El hermano de las moscas

Debo el haberme acercado a esta novela a los buenos oficios de Cristina Macía. Ella fue quien me dijo que podía interesarme y, de hecho, apuntó la posibilidad de que podría ser un buen candidato para el premio Celsius 232 del año 2009.

Poco sé del autor, más allá de lo que se cuenta en la solapa del libro. Joven, asturiano y reciente ganador del Premio Asturias Joven de narrativa, El hermano de las moscas parece ser su primera novela.

La premisa no puede ser más sencilla: un hombre vuelve de Asia con lo que él cree que es un principio de malaria, visita a su hermano, que está a punto de tener un hijo, se acomoda en el cuarto de invitados de su casa… y se convierte durante diez días en un enjambre de moscas.

Tras ese arranque, narrado en un tono lacónico y desapasionado, casi de crónica, que será dominante en casi toda la novela, Bilbao va construyendo una historia que se desarrolla sin prisas ni sobresaltos y en la que apenas hay espacio para la sorpresa.

Sí para el horror, sin embargo. Un horror cotidiano comparable en muchos aspectos al que sentimos al asomarnos a la obra de Kafka. No es casual, creo yo, que Grego comparta nombre con el Gregorio Samsa que se transforma en escarabajo en La metamorfosis, ni tampoco lo son las evidentes intenciones del autor de trazar un retrato, y por momentos casi diría que hacer un despiece, de la cotidianidad a través de la perturbación que de ésta supone la transformación de Grego.

Como he dicho, el tono de la novela es desapasionado y distante, como si el narrador contemplase a los distintos personajes desde una altura imposible y se limitase a presentar los que pasa ante nuestros ojos, sin emitir juicios ni opinar sobre ello. Eso, que puede ser un escollo para la lectura en algunos momentos (no hay el menor interés por parte del narrador en apasionarnos o implicarnos en la historia), tiene al mismo tiempo la consecuencia de volverla más real y creíble y, en cierto modo, oculta el horror que yace bajo toda la situación.

Por otra parte, Bilbao es capaz de adentrarse en uno de los lugares más comunes de la literatura fantástica (lo que tiene su aquel de osadía) y salir con la cabeza bien alta por el otro lado, cosa que no es en absoluto desdeñable. Quizá la longitud de la novela se hace un poco excesiva y creo que habría ganado aligerándola ligeramente y recortándola aquí y allá. No mucho, sólo lo bastante para hacerla un poco más compacta y, eso me parece, más redonda.

Lo fuerte del autor no son los diálogos; de ahí, tal vez, que haya pocos en la novela y que en ocasiones no terminen de sonar del todo naturales. De hecho, y por mencionar un momento concreto, nadie que no sea un actor americano doblado por un incompetente diría “Estoy jodidamente bien”, como hace el personaje de Grego en el arranque de la historia.

Son pequeños detalles que estoy seguro de que el tiempo y el trabajo se encargarán de pulir, sin duda. Mientras tanto, como primera novela, El hermano de las moscas es más que satisfactoria y augura una carrera sólida para su autor.

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