Puñal de bruñido acero

Mi información está desactualizada en más de veinte años, así que es posible que esté meando fuera del tiesto. Sospecho, sin embargo, que no es así.

Veréis, cuando estudiaba BUP (como diría William Goldman, eso fue antes del primer gobierno socialista, pero después de que el fresco procedente de Galicia dejase de imperar en toda la península) Muñoz Seca era un autor que no tenía la menor consideración crítica. Su oba más popular, La venganza de don Mendo, era tenida por poco más que un cúmulo de chascarrillos, chistes fáciles y juegos de palabras baratos, sin el menor valor literario. Y la valoración del resto de sus “astracanadas”, que así se las llamaba, iba por los mismos derroteros.

Es posible que en todo este tiempo las cosas hayan cambiado, aunque como he dicho, sospecho que no, y que en los ambientes académicos Muñoz Seca sigue sin ser valorado como un autor que merezca la pena (si además tenemos en cuenta que cojeaba más bien hacia la derecha, peor lo ponemos) y que se sigue considerando su obra como algo sin valor literario.

Y yo me pregunto ¿es que acaso el hecho de que casi noventa años después de su estreno siga pareciéndonos delirantemente divertida no tiene valor alguno? Y el que su humor, pese a todo el tiempo transcurrido, aún funcione ¿no tiene ningún mérito?

Supongo que no, que para la crítica académica todo eso no es bastante. Lo que, ya que estamos, pone a la crítica académica en un lugar en el que, francamente, no me gustaría estar.

POSTDATA: Este post está dedicado a Gorinkai, por supuesto. Fue la entrada en su blog dedicada a La venganza de don Mendo la que lo desencadenó, al fin y al cabo.

POSTDATA 2: Para todos aquellos bellacos y malandrines que aún no la hayan leído, aquí la tienen completa, tal como la Junta de Andalucia la ha editado en PDF.

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