color:#000000;}</STYLE>Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el Coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.
Así empezaba lo que, sin duda, es el mejor culebrón jamás escrito. Y, con esa sola frase, Gabriel García Márquez estaba prefigurando, en cierto modo, lo que sería [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<STYLE type="text/css">#cita {font-size:12px;text-align:right;font-style:normal;}#autor{font-size:13px;text-align:right;font-style:normal;font-weight:bold;font-color:#000000;}</STYLE><blockquote><p>Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el Coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.</p></blockquote>
<p>Así empezaba lo que, sin duda, es el mejor culebrón jamás escrito. Y, con esa sola frase, Gabriel García Márquez estaba prefigurando, en cierto modo, lo que sería la estructura del libro; una estructura en la que el tiempo se movería en espiral y donde los acontecimientos, reinventados desde el recuerdo, cobrarían una naturaleza mítica.</p>
<p>De hecho, el manejo del fluir temporal es una de las constantes de García Márquez como narrador. El fluir temporal manejado como una maquinaría de precisión en <strong>Crónica de una muerte anunciada</strong>, o como un animal caótico, imparable y desbordante en <strong>El otoño del Patriarca</strong>. En la historia de la familia Buendía, el tiempo es en cierto modo un laberinto, tal vez un río lleno de meandros que en ocasiones vuelve a su curso anterior o se desparrama por un delta interminable que, pese a todo, no impedirá que desemboque en el mar.</p>
<p>Nada sabía yo de eso cuando, con diecisiete años, me senté a leer aquella novela llamada <strong>Cien años de soledad</strong>. Sabía, eso sí, que a su autor acababan de concederle el Premio Nobel de literatura, que era colombiano y que cultivaba aquello que tan de moda había estado en los años setenta y a lo que la crítica llamaba "realismo mágico". Una etiqueta que no tardó mucho en convertirse en un cajón de sastre en el que meter toda la narrativa latinoamericana y que, por tanto, acabó perdiendo la mucha o poca utilidad que hubiera podido tener.</p>
<p>No me importaba demasiado. En aquel momento, sin nada nuevo que leer, me dispuse a hincarle el diente a aquella novela que algún amigo le había dejado a mi padre.</p>
<p>Y no pude parar.</p>
<p>Era increíble. Lo que me estaba contando aquel tipo eran las aventuras y desventuras de una familia apellidada Buendía con una obstinada tendencia a llamar Aureliano y José Arcadio a sus miembros varones y una mala suerte a prueba de bomba. Generación tras generación, los Buendía iban pasando por la historia, creándola y sufriéndola a un tiempo y, mientras los hombres de la familia se empecinaban en las locuras que hacían el que el mundo cambiase, las mujeres eran las que lo mantenían unido e impedían que se deshiciera en mil pedazos mientras cambiaba.</p>
<p>Todo empezaba en un tiempo por determinar, en un momento fluido e impreciso en el que ni los años parecían discurrir de un modo muy regular y donde las épocas se entremezclaban de un modo confuso. Luego, lentamente, parecíamos entrar en la historia (momento marcado por la llegada de Apolinar Moscote, el enviado del remoto gobierno de la nación, al pueblo de Macondo) y, a medida que la narración avanzaba íbamos recorriendo un siglo XIX bastante sangriento para desembocar en un XX que no lo era menos. De algún modo, hacia el final, el tiempo se desgastaba, perdía fuelle y todo se movía por una bruma a medio definir que presagiaba un final cercano y cansino. Y luego, en las últimas páginas, mientras el huracán bíblico arrasaba Macondo para siempre, el último de la estirpe descifraba su destino en los manuscritos ininteligibles de Melquiades y comprendía que ni él ni su familia tendrían una segunda oportunidad sobre la tierra.</p>
<p>Era un cuento. Un cuento de sangre y de amor, de violencia y soledad, de intrigas y guerras.</p>
<p>Un culebrón, ya lo he dicho.</p>
<p>Un culebrón escrito desde la nostalgia y el puro placer de contar, de narrar.</p>
<p>Y se notaba.</p>
<p>En cada maldita página. En cada párrafo. En cada frase.</p>
<p>Lo que estaba haciendo allí García Márquez era reconstruir en clave de novela su mitología personal. El universo de ficción que, seguramente, había ido tomando forma en su cabeza durante la infancia, nacido de las charlas con su abuelo, de las conversaciones con las mujeres de la casa, de los rumores del pueblo y, en general, de cotilleos, recuerdos y agravios no olvidados. Puedo imaginarme a ese niño solitario e imaginativo espantado por las cosas que oía contar como si fueran reales y construyendo en su cabeza, sin saberlo, su propia realidad.</p>
<p>Una realidad que tardaría en cobrar una forma concreta y definida. Que intentaría asomar una y otra vez en lo que el joven Gabo escribía (en <strong>La hojarasca</strong>, su primera novela; en muchos de sus cuentos como "Los funerales de la Mamá Grande"; incluso en pequeños atisbos de sus otras novelas más realistas, más "con los pies en la tierra", como <strong>La mala hora</strong> o <strong>El Coronel no tiene quien le escriba</strong>) pero que nunca llegaba a tomar cuerpo del todo. No fue hasta que leyó <strong>La Metamorfosis</strong> de Kafka que comprendió cómo tenía que hacer las cosas si quería tener éxito. Cuando leyó "al despertar aquella mañana Gregorio Samsa descubrió que se había convertido en un enorme escarabajo" entendió que la clave para contar acontecimientos inverosímiles y hacerlos parecer reales era narrarlos como si lo fueran. De un modo cotidiano, sin darles importancia.</p>
<p>-Carajo -dijo-, de modo que así es como se hace.</p>
<p>Kafka estaba haciendo lo mismo que sus innumerables tías habían hecho cuando él era pequeño. Cuando se contaban entre ellas los rumores del pueblo y, seguramente, los embellecían con sus propias fantasías, lo hacían de un modo tranquilo, sin regodearse en lo increíble, sino aceptándolo como normal y natural.</p>
<p>Y eso fue lo que él hizo. Convirtió los chismes de su infancia (historias reales en muchos casos, rumores en otros, anécdotas "realzadas" por el rencor o la nostalgia en su mayoría) en material de leyenda y lo hizo parecer creíble por el método simple (¡ja!) de contarlo sin darle importancia.</p>
<p>Escribió, básicamente, un culebrón. Una historia de pasión, venganza, intriga, empresas imposibles, hombres indomables y mujeres firmes como rocas. Una historia en la que uso todos y cada uno de los recursos de la novela popular, sin ruborizarse ni pedir perdón por ello. Una historia que por fuerza tuvo que ser un revulsivo en su momento, pues devolvió el placer de narrar bien, de contar un buen cuento en un momento en que la novela atravesaba lo que parecía un callejón sin salida. Una historia que se vuelve universal a fuerza de trabajar una y otra vez con el más "local" de los materiales: tus propios recuerdos de la infancia.</p>
<p>Un culebrón, ¿ya lo he dicho? El mejor de los culebrones.</p>
<div align=right><span style="font-variant: normal;font-size: 12px; color: #000000">&copy; 2010, Rodolfo Martínez</span></div><blockquote><div id=cita>El que come del fruto del árbol del conocimiento, siempre es arrojado de algún paraíso.</div><div id=autor>William Ralph Inge</div><p> </p></blockquote><p>&copy;2010 <a href="http://www.escritoenelagua.com">Escrito en el agua</a>. All Rights Reserved.</p>.]]></content:encoded>
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		<title>Anecdotario holmesiano</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Jan 2010 08:35:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rodolfo Martínez</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Visto y oído]]></category>

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		<description><![CDATA[<STYLE type="text/css">#cita {font-size:12px;text-align:right;font-style:normal;}#autor{font-size:13px;text-align:right;font-style:normal;font-weight:bold;font-color:#000000;}</STYLE>Si de algo está llena la película de Guy Ritchie sobre Sherlock Holmes es de guiños para el aficionado, referencias a momentos del canon o chistes a costa de éste. Aclaro que todo eso está bien metido en la historia, de modo que son un extra para el aficionado pero no suponen un impedimento para [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<STYLE type="text/css">#cita {font-size:12px;text-align:right;font-style:normal;}#autor{font-size:13px;text-align:right;font-style:normal;font-weight:bold;font-color:#000000;}</STYLE><p>Si de algo está llena la película de Guy Ritchie sobre Sherlock Holmes es de guiños para el aficionado, referencias a momentos del canon o chistes a costa de éste. Aclaro que todo eso está bien metido en la historia, de modo que son un extra para el aficionado pero no suponen un impedimento para el desconocedor del personaje y su entorno.</p>
<p>Anoto aquí algunos de los que recuerdo:</p>
<ul>
<li>Cuando, al inicio del film, Watson está pasando consulta, oye ruido de disparos procedentes de las habitaciones de Holmes. Y es que el detective está escribiendo, a tiros, las iniciales V R (Victoria Regina) en la pared de su habitación.</li>
<li>La prometida de Watson es Mary Morstan. Éste es uno de los pocos elementos en los que la película contradice abiertamente el canon holmesiano, ya que se afirma que Sherlock Holmes no la conoce aún. Sin embargo, tal como se cuenta en <strong>El signo de los cuatro</strong>, Holmes y Watson conocen a la vez a la señorita Morstan, cuando ésta acude a Baker Street para pedirle ayuda al detective.</li>
<li>La fotografía de Irene Adler que Holmes conserva en sus habitaciones es, sin duda, la que le pidió como pago al Rey de Bohemia al final del relato "Un escándalo en Bohemia", donde Holmes y Adler se encuentran por primera vez y donde ella burla al detective. Desde ese momento, para Holmes, Adler es "la mujer".</li>
<li>En cierto momento Watson nos sorprende deduciendo varias cosas del propietario del reloj que Holmes ha recuperado de un cadáver: dice que su propietario era dado a la bebida -deducido a partir de las marcas de arañazos en la cuerda del reloj- y que pasaba por épocas de penuria y recuperación económica -como demuestran los pequeños números grabados con un alfiler en la parte interna de la tapa del reloj-. No es sorprendente que Watson deduzca todo eso: le basta con recordar las deducciones que Holmes le había hecho en su momento examinando el reloj del hermano de Watson, como se cuenta al inicio de <strong>El signo de los cuatro</strong>.</li>
<li>Cuando Holmes y Watson dejan el cementerio donde lord Blackwood parece haber resucitado, el primero dice algo así como "comienza la caza". No he visto aún la película en el original, pero sin duda la frase en inglés es "the game is afoot", una de las expresiones favoritas del detective cuando los casos se animan.</li>
<li>La experiencia de Holmes como pugilista (y bastante bueno, de hecho) se menciona también en <strong>El signo de los cuatro</strong>.</li>
<li>La habilidad de Holmes para disfrazarse hasta resultar irreconocible se comenta, y se muestra, varias veces a lo largo del canon. En la película lo vemos disfrazado dos veces: tras la primera visita de Irene Adler (en una brillante secuencia donde va improvisando partes de su disfraz sobre la marcha mientras sigue a la mujer por la calle) y cuando el detective visita a Watson en el hospital.</li>
<li>El uso del tabaco como "herramienta de trabajo" (en ocasiones Holmes califica la dificultad de los misterios por el número de pipas que le va a llevar desentrañarlos: "este es un problema de tres pipas", dice alguna vez) se muestra en una breve secuencia donde un Robert Downey Jr. ensimismado fuma su pipa y vemos, a sus espaldas, una pared llena de garabatos que hacen referencia al caso que investiga.</li>
<li>El "gobierno en la sombra" que se nos muestra en la película (donde buena parte de los altos funcionarios gubernamentales o los miembros del Parlamento pertenecen a una sociedad secreta que resulta ser una suerte de mezcla entre la Masonería y el Golden Dawn) remite al momento final de <strong>Asesinato por decreto</strong>, la película donde Christopher Plummer interpretaba a Holmes y James Mason, a Watson. Y remite también a la realidad, claro, pues muchos de los altos funcionarios del gobierno eran masones. Y ya puestos, entronca con la teoría sobre los crímenes del Destripador expuesta por Stephen Knight y utilizada por Alan Moore para su <strong>From Hell</strong>.</li>
<li>Hay una referencia de pasada a Mycroft, el hermano mayor de Sherlock Holmes.</li>
<li>Y, por supuesto, cualquier aficionado desentraña sin problemas la identidad del misterioso profesor que contrata a Irene Adler mucho antes de que ésta diga su nombre.</li>
</ul>
<p>En fin, estoy seguro de que la película tiene bastantes más guiños al aficionado y que un revisionado de la misma me los revelará. Entretanto, estos son los que recuerdo ahora mismo. Seguro que otros espectadores han encontrado más referencias.</p>
<p>Pensando en el asunto, no puedo evitar preguntarme sobre el camino que recorrerá la continuación. Parece claro que Moriarty será el enemigo a batir, y me pregunto si los guionistas optarán por usar "El problema final" (o al menos su trama general y su conclusión) y la siguiente película terminará con un cliffhanger -nunca mejor dicho- en el que se muestre la caída de Moriarty y Holmes en las cataratas de Reichenbach.</p>
<p>Confieso que la idea me gusta bastante. Ya veremos.</p>
<div align=right><span style="font-variant: normal;font-size: 12px; color: #000000">&copy; 2010, Rodolfo Martínez</span></div><blockquote><div id=cita>Los hechos no tienen sentido. ¡Puedes usar los hechos para probar cualquier cosa que sea remotamente cierta!</div><div id=autor>Homer Simpson</div><p> </p></blockquote><p>&copy;2010 <a href="http://www.escritoenelagua.com">Escrito en el agua</a>. All Rights Reserved.</p>.]]></content:encoded>
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		<title>Sherlock Holmes, reinventando el icono</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Jan 2010 07:45:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rodolfo Martínez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Imágenes en acción]]></category>
		<category><![CDATA[Visto y oído]]></category>

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		<description><![CDATA[<STYLE type="text/css">#cita {font-size:12px;text-align:right;font-style:normal;}#autor{font-size:13px;text-align:right;font-style:normal;font-weight:bold;font-color:#000000;}</STYLE>De entre los comentarios que he leído estos días sobre la nueva película de Sherlock Holmes protagonizada por Robert Downey Jr. y Jude Law y dirigida por Guy Ritchie, hay uno que he visto repetido con cierta frecuencia y que podría resumirse en: es una buena película de aventuras, pero esos dos personajes no son, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<STYLE type="text/css">#cita {font-size:12px;text-align:right;font-style:normal;}#autor{font-size:13px;text-align:right;font-style:normal;font-weight:bold;font-color:#000000;}</STYLE><p>De entre los comentarios que he leído estos días sobre la nueva película de Sherlock Holmes protagonizada por Robert Downey Jr. y Jude Law y dirigida por Guy Ritchie, hay uno que he visto repetido con cierta frecuencia y que podría resumirse en: es una buena película de aventuras, pero esos dos personajes no son, para nada, Holmes o Watson.</p>
<p>Estoy bastante en desacuerdo, la verdad.</p>
<p>Cierto que éste no es del todo el Holmes que creó Conan Doyle. Sin embargo, mantiene algunas de sus característica fundamentales, como su capacidad de observación y deducción, su humor socarrón o su altivez y altanería. También potencia otras que Conan Doyle mencionó pero nunca se molestó en desarrollar, como puede ser su fisicidad o su lado más bohemio y desaliñado. Y, sin duda, explora aspectos que pueden ser considerados novedosos o ajenos al personaje original. Es éste un Holmes demasiado emocional, es cierto. Y su ego es de una fragilidad un tanto asombrosa... o quizá no. Al fin y al cabo, el Holmes original no era ajeno a ciertas reacciones infantiles.</p>
<p>En resumen, me parece un personaje que conserva los suficientes elementos del original para ser llamado, sin problemas, Sherlock Holmes. Y, al mismo tiempo, aporta sobre su personalidad una mirada un tanto iconoclasta que no le viene mal.</p>
<p>¿Cuál es el problema entonces, por qué alguna gente es reacia a aceptar que éste puede ser un Sherlock Holmes válido? Bueno, no tanto porque la visión que la película da de él choque contra el personaje creado por Conan Doyle como que lo haga con el icono que lleva viviendo en el imaginario popular unos cuantos años.</p>
<p>Y ése es, tal vez, el quid de la cuestión. Visualmente tendemos a asociar ciertos elementos con Holmes (la gorra de cazador y la pipa serían los más obvios) que aquí están ausentes. Elementos que, sin embargo, no son atribuibles a su creador sino por un lado a Sidney Paget, que ilustró muchos de los relatos de Conan Doyle, y por el otro a William Gillette, que interpretó al detective en el teatro y marcó de un modo prácticamente indeleble cualquier aproximación posterior al personaje. De hecho, las malas lenguas afirman que lo de presentar a Holmes siempre con la pipa en la boca fue un truco del actor para ocultar en lo posible su acento americano.</p>
<p>Por otro lado, las distintas adaptaciones del personaje a los medios audiovisuales se han centrado en unas pocas características de Holmes (su intelecto brillante, su frialdad y altanería) y han obviado otras que estaban presentes en el material original.</p>
<p>De este modo, el icono popular que es ahora mismo Sherlock Holmes no es exactamente el Sherlock Holmes que creó Arthur Conan Doyle (igual que el James Bond que todos conocemos tiene poco que ver con el creado por Ian Fleming). Pero, como sea, es <strong>el </strong>icono. Es la imagen del personaje (tanto en la apariencia como en las actitudes) que ha pasado al imaginario popular.</p>
<p>La película de Ritchie intenta reinventar ese icono, prescindiendo de algunos elementos de él, potenciando otros que estaban en el personaje original y, en general, reinventándolo para un gusto concreto y una época determinada. Y, por el camino, como ya se ha comentado <a href="http://www.cinemaverick.net/index.php/cine/criticas-cine/1081-sherlock-holmes-mirando-hacia-atras-mirando-hacia-delante-" target="_blank">en otro lugar</a>, no puede evitar la influencia de uno de los "hijos" de Holmes más populares, ese doctor Gregory House que con tanto acierto interpreta Hugh Laurie para la pequeña pantalla. Porque la relación entre Holmes y Watson, y la química entre los actores que los interpretan, debe (y bebe) mucho a la relación entre House y Wilson. Y dado que ésta, en origen, era un homenaje evidente a la relación entre el detective victoriano y su fiel cronista, nos encontramos con una pirueta a priori chocante pero en realidad habitual.</p>
<p>Y es que los iconos no se mantienen inalterables a lo largo del tiempo. No si quieren seguir siendo iconos y, por tanto, funcionando para el espectador. Cambian, se adaptan, dejan hijos, derivaciones y homenajes por el camino y, a menudo, cuando se los reinterpreta, son influidos por ellos. Tal es el caso de este nuevo Sherlock Holmes, al menos tal como yo lo veo.</p>
<p>¿Tendrá éxito este intento de redefinir el icono? No lo sé. A mí me ha convencido. La película es enormemente disfrutable, tanto Robert Downey Jr. como Jude Law (para mí, especialmente este último) están muy bien en la piel de los personajes que interpretan y, en general, me creo la película y me creo sin problemas que esos son Holmes y Watson. Pero, ¿le funcionará esa redefinición a los suficientes espectadores para marcar una nueva imagen de Holmes y volverla dominante? Difícil pregunta. El tiempo lo dirá.</p>
<p>Entretante, he disfrutado de una entretenida historia de mi detective favorito y, sobre todo, de su relación con ese Watson que, a menudo a su pesar, no puede evitar serle fiel contra viento y marea. Y confieso que espero con ganas la continuación donde, parece evidente, el temible profesor Moriarty se convertirá en el villano a enfrentar.</p>
<p>Ya veremos.</p>
<div align=right><span style="font-variant: normal;font-size: 12px; color: #000000">&copy; 2010, Rodolfo Martínez</span></div><blockquote><div id=cita>Su libro es bueno y original, pero la parte que es buena no es original y la parte que es original no es buena.</div><div id=autor>Samuel Johnson</div><p> </p></blockquote><p>&copy;2010 <a href="http://www.escritoenelagua.com">Escrito en el agua</a>. All Rights Reserved.</p>.]]></content:encoded>
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		<title>Oportunismo editorial</title>
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		<pubDate>Wed, 13 Jan 2010 08:38:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rodolfo Martínez</dc:creator>
				<category><![CDATA[A mi alrededor]]></category>
		<category><![CDATA[Dentro de la viñeta]]></category>
		<category><![CDATA[El mundo real]]></category>
		<category><![CDATA[Visto y oído]]></category>

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		<description><![CDATA[<STYLE type="text/css">#cita {font-size:12px;text-align:right;font-style:normal;}#autor{font-size:13px;text-align:right;font-style:normal;font-weight:bold;font-color:#000000;}</STYLE>Hace unos meses, en mi librería de comics habitual, me encontré con algo que me devolvió inmediatamente a la infancia. Un tomo enorme en tapa dura que, bajo el título de Trueno Color, agrupaba varias historias del Capitán Trueno.
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			<content:encoded><![CDATA[<STYLE type="text/css">#cita {font-size:12px;text-align:right;font-style:normal;}#autor{font-size:13px;text-align:right;font-style:normal;font-weight:bold;font-color:#000000;}</STYLE><p><img class="alignleft" src="/imagenes/portadas/truenocolor01.jpg" alt="" align="left" />Hace unos meses, en mi librería de comics habitual, me encontré con algo que me devolvió inmediatamente a la infancia. Un tomo enorme en tapa dura que, bajo el título de <strong>Trueno Color</strong>, agrupaba varias historias del Capitán Trueno.</p>
<p>Me hice con él tras hojearlo un poco. La edición se lo merecía. Jugaba de un modo evidente con la nostalgia de los que, como yo, empezaron a leer las aventuras del Capitán Trueno en quellos <strong>Trueno Color</strong> que publicó Editorial Bruguera  en los años setenta y donde se agrupaban, coloreados y con rotulación mecánica, varios cuadernillos de la edición original en blanco y negro. Esa edición de Bruguera era, por decirlo suavemente, bastante cutre. La rotulación era mecánica, como he dicho, y el coloreado más bien ramplón. Por no mencionar que el cambio de formato (de cuadernillo apaisado a tomo) obligaba al remontaje de viñetas e incluso a que se perdiese alguna. Si a eso añadimos que la censura hizo de las suyas (flechas o puñales que desaparecían, expresiones que se suavizaban...) no era precisamente una edición para tirar cohetes. Al niño que era yo, por supuesto, eso le importaba lo más mínimo. De hecho, ni lo sabía.</p>
<p>Este nuevo <strong>Trueno Color</strong> juega con la nostalgia de aquella edición, al menos en el formato y las ilustraciones de cubierta. El interior es otro asunto: en cada página se incluyen dos páginas completas del cuadernillo original, sin retoques ni remontajes. La rotulación es la original y el color digital creado exprofeso para el tomo es excelente. Se recuperan, además, no sólo las ilustraciones para la cubiertas de la edición de los años setenta, sino también las de las portadas de los cuadernillos originales. Lo mejor de dos mundos, en cierto modo.</p>
<p>Hace unos días vuelvo por la librería y me encuentro con algo que parece lo mismo pero con otro personaje: <strong>Jabato Color</strong>. No dudo en pillármelo. Llego a casa, lo abro, lo hojeo... ¿y qué me encuentro? Si el <strong>Trueno Color</strong> usaba la nostalgia de los que leímos las aventuras del Capitán Trueno en los años 70, pero con una edición cuidada y digna, el <strong>Jabato Color</strong> se limita a recuperar la antigua edición de Bruguera tal cual: con el color plano y ramplón y la rotulación mecánica.</p>
<p>¿Cómo es posible?, me pregunté. ¿Cómo después de habérselo currado a fondo con el Capitán Trueno, van estos tíos y me hacen esto con El Jabato?</p>
<p>Bueno, no tardé en dar con la explicación. Y si me hubiera fijado un poco, habría dado con ella antes.</p>
<p><strong>Trueno Color</strong> está publicado por Ediciones B. <strong>Jabato Color</strong>, sin embargo, ha sido editado por Planeta. Sumemos dos y dos. A una edición cuidada y bien hecha que juega con la nostalgia de los setenta, le sigue la maniobra oportunista de otro editor, que se sube al mismo carro y trata de aprovecharse. Nada que objetar como estrategia comercial. Mucho, en cuanto a la forma de hacer las cosas.</p>
<p>El trabajo de Ediciones B con el Capitán Trueno ha sido excelente y loable, como he dicho. Lo que ha hecho Planeta con El Jabato es, básicamente, una chapuza oportunista. Así de sencillo.</p>
<p>Que funcionará comercialmente, no lo dudo.</p>
<div align=right><span style="font-variant: normal;font-size: 12px; color: #000000">&copy; 2010, Rodolfo Martínez</span></div><blockquote><div id=cita>Los dioses son criaturas frágiles; pueden ser asesinados con un atisbo de ciencia o una dosis de sentido común.</div><div id=autor>Chapman Cohen</div><p> </p></blockquote><p>&copy;2010 <a href="http://www.escritoenelagua.com">Escrito en el agua</a>. All Rights Reserved.</p>.]]></content:encoded>
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		<title>Se puede decir más alto pero no más claro (5)</title>
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		<pubDate>Thu, 07 Jan 2010 05:17:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rodolfo Martínez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<STYLE type="text/css">#cita {font-size:12px;text-align:right;font-style:normal;}#autor{font-size:13px;text-align:right;font-style:normal;font-weight:bold;font-color:#000000;}</STYLE>Leído en Blog de cine:
Con el paso de los años, y afortunadamente, Godard y Truffaut se distanciaron enormemente conviertiéndose en enemigos acérrimos. Esa separación no fue sólo a nivel personal. Sus vidas artísticas también siguieron caminos muy, pero que muy diferentes. Mientras uno hacía coñazos insoportables, el otro se dedicó a hacer cine, y del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<STYLE type="text/css">#cita {font-size:12px;text-align:right;font-style:normal;}#autor{font-size:13px;text-align:right;font-style:normal;font-weight:bold;font-color:#000000;}</STYLE><p>Leído en <a href="http://www.blogdecine.com/criticas/el-pequeno-salvaje-un-truffaut-didactico" target="_blank">Blog de cine</a>:</p>
<blockquote><p>Con el paso de los años, y afortunadamente, Godard y Truffaut se distanciaron enormemente conviertiéndose en enemigos acérrimos. Esa separación no fue sólo a nivel personal. Sus vidas artísticas también siguieron caminos muy, pero que muy diferentes. Mientras uno hacía coñazos insoportables, el otro se dedicó a hacer cine, y del bueno.</p>
<p><strong>Alberto Abuín</strong></p></blockquote>
<p>Por si no ha quedado claro (que hay mucho cafre suelto), el que hacía cine del bueno no era precisamente Godard.</p>
<div align=right><span style="font-variant: normal;font-size: 12px; color: #000000">&copy; 2010, Rodolfo Martínez</span></div><blockquote><div id=cita>¿Quizá se fugó con los fondos de una iglesia? ¿O se lió con la mujer de un senador? Aunque me gustaría creer que mató a un hombre. En el fondo, soy un romántico.</div><div id=autor>Casablanca</div><p> </p></blockquote><p>&copy;2010 <a href="http://www.escritoenelagua.com">Escrito en el agua</a>. All Rights Reserved.</p>.]]></content:encoded>
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		<title>Se puede decir más alto pero no más claro (4)</title>
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		<pubDate>Tue, 29 Dec 2009 07:10:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rodolfo Martínez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<STYLE type="text/css">#cita {font-size:12px;text-align:right;font-style:normal;}#autor{font-size:13px;text-align:right;font-style:normal;font-weight:bold;font-color:#000000;}</STYLE>Una vez más, en Blog de cine, hablando del Death Proof del amigo Tarantino:
Ahora bien, si en la película existiese una mínima línea argumental, ésta podría resumirse de la siguiente manera: bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla CATACRASHHHH, bla bla bla bla bla bla [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<STYLE type="text/css">#cita {font-size:12px;text-align:right;font-style:normal;}#autor{font-size:13px;text-align:right;font-style:normal;font-weight:bold;font-color:#000000;}</STYLE><p>Una vez más, en <a href="http://www.blogdecine.com/criticas/death-puuuf" target="_self">Blog de cine</a>, hablando del <strong>Death Proof </strong>del amigo Tarantino:</p>
<blockquote><p>Ahora bien, si en la película existiese una mínima línea argumental, ésta podría resumirse de la siguiente manera: bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla CATACRASHHHH, bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla BRROOOOMMM BROOOMMM PAF PAF FIN.</p>
<p><strong>Alberto Abuín</strong></p></blockquote>
<div align=right><span style="font-variant: normal;font-size: 12px; color: #000000">&copy; 2009, Rodolfo Martínez</span></div><blockquote><div id=cita>Todo físico sabe que la teoría de la mecánica cuántica puede estar profundamente equivocada. Todos están de acuerdo en que puede ser eliminada por un inesperado resultado experimental o por una nueva y profunda idea. Por supuesto, tomará tiempo poner a prueba la nueva idea; sería irracional abandonar una teoría maravillosa tan rápidamente. Pero en principio, podría tomar el mismo camino que tomó la astronomía geocéntrica.

¿Podría algún cristiano, en contraste, abandonar la creencia en la divinidad de Cristo? O, ¿abandonar la creencia de que Cristo murió por nuestros pecados? O, ¿abandonar la creencia de que Dios es el creador de todas las cosas? La diferencia entre un físico y un cura no está en el tema de la materia. Más bien, la diferencia es fundamentalmente esta: Un físico puede abandonar todas las creencias centrales de la física moderna y todavía permanecer siendo un físico. Un cura no puede abandonar ciertas creencias centrales sin renunciar a su vocación. </div><div id=autor>James Robert Brown</div><p> </p></blockquote><p>&copy;2010 <a href="http://www.escritoenelagua.com">Escrito en el agua</a>. All Rights Reserved.</p>.]]></content:encoded>
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