Citas citables: Woody Allen
Sábado, Diciembre 1st, 2007 Pertenece a Citas citables, Visto y oído | Sin comentar »Ya que la religión ha asomado estos días por el blog, no puedo resistirme a poner aquí una de mis frases favoritas de Woody Allen. La leí (creo que la leí, pero confieso que no estoy del todo seguro; a lo mejor hasta es de una de sus películas y no de uno de sus libros) hace ya unos cuantos años y recuerdo que estuve riéndome un buen rato.
Además, la frasecita tiene su miga:
Para usted, yo soy ateo. Para Dios, soy la leal oposición
© 2007, Rodolfo Martínez
Citas citables: Robert A. Heinlein
Sábado, Noviembre 24th, 2007 Pertenece a Citas citables, Visto y oído | 9 comentarios »- El mismo día, hace un año: Palimpsestos
No me simpatiza demasiado la figura de Heinlein, lo reconozo. En parte, por culpa de Isaac Asimov.
Supongo que es inevitable que las opiniones de alguien con quien te sientes en sintonía mental, emocional o ideológica te influyan, y más cuando esas opiniones se refieren a un desconocido; en ese caso no tienes datos propios para comparar y tiendes a fiarte de lo que te dice esa persona en la que confías.
Es algo que me ocurrió, por ejemplo, con la figura de Séneca. Tras leer Claudio, el dios y su esposa Messalina, nunca pude volver a mirar a Séneca con simpatía. Claudio, el narrador de la novela, se había convertido para mí en un confidente cómplice desde la primera página, y cuando presentó al filósofo cordobés dando una visión negativa de él, mi tendencia instintiva fue fiarme de él.
Asimov no deja muy bien parado a Heinlein en su autobiografía, ni en el aspecto puramente ideológico ni en el personal, y supongo que eso ha teñido de forma inevitable mi visión de Heinlein.
Claro que el mismo Heinlein me ha echado una mano en ese aspecto. La ideología que hay tras muchas de sus novelas (ese “darwinismo social tramposo y con ventaja”) y el que sus personajes fetiches fueran superhombres más allá del juicio de sus pares (porque no existen pares que puedan juzgarlos, entre otras cosas; ellos están por encima del resto de la humanidad y son los únicos que ven el universo tal como es realmente) terminó confirmándome la antipatía que sentía por él.
Sin embargo, no se le puede negar que era un narrador competente. En algunos aspectos, bastante más competente que Asimov (autor que me gusta bastante más, sin embargo; y al que sí admiro en lo personal) cuando no le daba por cargarse el ritmo de la narración con personajes discurseando interminablemente.
Pero incluso entonces encontraba pequeñas perlas. Frases, aquí y allá, que me hacían sonreír. No necesariamente porque fuesen ciertas (seguro que muchas no lo eran) sino porque resultaban ingeniosas y divertidas. De ellas, una de mis favoritas posiblemente sea la siguiente:
El progreso se debe a hombres vagos en busca de formas más fáciles de hacer las cosas
Supongo que me siento indentificado con esa idea. Y sobre todo con lo de “hombres vagos”, evidentemente.
© 2007, Rodolfo Martínez
Citas citables: Ambrose Bierce
Sábado, Noviembre 17th, 2007 Pertenece a Citas citables, Visto y oído | Sin comentar »- El mismo día, hace un año: Cave Willis
Creo que ya he hablado en otras ocasiones de El diccionario del Diablo, de Ambrose Bierce, incluso es posible que haya dejado caer por aquí alguna que otra de sus iconoclastas definiciones.
En los últimos días, no sé muy bien por qué (bueno, quizá sí lo sé) me ha dado por echarle un vistazo de nuevo buscando, concretamente, dos palabras malsonantes que empiezan por “p”. Helas aquí:
política: 1.- Lucha de intereses disfrazada de debate de principios. Gestión de los asuntos públicos con vistas al beneficio privado. 2.- Medio de ganarse la vida preferido por la parte más degradada de nuestras clases delictivas.
político: Anguila que mora en el lodo sobre el que se erige la superestructura de la sociedad organizada. Cuando se remueve, confunde la agitación de su cola con el temblor del edificio. Si se lo compara con el gran estadista tiene la desventaja de estar todavía vivo.
Es curioso cuán poco han cambiado las cosas en ciento y pico años. Que un hombre del siglo XIX describiera nuestro presente con tal exactitud es, creo, sintomático.
© 2007, Rodolfo Martínez
Citas citables: Asimov y las fronteras
Sábado, Noviembre 10th, 2007 Pertenece a Citas citables, Visto y oído | 4 comentarios »Que Isaac Asimov es un autor por el que siento especial afinidad no es ningún secreto. Pero quizá resulte sorprendente que, de todos sus libros, el que más releo es su autobiografía, ese I, Asimov, que en España alguien decidió traducir con el originalísimo título de Memorias.
Estos días he estado leyéndola de nuevo, y no pude evitar marcar unos cuantos párrafos a medida que iba leyendo. Todos ellos tenían que ver con cosas como las naciones, las fronteras y ese tribalismo orgulloso y xenófobo que sigue profundamente arraigado en nosotros por más que lo intentemos enaltecer llamándolo de otros modos.
Helos aquí:
Me niego a considerarme algo más que un “ser humano” y creo que, aparte de la superpoblación, el problema más difícil al que nos enfrentamos para evitar la destrucción de la civilización y la humanidad es la costumbre diabólica que tiene la gente de dividirse en pequeños grupos, cada uno ensalzándose a sí mismo y acusando a sus vecinos.
Más adelante, hablando del sionismo y del estado de Israel:
No creo que los judíos tengan el derecho ancestar de ocupar una tierra sólo porque sus antepasados vivieron allí hace mil novecientos años. [...] Tampoco considero válidas legalmente las promesas bíblicas hechas por Dios de que la tierra de Canaán pertenecería para siempre a los hijos de Israel. (Sobre todo, porque la Biblia fue escrita por los hijos de Israel.)
Y añade:
Pero, ¿no merecemos los judíos una patria? En realidad, creo que a ningún grupo humano le conviene pertenecer a una “patria” en el sentido habitual de la palabra.
La Tierra no debería estar divida en cientos de secciones diferentes, cada una habitada por un solo segmento de la humanidad que considera que su propio bienestar y su propia “seguridad nacional” están por encima de cualquier otra consideración.
Tras lo que termina:
Por tanto, no soy sionista porque no creo en las naciones y porque los sionistas lo único que hacen es crear una nación más para dar lugar a más conflictos. Crean su nación para tener “derechos”, “exigencias” y “seguridad nacional” y para sentir que deben protegerse de sus vecinos.
¡No hay naciones! Sólo existe la humanidad. Y si no llegamos a entender esto pronto, las naciones desaparecerán, porque no existirá la humanidad.
Se puede decir más alto pero no más claro. Y basta cambiar términos como “sionista” o “judío” por otros para aplicar lo que Asimov dice a múltiples situaciones y ver que se ajusta a ellas como anillo al dedo.
No hace falta añadir, por supuesto, que coincido con todas y cada una de sus palabras.
© 2007, Rodolfo Martínez
Citas citables: Raymond Chandler
Sábado, Octubre 20th, 2007 Pertenece a Citas citables, Visto y oído | 9 comentarios »- El mismo día, hace un año: La madrastra que no imaginó Walt Disney
Supongo que llegué a su obra a través del cine. Seguramente de la adaptación de El sueño eterno que dirigió Howard Hawks con guión de Leight Brackett, William Faulkner y Jules Furthman, e interpretada, por supuesto, por Humphrey Bogart y Lauren Bacall. Era una adaptación, supe después, con la que Chandler se sentía bastante satisfecho, pese a la introducción de una trama romántica en una historia que, en origen, carecía de ella. Es conocida la historia de que, en cierto momento, el director llamó a Chandler para preguntarle quién había matado al chófer, asesinato que es más o menos el inicio del arranque de la acción, y Chandler respondió que no tenía ni idea.
Bogart no era, por otra parte, el actor que tenía en mente cuando creó al personaje de Philip Marlowe sino, curiosamente, Cary Grant. Hoy es difícil imaginarse un Marlowe que no sea Bogart, pese a que ha habido unos cuantos actores más que lo han encarnado (Robert Montgomery, Elliot Gould, James Garner o Robert Mitchum, por ejemplo) y el propio Chandler reconocía que le gustaba la forma en que Bogart había encarado la interpretación del personaje. De él dijo una par de cosas, como que era de los pocos actores que podía parecer amenazador sin necesidad de un arma o que, para dominar una escena, lo único que tenía que hacer era entrar en ella.
Como digo, fue seguramente esa película la que me llevó a buscar las novelas de Chandler. La primera que leí fue Adiós, muñeca, segunda de la serie y, poco después, El largo adiós, considerada la mejor. Luego, las fui consiguiendo todas (incluso esa Historia de Poodle Springs que perpetró Robert B. Parker a partir de los primeros capítulos que Chandler había escrito poco antes de su muerte) y creo que mis favoritas son La hermana pequeña y La dama del lago.
También me hice con sus cuentos, una biografía y una colección de cartas. Hubo una época en que fue, sin lugar a dudas, uno de mis escritores favoritos. Y diría que, pese a los años transcurridos, lo sigue siendo.
Sus novelas están llenas de frases memorables (Marlowe usaba su lengua como un arma, al fin y al cabo) pero creo que la que más me gusta está en Playback, la última novela, donde un Marlowe cansado y al borde de la derrota acaba aceptando la proposición de matrimonio de una rica heredera. Chandler no tardó en arrepentirse de haber hecho que su personaje, en cierto modo, se rindiera ante la vida, e intentó arreglarlo en la siguiente novela. Como ya he dicho, apenas dejó un par de capítulos escritos antes de morir y quien la terminó fue Robert B. Parker (autor de las novelas de Spenser, al que quizá recordéis por la serie de televisión que interpretó Robert Urich y en la que aparecía Avery Brooks -el futuro comandante de Espacio Profundo 9- como secundario habitual). Siguiendo lo que parecían los deseos de Chandler, Parker no tarda en dejar de nuevo soltero a Marlowe y lo lleva de vuelta a su apartamento de mala muerte en Los Ángeles. Aparte de eso, la novela es poco memorable.
Decía que mi frase favorita está en Playback. Marlowe habla con una mujer con la que se ha involucrado. Y ella le pregunta:
-¿Cómo puedes ser tan duro y tan tierno a la vez?
-Si no fuera duro no podría estar vivo. Si no fuera tierno, no merecería estarlo.
Raymond Chandler: Playback
© 2007, Rodolfo Martínez
Citas citables: Es un trabajo para Superman
Sábado, Octubre 13th, 2007 Pertenece a Citas citables, Visto y oído | Sin comentar »- El mismo día, hace un año: Iain Banks (3): Una canción de piedra
Que el Hombre de Acero es uno de mis personajes favoritos del cómic de superhéroes, no resulta ningún secreto. A menudo tengo que explicar por qué, es cierto. La mayoría considera a Superman un personaje tirando a ñoño, cursi y simplote, cuando no lo ve, además, como tremendamente reaccionario (claro que hay gente que considera, directamente, fascista el tebeo de superhéroes, pero esa es otra historia). Y me resulta difícil llevarles la contraria, porque el Hombre de Acero ha sido todo eso que dicen con cierta frecuencia. (Aunque, suelo añadir, ¿cuánto hace que no leéis un tebeo de Superman? Porque el personaje del que me estáis hablando lleva obsoleto los últimos veinte años).
Superman, siempre me lo ha parecido, es un personaje con un potencial enorme. Y con el problema añadido de que ese potencial es muy difícil de desarrollar (algo parecido a lo que le pasa al Capitán América, ya que estamos en ello). Ha habido algunos autores que han sido capaces de sacar lo que lleva dentro y ofrecernos una imagen icónica, poderosa y atractiva del último hijo de Krypton, pero lo cierto es que durante buena parte de sus primeros cincuenta años de vida, la cosa iba por otros derroteros y las historias de Superman apenas tenían interés, por no mencionar que el personaje en sí era mortalmente aburrido. Sin embargo, de vez en cuando, se veían atisbos, aquí y allá, de lo que Superman podía llegar a ser en manos de un guionista competente que comprendiera todas sus posibilidades y que, además, le tuviera cariño al personaje.
Alan Moore, con sólo tres historias, demostró que era uno de esos guionistas. Hubo otros, por supuesto, pero fueron oasis en un desierto de comics con bonitas portadas e interiores deleznables.
Todo cambió en 1986. Habían pasado casi cincuenta años desde aquel junio de 1938 en que Superman hizo su primera aparición en el número 1 de Action Comics. Y un año antes había tenido lugar Crisis en Tierras Infinitas, cuyo objetivo, entre otras cosas, era simplificar el universo DC y proporcionar un tablero en blanco para que nuevos autores dieran su propia versión de los personajes más icónicos de la editorial.
John Byrne fue uno de ellos. Se encargó de las series del Hombre de Acero a partir de esa fecha y renovó completamente algunos aspectos de su leyenda: su origen, la personalidad de Clark Kent, sus relaciones con su entorno, sus poderes, sus motivaciones. Y supo renovar todo eso sin perder de vista lo sustancial. Su Superman no es un nuevo tipo vestido con el mismo traje. Mantiene la esencia del personaje, lo que hace de él un símbolo poderoso, pero al mismo tiempo es capaz de adaptarlo a los nuevos tiempos y de sacar a la luz buena parte de su potencial inexplorado. Tras Byrne llegaron otros autores. Algunos hicieron un buen trabajo; otros, un trabajo mediocre; otros, no muy bueno. Y algunos incluso superaron lo que Byrne había hecho en su día. Pero sin él, sin su renovación de los mitos básicos de Superman, todo el trabajo posterior no habría existido.
Hay varias frases que siempre han acompañado al Hombre de Acero. Desde el reclamo publicitario de “más rápido que una bala, más poderoso que una locomotora, capaz de traspasar el edificio más alto de un solo salto” con que se abría la serie de animación de los estudios Fleisher, al “up, up, and away!” con el que a menudo el personaje emprendía el vuelo.
Otra de las más habituales es, sin duda, la de “es un trabajo para Superman”. John Byrne hizo su propia versión de esa frase en la última página de su primer número al frente del Hombre de Acero. Un Clark Kent adulto que aún no ha creado su personalidad superheróica acaba de salvar a Lois Lane -y de paso, la ha conocido- en un accidente en un avión experimental. Asustado por el modo en que la gente se le ha echado encima al poner los pies en la tierra, comprende que, aunque quiere ayudar con sus habilidades a los demás, no puede hacerlo a cara descubierta. Vuelve a casa, a Smallville, donde sus padres adoptivos humanos le ayudan a diseñar su identidad pública de superhéroe, además del traje, del símbolo que lo identifica. El número termina diciendo: “A partir de ahora, siempre que haya personas que necesiten la clase de ayuda especial que yo puedo darles, no será un trabajo para Clark Kent, el hombre normal… será un trabajo para Superman”.
Y aquí está, la cita, tal como debe ser cuando hablamos de un cómic. La última página del número:

© 2007, Rodolfo Martínez
© 1986, DC Comics, por la ilustración
Citas citables: Shogun, de James Clavell
Sábado, Octubre 6th, 2007 Pertenece a Citas citables, Visto y oído | 2 comentarios »- El mismo día, hace un año: El Superman de los Fleischer
Ya he hablado de la novela (y de la serie) en algún otro sitio. Pero recientemente, hay un momento de la historia que ha vuelto a mi cabeza. Y no, no me preguntéis por qué; ahora mismo no estoy seguro de qué fue lo que me hizo recordarlo.
El momento es aquel en el que Toronaga (el futuro shogun que da título a la novela y que está basado en un personaje real, el primer shogun Tokugawa) está interrogando a Blackthorne sobre la situación política europea. Cuando descubre que los Paises Bajos, aliados de Inglaterra en su lucha contra España, fueron un día vasallos del rey español, Toronaga se escandaliza.
¿Acaso, dice, no es la rebelión contra tu legítimo señor el mayor de los crímenes?
Blackthorne, impertérrito, responde que hay un atenuante.
¿Atenuante, dice Toronaga, qué atenuantes puede haber para la rebelión contra tu soberano?.
Ganar, dice Blackthorne.
En ese momento, Toronaga empieza a reírse, a su sobria y majestuosa manera, y le dice a Blackthorne que tiene razón. Que ha expuesto el único atenuante válido: la victoria. Acto seguido le pregunta a ese extraño europeo que ha llegado a sus costas: ¿Ganaréis?
Blackthorn, sin perder la calma, responde: Hai.
Hay un instante de silencio, un cruce de miradas y es como si ambos personajes se vieran por primera vez.
Creo que es en ese instante cuando el personaje de Toronaga deja de ser un extraño, casi un alienígena, para el eruropeo anclado en Japón que protagoniza la novela. Ahí, Blacktorne se da cuenta de que Toronaga es, al fin y al cabo, humano, y que de un modo u otro, puede haber un terreno común sobre el que construir algún tipo de relación. Es, también, eso creo, el inicio de la progresiva “japonesización” de Blackthorne y, por lo tanto, la primera etapa de su viaje. Porque de eso trata Shogun, a mi entender, de un viaje, no tanto físico, como mental.
No hace falta que diga que es una de mis novelas favoritas, claro.
© 2007, Rodolfo Martínez
Citas citables: Excalibur
Sábado, Septiembre 29th, 2007 Pertenece a Citas citables, Visto y oído | 2 comentarios »- El mismo día, hace un año: Hal Jordan, el espectro de la llama verde. (4) De crítico del sistema a archivillano
La vi allá por 1982 ó 1983 y me impresionó, como supongo que le ocurrió a mucha gente. En aquel momento me pareció la adaptación definitiva a la pantalla del ciclo artúrico, aunque los años han hecho que le vaya viendo las costuras. Pese a todo, la estética de la película, esa Edad Media sucia y violenta que presenta, especialmente al principio, me sigue convenciendo. Y aún está entre mis películas favoritas.
Esta noche, mientras charlábamos después de la cena, volví a recordarla. Hablábamos del modo en que, en esta época de gilipollismo políticamente correcto, la gente (y especialmente los estamentos oficiales) se empeñan en no llamar a las cosas por su nombre y comentamos, entre otras cosas, el hecho de que, si enviamos contigentes de soldados más allá de nuestras fronteras, nunca es para intervenir en una guerra sino, como mucho, en un “conflicto” o, más habitualmente, una “misión de paz”. Parece que nos avergüenza reconocer que los ejércitos están para combatir, ya sea en guerras de defensa (tuya o de tus aliados) o de agresión (solo o acompañado de tus aliados).
Y eso me trajo a la memoria uno de los momentos de Excalibur. Lanzarote y Ginebra se acaban de conocer, y resulta evidente desde el primer momento que algo ha surgido entre los dos. Mientras escolta a la futura reina a Camelot, ésta se le acerca y le pregunta al caballero si no tiene alguna dama a la que dedicar sus afectos, o algo similar. La respuesta de Lanzarote es que no tiene tiempo para eso, que está entregado a una causa. Cuando ella le pregunta qué causa, la respuesta, que recordé esta noche, no tiene desperdicio:
Soy soldado. Me debo a la búsqueda de la paz.
© 2007, Rodolfo Martínez
Citas citables: Robert E. Howard
Sábado, Septiembre 22nd, 2007 Pertenece a Citas citables, Visto y oído | 6 comentarios »Es una de mis frases favoritas, desde que la leí por primera vez, probablemente en la adaptación al cómic de Conan que hizo Roy Thomas, antes de encontrármela en el relato original de Howard.
Y, cuanto más la leo más me da que pensar. A veces, casi parece que hubiera sido escrita pensando en nuestra época:
Los hombres civilizados no son tan corteses como los salvajes, porque, en general, saben que pueden mostrarse groseros sin que les partan el cráneo.
Robert E. Howard
© 2007, Rodolfo Martínez
Citas citables: Die hard
Sábado, Septiembre 15th, 2007 Pertenece a Citas citables, Visto y oído | 5 comentarios »- El mismo día, hace dos años: Fondo y forma
O La jungla de cristal, que es como uno la suele llamar, a pesar de que el título español es, simplemente, Jungla de cristal, sin el artículo. Una película modélica en su género, dirigida de forma magistral por John McTiernan (¿qué ha sido de ese hombre, por cierto?) y que ha dado lugar a varias secuelas con mayor o menor nivel de mediocridad. La última de ellas, La jungla 4.0, acaba de ser estrenada ahora.
En realidad, forma parte de una larga tradición, muy americana, por cierto, en la que un hombre solo y sin apenas medios se las apaña para hacer frente a un desafío imposible y salir triunfante de él. Lo que la distingue de otros productos similares es, por un lado, la excelente dosificación del ritmo y, por el otro, ese John McClane, super hombre con los pies de barro, lleno de problemas personales y que acaba más bien maltrecho, aunque salga triunfante del desafío.
Pero creo que si de verdad me gusta la película es por Alan Rickman, que parecía en estado de gracia en aquel momento, interpretando a un terrorista que no termina de creerse a sí mismo y que se toma todo cuanto sucede con una ironía distante y un tanto altanera que hace que el público, a su pesar, termine simpatizando con él. Sus diálogos están llenos de frases divertidas y réplicas ingeniosas como ese “Me temo que no he visto suficiente televisión, así que no entiendo lo que me dice” que le suelta al estúpido ejecutivo que pretende resolver la situación como si aquello fuera un trato entre brokers en Wall Street.
Pero de todas su frases, mi favorita es la que tiene lugar durante un diálogo con la esposa de John McLane, cuando ésta descubre que todo el elaborado secuestro del edificio no es más que una tapadera para un robo:
-Así que no es usted más que un vulgar ladrón.
-¡Soy un ladrón extraordinario! Y ya que decido pasarme al secuestro, señora McLane, le convendría ser más amable conmigo.
Me temo que la simple cita no da una idea adecuada del momento. Sólo Rickman, con su dicción impecable y sus ademanes impertérritos es capaz de transmitir su intensidad del modo correcto.
© 2007, Rodolfo Martínez
