Críticas, argumentos y juicios

Siempre he sido un partidario firme, casi acérrimo, de que el escritor debe guardar silencio ante las críticas a su obra y que nunca, por más que le apetezca, debe salir al paso y defenderse: es la obra la que tiene que defenderse por sí misma y, si no lo ha logrado, mala suerte.

Sin embargo, a veces la tentación es grande, tanto que comprendo lo difícil que resulta resistirse a ella.

Esta mañana, mientras leía el número de junio de Qué leer y me enfrentaba a la crítica que un tal Manu González había hecho de Los sicarios del cielo, fue uno de esos momentos. Es curioso el efecto demoledor que puede tener una reseña de poco más de doscientas palabras con casi la mitad de ella, además, centrada en loar la obra de Gaiman y su esfuerzo por reinventarse a sí mismo. El resto, ciento y pico palabras, está dedicado a comentar la falta de originalidad de mi novela, su ramplonería o el hecho de que no esté muy claro si cruza la frontera entre el plagio y el homenaje; y todavía le queda espacio para finalizar el comentario acusando en bloque a la narrativa fantástica española de mala imitación de lo que se hace fuera de nuestro país.

Como decía, la tentación de responder ha sido muy fuerte. Tanto, que me ha resultado difícil no acudir a San Google para buscar el nombre del crítico y, con un poco de suerte, encontrar entre sus filias y fobias algo que echarle en cara (en realidad, ni siquiera me habría hecho falta: en ese mismo número de Qué leer aparece un artículo suyo sobre el cómic donde sitúa una basura como Arkham Asylum en un lugar destacado, lo que ya me dice bastante sobre su gusto y su criterio).

Me detuve a tiempo, por supuesto. Nada gano con atacar al crítico, aparte de que sería entrar en una dinámica absurda de la que no iba a sacar ningún provecho. Además, el daño ya está hecho: la crítica negativa ha salido en un medio de gran tirada y ha llegado (o estará llegando) a los ojos de posibles lectores que, en otras circunstancias, quizá se habrían sentido interesados por mi novela. Meterme en una polémica por una mala crítica no sólo es desaconsejable en cualquier caso, sino que -mucho peor- no sirve para nada. Por otro lado, reconozco que el hecho de que hoy salga en El País la entrevista que me hizo hace unas semanas Jacinto Antón ha ayudado a que me tome las cosas con un poco más de calma.

En cualquier caso, el asunto me ha servido para darme cuenta de algunas cosas. Unas de carácter más bien personal y que no vienen ahora al caso.

Otras, por el contrario son reflexiones más genéricas y quizá más interesantes. Son cosas que tal vez sabía pero que en las que nunca me había parado a pensar hasta ahora. Me refiero al hecho de que una crítica negativa de poco más de cien palabras es mucho más contundente y, sobre todo, más inatacable, que una reseña bien argumentada y amplia. Puedes enfrentarte a lo segundo y confrontar tus propios argumentos contra los del crítico; demostrar incluso que los suyos son pobres y carentes de valor. Pero ante una opinión contundente, sin matización de ninguna clase, sin razonamientos que la respalden o la justifiquen, estás perdido: no puedes rebatir lo que dice porque no hay nada que rebatir. El crítico se ha limitado a valorar negativamente tu obra sin argumentar su juicio y frente a eso, lo único que puedes hacer es rechinar los dientes y cruzar los dedos esperando que el daño que haga a la carrera comercial de tu novela no sea demasiado grande.

Siempre he pensado (no es la primera vez que lo digo, tanto en público como en privado) que una crítica no es más que una opinión y que, como toda opinión, será tan buena o tan mala como los argumentos que la sustenten. Pero, ¿qué pasa cuando no hay argumentos tras ella, o si los hay el crítico no se ha molestado -o quizá no ha podido a causa de las limitaciones de espacio- en detallarlos? ¿De qué me sirve a mí, como simple lector, que alguien me diga «tal libro es cojonudo» o «tal libro es una bazofia» si tras esos juicios no hay argumentos, razonamientos, explicaciones? ¿Qué utilidad tiene, entonces, ese tipo de crítica?

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