Here lies one whose name was writ in water
-Epitafio en la tumba de John Keats

Archivo de la categoría ‘Núcleo’

Es toda una experiencia vivir con miedo, ¿verdad?

Viernes, Agosto 8th, 2008 Pertenece a Mi misma mismidad, Núcleo | 9 comentarios »

Eso es lo que significa ser esclavo, seguía diciendo Rugerón (como llama el inimitable Chus Parrado a Rutger Hauer) para, unos minutos después soltar aquello de como lágrimas en la lluvia que, para bien o para mal, ha pasado a la historia del cine.

Aunque de lo que yo quería hablar es de otra cosa.

Y es, básicamente, del miedo que me suele atacar cuando sé que me falta poco para terminar una novela. Y no, no hablo del miedo a no saber rematarla como se merece, o a que no vaya a funcionar bien comercialmente. Esos miedos están ahí y, junto con unos cuantos otros, se han convertido en compañeros de viaje habituales que, en cierto modo, empujan pero no molestan.

El miedo, el verdadero pánico, que me asalta en esos momentos podría concentrarse en un “¿y ahora qué?”. No tanto ese “¿y ahora qué?” de Alejandro tras  haber deshecho el nudo gordiano y darse cuenta de que a partir de ese momento su vida se ha vuelto un tanto aburrida, sino más bien un “¿y ahora qué?” del estilo de “¿qué demonios voy a escribir cuando acabe esto?”.

O sea, dicho de forma clara y sin tanto rodeo: “¿Y si ya no me quedan más ideas, y si se me han acabado?”.

Estoy seguro de que mis amadísimos trolls me consolarían diciendo que no necesito más ideas si puedo robárselas tranquilamente a Conan Doyle y a otras personas. Pero dado que hace tiempo que no asoman la cara por aquí (la timidez habitual del troll, ya sabéis, ésa que hace que no salgan de debajo del puente ni para ir a por tabaco), mejor dejamos esa derivación del asunto.

Y, retomando el tema, es algo que me pasa siempre, en cuanto estoy a punto de rematar una novela. El temor a que sea la última, a que no sea capaz de escribir más, a que se me haya agotado la sesera y no se me ocurra nada que contar. No sé si les pasa a otros escritores (curiosamente, no recuerdo haber hablado nunca de ese tema) pero para mí es una constante.

Y al contrario que otros miedos que mencionaba antes, como el de que lo que estoy escribiendo no funcione, ya sea artística o comercialmente, éste no se vuelve más familiar ni menos punzante con el tiempo. Para nada.

A estas alturas debería tener la suficiente confianza en mí mismo (confianza que sí que suelo tener en general, por otra parte) para darme cuenta de que no va a pasar. Y que la idea para la próxima novela está ahí, esperando en algún rincón recóndito de mi cabeza a que de con ella. Que tan sólo hará falta el detonante adecuado para que salga a la luz y que ese detonante acabará sucediendo.

Pese a que racionalmente sé eso, emocionalmente sigo sin fiarme. Así que cuando estoy cercano al final de una novela, empiezo a barajar posibilidades para la próxima. “Podría hacer esto o esto otro o lo de más allá”.

Lo gracioso es que nunca, o casi nunca, hago esto, lo otro o lo de más allá, sino que surge algo nuevo, en lo que hasta entonces no había reparado y que se acaba convirtiendo en el germen de mi próxima novela.

Algo parecido acaba de pasarme ahora. Tras unos meses de descanso en los que, aparte de para este blog, no he escrito nada, he empezado a plantearme una nueva novela.

Y, como casi siempre, he empezado a hacerlo sin saber que lo estaba haciendo. La confluencia de la lectura de un libro y del visionado de una serie de TV (sin relación alguna entre el uno y la otra) hizo que, de pronto, una idea surgiera clara en mi mente. No, no voy a decir cuál es, porque creo que descubrirla será parte del juego de la lectura, una vez que acabe.

En realidad, no es una idea nueva. Aunque, desde otro punto de vista, sí que lo es. Digamos que hace años que tenía ganas de escribir una novela del género “A”, pero los varios intentos que realicé en esa dirección nunca me resultaron satisfactorios. Y otra del género “B”, pero nunca encontraba la trama adecuada que le diera consistencia. Y lo que estoy haciendo es escribir una del género “A” y del “B”. Dos géneros que, a primera vista, no parecen hechos para ser mezclados, pero que, al unirlos, descubro que cada uno fortalece al otro y los problemas que tenía para intentarlo con cada uno por separado ahora no existen.

De momento, llevo poco más de cincuenta páginas. Y confieso que estoy entusiasmado con ella: con la historia, con el mundo que he creado para ambientarla, con los personajes que estoy desarrollando… con todo, en general. Claro que puede que al terminarla descubra que es un bodrio infecto, pero ya lidiaré con eso cuando lleguemos allí.

Entretanto, y durante los próximos meses, ocupará buena parte de mi tiempo de vigilia (y sospecho que también de mis momentos de sueño, aunque no puedo estar seguro de eso): cuando voy a trabajar, aprovechando esos cuarenta minutos de autobús para darle vueltas a ideas, situaciones, diálogos y nuevos personajes; cuando hago una pausa para fumar, jugando con pequeños detalles; cuando vuelvo a casa, otra vez planeando y jugando con las posibilidades. Y, por supuesto, cuando estoy en casa frente al iMac, escribiendo.

Y luego, cuando la acabe, o esté a punto de hacerlo, volverá a invadirme el pánico y otra vez me preguntaré si se me ocurrirá alguna idea nueva. Y de nuevo temeré que no. Y, como de costumbre, algo acabará saliendo como siempre sale.

Es lo que va a pasar. Lo sé. En el fondo, lo sé. Pero lo que sabe mi mente racional y lo que dicen mis entrañas son cosas distintas. Y, al final, uno se deja llevar por sus entrañas más a menudo, tal vez, de lo que sería recomendable. O no, a lo mejor sólo me dejo llevar tan a menudo como es recomendable. Quién sabe.

Pero sí, es toda una experiencia vivir con miedo. Aunque sea un miedo de andar por casa comparado con otros terrores más reales y oscuros que hay por todas partes. Hace la vida interesante. Y no te permite dormirte.

© 2008, Rodolfo Martínez
Entradas similares:

Entrevista en Cambio 16

Miércoles, Julio 30th, 2008 Pertenece a Mi misma mismidad, Núcleo | 2 comentarios »
  • El mismo día, hace un año: Mi Mii

El número de esta semana de Cambio 16 (el 1913, si las cuentas no me fallan) incluye una amplia entrevista-reportaje, realizada por Javier Márquez, centrada sobre todo en mis novelas de Sherlock Holmes.

En la web de la revista podéis ver los titulares y el inicio, pero para poder leerla completa habrá que acudir a la edición en papel, obviamente.

© 2008, Rodolfo Martínez
Entradas similares:

Una foto

Miércoles, Julio 23rd, 2008 Pertenece a Mi misma mismidad, Núcleo | 12 comentarios »

Esta Semana Negra, durante la ya tradicional tertulia de autores que tiene lugar todos los días a las cinco de la tarde (mortal de necesidad a esa hora, con la comida a medio digerir y el calor que hace en la carpa), uno de los fotógrafos de A Quemarropa, el periódico oficial del festival, nos estuvo tirando varias fotografías.

El culpable, Marco Antonio Fernández Fonseca, ha tenido a bien regalarme una copia de la que me hizo y, seguramente, su foto aparezca acompañando la entrevista que me han hecho para Cambio 16 y que saldrá publicada la semana que viene.

No he podido resistirme a subir aquí la foto. Creo que es de las mejores que me han hecho y no sería sorprendente que, siempre con el permiso de Marco Antonio, apareciera “adornando” la solapa de alguno de mis próximos libros.

© 2008, Marco Antonio Fernández Fonseca, por la fotografía

© 2008, Rodolfo Martínez
Entradas similares:

El abismo ya tiene portada

Lunes, Junio 23rd, 2008 Pertenece a Mi misma mismidad, Núcleo | 2 comentarios »

Estará en la calle en menos de un mes, a tiempo para su presentación en la Semana Negra, o eso esperamos todos. Me gustan tanto la ilustración de portada como el diseño de cubierta que han hecho los chicos de Ediciones Hegemón.

El abismo en el espejo. Fue, bajo el título de El abismo te devuelve la mirada, mi primera novela de eso que ahora se llama fantasía oscura. Un thriller con asesino psicópata incluido y elementos fantásticos que, poco a poco, se van haciendo explícitos. Como ya he contado en otro sitio, nunca estuve satisfecho del todo con la versión que se publicó en 1999, tanto por su escasa circulación como por cómo me había quedado en sí la novela.

Ahora, tras volver a ella, corregir algunas cosas, ampliar otras y sacar a la luz unas cuantas que estaban implícitas en la primera versión el resultado es mucho más parecido a lo que tenía en mente cuando me senté a escribirla.

Ahora sólo falta que, además, os guste a vosotros.

© 2008, Rodolfo Martínez
Entradas similares:

Aprovechando que el Pisuerga pasa por algún sitio…

Miércoles, Mayo 21st, 2008 Pertenece a Mi misma mismidad, Núcleo | 9 comentarios »

Con el cambio de dominio he tenido que reactivar algunas cosas que estaban ya activas en el antiguo. Y una de ellas ha sido el panel de estadísticas de WordPress.

Hoy he aprovechado para ver las cadenas de búsqueda por la que la gente había llegado aquí y (aunque esto no tocaría hasta dentro de un año, o así) he dado con unas cuantas que me han dejado un tanto perplejo:

  • como ser una buena madrastra
  • a mis 16 años folle a mi madrastra
  • citas citables sobre la calumnia
  • que son las cuelgas
  • puede ser que las pipas quita el sueño
  • mi corazoncito escrita
  • cómo chupar una teta

La primera es parte de un grupo de cadenas de búsqueda (que suelen incluir la palabra “madrastra” o “Blancanieves” o “Disney”) que hacen que mi post referido a la Blancanieves de Leone Frollo esté rápidamente subiendo puestos en el ranking de entradas más vistas de este blog. Éste me ha llamado la atención porque se aparta de lo habitual. Quien haya escrito esto no está pidiendo versiones eróticas de clásicos de Disney ni madrastras perversas ni cosas de esas… o al menos parece que no.

Quien escribió eso de “a mis 16 años folle a mi madrastra”, ¿estaba buscando por la red a ver si alguien se había enterado de ello y hablaba del asunto?

Lo de “citas citables sobre la calumnia” me deja un poco extrañado, pero, bueno, asumo que alguien está buscando frases graciosas u ocurrentes sobre ese concepto. Ahora bien, lo de “qué son las cuelgas” ya me descoloca totalmente, lo de que las pipas quiten el sueño (¿y qué pipas: las de comer, las de fumar, las pistolas…?) me suena a inicio de una nueva leyenda urbana y, por último, eso de “mi corazoncito escrita” me deja sin aliento y me hace pensar, no sé por qué, en un tango.

En cuanto a la última… Hay cosas que se aprenden pero no se pueden enseñar, como diría el otro, por muchos diagramas explicativos que nos pongan

También he aprovechado para echar un vistazo a cuáles son las entradas más visitadas desde que me he mudado a www.escritoenelagua.com. Entre las primeras tienden a estar, de momento, algunos de los posts más recientes, lo que más o menos es lógico. Pero veo que van escalando puestos con rapidez otros como:

Lo sorprendente es que también están entre las entradas más visitadas tres de las páginas que aparecen en el menú de la cabecera: Reseñas , Publicaciones y Contacto.

Por último, le he echado un vistazo a los enlaces a través de los que se ha llegado hasta aquí. Pocas sorpresas por ese lado: un porcentaje importante de la gente ha llegado a través de (por orden de visitas) los blogs de Rafael Marín, Gorinkai, Skalagrim o Blogdemlo. Y en general, la mayoría llega a través de enlaces de distintos blogs, muchos de los cuales tengo enlazados a mi vez. La dichosa endogamia de la blogosfera, supongo.

Evidentemente, todas estas estadísticas son aún un poco engañosas. Hace poco que las he activado y no recogen los datos de cuando este blog estaba en drímar. A medida que los meses vayan pasando imagino que tendré un panorama más veraz del asunto (y seguro que, como antes, el post de la Blancanieves de Frollo no tardará en auparse a la primera posición en cuanto a visitas).

Por otro lado… ¿le interesa a alguien además de a mí mismo todo esto? ¿Es esta entrada un monumento a un ego -según algunos- demasiado hipertrofiado? ¿O es tal vez un modo de rellenar contenidos en un momento en que no se me ocurre qué decir? ¿O las dos cosas? ¿O…?

Elegid la que queráis, como de costumbre.

© 2008, Rodolfo Martínez
Entradas similares:

Menudo tercer aniversario

Lunes, Marzo 24th, 2008 Pertenece a Mi misma mismidad, Núcleo | 12 comentarios »

Tiempo de cambios, dicen, pero no esperaba tantos cambios.

El caso es que ayer, al llegar a casa tras unos días fuera, me encuentro con que he dejado caducar mi nombre de dominio y éste ya está pillado (no no voy a ser paranoico pensando que alguien estaba como buitre al acecho; estas cosas pasan y no soy tan importante para que alguien esté ocupando su tiempo en pillarme en un renuncio).

En fin, en cualquier caso, el problema ha sido menor. He abierto un nuevo dominio (este www.escritoenelagua.com) y he conseguido recuperar el blog e incorporarlo a él.

Así que empezamos una nueva etapa. Aunque algo más nueva de lo que tenía previsto en un principio.

© 2008, Rodolfo Martínez
Entradas similares:

No hay dos sin tres

Lunes, Marzo 24th, 2008 Pertenece a Mi misma mismidad, Núcleo | Sin comentar »

O eso dicen.

En cualquier caso, hoy se cumplen tres años desde que inicié Escrito en el agua (si no contamos el breve prólogo que tuvo en mi antiquísima página web).

No hay mucho que comentar, en realidad. El blog ya habrá comentado por sí mismo todo lo comentable. Así que, aparte de reseñar el aniversario, nada más.

Y ahora, a otra cosa, mariposa.

© 2008, Rodolfo Martínez
Entradas similares:

Éste no es mi Holmes, que me lo han cambiao

Lunes, Marzo 17th, 2008 Pertenece a Mi misma mismidad, Núcleo | 1 comentario »

Umberto Eco, en las Apostillas a El nombre de la rosa, comenta algunas de las cosas que más chocantes le resultaron en las críticas que se publicaron de su novela. En su momento, dice, tenía miedo de que los críticos se le echasen encima por los elementos anacrónicos que había en ella, no tanto de ambientación como de pensamiento. Porque era consciente de que, en algunos momentos, ponía en boca de sus personajes pensamientos e ideas demasiado modernos para la época.

Y sí, la crítica señaló todo eso, pero no tal y como él esperaba. Porque, una y otra vez, los críticos encontraron como demasiado modernos pensamientos y actitudes que eran fruto una traslación directa de documentos de la época, mientras alababan como “inequívocamente medievales” ideas y frases que Eco sabía que una persona de aquel tiempo no habría manejado.

Curiosa paradoja sin duda.

¿Y a qué viene esto?, os preguntaréis.

Uno de los comentarios más frecuentes que se han hecho a mi obra holmesiana es que mi Sherlock Holmes no es el Sherlock Holmes original, el de Conan Doyle. Una veces se ha comentado eso como algo negativo y otras se han limitado a apuntar el dato, sin entrar a valorarlo.

Y sí, no me queda más remedio que estar de acuerdo. Mi Holmes es muy distinto del Holmes que aparece en los relatos escritos por Arthur Conan Doyle (lo que generalmente se conoce como “el canon holmesiano”). Su personalidad es distinta, su modo de comportarse con los demás también lo es y, probablemente, su visión del mundo no es igual que la del Holmes original y “fetén”. He procurado, es de cajón, que esos cambios no fueran arbitrarios y que resultaran compatibles con la personalidad original. Digamos que si el Holmes de Conan Doyle hubiera pasado por determinadas experiencias podría haberse convertido en el Holmes de Martínez. Al menos esa era mi pretensión. Como es evidente, puedo haber tenido éxito en ese intento o puedo haber fracasado. Y es tarea de los lectores dilucidar ese punto.

Ahora bien, no puedo evitar sentir la misma perplejidad que Eco mencionaba en su libro cuando los argumentos que algunos usan para demostrar de qué modo mi Holmes no es el original, recalcan parecidos en lugar de divergencias.

Me explico.

Se ha afirmado, por ejemplo (no siempre en tono negativo, recalco) que mi Holmes fuma cigarrillos en lugar de hacerlo en pipa, que no va vestido con la gorra de cazador, que no justifica sus deducciones, que le da al alcohol en lugar de a la tradicional cocaína, que es demasiado sanguinario y no tiene empacho en matar u ordenar que maten a otro ser humano o que habla y explica demasiado a lo largo del proceso en lugar de esperar a las conclusiones finales. Todo eso se ha puesto como ejemplo del modo en que me he apartado del original.

Y sí, resulta curioso, porque todo eso lo hacía, una y otra vez el Sherlock Holmes de Conan Doyle:

  • Holmes fumaba, literalmente, de todo. Cigarrillos, puros y, por supuesto, la tradicional pipa, y si analizamos todo el canon, veremos que en lo único que tiene preponderancia la pipa sobre el resto de las labores del tabaco es como herramienta de trabajo. Holmes usa la pipa para reflexionar (”Esto es un problema de tres pipas”, afirma alguna vez) y navegar por su propia mente, pero cuando se trata de fumar algo por simple placer, no hay una preponderancia clara entre pipas, cigarros o cigarrillos. Fue William Gillette, el actor que lo encarnó por primera vez, quien dio carta de naturaleza a la pipa como elemento fundamental del aspecto de Holmes. Una pipa, además, muy concreta, tipo cachimba, que Gillete eligió porque le permitía hablar con comodidad sin necesidad de sacarla de la boca.
  • Como cualquier caballero de su época, Holmes no despreciaba un buen licor, como sabe cualquiera que haya leído los relatos originales de Conan Doyle. Y, si lo ha hecho, también sabrá que Holmes no se pasó toda su vida inyectándose alcaloides. El vicio de la cocaína desaparece por completo tras su muerte y reaparición (entre “El problema final” y “La casa deshabitada”) y los expertos holmesianos han sugerido que durante sus viajes por oriente (seguramentre en el Tibet, que afirma haber visitado) aprendió a drogarse con sus propias endorfinas sin necesidad de acudir a estímulos externos. En cualquier caso, es un hecho claro que abandonó la droga.
  • Holmes le pide a Watson que mate a una persona en El signo de los cuatro y éste no vacila en hacerlo, por poner un solo ejemplo. El detective no tiene ningún problema en provocar situaciones que llevarán a la muerte a los “malvados”. No es un personaje sanguinario, ciertamente, pero no pierde el tiempo con dudas o remordimientos si se trata de matar para defender su vida o la de sus seres más cercanos y no le quita el sueño que un asesino sin escrúpulos acabe muerto, víctima de sus propias malas artes.
  • Es cierto que, al principio (y ocasionalmente, a medida que el tiempo pasaba) Holmes explicaba pormenorizadamente cómo había deducido esto, lo otro o lo de más allá. Pero no es menos cierto que, llegado un momento, Conan Doyle empieza a prescindir de las explicaciones. Holmes se limita a decir, por ejemplo, “ese tipo que come frente a nosotros es un contable retirado, está viudo y tiene dos hijas casaderas” y no explica cómo ha llegado a esa conclusión. Recuerdo, de hecho, una conversación entre el detective y su hermano Mycroft (ahora mismo no estoy seguro de si en “El intérprete griego” o en “Los planos del Bruce-Parlington“, pero sin duda en uno de los dos) en la que los dos se apresuran a demostrarle al otro quien es más agudo en sus deducciones sobre lo que les rodea, ante un Watson apabullado que no consigue explicarse cómo llegan a ellas. Con el paso del tiempo, las habilidades deductivas de Holmes se dan por sentadas y Conan Doyle no siempre se molesta en explicar el proceso mental que hay tras las sorprendentes afirmaciones de su personaje.
  • Holmes siempre ha ido soltando fragmentos de información aquí y allá y, sobre todo en las novelas, ha ido resolviendo aspectos intermedios de la cuestión y explicándoselos a Watson (es decir, a los lectores) antes de llegar al final y desvelar por completo el misterio.

Esta aparente confusión (el tomar como elementos espureos cosas que son totalmente canónicas) tiene una explicación muy sencilla, desde luego. Y es que el Holmes que conoce buena parte de la humanidad no es el que creó su autor, sino el que, primero sus ilustradores y luego el cine y la televisión, fueron construyendo. Para la mayoría (y confieso que en buena parte también para mí) Holmes no es Holmes sin su pipa, su abrigo y su gorra, elementos de su iconografía que, sin embargo, son ajenos a su creador.

De hecho, en Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos digo explícitamente que Holmes lleva una gorra de cazador y un macfarlan. Al fin y al cabo, aunque Conan Doyle nunca dijo explícitamente que Holmes vestía así (como mucho menciona de pasada la gorra de cazador una vez, creo recordar), tampoco lo negó nunca, lo que me permitía esa pequeña licencia.

Los detalles de personalidad son otra cosa, claro. Y es en esos, sin duda, donde mi Holmes más se aparta del original. Pero no porque no tenga empacho en matar a alguien, porque no justifique sus deducciones o porque no reserve la exposición de la solución del misterio para el final y vaya dando noticia de sus progresos. Porque todas esas cosas las hacía el Sherlock Holmes original que, por supuesto, es un personaje mucho más complejo que el icono de una pieza en que se ha convertido en la mente de buena parte del público.

Como ya he dicho, acepto que mi Holmes y el Holmes original difieren bastante. He intentado que sean, cuando menos, compatibles, que uno haya podido evolucionar a partir del otro. Y, aunque creo haber tenido éxito, no soy yo el más adecuado para juzgar eso.

Eso sí, cuando alguien me vuelva comentar lo distinto que es mi personaje al original, agradeceré que se tome la molestia de hacer notar las diferencias entre ambos, y no las similitudes. Siempre resultará menos fatigoso, al menos para mí.

© 2008, Rodolfo Martínez
Entradas similares:

Otras casas por las que voy de visita (2)

Lunes, Febrero 25th, 2008 Pertenece a Mi misma mismidad, Núcleo | 2 comentarios »

Hace poco más de un año, escribí una entrada con este mismo título, donde comentaba los blogs que más solía visitar.

Desde entonces, no es que haya habido muchas novedades, aunque sí unas pocas.

Casi todos los blogs que mencionaba entonces siguen estando en mis enlaces y han aparecido unos pocos nuevos. De los antiguos, confieso que en estos momentos el que con más ganas visito es La fraternidad de Babel, de César Mallorquí. Y de los nuevos, sin duda El Cuaderno de apuntes de Kotinussa. Por motivos muy distintos (las interesantes reflexiones de uno, y las afiladas percepciones de la otra, por no mencionar esa tranquila y casi delicada mala leche con que escribe algunas cosas) son las dos bitácoras que más interesantes me resultan ahora mismo. Quizá habría que añadir La decadencia del ingenio, un blog que incorporé a mis enlaces un poco porque sí y que, desde luego, se ha convertido en una de las idas de pinza más desternillantes e ingeniosas que he leído en mucho tiempo.

Y, por supuesto, el iconoclasta blog de los chicos de ADLO!, que incluí (creo que con justicia) entre las otras páginas que he incorporado dedicadas a la crítica. La caña que esta gente le da a muchos aspectos del mundillo del cómic es tremendamente refrescante y, casi siempre, muy acertada.

Eso no quiere decir que haya dejado de visitar las otras páginas que tengo en mis enlaces, o que no me resulten interesantes. Pero hoy por hoy, probablemente sean éstas que he mencionado las que visito con más ganas.

© 2008, Rodolfo Martínez
Entradas similares:

Y ahora, unas palabritas de Scrooge

Miércoles, Diciembre 5th, 2007 Pertenece a Mi misma mismidad, Núcleo | 23 comentarios »

Con un título similar (”And now, a word from Scrooge”), Asimov escribió hace unos cuantos años un artículo sobre la Navidad.

Y ahora que la fecha temida vuelve a estar cerca en el calendario (es curioso cómo cada año que pasa, está cerca en el calendario un poco antes; dentro de nada a finales del verano ya estaremos en la pre-Navidad) no puedo evitar recordar ese título y, por supuesto, al personaje de Dickens.

Scrooge no era precisamente ningún dechado de virtudes, reconozcámoslo. Avaro, mezquino, cruel, carente de compasión… Sin embargo, al menos era coherente consigo mismo.

Bueno, lo era hasta que recibe la visita de los tres fantasmas y deja de serlo. Pero eso es otra historia y ya la contó Dickens una vez y Hollywood unas cuantas más.

En cualquier caso, si uno es un cabrón todo el año, lo menos que puedo pedirle es que lo siga siendo en Navidad. Que no se va redimir ante mí porque de pronto derroche buena voluntad, buen rollo (y hasta buen talante) durante un par de semanas. No, lo siento, esa actitud tan típicamente latina (que los italianos han elevado casi a la categoría de arte) de rasgarte las vestiduras y gritar al mundo entero que eres un puerco y un pecador para luego poder seguir pecando impunentemente, no me va. Supongo que en lo moral es el equivalente de las orgías romanas: comes hasta reventar, vomitas y estás listo para seguir comiendo hasta reventar.

Como que no. Lo siento, pero no.

Como decía, Scrooge era coherente consigo mismo. Un pequeño detalle entre tantos defectos, pero una virtud importante. Si durante 364 días no veía ningún motivo para ser una buena persona, ¿por qué tenía verlo precisamente el día de Navidad?

Y creo que, en el fondo, eso es lo que me molesta de la Navidad. No el consumismo desenfrenado, ni la cada vez más hortera decoración de calles, balcones y ventanas; ni siquiera los molestos villancicos emitidos en la vía pública. O sea, todo eso jode, pero lo sobrellevas.

No, lo que de verdad me toca las narices es la falta de coherencia. De pronto, porque conmemoramos que ha nacido Cristo, Mitra o el solsticio de invierno ya está aquí o lo que sea, hay que ser buenos, hay que ser felices, hay que perdonar y reconciliarse con el prójimo.

Pues no, no me da la gana. Porque es incoherente. Porque es hipócrita. Y porque, en el fondo, es pura cosmética.

¿Disfruto de las navidades? Disfruto de no tener que ir a trabajar ni en Navidad ni en Año Nuevo. El resto, es una época del año como otra cualquiera. Con sus inconvenientes, como que las calles estén a rebosar, por ejemplo. Pero que, bueno, vas sobrellevando.

Pero nada más.

No tiene ningún significado especial.

Y qué demonios, no debería tenerlo. O, para ser más exactos, no veo por qué debería tenerlo. No soy cristiano, así que no me afecta que se conmemore el nacimiento de Dios encarnado. Tampoco profeso ninguna otra religión, así que el que haya nacido Mitra, Osiris o Chandranpulandan por esas fechas me deja indiferente. Y como, por otro lado, las costumbres y rituales de una sociedad agrícola no me conmueven lo más mínimo, que se celebre el solsticio de invierno me importa más bien poco. Vamos, que no tiene ningún significado especial para mí.

Acepto, por supuesto que pueda tenerlo para otros. Pero dado que yo no hago exhibición pública de los días que sí tienen un significado para mí ni pretendo convertirlos en un acontecimiento social, agradecería que los demás hicieran lo mismo y dejaran de invadir mi levensraum (o como se escriba) emocional con sus impúdicas y molestas muestras de sentimiento navideño.

No espero que lo hagan, claro.

En fin, volviendo al título del post, y como habría dicho el bueno de Scrooge: “Paparruchas”.

© 2007, Rodolfo Martínez

© 2007, Rodolfo Martínez
Entradas similares: