El abismo en el espejo
Miércoles, Agosto 6th, 2008 Pertenece a En carne y hueso, Novelas | Sin comentar »- El mismo día, hace un año: La carretera
- El mismo día, hace dos años: Iain Banks (2): Pasos sobre el cristal
Rodolfo Martínez
El abismo en el espejo
Hegemón, Zaragoza, julio 2008
ISBN: 978-84-935639-3-6
En general, no soy partidario de revisar cosas ya publicadas, más allá de algún pulido superficial o la corrección de posibles errores.
Afirmación que no deja de tener su gracia, porque si pensamos en Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos, pasó por una revisión y ampliación cuando preparaba la edición de Bibliópolis y ha sido revisada de nuevo para la edición de Alamut. Así que una cosa son las “directrices generales”, que diría Barbosa en Piratas del Caribe, y otra la cruda realidad.
En cualquier caso, y como ya he comentado en otra parte, nunca estuve del todo satisfecho con El abismo te devuelve la mirada. Tenía la sensación de que podía haberlo hecho mejor, de que había partes de la historia que pedían ser ampliadas e incluso de que elementos de la trama que estaban implícitos o apenas eran mencionados merecían que volviese sobre ellos y los sacase a la luz.
Eso fue lo que hice con El abismo en el espejo. ¿El resultado? Unas cincuenta páginas que no estaban en la versión original, además de unos cuantos retoques puntuales por aquí y por allá. ¿Es una novela distinta? Bueno, sí y no, supongo. Depende cómo se miren estas cosas.
Lo que sí que sigue siendo es una de mis obras más personales. Buena parte de mi historia está codificada en sus páginas (de un modo, espero, que sólo los implicados en ella somos capaces de descifrar) y sin duda puse mucho de mí mismo en ella. Lo que no quiere decir que no lo ponga cuando escribo otras cosas, pero sin duda el nivel de implicación fue aquí mayor que en otros casos.
El resultado aún me sigue gustando, esa mezcla de thriller con psicópata y novela fantástica que va asomando poco a poco y creo que es una de mis novelas más asequibles para el público no especializado. En su momento pasó desapercibida (como lo hizo la colección en la que fue publicada, por desgracia); veremos si ahora, de la mano de Hegemón Ediciones, es capaz de encontrar un público más amplio.
Sherlock Holmes y el heredero de nadie
Lunes, Junio 16th, 2008 Pertenece a En carne y hueso, Novelas | 4 comentarios »- El mismo día, hace un año: Citas citables: Sin perdón
Rodolfo Martínez
Sherlock Holmes y el heredero de nadie
Alamut, Madrid, junio 2008
ISBN: 978-84-9889-008-2
Iba a ser mi tercera novela holmesiana. Y también la última. Por esos azares de la vida (tal como he contado aquí mismo) acabó convirtiéndose en la cuarta. ¿Y última?
Diría que sí, pero a estas alturas, desde luego, no me voy a atrever a ser categórico. Así que digamos que sí, que es la última, de momento.
Han sido cuatro años de mi vida, los que van desde que empecé a revisar Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos para la edición de Bibliópolis, hasta este Sherlock Holmes y el heredero de nadie en Alamut, el nuevo sello de Luis G. Prado.
Evidentemente, no me he pasado esos cuatro años dedicado por entero a Sherlock Holmes. He escrito algunas otras cosas (varias ya publicadas; las otras, espero que no tarden mucho en ver la luz), he revisado material antiguo (El abismo en el espejo, por ejemplo, aunque no es lo único) y, en general, me las he apañado para seguir teniendo tiempo para continuar con mi vida.
Pero sin duda, la presencia de Sherlock Holmes (y, sobre todo, del universo de ficción que iba construyendo a su alrededor) ha sido dominante, en el sentido literario, durante estos cuatro años.
¿Y qué siento ahora que, por lo que parece, he terminado mi relación con el detective? En parte alivio. En parte liberación. Y en parte, no lo negaré, cierta pena porque las cosas hayan llegado a su fin.
Si es que lo han hecho, claro. Ya veremos.
Soy consciente de que puede haber personas que piensen que haber escrito estas novelas y haberles dedicado tanto tiempo de mi vida, es una tarea baldía. Una pérdida de tiempo, en cierta forma. Se podría pensar que todo eso que le he dedicado al personaje de otro, es tiempo y esfuerzo que le he quitado a trabajar en mi propia obra. De hecho, comenté eso mismo en Sherlock Holmes y la boca del infierno (o, más exactamente, lo hizo el Rodolfo Martínez que tradujo la novela, que no soy yo, sino un personaje literario que comparte mi nombre y alguna de mis características).
No tengo esa sensación, sin embargo. Ni de haber perdido el tiempo, ni de estar quitándole ese tiempo a mi propia obra. Entre otras cosas porque estas cuatro novelas son, también, mi propia obra. Tan mía como lo puedan ser El sueño del rey rojo o Los sicarios del cielo, por mencionar sólo dos.
Y, por otro lado, estas cuatro novelas me han traído abundantes gratificaciones. No sólo por la acogida, en general favorable, que han tenido entre los lectores, sino porque en lo puramente literario han sido, para mí, de lo más satisfactorio que he escrito. Por no mencionar que en ellas me he lanzado a hacer cosas nuevas y a probar técnicas y fórmulas narrativas que, por algún motivo que no termino de comprender, no intento en mis otras novelas. Bueno, sí que lo hago: al fin y al cabo, una de mis constantes es estar siempre buscando una forma de contar las cosas distinta a las que he probado previamente; y no, no es por afan de experimentación, sino por puro y simple miedo al aburrimiento. Sin embargo, en mis novelas holmesianas he sido más audaz que en el resto de mi obra.
¿Por qué? Lo desconozco, la verdad. Pero a lo largo de estas cuatro novelas me he embarcado una y otra vez en territorios que antes no había explorado y, lo más importante, lo he hecho sin miedo y sin detenerme ante la posibilidad del fracaso. Creo que me lo pasaba tan bien buscando cosas nuevas (completando el escenario, buscando nuevos elementos que aportaran interés al universo que estaba recreando, probando suerte con formas de contar la historia que no hubiera usado antes, intentando acercarme a la trama desde lugares nuevos, jugando con los aspectos metaliterarios del asunto) que ni siquiera consideré la posibilidad de estrellarme en el proceso.
Lo hacía después, claro. Una vez terminada cada novela. Ahí llegaba la inseguridad: ¿me ha salido bien, la he cagado? Pero esas preguntas no existían mientras escribía. Sólo la… creo que euforia es la palabra, fruto de estar haciendo algo que me gustaba y el sentimiento de estar disfrutando como un crío a cada paso del proceso.
Soy de esos escritores que se lo pasan bien con la propia escritura (y cuando buenos amigos, como Juan Miguel Aguilera, me comentan que para ellos el acto físico de escribir es una tortura, confieso que me quedo perplejo y manifiesto mi incomprensión) y creo que ha sido en estas novelas donde más me he divertido. En cierto modo he vuelto a ser un adolescente y he escrito sin preocuparme de lo que pudiera pasar, adónde iba a llegar o qué pretendia conseguir. Simplemente, estaba pasándomelo de miedo escribiendo. Como hacía tiempo que no me lo pasaba.
He vuelto a ser, en cierta forma, el niño para el que Superman, Phileas Fogg, el Zorro, Spiderman, el Corsario Negro, Old Shaterhand, D’Artagnan, Tarzán, Tom Sawyer, Miguel Strogoff, los Vengadores, Shane, Scaramouche… y, por supuesto, el propio Sherlock Holmes, vivían en el mismo universo, en diferentes momentos o diferentes lugares, pero en el mismo cosmos de ficción. Así que el que un día llegasen a encontrarse no me parecía desabellado. De hecho, recuerdo que cuando, siendo niño, un amigo se trajo de Alemania el cómic con el primer encuentro entre Superman y Spiderman, no encontré nada de extraño en ello. Como mucho, me pregunté cómo era que no se habían encontrado antes, viviendo tan cerca.
He vuelto a ser ese niño, decía, y he reconstruido sobre el papel lo que había entonces en mi cabeza. Ese universo donde todo tenía cabida y todo podía pasar. Y, en el proceso, como ya he comentado, me lo he pasado como hacía tiempo que no me lo pasaba.
Permitidme que caiga en el pernicioso vicio de la autocita y que termine con un pequeño párrafo que he incluido en los agradecimientos de Sherlock Holmes y el heredero de nadie:
¿Significa eso que se ha acabado, que ya no escribiré más novelas de Sherlock Holmes? Es probable que así sea (aunque no abandono del todo la idea de un libro de relatos sobre el detective, pero eso sería otra historia).
Pero, ¿significa que he terminado con el universo ficticio que he ido re-creando en estas cuatro novelas? Diría que no.
La única pregunta, en realidad, es cuándo volveré a él. Ya veremos, no creo que tarde mucho. Me gusta demasiado estar allí.
Sherlock Holmes y la boca del infierno
Lunes, Agosto 20th, 2007 Pertenece a En carne y hueso, Novelas | 11 comentarios »
Rodolfo Martínez
Sherlock Holmes y la boca del infierno
Bibliópolis Fantástica, Madrid, junio 2007
ISBN: 978-84-96173-79-8
Ya he hablado unas cuantas veces de mi relación con las creaciones de Arthur Conan Doyle. En este mismo blog, de hecho, podéis encontrar unas cuantas entradas sobre el tema. Así que procuraré no repetirme demasiado.
Mientras escribía Sherlock Holmes y las huellas del poeta no tenía en mente continuación alguna; no había ningún plan para seguir escribiendo sobre el detective de Baker Street. Me lo había pasado muy bien, más de diez años atrás, escribiendo “La sabiduría de los muertos” y con esta nueva novela me lo estaba pasando mejor y, además, me permitía explorar un Holmes distinto al habitual, ya anciano, quizá un poco cínico con respecto a sí mismo y a sus extraordinarias habilidades. También me permitía intentar unas cuantas cosas que no había hecho antes, sin saber si conseguiría que llegaran o no a buen puerto, y la verdad es que resultaba emocionante hacerlo así; saltar sin red, en cierta forma.
Fue después de que la novela estuviera terminada y ya a punto de publicarse cuando pensé que había tratado a Holmes en su madurez y en su vejez y que, por tanto, tendría cierta lógica que ahora lo presentara en su juventud.
Empecé a darle vueltas a varias ideas y no tardó en germinar en mi mente una nueva historia. Hasta tenía título y todo: Sherlock Holmes y el heredero de nadie. Empecé a escribirla y, demonios, aquello funcionaba: la historia fluía bien, el modo de contarla me gustaba y las cosas iban encajando como debían.
Pero no es de esa novela de la estoy hablando.
Porque a finales del año 2006 me invitaron, aprovechando la edición portuguesa de Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos, al Fórum Fantástico de Portugal. Ya he hablado de esos días pasados en Lisboa y sus cercanías en otra parte. Y también he contado mi visita a Boca do Inferno. Lo cierto es que el lugar imponía. Y la placa donde hablaba del falso intento de suicidio de Aleister Crowley en aquel sitio empezó a hacer girar las palancas y encender lucecitas de alarma dentro de mi cabeza.
Volví a España con el embrión de una nueva historia holmesiana. Me resistí un poco a escribirla, es cierto. Tenía que centrarme, me decía; mi prioridad era Sherlock Holmes y el heredero de nadie y aquella excrecencia mental que acababa de surgir (y que, me decía, daría como mucho para un cuento) no debía interponerse en su camino.
Pero lo hizo. No podía dejar de pensar en ella, de darle vueltas, de jugar con la idea una y otra vez. Poco a poco, fui desenhebrando la madeja de la historia y me di cuenta de que era una novela lo que tenía entre manos, no un cuento, que no sólo encajaba con mis otras novelas holmesianas sino que era el puente perfecto para la siguiente, además de permitirme explicar algunas de las incongruencias argumentales que habían surgido entre la primera y la segunda y explorar con mayor detenimiento varios personajes secundarios que había creado para ellas.
Así nació Sherlock Holmes y la boca del infierno. Una novela que tiene mucho de “mirada entre bastidores” a lo que ocurrió en Sherlock Holmes y la huellas del poeta. En ella narro buena parte de lo que sucedió en el mundo mientras el detective estaba empeñado en su caza particular en la Guerra Civil española y, de paso, prolongo la historia algunos años más allá, hasta la culminación de la trama que se había iniciado en 1895 con el robo del Necronomicon, al mismo tiempo que anticipo algunos de los elementos que aparecerán con más detalle en Sherlock Holmes y el heredero de nadie.
¿Significa eso que la novela carece de sentido por sí misma, que no es más que un simple puente entre las anteriores y las siguientes? Quiero pensar que no, que la historia es disfrutable y comprensible sin un conocimiento previo de mis otras novelas holmesianas. Sin duda haberlas leído hará que el panorama de esta historia sea más amplio y esté más completo, pero he intentado que Sherlock Holmes y la boca del infierno tuviera entidad por sí misma.
Eso, claro, es cosa de los lectores juzgarlo, no mía. Aunque por las reacciones de algunas personas que leyeron esta novela sin haber leído la anterior (y en algunos casos sin haber leído ninguna de las anteriores) creo que he tenido éxito en mi intento.
© 2007, Rodolfo Martínez
Sherlock Holmes y las huellas del poeta
Miércoles, Julio 18th, 2007 Pertenece a En carne y hueso, Novelas | Sin comentar »- El mismo día, hace un año: That's entertainment!
Rodolfo Martínez
Sherlock Holmes y las huellas del poeta
Bibliópolis fantástica, mayo 2005
ISBN: 84-96173-31-3
Escribir sobre Sherlock Holmes me resulta tan fácil que a veces me preocupa. Al fin y al cabo, me digo, no es mi personaje; y una vocecita interior insiste en decirme una y otra vez que no importa lo bien que pudiera llegar a hacerlo, lo bien que consiguiera tomarle el pulso y lo bien que lograra narrar sus historias: no soy su creador y, para la mayoría de los lectores (y prácticamente todos los admiradores del detective de Baker Street) nunca pasaré de ser uno más de los muchos epígonos de Conan Doyle.
Así que, vale, una novelita de Holmes y un par de relatos están bien. Has cumplido, has dejado pasear tu lado más friki y te has metido a contar nuevas aventuras y andanzas de un personaje que te fascina prácticamente desde tu infancia. Fin del asunto, pasa página y a otra cosa, mariposa. Eso era lo que pensaba cuando escribí La sabiduría de los muertos: que había saldado la deuda que tenía con el personaje, me había dado de paso un gustillo y se había acabado.
Pero parece ser que no. Es cierto que pasaron los años, más de diez, y no volví a escribir sobre Holmes; pero al mismo tiempo el personaje nunca abandonó del todo mis pensamientos. En 2003, mientras revisaba mis textos holmesianos para la edición de Bibliópolis que saldría al año siguiente, noté que dentro de mí algo se revolvía incómodo. Casi al mismo tiempo, Rafael Marín me había pasado el manuscrito de lo que luego sería su Elemental, querido Chaplin y me sugirió que, ya que yo estaba revisando mis propios pastiches, podíamos hacer que ambos textos, el suyo y el mío, fueran coherentes. Accedí encantado y, de este modo, lo que en principio no iba a ser más que un pequeño repaso destinado a corregir fallos menores terminó convirtiéndose en algo más serio. Y, por supuesto, a lo largo de ese proceso no dejé de preguntarme a mí mismo una y otra vez hasta qué punto Holmes yo habíamos terminado realmente.
Con el tiempo comprendí que, tarde o temprano, estaba condenado a escribir una nueva historia holmesiana. Supuse que tarde, pues tenía el impulso de hacerlo, pero me faltaba todo lo demás: la historia, el ambiente, los personajes. Poco podía suponer yo que unos meses más tarde, un comentario de pasada en la biografía de Franco escrita por Paul Preston desencadenaría un proceso casi vertiginoso que me llevaría a escribir una continuación de La sabiduría de los muertos.
Preston menciona que en julio de 1938 un tal lord Phillimore es enviado desde Inglaterra como embajador oficioso en la corte de Franco. Mi primer pensamiento fue pensar que era una lástima que no hubiera descubierto ese detalle mientras revisaba mi novela, pues entonces habría intentado ingeniármelas para relacionar al James Phillimore ficticio que aparece en ella con el lord Phillimore real que estuvo en España.
Y, claro, a partir de ese momento estuve perdido. La figura de Holmes alzándose de pie en medio de la Guerra Civil Española (un periodo sobre el que había estado leyendo con bastante detalle durante el último año, así que buena parte del trabajo de documentación ya estaba hecho) surgió en mi mente y, por más que yo intentara no pensar en ello, la historia empezó a tomar forma en mi cabeza.
Así nació este Sherlock Holmes y la huellas del poeta y, como me ocurre siempre que me enfrento a un trabajo holmesiano, ha sido uno de las historias que más me he divertido escribiendo y, al mismo tiempo, que más fácil me ha resultado de escribir. Probé muchas cosas a lo largo de ella (y unas cuantas que no había intentado antes) y tenía continuamente la sensación de que estaba dando saltos al borde de un abismo y que tan fácil me resultaría pasar al otro lado como terminar despeñándome. Sin embargo, eso no me preocupó gran cosa: me lo estaba pasando demasiado bien.
¿He culminado mi relación con Holmes con esta nueva novela? Evidentemente no. Al fin y al cabo, acaba de ponerse a la venta Sherlock Holmes y la boca del Infierno, mi tercer libro en el que el detective de Baker Street es un personaje importante. Pero en realidad, ya antes de él había llegado a la conclusión de que sus andanzas por la Guerra Civil Española no eran las últimas que iba a narrar. Al fin y al cabo, me dije, había tratado al personaje en su madurez en mi primera novela y en su vejez en la segunda. Me quedaba su juventud. Una juventud, además, que si hacía caso a su biografo “oficial”, W.S. Baring-Gould, había sido tan fascinante como el resto de su vida.
Con poco más de veinte años, cuenta Baring-Gould, Sherlock Holmes se había enrolado en una compañía de teatro itinerante y, con ella, había visitado durante algo más de un año los Estados Unidos de América. Allí estaba, ya lo tenía: Holmes y el salvaje oeste. Dos de mis obsesiones personales, el detective de Baker Street y el western, unidas en un solo libro.
Así que me senté a escribir lo que llamé Sherlock Holmes y el heredero de nadie. Una historia cuya parte central se desarrollaba en las llanuras americanas y donde Holmes se encontraba con algunos personajes míticos, no sólo del western, sino de la literatura del XIX. Sin embargo, no fue esa la novela que acabó saliendo de mis dedos. Algo se cruzó en su camino.
Un viaje a Portugal.
Una visita a Boca do Infierno, en las cercanías de Lisboa. El resto, como se suele decir, es historia. Una historia que contaré en otra ocasión.
© 2007, Rodolfo Martínez
Los sicarios del cielo
Lunes, Junio 18th, 2007 Pertenece a En carne y hueso, Novelas | 7 comentarios »
Rodolfo Martínez
Los sicarios del cielo
Minotauro, marzo 2005
ISBN: 84-450-7540-3
Estamos en 1997. De camino al trabajo, le voy dando vueltas a algunas ideas. Un hombre envuelto en un tiroteo, del que ha conseguido salir milagrosamente ileso, una policía obsesionada con meterlo entre rejas, extraños individuos que parecen perseguir a ese hombre… Y de pronto tengo, casi completa, la trama de una nueva novela. Y, encima, por su historia, es el tipo de novela que llevo un tiempo queriendo escribir, una cosa en la línea de Clive Barker o Neil Gaiman: una fantasía urbana contemporánea, con algunos toques oscuros y que pueda jugar con elementos de la mitología judeo-cristiana como material literario.
Empiezo a escribirla casi ese mismo día y, sorprendentemente, todo parece ir encajando sin problemas. Eso es raro, porque a menudo mis novelas requieren dos o tres inicios en falso antes de dar con el tono y el punto de vista adecuado para narrarlas. Sin embargo, en esta ocasión no pasa: tengo claro la forma de narrar (una tercera persona que use en abundancia el punto de vista múltiple) y la estructura de la novela. Tengo también claro hacía dónde avanzar la historia y, sobre todo, tengo tan clara en mi cabeza la secuencia final que casi podría escribirla en ese mismo momento.
Durante un par de meses todo va bien, sobre ruedas. Sin embargo, en el momento en que alcanzo aproximadamente un tercio de lo que será la longitud definitiva de la novela (por aquel entonces titulada provisionalmente Este incómodo ropaje) me detengo. No porque no sepa hacia dónde seguir (en mi cabeza el desarrollo de la trama, detalles aparte, sigue estando bastante claro) sino porque, de algún modo, la historia ha dejado de interesarme, ya no me siento tan implicado en ella: la falta algo, pero aún no sé el qué.
Así que el manuscrito inacabado descansa en mi disco duro algún tiempo. Algunos meses, pienso al principio, el suficiente para que lo que tengo escrito hasta ahora me de una pista de los elementos que le faltan. Pero esos meses se convierten en casi seis años y, entretanto, me embarco en la realización de otros proyectos: un par de relatos cortos, varios artículos, una nueva novela que, con el tiempo se convertiría en El sueño del rey rojo y, por supuesto, la corrección y puesta al día de Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos para la edición de Bibliópolis.
Más o menos por esas fechas, cuando estoy terminando la corrección de mi libro holmesiano (poco suponía yo que, unos meses más tarde se convertiría sencillamente en mi primer libro holmesiano) regreso a lo que tengo escrito de Este incómodo ropaje y lo voy repasando.
La historia aún me funciona y también lo hace el modo en que está narrada así que apenas tengo que revisar lo ya escrito. De hecho, releer ese material me da las pistas suficientes de qué es lo que falta y cómo introducirlo. Así que ya lo tengo. Adelante. En dos o tres meses más remato el primer borrador de la novela. Ahora queda el inevitable proceso de revisar, eliminar alguna cosa aquí, añadir otra allá… en fin, ir puliendo hasta obtener el resultado apetecido.
Al año siguiente mi agente me sugiere que la presente al Premio Minotauro de novela. Así lo hago. Pasan los meses, se va acercando la fecha del fallo y empiezo a preguntarme qué posibilidades habrá de llevarse el premio. La editorial me comunica un día que soy finalista y que, por supuesto, estoy invitado a la fiesta durante la que se fallará el premio y se entregará el galardón.
Allí estoy yo en Madrid, un 18 de febrero, acompañado de otros finalistas como Eduardo Vaquerizo o mi buen amigo Víctor Conde, así como una amplia representación de los aficionados madrileños al género fantástico. Francisco García Lorenzana se sube al estrado, anuncia el fallo del premio y, al oír mi nombre, después de unos minutos de tensión y nervios, no puedo evitar el pensamiento de que no he oído bien, que mi ansiedad me juega una mala pasada.
Pero no, había oído perfectamente, y la novela sería publicada apenas dos semanas más tarde bajo el título definitivo de Los sicarios del cielo.
Las críticas que recibió la novela no fueron, en general, negativas; aunque distaron de ser entusiastas. En algunas de ellas, no hace falta ser un genio para darse cuenta de que la novela ha resultado una decepción para quien escribe la crítica pero que por algún motivo ha preferido resaltar lo positivo sin enseñarse en lo negativo. Y, a juzgar por lo que se puede leer en algunos foros y blogs parece haber mucha gente a la que la novela decepcionó o no gustó.
Bueno, no se puede contentar a todo el mundo. Sin duda Los sicarios del cielo no es mi mejor novela; y, seguramente, no es un libro especialmente memorable que esté destinado a convertirse en un hito en la fantasía en castellano. Tengo la sospecha, sin embargo, que de haber sido simplemente publicada, sin venir avalada por el espaldarazo de un premio, las reacciones habrían sido menos negativas. El hecho de ser una novela premiada generó una serie de expectativas que, visto lo visto, la novela no cumplió.
Es, también, la responsable en cierto modo de mi actual fama de tipo endiosado y arrogante que no aguanta que le tosan y no soporta la menor crítica negativa. Fue una entrada en este mismo blog, comentando la crítica que en Qué leer se había hecho a la novela la que empezó a generar esa sensación; o al menos, fue a raíz de ese acontecimiento que se empezó a hablar de mi actitud endiosada y de la exagerada noción que tenía de mi propia importancia.
Parece ser que cometí el pecado imperdonable de criticar una crítica. Que la criticase no por la valoración que hacía de mi obra sino por la pobreza de sus argumentos resultó irrelevante. Había dado el paso que, al parecer, un escritor no debe dar nunca. Y no contento con eso persistí en mi actitud y seguí en la misma onda. Aún sigo, de hecho, y me temo que seguiré por mucho tiempo. Soy así de cabezota, qué le vamos a hacer.
La verdad es que los ataques que he recibido desde entonces me han dado qué pensar y me han llevado a replantearme algunas cuestiones. Entre otras cosas, he llegado a la conclusión de que quizá es cierto que tengo una idea demasiado exagerada de mi propia importancia. Al fin y al cabo, si uno se mide por la talla de sus enemigos, está claro que soy una nulidad.
© 2007, Rodolfo Martínez
El sueño del rey rojo
Miércoles, Mayo 23rd, 2007 Pertenece a En carne y hueso, Novelas | 21 comentarios »
Rodolfo Martínez
El sueño del rey rojo
Ediciones Gigamesh, junio 2004.
ISBN: 84-96208-05-2
El sueño del rey rojo nació como una novela corta, con destino al certamen organizado por la UPC, no recuerdo ahora si en el año 1998 ó 1999. No llegó a ganar pero algunas de las personas que la leyeron creyeron ver en el texto el germen de una buena novela. De hecho, Julián Díez me recomendó que se la dejara ver a Alejo Cuervo, propietario de la editorial Gigamesh, pues tal vez podría llegar a interesarle.
En efecto, Alejo encontró que de ahí podía salir una buena novela y, con su ayuda y durante los tres años siguientes, trabajamos en expandir la historia e incorporar a ella todo lo que la longitud de novela corta había dejado fuera.
Fue un proceso fascinante. Normalmente las correcciones que recibo por parte de un editor suelen ser mínimas: más cuestiones puntuales que otra cosa. Alejo, sin embargo, se involucró enormemente en el proceso de revisión y ampliación y sus sugerencias (argumentales, estilísticas, de desarrollo) fueron imprescindibles para que El sueño del rey rojo acabara siendo la novela que es.
Posiblemente estamos ante uno de los textos más personales que he escrito: en estas páginas he destilado mis obsesiones como nunca antes y me he codificado a mí mismo más de lo que hice antes en ninguna otra narración. El resultado es que es uno de mis hijos literarios más queridos.
¿Es también la mejor novela que he escrito? Bueno, ésa es una cuestión espinosa. Ahora, vista con la perspectiva de unos años, opino que le sobran páginas. No muchas; quizá no más de veinte o treinta. Y, seguramente, expurgada de ese exceso (que no aporta nada narrativamente y en realidad son partes más reiterativas que otra cosa) se convertiría en una novela mucho más redonda. Pese a eso, confieso que estoy bastante satisfecho, incluso orgulloso, de El sueño del rey rojo. El estilo, la forma de narrar elegida se le ajustaba a la historia como un guante, y creo que es mi novela más equilibrada en esa siempre difícil relación forma-fondo. Y, sin duda, de mis novelas estrictamente de ciencia ficción, me parece la mejor.
No gozó demasiado del favor del público, sin embargo. Hay otras novelas mías que considero menos logradas y que, sin embargo, funcionaron bastante mejor comercialmente. Pero, bueno, la vida tiene estas cosas.
© 2007, Rodolfo Martínez
Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos
Viernes, Mayo 4th, 2007 Pertenece a En carne y hueso, Novelas | Sin comentar »- El mismo día, hace un año: Opinión, validez, respetabilidad
Rodolfo Martínez
Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos
Bibliópolis fantástica, Madrid, mayo 2004
ISBN: 84-96173-09-7
Para mí, La sabiduría de los muertos había sido poco más que un divertimento intrascendente, una incursión agradable en la creación de otro escritor. Sin embargo, muchas personas comentaban que de todas mis novelas esa era su favorita y que era una lástima que no hubiera tenido una difusión mayor de la que tuvo. De hecho, no fueron pocos los que se me acercaron preguntándome cómo se podía conseguir esa novela, de la que habían oído hablar muy bien pero no habían podido encontrar en ninguna parte.
Uno de los admiradores más entusiastas de La sabiduría de los muertos había sido, desde siempre, Luis G. Prado, quien más de una vez me comentó que mi novela holmesiana era, sin la menor duda, de todos mis textos el que tenía más posibilidades de funcionar comercialmente entre el gran público. De hecho, medio en serio medio en broma, llegó a decirme que si algún día daba el salto y se convertía en editor profesional, le gustaría publicarla.
Dicho y hecho: en cuanto Luis comenzó con su editorial Bibliópolis no tardó en ponerse en contacto conmigo para pedirme La sabiduría de los muertos. Me pidió también paciencia, pues quería ver si la la editorial se asentaba y conseguía una cierta estabilidad antes de lanzarse a la aventura de publicar un autor español. Ya había esperado bastante, así que hacerlo un poco más no importaba.
Entretanto aproveché para hacer varias cosas. Una fue cambiarle el título a la novela por Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos que, según un consejo de mi buen amigo Rafael Marín, debería hacerla más comercial al tener el nombre del detective incorporado al título. También volví sobre la historia y aproveché para hacer algunos cambios, redondear algunas cosas que, en su momento, habían quedado tal vez mal rematadas. También decidí incorporar otra narración holmesiana: “Desde la tierra más allá del bosque”, con lo cual la nueva edición incluiría todos mis relatos sobre el detective. No contento con eso escribí (y me divertí enormemente en el proceso) unas ficticias notas del traductor en las que aprovechaba para comentar algunos detalles curiosos del mundo sherlockiano. Y, para rematar la faena, incorporé algunos cambios en la historia que hicieran la aventura de la sabiduría de los muertos compatible con lo que se narra en Elemental, querido Chaplin, la novela holmesiana que Rafael Marín había escrito.
El proceso siguió adelante. Encontramos (en realidad lo hizo Luis) un excelente ilustrador que supo captar enseguida el espíritu que deseábamos para la portada y que hizo un excelente trabajo. Así, en mayo del año 2004, Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos, en su nueva y definitiva edición, estaba lista para darse a conocer al público.
Las previsiones de Luis se cumplieron: no es que mi novela se convirtiera en un best-seller, evidentemente, pero mi libro es uno de los más vendidos de su colección. Así lo afirma Luis y así parecen demostrarlo las liquidaciones anuales de derechos de autor.
Reeditar la novela tuvo otra consecuencia, aparte de conseguir acercarla a un público mayor en una edición más a mi gusto. Y es que tras más de diez años de no haber escrito nada sobre Sherlock Holmes, el prurito volvió a mis dedos y sentí de deseos de volver sobre el personaje. El proceso de corrección de los textos, además de ser divertido, despertó en mí nuevas ideas. No tardaron mucho en germinar y, poco más de un año después, Sherlock Holmes y las huellas del poeta esta lista para ser entregada a Luis, quien la recibió con alegría. Tras un paréntesis algo más largo, le seguiría Sherlock Holmes y la boca del infierno (prevista para dentro de un mes, cómo no, en Bibliópolis) y Sherlock Holmes y el heredero de nadie goza de buena salud y avanza a buen ritmo.
Nunca pretendí embarcarme en una saga de novelas con el personaje de Holmes como referente, pero las cosas han ido pasando así, a veces casi diría que para mi sorpresa. Otra sorpresa ha sido la enorme libertad narrativa que Holmes me ha dado, permitiéndome experimentar y hacer cosas nuevas sin miedo alguno a estrellarme, como si la figura del detective fuera una especie de colchón que me mantuviera a salvo, sin importarme lo que me arriesgara. Pero de todo ello hablaremos con más calma cuando lleguemos a las siguientes novelas.
© 2007, Rodolfo Martínez
El abismo te devuelve la mirada
Lunes, Marzo 5th, 2007 Pertenece a En carne y hueso, Novelas | Sin comentar »
Rodolfo Martínez
El abismo te devuelve la mirada
Ediciones Tempore, Huella de sangre 5. Barcelona, julio 1999
ISBN: 84-8411-019-2
Como ya dije antes, en determinado momento descubrí que apenas escribía ciencia ficción. Después de “Un jinete solitario” inicié varias novelas que no llegaron a puerto, pero que tenían la particularidad de ser relatos realistas. Luego, a mediados de 1996 comencé a escribir un psico-thriller que, aparentemente, no tenía ninguna relación con el género fantástico. Poco a poco, sin embargo, una trama claramente fantástica se fue descolgando en la historia, y aunque no era en apariencia más que una parte mínima del argumento se convertiría en algo determinante para la resolución de la historia. Al acabarla me encontré con una novela que, si bien no era cien por cien mainstream, si lo parecía lo suficiente para intentar colocarla en alguna colección de literatura general.
Probé durante algunos meses sin mucha fortuna. La novela pasó sin pena ni gloria por un par de premios, fue rechazada por dos o tres editoriales y parecía condenada a terminar en el limbo. Luego, en la Semana Negra de 1998 conocí a Miguel Agustí, escritor barcelonés que acababa de lanzar al mercado una nueva colección de novela negra. No perdía nada con intentarlo con él, así que le dí una copia del manuscrito de El abismo te devuelve la mirada. Para mi sorpresa, y mientras hablábamos un poco de la novela, de su colección y de un montón de cosas más, descubrí que Miguel era un antiguo aficionado a la ciencia ficción y que incluso en su día había publicado un relato en la revista Nueva dimensión.
Un par de meses más tarde, Miguel me llamó y me dijo que la novela le gustaba y que pensaba publicarla como número cinco de su colección. Debería salir a finales de año, para aprovechar el tirón navideño.
A partir de ahí empezaron los problemas. Problemas con la editorial, con la distribuidora, con todo el mundo, al parecer. Miguel fue retrasando la aparición de los nuevos títulos de la serie y cada vez que me daba una nueva fecha de publicación me iba ganando un poco más la desesperanza, hasta el punto de que, hacia mayo de 1999, prácticamente contaba con que la novela no llegaría a salir a la luz.
Para mi sorpresa, lo hizo. Y estuvo lista para la Semana Negra de 1999, donde fue presentada.
Si “Un jinete solitario” y El sueño del rey rojo son mis obras más personales de ciencia ficción, El abismo te devuelve la mirada resulta ser, hasta cierto punto, su equivalente fuera del género. Gran parte de lo que cuento está motivado por las mismas circunstancias personales y, aunque la codificación final es distinta, en ambas hablo de mí mismo con más profundidad y, creo, sinceridad, que en ninguna otra.
Por otro lado, en cierto modo esta novela es el arranque (junto con dos o tres relatos cortos) de la parte de mi obra que algunos han calificado de “fantasía urbana” y cuyo exponente más famoso quizá sea Los sicarios del cielo. Pero de eso ya hablaremos otro día.
© 2007, Rodolfo Martínez
La sabiduría de los muertos
Miércoles, Febrero 14th, 2007 Pertenece a En carne y hueso, Novelas | 1 comentario »
Rodolfo Martínez
La sabiduría de los muertos
Fundación Dolores Medio. Oviedo, 1996
ISBN: 84-7847-491-2
La historia de La sabiduría de los muertos tiene su enjundia. Su nacimiento es fruto de una sobredosis de Arthur Conan Doyle y su redacción me llevó exactamente dos semanas. Poco más que un divertimento, una forma de pasar el rato inventándole una aventura a unos de mis personajes favoritos.
Pero José Luis Rendueles vio algo más en ella y me animó a presentarla al Café Gijón de Novela. Lo hice y, para mi sorpresa, me encontré entre los cinco finalistas. Aquel año, por algún extraño motivo, el premio fue declarado desierto: aquello me fastidió bastante, no por no ganar, sino porque me pareció que, o bien el jurado o los organizadores, habían hecho trampa: no encontré ético que se anunciasen públicamente a la prensa una serie de finalistas de un premio (de donde se deduce que cualquiera de ellos tiene la calidad mínima para ganarlo) para luego declararlo desierto.
José Luis me dijo que no me desanimara y probara al año siguiente con el Premio Asturias de Novela, organizado por la Fundación Dolores Medio. Acostumbrado a la perspicacia, casi diríamos que ancestral, de Rendueles, volví a hacerle caso. El premio se falló poco después de la publicación de La sonrisa del gato y me encontré siendo el ganador cuando ya casi había olvidado todo el asunto.
La novela se publicó en 1996, en una pequeña edición que casi no fue distribuida. De todas mis novelas publicadas fue la primera en la que pensé en reeditarla algún día; cuando se lo comenté a Rafael Marín. éste me aconsejó que, si lo conseguía, le cambiara el título por el de Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos.
Y así fue como terminó ocurriendo. Años más tarde, tuve oportunidad de reeditarla (y, de paso revisarla, corregirla y aumentarla), peros eso es otra historia, que ya leeréis más adelante.
© 2007, Rodolfo Martínez
Tierra de Nadie: Jormungand
Lunes, Enero 22nd, 2007 Pertenece a En carne y hueso, Novelas | 7 comentarios »
Rodolfo Martínez
Tierra de Nadie: Jormungand
Ediciones B, Nova 86. Barcelona, mayo 1996
ISBN: 84-406-6381-1
De todas mis novelas, Tierra de Nadie: Jormungand, es la que ha tenido una travesía más accidentada. La comencé en 1991, lleno de entusiasmo y de ganas de demostrar todo cuanto sabía. Aún hoy es mi novela más ambiciosa de ciencia ficción y, en algunos aspectos, la que menos me convence. Finalicé la primera versión año y medio más tarde (si no contamos el pequeño hiato de la Mili, durante el que escribí muy poco) y entonces me encontré con un manuscito de más de trescientas páginas con el que no sabía qué hacer.
Decidí enviársela a Miquel Barceló cuando vi que este comenzaba a publicar autores españoles en Nova Ciencia Ficción. Mientras esperaba una respuesta por su parte (tardó en llegar, a Miquel la novela parecía gustarle, pero no terminaba de decidirse) volví sobre el manuscrito y lo sometí a algunos cambios: eliminé algunas secuencias, añadí otras nuevas, alteré el flujo cronológico de la historia…
Y mientras tanto, los años seguían pasando y la novela no acababa de ver la luz. Cuando parecía que Miquel iba a decidirse a publicarla, se interpuso en mi camino César Mallorquí y fui derrotado en los planes editoriales por su espléndido Círculo de Jericó. Creí que al año siguiente me ocurriría lo mismo con la recopilación de historias de Tierra Vaga de Enrique Lázaro (que, ya que estamos, algún editor debería molestarse en publicar de forma profesional: es una pena que nuestra fantasía autóctona más personal e intransferible se pierda y hoy en día casi no sea conocida por los aficionados al género) , pero no sé si por la publicación previa de La sonrisa del gato, o simplemente porque Miquel consideró que había llegado el momento, Tierra de Nadie: Jormungand fue publicada por fin en 1996.
Como he dicho, es en muchos aspectos mi obra más ambiciosa, pero también, para mí, la más insatisfactoria. Tenía demasiadas ganas de demostrar lo que sabía, de meter en ella todo lo que había aprendido y el resultado fue desigual. Hay partes de la novela que aún considero válidas, pero reescribiría en profundidad muchas otras (especialmente el tono adoptado por el propio Jormungand como narrador, que a medida que pasan los años voy encontrando más insufrible, pedante y pretencioso). Pero preocuparse por eso es inútil. Como dijo Hemingway, un libro publicado es un león muerto, y uno se encoge de hombros y pasa al siguiente.
Eso, al menos en mi caso, no es del todo cierto. Y, de vez en cuando, no puedo evitar volver la vista atrás y pensar qué podría haber hecho esto o esto otro. Y a veces, hasta lo hago. Pero eso es otra historia.
© 2007, Rodolfo Martínez
