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Escrito en el agua El blog de Rodolfo Martínez

4Jun/07551/1

Territorio de pesadumbre

Rodolfo Martínez
Territorio de pesadumbre
-Semana Negra de Gijón, 1999
-Ediciones Robel, 2004

En la Semana Negra de 1998 se convocó por primera vez una beca de novela corta. Como buen aficionado a ambos géneros que es, Paco Ignacio Taibo II decidió que podrían optar a ella tanto obras de ciencia ficción como de novela negra. La iniciativa resultaba interesante, desde luego: medio millón de pesetas para un proyecto de novela corta que uno debería rematar en los siguientes nueve meses.

Presenté una idea titulada "Territorio de pesadumbre" y me alcé con la beca ex aequo con Myriam Laurini (no lo olvidemos, 1998 fue el año de los premios compartidos para mí). Sorprendentemente, y en contra de la actitud habitual en tales situaciones, en lugar de partir la beca en dos se decidió duplicar su cuantía de forma que ambos cobrásemos íntegramente el medio millón.

Ahora tenía que escribir la novela. Tarea fácil, en realidad, ya que prácticamente estaba escrita. Existía una versión anterior que yo había presentado al UPC unos años atrás y lo único que tuve que hacer fue revisarla y ampliar algunas partes del relato que no habían sido suficientemente explicadas. En un par de meses la historia iniciática de un joven que, en un mundo devastado, debe hacerse cargo de la responsabilidad de una buena parte de él estuvo lista para ser entregada.

La novela se publicó en un volumen doble junto a la de Myriam en la Semana Negra de 1999. Años más tarde, Robel la reeditaría en su colección "El doble de ciencia ficción", junto con una novela corta de Domingo Santos.

© 2007, Rodolfo Martínez
Me llamo Íñigo Montoya. Tú mataste a mi padre. Prepárate para morir.
La princesa prometida

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20Abr/07414/0

Este relámpago, esta locura

Rodolfo Martínez
Este relámpago, esta locura
-Premio UPC 1998. Ediciones B, junio 1999.
-Callejones sin salida, Editorial Berenice, 2005.

Hacia el año 1996 mi producción de ciencia ficción se redujo casi a cero. No conseguía escribir CF: todo lo que salía de mis dedos era fantasía. Tenía acumulado bastante material inédito como para que la cosa no fuera muy preocupante a corto plazo, pero no escribir ciencia ficción significaba que no podría presentarme más al UPC, y estaba acostumbrado a escribir puntualmente una novela corta con destino al premio. Con más bien poca fortuna podríamos añadir. Cierto que había quedado finalista un par de veces (con "Los celos de Dios" y "El alfabeto del carpintero"), pero el premio en sí siempre se me escapaba. De hecho, tenía la preocupante sensación de que, cuanto mejor era la obra que enviaba, menos posibilidades tenía.

Escribí varios cuentos fantásticos, un psico-thriller en el que un pequeño elemento de fantasía era parte fundamental de la trama y una novela descaradamente fantástica que, sin embargo, resulto fallida por completo en su resultado final.

Y luego, a principios de 1997 se me ocurrió una nueva idea para una novela de CF. Comencé a escribir y, dos meses más tarde, lo dejé. La fantasía me llamaba de nuevo: concretamente una novela cuya trama prácticamente completa me vino a la cabeza en un flash una mañana de la que iba al trabajo.

Pero tampoco la terminé (aunque lo haría años más tarde y, bajo el título de Los sicarios del cielo ganaría el Premio Minotauro en 2005) y, mientras tanto, se acercaba el plazo final para el UPC de 1998. Volví sobre la novela de ciencia ficción y pensé que si eliminaba varias tramas secundarias podría reconvertirla en una novela corta y presentarla al premio.

Así lo hice y me llevé la mención del jurado, ex aequo con el mexicano Gabriel Trujillo. No estaba mal, me dije.

Pero en cierto modo sí lo estaba. Reconvertir "Este relámpago, esta locura" al formato de novela corta fue un error: las cosas más importantes que quería contar se quedaron en el tintero y el cambio de ritmo entre la parte escrita cuando estaba pensando en una novela y la segunda mitad, ya con la longitud del UPC en mente, era demasiado brusco, demasiado evidente. A veces pienso que "Este relámpago, esta locura" tenía la posibilidad de ser mi mejor obra de ciencia ficción, y en lugar de eso se quedó en una historia algo coja con algunos buenos momentos.

También fue una de las primeras veces donde di rienda suelta a mi obsesión por la mitología de los superhéroes. Uno de los personajes centrales estaba inspirado, sin molestarse demasiado en ocultarlo, en uno de los superhéroes de cómic más famosos y buena parte de la trama giraba alrededor de él, de sus motivaciones y habilidades. Es un tema que retomé años después, curiosamente, en mis novelas holmesianas con el personaje de Kent. Y seguramente acabaré volviendo a él algún día.

Como anécdota, comentar que aquel año de 1998 fue un tanto curioso. Presenté varias cosas a distintos premios y en casi todos obtuve un buen resultado (esta mención del UPC, un accesit en el Concurso de Cuentos de Carreño con "Piensa los que quieras", el Premio UPV de relato fantástico con "Tarot", y la Beca de novela corta de la Semana Negra con "Territorio de pesadumbre"). Lo curioso del asunto es que todos ellos fueron ex aequo con otros autores.

Casualidades de la vida. O eso, o el destino tiene un sentido del humor un tanto retorcido.

© 2007, Rodolfo Martínez
No se hace buena literatura con buenas intenciones ni con buenos sentimientos.
André Gide

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14Mar/07504/4

El alfabeto del carpintero

Rodolfo Martínez
El alfabeto del carpintero
Espiral ciencia ficción, febrero 1998
DL: BI-302-1998

¿Cuándo hay que parar de corregir? En mi caso la respuesta no es única: a veces en la primera redacción, como hice con La sabiduría de los muertos, y a veces sólo cuando la novela vaya a ser publicada, que fue lo que sucedió con El alfabeto del carpintero.

La escribí por primera vez en 1989 y se la envié a Miquel Barceló, no tanto para que este la publicara (por aquel entonces en Nova aún no había españoles) como para que me aconsejara qué hacer con ella. También se la envié a Alejo Cuervo, aunque si aparecer en Nova lo consideraba difícil, más aún me lo parecía ser publicado en SuperFicción: Alejo tenía fama de paladar digamos "caprichoso".

La novela no debió gustarle mucho: trató de ser diplomático y no herir mis sentimientos, pero noté con bastante claridad que no le parecía buena. La respuesta de Miquel fue algo más alentadora: me dijo que la novela tenía posibilidades y que, si le pegaba un buen pulido, quizá no fuera mala cosa presentarla al premio que por aquella época convocaba la editorial Ultramar.

Así lo hice y descubrí que era uno de los finalistas (también descubrí que sin duda habría acabo perdiendo ante El escondite, la primera versión de lo que luego sería El refugio de Aguilera y Redal). En cualquier caso, el premio no se falló jamás: una editorial francesa absorvió al grupo Salvat, del que Ultramar formaba parte, y cerró la colección de ciencia ficción, además de dejar el premio sin fallar.

La novela rondó por ahí unos años, con algunos ocasionales retoques. Luego, en el 96, me encontré con que no tenía nada que presentar al UPC de aquel año y se me ocurrió aligerar El alfabeto del carpintero de sus partes menos ágiles (fundamentalmente varias horripilantes secuencias de díalogo pretendidamente profundo y metafísico) y probar suerte con la nueva versión reducida.

No me fue mal del todo. Volví a quedar finalista y, además, por aquel entonces Juan José Aroz estaba sacando adelante una interesante colección de novela corta donde El alfabeto del carpintero podía encajar bastante bien. Se la envié, la aceptó y fue publicada en 1998.

En cierta manera, El alfabeto del carpintero marca un punto de inflexión en mi obra: es el primer relato largo en el que intenté construir unos personajes coherentes que le dieran sentido a la historia, en lugar de partir de una historia y buscar los personajes adecuados para ella. Por lo demás, es un buen muestrario de algunas de mis obsesiones personales. Temática y narrativamente está entroncada con mi relato "La carretera" y guarda también cierta relación con "Un agujero por donde se cuela la lluvia", quizá mi obra más enloquecida, muy influida por Dick en lo temático y por un empacho de lectura de "novela experimental" en lo estilístico.

Hace tiempo que juego con la idea de unir las tres narraciones en un solo volumen, que llevaría el título de El carpintero y la lluvia. Espero encontrar editor para él, tarde o temprano.

© 2007, Rodolfo Martínez
Cada hecho es un enemigo de la iglesia. Cada hecho es un hereje. Cada demostración es un infiel. Cada cosa que alguna vez haya sucedido realmente es un testigo en contra de lo sobrenatural.
Robert G. Ingersoll

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21Feb/07384/0

Los celos de Dios

Rodolfo Martínez
Los celos de Dios
Quaderns de la UPCF #5
UPC, Barcelona, 1997
D.L.: B-42.931-97

Algunas de mis obras parecen destinadas a no ver nunca la luz. Luego, cuando menos te lo esperas resucitan y te las encuentras entre las manos. El resultado suele ser más bien incómodo.

Durante muchos años, me presenté al premio UPC, ya desde su primera convocatoria en 1991 (salvo en el 92 y el Servicio Militar tuvo algo que ver en el asunto) y en el 93 quedé entre los finalistas con "Los celos de Dios", la historia de un robot en busca de su propia identidad y del monje que investiga esa historia. Aquel mismo año Miquel Barceló había iniciado la publicación de los QUADERNS DE LA UPCF, donde pretendía dar salida a todas aquellas novelas presentadas al premio que no habían ganado pero merecían ser publicadas. Quiso incluir "Los celos de Dios" en la colección y a mí me pareció una idea estupenda.

El destino quiso que no resultara tan fácil. Un cambio administrativo en la Universidad Politécnica de Cataluña dejo sin presupuesto a los QUADERNS y tras varios meses de retraso, supuse que la colección ya no seguiría adelante.

Los años fueron pasando y casi había olvidado el asunto. Reciclé parte de la historia para La sonrisa del gato: el dios robótico, la orden de fanáticos religiosos que lo servía. Y llevaba un tiempo dándole vueltas a la posibilidad de volver sobre la novela y escribirla de nuevo.

Para mi sorpresa durante todo aquel tiempo, Miquel no se olvidó de los QUADERNS, y en 1997 volvió a la carga, publicando entre otras cosas "Los celos de Dios".

Al igual que me pasó con Las brujas y el sobrino del cazador, me sentí incómodo ante aquel hijo que resucitaba de repente. Los años habían pasado sobre él: creía aún en la historia y en la estructura de flashbacks que había elegido para contarla, pero el resultado final tenía varios puntos débiles y el menor de todos ellos no era que la supuesta revelación final empezara a resultar claramente visible hacia la mitad de la historia. Por otra parte, el único personaje definido con cierta claridad en toda la novela era el propio robot, y eso hacía que la peripecia vital del monje que lo investigaba no resultase demasiado atractiva para el lector.

Otra vez tenía entre manos lo que debía haber sido un primer paso convertido en una nota a pie de página algo molesta.

© 2007, Rodolfo Martínez
Hay que tener la mente abierta, pero no tanto como para que a uno se le caiga el cerebro al suelo.
Richard Feynman

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7Feb/07554/1

Desde la tierra más allá del bosque

Rodolfo Martínez
Desde la tierra más allá del bosque
-Visiones 1996, AEFCF, 1996.
-Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos, Bibliópolis Fantásica, 2004.

A estas alturas no es ningún secreto que el personaje de Sherlock Holmes me fascina. No estoy seguro de si mi primer contacto con él fue a través de la serie de TV donde Peter Cushing encarnaba al detective o de aquellas ediciones de Molino donde se publicaban los relatos originales. Fue siendo muy joven, pero si lo pienso ahora es muy probable que la serie de televisión me acabase llevando al poco tiempo a interesarme por los cuentos de Holmes.

Desde que empecé a escribir siempre me ha gustado internarme en los universos de otras personas (¿alguien se sorprenderá si digo que entre los trece y los dieciséis años escribi varias continuaciones de Star Wars, de Las Fundaciones de Asimov o del 2001de Clarke?) y creo que escribí mi primer grupo de relatos sobre Sherlock Holmes a principios de los ochenta: en realidad no era el detective el protagonista, sino un descendiente suyo que, por alguna extraña circunstancia, vivía en la España del siglo XXI.

A mediados de los ochenta escribí un par de relatos más, ahora sí con Holmes de protagonista. Y volví sobre el tema a principios de los 90. El resultado final fueron una novela, un relato largo y un cuento. La primera y el tercero aparecieron en la primera edición de La sabiduría de los muertos, el segundo fue un intento de unir a Holmes y Drácula en una historia titulada "Desde la tierra más allá del bosque" (es decir, desde Transilvania, que es exactamente lo que significa) que se publicó en una de las antologías Visiones, editadas por la Asociación Española de Fantasía y Ciencia Ficción.

Al igual que me ocurrió con Las brujas y el sobrino del cazador, el relato tiene un buen arranque, pero el autor se cansó de su historia antes de llegar al final y la remató de forma apresurada y desganada. Pese a todo hay algunos momentos del relato que creo que siguen funcionando.

Cuando en 2004, Luis G. Prado me propuso reeditar La sabiduría de los muertos bajo el título de Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos, decidí que era un buen momento para recuperar el relato. Al fin y al cabo, en esa edición pretendía recoger todo el material holmesiano que alguna vez había escrito y que aún conservara y siguiera considerando publicable.

Poco imaginaba yo que esa nueva edición de mis historias holmesianas no sería el final de mi relación con Holmes, sino un nuevo principio.

Pero esa es otra historia, claro.

© 2007, Rodolfo Martínez
La supresión de ideas incómodas puede ser común en religión o política, pero no es el camino hacia el conocimiento, y no hay lugar para ella en la empresa de la ciencia.
Carl Sagan

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29Ene/07415/0

Un jinete solitario

Rodolfo Martínez
Un jinete solitario
-BEM nº 53, 1996
-Antología de la ciencia ficción española: 1982-2002. Julián Díez (ed.). Ediciones Minotauro, febrero, 2003.
-Callejones sin salida, Editorial Berenice, 2005

Si quisiera ser recordado por alguna historia en concreto en la ciencia ficción española, no sería por ninguna de mis novelas. Pese a que me siento aún hoy bastante satisfecho de La sonrisa del gato, y considero una novela válida Tierra de Nadie: Jormungand (a pesar dea las muchas cosas en ella con las que ya no me identifico) ninguna de ellas representa lo mejor de mí mismo como escritor de CF.

Es cierto que me siento bastante más satisfecho de El sueño del rey rojo, pero vista ahora mismo creo que cometí el error de tratar de ajustarme a un mínimo de páginas, lo cual hace que en ocasiones el ritmo de la historia se resiente y la trama resulte demasiado redundante.

El supuesto mérito de ser mi mejor narración de ciencia ficción creo que está reservado para "Un jinete solitario", una novela corta que escribí con destino a al UPC 95 y que pasó por el premio sin pena ni gloria: de hecho, por lo que sé a Miquel Barceló no le gustó demasiado. Fue publicada en un número de BEM al año siguiente y en los Ignotus de 1997 se llevaría el premio a la mejor novela corta.

"Un jinete solitario" es, al menos hasta que empecé a escribir El abismo te devuelve la mirada, mi obra más personal, aquella en la que me retrato con mayor fidelidad y en la que doy rienda suelta a mis pecados y obsesiones sin preocuparme por lo hondo que rasque en la herida.

Eso no tiene por qué convertirla en una buena historia, por supuesto. Pero creo que es también la primera vez que conseguí escribir un relato de ciencia ficción que sólo podía ser eso y no otra cosa, un relato en el que los elementos de CF eran parte inseparable de la trama y sin ellos carecía de sentido. También es la historia donde mejor he dominado mi técnica del flashback (quizá junto con la ya mencionada El sueño del rey rojo), y en la que sin duda conseguí definir los personajes de una forma más redonda y creíble.

El hecho de que personas de gustos tan dispares (y a menudo enfrentados) como Pedro Jorge Romero, Julián Díez, Juanma Barranquero o Armando Boix la consideren una de mis mejores obras parece bastante indicativo; y aún hoy sigo preguntándome qué es exactamente lo que no le gusta de ella a Miquel Barceló.

© 2007, Rodolfo Martínez
Las revoluciones científicas más importantes todas incluyen, como única característica en común, el destronamiento de la arrogancia humana de un pedestal tras otro de convicciones previas sobre nuestro lugar en el centro del Cosmos.
Stephen Jay Gould

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17Ene/07381/0

Las brujas y el sobrino del cazador

Rodolfo Martínez
Las brujas y el sobrino del cazador
Grupo Elfstone, Tormenta de palabras 1, Zaragoza, 1995
D.L.: Z-2283-89

Algo más de un año antes de la publicación de La sonrisa del gato, Santiago García Soláns, editor de la revista Elfstone, me comentó que pensaba probar suerte con una colección de novelas cortas y que tenía interés en publicar algo mío.

Le envié varias cosas y terminó eligiendo Las brujas y el sobrino del cazador, una historia fantástica sin demasiada trascendencia que, de haber sido publicada en su momento se habría convertido en mi primera obra de mediana extensión en el mercado y habría sido una buena tarjeta de presentación.

Desgraciadamente, pese a las mejores intenciones del editor, el proyecto se fue retrasando y, para cuando salió a la calle, La sonrisa del gato ya había visto la luz y en la inevitable comparación, Las brujas y el sobrino del cazador salió bastante mal parada.

Es una obra menor, sin duda. Creo que tiene un buen arranque y el desarrollo no es malo, pero en determinado momento se nota demasiado que el autor se ha cansado de su propia obra y tiene prisa por terminar, así que la historia se queda a medias y no culmina su desarrollo. En parte, como he dicho, por cansancio del autor; en parte, confesémoslo, porque el autor no tenía muy claro hacia dónde tirar a partir de determinado momento. Pese a todo creo que hay algunas secuencias bastante dignas y la historia en general aún me gusta.

Habría sido una buena tarjeta de presentación de haberse publicado en su momento. Tal y como fueron las cosas no pasó de una nota a pie de página.

© 2007, Rodolfo Martínez
¿Qué haría si solo me quedaran seis meses de vida? Escribiría más rápido.
Isaac Asimov

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