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	<title>Escrito en el agua</title>
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	<description>El blog de Rodolfo Martínez</description>
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	<language>es-ES</language>
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		<title>¿El imperio nunca tuvo fin?</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Apr 2013 18:45:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rodolfo Martínez</dc:creator>
				<category><![CDATA[A mi alrededor]]></category>
		<category><![CDATA[Crónicas]]></category>

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		<description><![CDATA[Reproduzco a continuación el texto de presentación que acompaña a Memoria de Tinieblas, la extraordinaria ucronía steampunk escrita por Eduardo Vaquerizo y que transcurre en el mismo escenario que Danza de Tinieblas. Madrid, 1970. Las naciones católicas siguen sumidas en<span class="ellipsis">&#8230;</span><div class="read-more"><a href="http://www.escritoenelagua.com/?p=3752">Leer más ›</a></div><!-- end of .read-more -->]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify; padding-left: 30px;"><em>Reproduzco a continuación el texto de presentación que acompaña a <a href="http://www.sportularium.com/?p=2265" target="_blank">Memoria de Tinieblas</a>, la extraordinaria ucronía steampunk escrita por Eduardo Vaquerizo y que transcurre en el mismo escenario que <a href="http://www.sportularium.com/?p=2092" target="_blank">Danza de Tinieblas</a>.</em></p>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 490px"><a href="http://www.amazon.es/dp/B00C79JAFS"><img alt="Memoria de Tinieblas, de Eduardo Vaquerizo" src="http://www.sportularium.com/portadas/grande/memoriati.jpg" width="480" height="640" /></a><p class="wp-caption-text">Memoria de Tinieblas, de Eduardo Vaquerizo</p></div>
<p style="text-align: justify;">Madrid, 1970.</p>
<p style="text-align: justify;">Las naciones católicas siguen sumidas en la decadencia. Quién sabe si, en Roma, el Papa actual se lamenta de que la cerrazón de sus predecesores causara el cisma español cuatrocientos años atrás y perdiera para el catolicismo, no sólo España y los principados alemanes, sino todo el nuevo continente de las Américas.</p>
<p style="text-align: justify;">África, casi despoblada tras las plagas que la asolaron, permanece inexplorada en gran medida, salvo aquellas zonas costeras controladas por España o por los turcos.</p>
<p style="text-align: justify;">El Imperio Español construido por Juan de Austria y mantenido por sus sucesores, parece gozar de buena salud. En sus costas, en efecto, no se pone el sol y su influencia se extiende por todo el mundo, desde las Américas a las más lejanas costas de Asia. Hay descontento entre las clases bajas pero, ¿cuándo no lo hay? El Imperio es una máquina bien engrasada a la que le queda cuerda para rato.</p>
<p style="text-align: justify;">Aunque…</p>
<p style="text-align: justify;">En el Este, se desangra en una larga guerra contra el Imperio Otomano que hace tiempo ha alcanzado una situación de <em>impasse</em>. Ninguno de los dos bandos es capaz de alzarse con la ventaja, y esta situación va minando poco a poco los recursos de ambos.</p>
<p style="text-align: justify;">En el Oeste, en las Américas, el territorio de Nueva Borgoña se está convirtiendo en terreno abonado para la revolución, para que los plebeyos se gobiernen a sí mismos sin reyes ni nobles que les impongan un sistema de vida que los aboca a la miseria. Quizá no son más que un puñado de desharrapados extendidos por un territorio sin importancia. Pero su ejemplo puede ser peligroso si cunde.</p>
<p style="text-align: justify;">Además…</p>
<p style="text-align: justify;">Un momento.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Madrid, 1970?</p>
<p style="text-align: justify;">¿Qué Madrid? ¿Y qué 1970?</p>
<p style="text-align: justify;">En efecto, amable lector. Has dado con meollo del asunto, el verdadero intríngulis de todo esto. Porque no estás en el siglo XX que conoces. Y, de hecho, la historia de los últimos cuatro siglos ha sido muy distinta a la que recuerdas.</p>
<p style="text-align: justify;">Estás ante una ucronía. Un escenario que, en un momento concreto de su historia (que en este caso puede situarse justo tras la batalla de Lepanto, en 1571), se ha separado de nosotros y ha discurrido por su propio camino de acontecimientos hasta construir un siglo XX, un año 1970 que no es el que conoces… aunque a veces lo recuerde poderosamente y, en ocasiones, parezca incluso más real, más vívido y detallado que el que describen los libros de historia.</p>
<p style="text-align: justify;">Si has leído <strong>Danza de tinieblas</strong>, ya sabes de qué te hablo. Si no, echa a correr a por ella y devórala lo antes posible. No porque la necesites para comprender o disfrutar del libro que tienes en las manos (te aseguro que no es así), sino porque <strong>Danza de tinieblas</strong> es una estupenda novela por sí misma.</p>
<p style="text-align: justify;">En ella nos asomamos al Madrid de 1929 (un 1929 que, no me canso de decírtelo, no es el que figura en los libros de historia) y, a lo largo de una aventura trepidante, de un emocionante <em>thriller</em> de capa y espada (o de acero y Villegas, podríamos decir, para los iniciados), vamos teniendo un atisbo, una pequeña pincelada de un paisaje y un escenario que prometen ser fascinantes una vez se alce el velo.</p>
<p style="text-align: justify;">Y éste se alza aquí, en esta <strong>Memoria de tinieblas</strong>. La novela anterior tenía un foco cercano y cerrado, ese Madrid de finales de los años veinte que recorre el cabo Salamanca en su empecinamiento por desvelar el misterio. Ahora, el foco se abre y nos muestra un panorama mucho mayor, más completo; cierto que Madrid sigue siendo uno de los puntos clave de la historia, pero no es menos importante la Nueva Borgoña americana o incluso el frente de Alsacia. Y Eduardo Vaquerizo, a medida que despliega ese panorama ante nuestros ojos, lo va usando como escenario para una historia más grande que la anterior, más ambiciosa, más compleja y elaborada y, en todos los aspectos, más redonda.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Danza de tinieblas</strong> era una estupenda novela en un escenario prometedor.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Memoria de tinieblas</strong> es una novela impresionante en un escenario que ya no es una promesa, un atisbo, sino una fascinante realidad. Tras esa realidad hay un trabajo metódico, preciso y elaborado que casi parece orfebrería narrativa; un esfuerzo mitopoiético que nada tiene que envidiar a los mejores «otros mundos» que nos han dado la ciencia ficción y la fantasía.</p>
<p style="text-align: justify;">Creo que podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que estamos ante una de las cinco mejores ucronías <em>steampunk</em> jamás escritas en cualquier idioma. Desde luego (y vais a perdonarme la contundencia), es la mejor ucronía <em>steampunk</em> jamás escrita en castellano: el cuidado en el detalle, el mimo en las invenciones tecnológicas de esa historia alternativa, el estilo elegante y ocasionalmente castizo, las dos tramas que se van desenrollando hasta encontrarse de un modo fluido y natural al final, el conocimiento de primera mano de ese paisaje madrileño alternativo, como si el autor llevara viviendo en él toda su vida, el ritmo regular, la precisa respiración de la novela… todo eso se confabula, se une y se combina en una novela espectacular destinada a convertirse en un clásico del género.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero no tenéis por qué creerme, por supuesto. Al fin y al cabo, soy el editor de este libro y supongo que se espera de mí que hable en extremos, que exagere las virtudes de lo que publico y oculte sus defectos.</p>
<p style="text-align: justify;">Así que, os lo ruego, no me creáis. No me hagáis caso, por favor. Comprobadlo por vosotros mismos. Echadle un tiento a la novela, leed las primeras páginas, adentraos en ese siglo XX que nunca existió y que a veces parece más auténtico que el real.</p>
<p style="text-align: justify;">Una vez que lo hayáis hecho, os lo advierto, no habrá vuelta atrás. Tendréis que seguir leyendo hasta el final.</p>
<p style="text-align: justify;">Porque eso es lo peor de <strong>Memoria de tinieblas</strong>. Que se acaba.</p>
<p style="text-align: justify;">Confío en que sólo de momento.</p>
<div align=right><span style="font-variant: normal;font-size: 12px; color: #ffffff">&copy; 2013, Rodolfo Martínez</span></div>]]></content:encoded>
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		<title>Ese maldito hijo de la Gran Bretaña&#8230;</title>
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		<pubDate>Sat, 06 Apr 2013 08:23:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rodolfo Martínez</dc:creator>
				<category><![CDATA[A mi alrededor]]></category>
		<category><![CDATA[Crónicas]]></category>

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		<description><![CDATA[Reproduzco a continuación el texto de presentación que acompaña a la edición de Sportula de Simetrías rotas, la excelente recopilación de relatos de Steve Redwood. ¿A quién quieres más: a papá o a mamá? Dicho de otro modo: ¿Qué faceta<span class="ellipsis">&#8230;</span><div class="read-more"><a href="http://www.escritoenelagua.com/?p=3742">Leer más ›</a></div><!-- end of .read-more -->]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="padding-left: 30px; text-align: justify;"><em>Reproduzco a continuación el texto de presentación que acompaña a la edición de Sportula de <a href="http://www.sportularium.com/?p=2260" target="_blank"><strong>Simetrías rotas</strong></a>, la excelente recopilación de relatos de Steve Redwood.</em></p>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 450px"><a href="http://www.sportularium.com/?p=2260"><img alt="Simetrías rotas, de Steve Redwood" src="http://www.sportularium.com/portadas/grande/simetrias.jpg" width="440" height="640" /></a><p class="wp-caption-text">Simetrías rotas, de Steve Redwood</p></div>
<p style="text-align: justify;">¿A quién quieres más: a papá o a mamá?</p>
<p style="text-align: justify;">Dicho de otro modo: ¿Qué faceta de Steve Redwood como escritor prefieres: su lado serio o su vertiente humorística? ¿Dónde es más ácido, más punzante, dónde es más afilado su bisturí y dónde llega más hondo en su exploración de los aspectos más oscuros de la humanidad?</p>
<p style="text-align: justify;">Bastante antes de que surgiera la posibilidad de ser el editor de este libro, tuve el placer de traducir dos de los relatos incluidos en él: «Hasta la última generación» y «De Madrid al infierno».</p>
<p style="text-align: justify;">En la traducción del primero traté en todo momento de respetar el tono poético, casi elegiaco, que Steve sabe imprimir a la crónica de una sociedad ignorante de la terrible maldición que está desencadenando sobre sí misma. El texto que tenía entre manos lo merecía, sin duda alguna. Sólo espero que mi versión en castellano haya mantenido el contenido emocional, la sutil desesperación que en su momento me transmitió el original.</p>
<p style="text-align: justify;">Traducir el segundo fue como dar un giro de ciento ochenta grados. ¿El tipo que había escrito aquello, la mente enferma que había ideado aquella disparatada (o quizá no tanto), sangrante e irreverente parodia de la actual realidad española era la misma alma sensible (aunque no menos implacable) que había escrito el otro relato?</p>
<p style="text-align: justify;">Al parecer, lo era; y no tardé en confirmarlo a medida que iba leyendo los distintos relatos incluidos en estas <strong>Simetrías rotas</strong> y, de paso, asombrándome ante los continuos cambios de estilo, de enfoque, de tono y de humor. Steve no sólo se mueve por las historias humorísticas con la misma comodidad que por las narraciones más «serias», sino que modifica su forma de narrar y la adapta con tal versatilidad a lo que le pide cada historia que llega un momento en que parece que nos encontremos ante relatos surgidos de media docena de autores distintos cuya única característica común (aparte de cierto gusto por explorar lo malsano y lo grotesco como si fuera lo más natural del mundo) es lo endiabladamente buenos que son todos ellos.</p>
<p style="text-align: justify;">El entrecomillado de unas líneas más arriba es, evidentemente, deliberado. Como otros antes que él, Steve es consciente de que no hay nada como el humor para enfrentarse a lo más serio: humor a veces irónico, a menudo irreverente y casi siempre afilado; tanto, que muchas veces corta hasta el hueso y más allá. Una característica, por cierto, que Steve comparte con su compatriota Terry Pratchett; confieso que la mejor y más inteligente reflexión que he leído sobre los cuentos de hadas es <em>Brujas de viaje</em> (Witches Abroad), de la serie de Mundodisco.</p>
<p style="text-align: justify;">Como otro inglés, John le Carré, Steve es capaz de lanzar sobre su propia cultura la mirada del extranjero y mostrarnos con cierto desapego distante y a veces cruel algunos tipos característicamente ingleses. Pero no nos dejemos engañar: cuando retrata a esos británicos con problemas para relacionarse socialmente nos está retratando un poco a todos, a ciertas partes de nosotros mismos en las que preferimos no pensar.</p>
<p style="text-align: justify;">Pocas literaturas muestran y reflejan la sociedad que las ha creado mejor que la literatura fantástica. Pocas herramientas de reflexión sobre la realidad hay superiores a la ciencia ficción. Pocos géneros son más adecuados que la sátira para obligarnos a ver lo que no nos gusta de nosotros mismos&#8230; Al fin y al cabo, el bufón tiene bula para decir la verdad.</p>
<p style="text-align: justify;">Los relatos de Steve son todo eso y más: inquietante literatura fantástica, ciencia ficción con garra especulativa, sátira afiladísima y, sobre todo, un rostro que no aparta la vista y nos obliga a contemplar ciertos rincones oscuros y retorcidos de nosotros mismos.</p>
<p style="text-align: justify;">El espejo, la simetría que prefigura el reflejo, se rompe en cada uno de estos relatos. Y en sus añicos esparcidos por el suelo vemos cosas que quizá preferiríamos no haber visto.</p>
<p style="text-align: justify;">El autor no nos dará esa opción.</p>
<div align=right><span style="font-variant: normal;font-size: 12px; color: #ffffff">&copy; 2013, Rodolfo Martínez</span></div>]]></content:encoded>
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		<title>Recorriendo un planeta Wu-Wei</title>
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		<pubDate>Tue, 12 Mar 2013 19:15:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rodolfo Martínez</dc:creator>
				<category><![CDATA[A mi alrededor]]></category>
		<category><![CDATA[Crónicas]]></category>

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		<description><![CDATA[Reproduzco aquí el texto de presentación de la edición de Sportula de Viaje a un planeta Wu-Wei, una de las obras fundamentales para comprender (y disfrutar) la ciencia ficción española. Bermúdez ha sido la voz más influyente en la génesis<span class="ellipsis">&#8230;</span><div class="read-more"><a href="http://www.escritoenelagua.com/?p=3734">Leer más ›</a></div><!-- end of .read-more -->]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify; padding-left: 60px;"><em>Reproduzco aquí el texto de presentación de la edición de <a href="http://www.sportularium.com/" target="_blank">Sportula</a> de <a href="http://www.sportularium.com/?p=2230" target="_blank">Viaje a un planeta Wu-Wei</a>, una de las obras fundamentales para comprender (y disfrutar) la ciencia ficción española.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.amazon.es/dp/B00BPTFPUK/"><img class="aligncenter" alt="" src="http://www.sportularium.com/portadas/grande/wuwei.jpg" width="427" height="640" /></a></p>
<blockquote><p><em>Bermúdez ha sido la voz más influyente en la génesis de la actual CF española. El primer escritor políticamente incorrecto, el primer literato con una preocupación formal añadida a la especulativa, el primer autor con voz autóctona. El primer posmoderno.</em></p>
<p align="right"><strong>Julián Díez</strong></p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Debió ser allá por 1989. No más allá de 1990, en todo caso. En mis manos cayeron dos novelas de Gabriel Bermúdez Castillo: <i>El hombre estrella</i> y <i>Golconda</i>. Confieso que la primera no me entusiasmó; me gustaba la premisa inicial, la inversión de los roles sexuales con los que jugaba la novela, pero la historia en sí me parecía débil y sin demasiada garra. <i>Golconda</i> me resultó más satisfactoria, pero me quedó la sensación de que allí faltaba algo, que había demasiados huecos en una historia que, además, no terminaba.</p>
<p style="text-align: justify;">Por aquel entonces colaboraba con el fanzine <i>Maser</i>, que sacaba con cierta frecuencia un pequeño boletín informativo que reseñaba novedades de ciencia ficción e incluía también algún que otro artículo de fondo.</p>
<p style="text-align: justify;">Escribí una reseña de ambas novelas para el boletín. Y confieso que cargué las tintas en los aspectos negativos de ambas novelas y no resalté lo suficiente los positivos. Nada de lo que decía era falso, pero sí deformaba en cierto modo la realidad.</p>
<p style="text-align: justify;">Años después volví a leer ambas novelas, algo que hago con cierta frecuencia: de vez en cuando recorro con la vista mi biblioteca y, a veces, por un motivo o por otro, algún título ya leído llama mi atención y decido releerlo a ver si la impresión inicial era correcta o la relectura la hace cambiar. Siempre he considerado, de hecho, que la verdadera lectura, la que deja poso y proporciona una imagen más certera de la novela, es la segunda y no la primera.</p>
<p style="text-align: justify;">Seguí encontrando floja <i>El hombre estrella</i>, pero me pareció que <i>Golconda</i> era bastante mejor de lo que recordaba y, como ya me había sucedido la primera vez, me resultó muy interesante el manejo del lenguaje que hacía el autor y el modo en que jugaba con él para reflejar distintos estratos sociales o situaciones diferentes. Repasé las reseñas que había escrito de ambas novelas y me pareció que había sido demasiado negativo, especialmente con <i>Golconda</i>.</p>
<p style="text-align: justify;">Y, llevado por un impulso, conseguí la dirección del autor a través de mis contactos con el fandom cienciaficcionero y le escribí para pedirle disculpas por haber cargado demasiado las tintas en lo negativo de sus novelas. ¿Suena tonto? Seguramente. Y más teniendo en cuenta que era muy probable que el hombre ni siquiera hubiese leído esas reseñas mías, teniendo en cuenta la limitada circulación del boletín informativo de <i>Maser</i>.</p>
<p style="text-align: justify;">En efecto, Gabriel Bermúdez no había leído mis reseñas y así me lo hizo saber en la amable carta con la que respondió a la mía. Sí, una carta, en papel, en un sobre y echada a un buzón de correos… eran otros tiempos.</p>
<p style="text-align: justify;">Eso inició una cordial correspondencia entre ambos que, con el tiempo, fue derivando hacia una buena amistad. En algún momento, sintiéndome quizá un poco avergonzado por mi osadía, llegué a enviarle algunas de mis obras. Por entonces, yo era un tipo que había publicado poco menos de una docena de relatos en un par de fanzine y varios artículos en los mismos medios. Bermúdez era un escritor veterano y apreciado y, seguramente, lo último que querría era leer los intentos literarios de un novato.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero lo hizo. Los leyó y fue lo bastante amable para hablar bien de ellos. Creo recordar que se trataba de <i>La sabiduría de los muertos</i> (mi primera novela holmesiana) y de <i>Los celos de Dios</i>, una novela corta que transcurría en mi universo de Drímar. Gabriel no sólo leyó ambos textos y me hizo saber que le gustaban, sino que en un caso me ayudó a corregir varios errores de ambientación (gracias él supe cuál era el coche de caballos correcto en la era victoriana para tres personas, por ejemplo) y en el otro fue capaz de desentrañar casi todas las claves de la cronología de Drímar con sólo haber leído un relato.</p>
<p style="text-align: justify;">Al mismo tiempo me envió lo que iba a ser su próximo libro. Acababa de publicar con Miraguano la novela <i>Salud mortal</i> y lo que me hizo llegar fue una recopilación de dos novelas cortas y un relato que saldría con la misma editorial bajo el título de <i>Instantes estelares</i>. También me comentó que la edición que Acervo había hecho de <i>Golconda</i> estaba severamente mutilada y que, en realidad, la novela no era sino una parte de un todo mayor llamado <i>Mano de Galaxia </i>que algún día esperaba poder publicar. (Algo que ocurrió unos cuantos años más tarde gracias  la Universidad de Zaragoza, pero eso es otra historia.)</p>
<p style="text-align: justify;">Entretanto, yo seguía sin haber leído las que son, seguramente, sus dos novelas más emblemáticas, publicadas ambas hacía algún tiempo y difíciles de conseguir en aquellos momentos. Gracias mi buen amigo José Luis Rendueles pude leerlas (y, algún tiempo después, conseguí hacerme con mis propios ejemplares). Se trataba, por supuesto, de <i>El señor de la Rueda </i>y <i>Viaje a un planeta Wu-Wei</i>.</p>
<p style="text-align: justify;">Con lo que llegamos, amable lector, al verdadero propósito de esta presentación. Ya era hora, pensarás.</p>
<p style="text-align: justify;">De <i>El señor de la Rueda</i> espero poder hablar otro día.</p>
<p style="text-align: justify;">En cuanto a <i>Viaje a un planeta Wu-Wei</i>, la novela me atrapó desde el primer momento. El primer capítulo me intrigó, el segundo me tuvo en vilo y, para cuando llegué al tercero y conocí a ese pedazo de personaje que es Serapio Marcilla, alias el Manchurri, ya estaba completamente pillado.</p>
<p style="text-align: justify;">Devoré la novela en muy poco tiempo, saboreando cada página, cada anécdota, cada golpe de ironía, disfrutando de esa sociedad de tintes claramente anarquistas que poblaba sus páginas, gozando con los personajes y sus peripecias. Cuando llegué al final y cerré el libro, supongo que mi primera reacción fue ponerme a buscar mi mandíbula, que algún momento de la lectura se me había caído y, sin duda, debía de estar en el suelo, por alguna parte.</p>
<p style="text-align: justify;">Creo que nunca había leído nada parecido. Era ciencia ficción, sin duda. Y era una excelente novela, por supuesto. Pero era algo más. Era algo distinto, diferente. Aquello, saltaba a la vista, no había sido escrito por un autor americano o inglés, ni por un autor patrio que siguiera esos modelos servilmente. Cada página, cada capítulo, casi cada frase, tenía un marcado sabor hispano y la novela destilaba una ironía y una mala leche que sólo podían ser netamente españolas.</p>
<p style="text-align: justify;"><i>Viaje a un planeta Wu-Wei</i> era una excelente novela de por sí, pero además tenía el valor añadido de tener una personalidad propia, contundente y muy distinta a la de toda la ciencia ficción (casi mayoritariamente anglosajona) que había leído hasta aquel momento. Se suele considerar la aparición de <i>Lágrimas de luz</i> de Rafael Marín el momento de la mayoría de edad de la ciencia ficción española. No lo discuto. Sin embargo, la novela de Gabriel Bermúdez supuso, seis años antes, un toque de atención importante: allí había un excelente escritor con una voz propia que tenía cosas interesantes que contar y sabía cómo contarlas.</p>
<p style="text-align: justify;">Como comentaría años más tarde Julián Díez, Gabriel Bermúdez fue, en cierto modo, el primer posmoderno de la ciencia ficción española. Si alguna vez ha habido una novela <i>mestiza</i> en nuestro género, una novela que amalgamara distintos géneros (space opera, fantasía, terror, viaje iniciático, sátira, novela utópica…) ésa era sin duda <i>Viaje a un planeta Wu-Wei</i>. Y el resultado era de una armonía y una coherencia narrativa sorprendentes.</p>
<p style="text-align: justify;">No es una novela perfecta, desde luego. El mismo autor ha reconocido en alguna ocasión, por ejemplo, que toda la parte de la aventura africana es una especie de excrecencia narrativa que guarda poca relación con el resto de la historia.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Importa eso? ¿Quién demonios quiere una novela perfecta? ¿Existe algo como eso, acaso?</p>
<p style="text-align: justify;">Pero no voy a recorrer ese camino, no tendría sentido.</p>
<p style="text-align: justify;">Baste decir que <i>Viaje a un planeta Wu-Wei</i> es una de las mejores novelas españolas de ciencia ficción de todos los tiempos. Que tiene personalidad propia. Y que, sobre todo, es una lectura fascinante, vibrante y enormemente divertida.</p>
<p style="text-align: justify;">No, esta presentación aún no ha terminado. Te pido disculpas por lo dilatado de la misma, paciente lector; ya no queda mucho, en todo caso.</p>
<p style="text-align: justify;">No es la primera vez que publico esta novela. Allá por el año 2000, la HispaCon (la Convención Española de Ciencia Ficción) se celebró en Gijón, dentro del marco de la Semana Negra. La organización de la HispaCon, de la que formaba parte, se propuso publicar dos libros, de cuya realización me acabé encargando. Uno fue <i>Sol 3</i>, una recopilación de relatos y artículos de Domingo Santos, un merecido homenaje a uno de los grandes nombres de la ciencia ficción española que, además, tenía el formato y la maquetación de un número de <i>Nueva Dimensión</i>, la revista que Santos había creado (junto con Luis Vigil y Sebastián Martínez) y había dirigido en su última etapa.</p>
<p style="text-align: justify;">El otro fue, precisamente, una reedición de <i>Viaje a un planeta Wu-Wei</i>.</p>
<p style="text-align: justify;">Se hizo una tirada muy limitada de ambos libros y, dentro del espíritu de la Semana Negra, fueron ediciones gratuitas que se regalaron a los asistentes.</p>
<p style="text-align: justify;">Confieso que nunca estuve muy contento con esa edición a pesar, o quizá precisamente por eso, de haberla realizado yo.</p>
<p style="text-align: justify;">Por un lado, hubo que reconstruir el texto a partir de la edición previa de Acervo, ya que el autor no tenía una copia en digital (sí, eran otros tiempos, sin duda), lo que implicaba un trabajo de escaneo/OCR más la posterior revisión del texto reconstruido para asegurarse de que estaba libre de erratas. Por desgracia, esa última tarea no se hizo todo lo bien que se debería haber hecho (el tiempo se nos echaba encima) y el libro salió con demasiadas erratas.</p>
<p style="text-align: justify;">Por otra parte, no me gustaba demasiado el formato en que lo publicamos. El libro tenía unas dimensiones un tanto extrañas (demasiado grande y casi cuadrado) para hacerlo compatible estéticamente con los libros que solía publicar la Semana Negra. Era un formato que no me gustaba demasiado y es otro de los motivos por los que nunca estuve del todo satisfecho con esa edición del año 2000.</p>
<p style="text-align: justify;">Poco sospechaba yo que el tiempo me daría la oportunidad para hacer las cosas mejor y conseguir, por fin, una edición a mi gusto. Una edición más acorde, a mi parecer, con lo que la novela merecía.</p>
<p style="text-align: justify;">Ahora, trece años después de la edición de la Hispacon, veintiséis años después de la edición de Orbis y treinta y siete años después de la edición de Acervo, <i>Viaje a un planeta Wu-Wei</i> vuelve a estar al alcance de los lectores, en una edición simultánea en ebook y en papel. Una edición que, así lo hemos intentado, aspira a ser definitiva y se complementa con un recorrido por la historia editorial de la novela y donde el lector podrá encontrar las distintas portadas (incluida la de la reciente edición polaca), recortes de periódico de la época de la primera edición, el prólogo que Julián Díez escribió para la edición del 2000 e, incluso, la valoración que Domingo Santos realizó de la novela en aquellos lejanos años setenta para recomendar su publicación por Acervo.</p>
<p style="text-align: justify;">Si eres un lector veterano de ciencia ficción, sin duda ya has leído y disfrutado la novela. Esperamos que vuelvas a hacerlo y que esta edición te aporte algo nuevo. Si nunca te has acercado a <i>Viaje a un planeta Wu-Wei</i>, si es tu primera vez, adelante, pasa la página y empieza a disfrutar. Además, si ése es tu caso, si estás a punto de leerla por primera vez, confieso que te envidio, amable lector.</p>
<p style="text-align: justify;">Inicia el viaje. Será fascinante y, estamos, seguros, cuando acabes querrás más.</p>
<p style="text-align: justify;">Tiempo al tiempo, en todo caso, y buena travesía.</p>
<div align=right><span style="font-variant: normal;font-size: 12px; color: #ffffff">&copy; 2013, Rodolfo Martínez</span></div>]]></content:encoded>
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		<title>El  verdadero origen de Yáxtor Brandan</title>
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		<pubDate>Sun, 10 Feb 2013 13:20:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rodolfo Martínez</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[Siempre he dicho (y así lo pensaba) que Yáxtor Brandan, el personaje central del ciclo que se inicia con El adepto de la Reina, partía de James Bond, el implacable agente 007 al servicio de Su Majestad. Y no es<span class="ellipsis">&#8230;</span><div class="read-more"><a href="http://www.escritoenelagua.com/?p=3720">Leer más ›</a></div><!-- end of .read-more -->]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<div class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><img title="El adepto de la Reina" src="http://www.sportularium.com/portadas/grande/adeptoreina.jpg" alt="El adepto de la Reina" width="300" height="453" /><p class="wp-caption-text">El adepto de la Reina (Sportula, 2009)</p></div>
<p style="text-align: justify;">Siempre he dicho (y así lo pensaba) que Yáxtor Brandan, el personaje central del ciclo que se inicia con <strong><a href="http://www.sportularium.com/?p=225" target="_blank">El adepto de la Reina</a></strong>, partía de James Bond, el implacable agente 007 al servicio de Su Majestad. Y no es que sea realmente falso: en mi mente consciente, el capitán de fragata Bond era el modelo original, el cliché al que me apetecía darle las vueltas y con el que quería jugar. No era el único modelo, por supuesto: el Jack Bauer que Kiefer Sutherland interpreta en la serie <strong>24</strong> también estaba presente en mi cabeza cuando creé al adepto empírico. Y, por supuesto, como la mayoría de mis personajes, Yáxtor heredó partes de mi personalidad. ¿Cuáles? Seguramente las menos agradables, probablemente el niño malcriado acostumbrado a salirse con la suya que llevo dentro y que le guarda rencor al mundo entero cada vez que no consigue lo que quiere. Me apresuro a añadir que ésa (por suerte para mí y para los que me rodean) no es la parte dominante de mi personalidad&#8230; normalmente.</p>
<p style="text-align: justify;">Sin embargo, enterrado en mi subconsciente, había un modelo más cercano, un personaje cuya frialdad e implacabilidad habían servido, sin la menor duda, de punto de arranque para Yáxtor. Simplemente, lo había olvidado hasta hacía unas semanas.</p>
<p style="text-align: justify;">Hace poco tuve oportunidad de ver de nuevo <strong>Reilly, as de espías</strong>, la serie de la Thames Television donde se narra la vida de Sidney Reilly, el primer super espía británico (aunque era ruso),  que desarrolló toda su actividad en las primeras décadas del siglo XX. Reilly fue un personaje fascinante y, seguramente, es el responsable en buena medida de haber creado el espionaje moderno, tal como lo conocemos. De hecho, cuando Fleming crea a su 007 tiene muy presente la figura de Sidney Reilly. Lo que sabemos de él no es muy fiable: la parte rusa de sus actividades al servicio de la Corona está bien documentada, pero lo que sabemos de sus primeros tiempos lo sabemos porque él mismo lo contó y no tenemos otras fuentes con las que contrastar sus afirmaciones. ¿Relamente ayudó a los japoneses en la guerra con Rusia en 1904? Sí, estaba en Manchuria por aquella época, es cierto, pero poco más sabemos. ¿De verdad llamó la atención de los británicos sobre la importancia estratégica del petróleo del Golfo Pérsico, fue realmente responsable de que el prospector d&#8217;Arcy llegara a un acuerdo con los ingleses en lugar de con los Rothschilds? Él afirma que sí, pero nada hay que lo corrobore. Es evidente que buena parte de la leyenda de Reilly fue construida por el propio Reilly, lo que hace de él un personaje aún más fascinante.</p>
<div class="wp-caption alignright" style="width: 315px"><img class="   " title="Reilly, Ace of Spies" src="http://www.silverdisc.com/images/70/733961717488.jpg" alt="Reilly, Ace of Spies" width="305" height="430" /><p class="wp-caption-text">Reilly, Ace of Spies (Thames, 1983)</p></div>
<p style="text-align: justify;">En la serie, Reilly es impecablemente interpretado por Sam Neill quien, especialmente en los primeros capítulos, construye un individuo frío, carente de escrúpulos, totalmente centrado en su misión y al que no le tiembla la mano a la hora de usar a esta persona o aquélla con tal de conseguir su propósito. Y, si en el proceso, quedan arruinadas vidas o reputaciones, ése no es su problema y no le dedica ni un pensamiento a esa cuestión.</p>
<p style="text-align: justify;">La serie es de 1983 y la pasaron en su día por nuestra televisión española. Y la vi y la disfruté. Pero la tenía sumamente olvidada: recordaba vagamente que me habían gustado mucho los capítulos centrados en la revolución rusa, pero poco más. Y lo cierto es que, hasta hace poco, no me atreví a verla de nuevo, temeroso de que la nostalgia me hubiera tendido una trampa y la serie no fuera tan buena como recordaba.</p>
<p style="text-align: justify;">Por suerte eso no fue así: volví a disfrutar de la serie, tanto de la peripecia como del ambiente como del personaje. Y, en efecto, los capítulos que se centran en el intento de golpe de estado a Lenin (patrocinado por los británicos y dirigido por Reilly) son lo mejor de la serie.</p>
<p style="text-align: justify;">Y, mientras la veía, comprendí que aquel Reilly de los primeros episodios que es cualquier cosa menos un caballero, tal como lo describen en algún momento sus superiores, era Yáxtor. O, más exactamente, el modelo del que Yáxtor había partido en primer lugar.</p>
<p style="text-align: justify;">Es algo que me pasa con cierta frecuencia: recuerdos y referencias enterradas en la parte más profunda de mi mente que acaban pasando a lo que escribo y de los que no soy consciente hasta después de haberlo puesto en la página. Al fin y al cabo, los escritores usamos el pasado como materia primera&#8230; incluso cuando no recordamos ese pasado.</p>
<div align=right><span style="font-variant: normal;font-size: 12px; color: #ffffff">&copy; 2013, Rodolfo Martínez</span></div>]]></content:encoded>
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		<title>«Danza de tinieblas», lo próximo de Sportula</title>
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		<pubDate>Tue, 04 Dec 2012 10:54:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rodolfo Martínez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Juntaletras]]></category>
		<category><![CDATA[Visto y oído]]></category>

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		<description><![CDATA[En unos días, si nadie lo remedia, y mientras Terra Nova (la antología compilada por Mariano Villarreal y Luis Pestarini que tiene todas las papeletas para convertirse en la antología de ciencia ficción del 2012, y al cuerno la modestia,<span class="ellipsis">&#8230;</span><div class="read-more"><a href="http://www.escritoenelagua.com/?p=3705">Leer más ›</a></div><!-- end of .read-more -->]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_3707" class="wp-caption aligncenter" style="width: 586px"><a href="http://www.escritoenelagua.com/wp-content/uploads/2012/12/danza_de_tinieblas.jpg"><img class="wp-image-3707 " title="Danza de Tinieblas, de Eduardo Vaquerizo" src="http://www.escritoenelagua.com/wp-content/uploads/2012/12/danza_de_tinieblas.jpg" alt="Danza de Tinieblas, de Eduardo Vaquerizo" width="576" height="768" /></a><p class="wp-caption-text">Danza de Tinieblas, de Eduardo Vaquerizo</p></div>
<p style="text-align: justify;">En unos días, si nadie lo remedia, y mientras <em>Terra Nova</em> (la antología compilada por Mariano Villarreal y Luis Pestarini que tiene todas las papeletas para convertirse en la antología de ciencia ficción del 2012, y al cuerno la modestia, qué narices) va llegando a los distintos puntos de venta, estará listo el próximo proyecto de Sportula: la reedición (en ebook y en rústica bajo demanda) de <em>Danza de Tinieblas</em>, la novela Eduardo Vaquerizo finalista del Premio Minotauro 2005 y ganadora del Ignotus y el Xatafi-Cyberdark 2006: una impresionante ucronía <em>steampunk</em> que nada tiene que envidiar a lo mejor que se ha publicado internacionalmente en ese subgénero.</p>
<p style="text-align: justify;">El aficionado a la ciencia ficción y la fantasía está acostumbrado a toparse de vez en cuando con la ucronía: un relato o una novela que se desarrolla en un mundo idéntico al nuestro hasta que en cierto momento del pasado empieza a divergir de él. Puede ser, por citar sólo algunos de los ejemplos más habituales, que Colón no llegue a América, que los Estados Confederados ganen la Guerra Civil Americana, que la Armada Invencible realmente lo sea, que Alejando Magno alcance una edad madura y estabilice sus conquistas, que los alemanes ganen la Segunda Guerra Mundial, que Juliano el Apóstata tenga éxito en su intento y el cristianismo deje de ser la religión dominante en Europa… Generalmente se elige como punto de ruptura un acontecimiento histórico bien conocido y lo más crucial posible para el devenir de la Historia… o al menos que lo parezca.</p>
<p style="text-align: justify;">El <em>steampunk</em>, otro género que goza del favor del público en los últimos años, deriva hacia la ucronía con facilidad. A la premisa de mostrarnos una sociedad acorde con las fantasías de los escritores de ciencia ficción del siglo XIX (donde la tecnología dominante es el vapor, de ahí el nombre del subgénero) no le cuesta demasiado dar un paso más y dirigirse hacia un presente alternativo que se construye a partir de las ideas de Verne o Wells, por ejemplo. El atractivo estético del <em>steampunk</em>, por otro lado, ha hecho que en los últimos años se haya convertido en algo más que literatura: en estos momentos no es difícil encontrar diseñadores de ropa, de mobiliario y de complementos <em>steampunk</em> que combinan una estética de raigambre victoriana con elementos indudablemente de ciencia ficción.</p>
<p style="text-align: justify;">Ucronía y <em>steampunk</em>, por tanto, tienden a ir de la mano con cierta frecuencia…</p>
<p style="text-align: justify;">Al menos fuera de nuestras fronteras.</p>
<p style="text-align: justify;">Porque, no nos engañemos, la mayoría de los ejemplos que nos vienen a la mente de ambos subgéneros (o del subgénero híbrido que los combina) suelen ser extranjeros y, en general, de procedencia inglesa o norteamericana. E, incluso cuando los españoles nos acercamos a la ucronía <em>steampunk</em> lo hacemos siguiendo los modelos dominantes y usando la imaginería de Jules Verne o H G. Wells, como hace Víctor Conde en su novela (por otra parte excelente) <em>Los relojes de Alestes</em>.</p>
<p style="text-align: justify;">Hay excepciones, es cierto, obras españolas que juegan con un punto de ruptura referido a la historia nacional y tratan de darle un carácter español a la sociedad alternativa que construyen. Me viene ahora mismo a la memoria la novela corta «Fuego sobre San Juan», que juega con la idea de que España no pierde las Filipinas y, por tanto, sigue conservando parte de sus colonias de ultramar. Y estoy seguro de que hay otros casos.</p>
<p style="text-align: justify;">Creo, sin embargo, que <em>Danza de tinieblas</em> (publicada por primera vez en 2005)<em> </em>es la primera novela española que hibrida ucronía y <em>steampunk</em> y lo hace, además, presentándonos un paisaje netamente español donde los referentes beben de nuestra historia y la estética remite a nuestro propio pasado.</p>
<p style="text-align: justify;">Eduardo Vaquerizo construye, a partir del momento divergente que elige como punto de partida (no os diré cuál es, lo descubriréis en las primeras páginas de la novela), un escenario fascinante, rico en referencias, bien tramado y deliciosamente plausible: el siglo XX que nos muestra en las páginas de su novela no es el que conocemos, pero podría haberlo sido de haberse producido dos o tres ligeros cambios en nuestra historia. El Madrid que nos muestra no es el Madrid «real» de finales de los años veinte, pero es Madrid, parece Madrid, huele y respira como Madrid y se comporta como Madrid.</p>
<p style="text-align: justify;">Y, en ese escenario, nos planta un personaje vital, terco y empecinado, una suerte de personaje de novela negra que (como todo buen personaje de novela negra que se precie) termina siendo héroe a su pesar mientras se empeña en la tarea mucho más humilde (y a veces infinitamente más difícil) de sobrevivir un día más. Joannes Salamanca es el guía perfecto para el viaje por las calles de Madrid y alrededores en que se convierte la novela casi desde las primeras páginas, acercándose así un género netamente español como es el costumbrismo: las pinceladas con las que se traza cada escala del camino son veloces, vivaces, en ocasiones gruesas y siempre eficaces para crear una atmósfera creíble y un entorno plausible.</p>
<p style="text-align: justify;">Joannes va acompañado en su periplo de distintos personajes, y cada uno de ellos añade su propia pincelada al paisaje: Rebeca, fray Faustino, el duque de Mier, la Dolores, el Ciego… todos ellos van dejando su huella a lo largo de la novela y van componiendo un escenario cada vez más fascinante, además de oscuro y lleno de sorprendentes recovecos.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>Danza de tinieblas</em> también es ciencia ficción: ciencia ficción en otro tiempo y en otro lugar (o quizá en el mismo, aunque no del todo), ciencia ficción que se va dejando caer gota a gota para componer un misterio y su resolución y para prefigurar una tecnología que no es la que conocemos (no es la de nuestro pasado ni tampoco la de nuestro presente) pero no por ello resulta menos plausible.</p>
<p style="text-align: justify;">Ucronía, <em>steampunk</em>, novela negra, costumbrismo, ciencia ficción… Una novela híbrida, por tanto, <em>mestiza</em>; pero, sobre todo, una buena novela con buenos personajes, una trama inteligente y bien construida y un ritmo que atrapa al lector en la primera página y no lo suelta hasta que no ha terminado la lectura; una novela en la que cada elemento encaja con los demás con una armonía sorprendente y de un modo totalmente fluido y orgánico.</p>
<p style="text-align: justify;">Y, por encima de todo, una estupenda lectura, absorbente y fascinante.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Y sabéis qué es lo mejor?</p>
<p style="text-align: justify;">Que sólo es el principio. Atentos en los próximos meses a <em>Memoria de tinieblas</em>.</p>
<div align=right><span style="font-variant: normal;font-size: 12px; color: #ffffff">&copy; 2012, Rodolfo Martínez</span></div>]]></content:encoded>
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		<title>La sabiduría de los muertos: ocultismo y detectives</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Sep 2012 09:54:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rodolfo Martínez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Lo que hay es lo que ves... o no]]></category>
		<category><![CDATA[Los archivos perdidos de Sherlock Holmes]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160; Londres, 1895. Y Gijón, 1993. Estoy escribiendo una novela de Sherlock Holmes. ¿Por qué? Básicamente porque me apetece, porque me lo pide el cuerpo, porque me gusta la idea y porque, nos pongamos como nos pongamos, soy básicamente un<span class="ellipsis">&#8230;</span><div class="read-more"><a href="http://www.escritoenelagua.com/?p=3680">Leer más ›</a></div><!-- end of .read-more -->]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<div id="attachment_3682" class="wp-caption aligncenter" style="width: 490px"><a href="http://www.amazon.es/Sherlock-sabidur%C3%ADa-archivos-perdidos-ebook/dp/B0073YESFO/ref=sr_1_2?s=digital-text&amp;ie=UTF8&amp;qid=1347270597&amp;sr=1-2" target="_blank"><img class=" wp-image-3682  " title="La sabiduría de los muertos" src="http://www.escritoenelagua.com/wp-content/uploads/2012/09/Sabiduria-muertos-portada-6x9-021.jpg" alt="La sabiduría de los muertos" width="480" height="715" /></a><p class="wp-caption-text">La sabiduría de los muertos<br />(Los archivos perdidos de Sherlock Holmes /1)</p></div>
<p style="text-align: justify;">Londres, 1895.</p>
<p style="text-align: justify;">Y Gijón, 1993.</p>
<p style="text-align: justify;">Estoy escribiendo una novela de Sherlock Holmes. ¿Por qué? Básicamente porque me apetece, porque me lo pide el cuerpo, porque me gusta la idea y porque, nos pongamos como nos pongamos, soy básicamente un fan del personaje deseoso de contar nuevas historias del detective y jugar con él y con su entorno. Así pues, estoy escribiendo lo que es, básicamente, <em>fan fiction</em>. Y lo hago, además, sospechando que la cosa no llegara a buen puerto. Al fin y al cabo, ya lo he intentado otras veces y los resultados nunca han sido satisfactorios del todo y, a menudo, ni siquiera he llegado a terminar.</p>
<p style="text-align: justify;">La primera vez que intenté escribir un relato holmesiano fue en mi adolescencia. Un ciclo de relatos, en realidad, protagonizados por un descendiente del detective que, por algún motivo que ya no recuerdo, vivía en la España del siglo XXI y terminaba enfrentándose a su particular Moriarty, cuya guarida estaba, así, tal cual, en el Valle de los Caídos. De hecho, si no recuerdo mal, el primer caso que investigaba este descendiente de Sherlock Holmes tenía que ver con un asesinato en el famoso monumento franquista que se resolvía llegando a la conclusión de que las cuatro estatuas que jalonan la enorme cruz eran en realidad robots gigantes al servicio del villano. Mi Holmes lo deducía porque se daba cuenta que a una de las estatuas le faltaba el habitual nido de golondrinas en una oreja.</p>
<p style="text-align: justify;">Sí, así, tal cual lo habéis oído.</p>
<p style="text-align: justify;">Esos relatos se han perdido. Diría que por suerte.</p>
<p style="text-align: justify;">También se perdió la primera versión de «La aventura del asesino fingido», donde intentaba usar directamente al detective original y trataba de hacerlo, además, en su ambientación original: el Londres decimonónico. Recuerdo que esa versión estaba narrada como si yo hubiera recibido el relato por correo y estuviera comentándolo. En parte por seguir a Borges y su afición por resumir libros inexistente, y en parte, supongo, porque no confiaba en ambientar la historia del modo adecuado. Creo recordar que hacia el final del relato había un par de intentos, seguramente más bien patéticos, de juego metaliterario.</p>
<p style="text-align: justify;">Escribí una nueva versión del mismo relato unos años después y ahora traté de usar la voz del doctor Watson. Creo que lo terminé, aunque no estoy seguro y, en todo caso, no lo encontré muy satisfactorio. También se ha perdido.</p>
<p style="text-align: justify;">Luego, inicié lo que creía que era una novela corta en la que Holmes se unía con Van Helsing para luchar juntos contra un Drácula renacido que pretendía vampirizar a la familia real británica. Estaba narrado a medias por Watson y a medias por el doctor Seward. Y, aún hoy, estoy bastante satisfecho de los dos tercios iniciales de la historia. Por desgracia, el tercio final pecaba de precipitado y rutinario y la conclusión de la historia era más bien previsible. Se quedó en cuento largo, más que en novela corta y, por primera vez, no desapareció en las brumas del tiempo. Se llamaba «Desde la tierra más allá del bosque» (o sea, Transilvania) y acabó siendo publicado un par de veces.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero, lo dicho, no estaba del todo contento con los resultados. Y suponía que este nuevo intento de escribir una historia holmesiana tampoco llegaría a buen puerto. Sin embargo, pese a todo, me apetecía: tenía ganas de narrar una historia usando la voz del doctor Watson y, además, me apetecía centrarme en lo que Holmes había hecho en el tiempo (de 1891 a 1894) en que el mundo había creído que estaba muerto.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Y qué había hecho en aquellos años? Entre otras cosas, viajó por el Tibet durante un par de años y, en Lhassa, pasó algunos días con el Gran Lama. Desde allí fue a Persia, «se asomó» a la Meca y  realizó una visita «breve pero llena de interés» al Califa de Jartoum.  ¿Qué hacía Holmes, un racionalista escéptico, visitando lugares de interés religioso?, me pregunté.</p>
<p style="text-align: justify;">Hmmm.</p>
<p style="text-align: justify;">Se me ocurrió enfrentarlo a una trama de ocultismo que, además, tendría como detonante el que alguien estaba usando la personalidad de Sigerson, el ficticio explorador noruego que Holmes había usado como falsa identidad en ese periodo, conocido como «el gran hiato». Ocultismo, me dije, pero ¿cómo? Recordé un libro que había leído hace años donde se jugaba con la idea de que el <em>Necronomicon</em> (el grimorio inventado por H. P. Lovecraft y atribuido a Abdul Alharzred) era real y, de hecho, John Dee (astrólogo de Isabel I de Inglaterra) había tenido un ejemplar del mismo. Supongamos, por tanto, que ese ejemplar está ahora en manos de la secta hermética Golden Dawn y partamos de la base de que alguien lo sabe y pretende robarlo, involucrando de paso a Sherlock Holmes en el asunto.</p>
<p style="text-align: justify;">Empecé a escribir con esas premisas. El «alguien» que quería robar el <em>Necronomicon</em> no tardó en convertirse en Winfield Scott Lovecraft, el padre del famoso escritor, con lo cual entroncaba así mi historia ficticia con la real y explicaba cómo H. P. L. había sabido de la existencia del infame libro. De paso se me ocurrió engarzar tres de los casos no resueltos de Holmes más famosos: el de Isadora Persano, célebre periodista y espadachín que fue encontrado loco sujetando una caja de cerillas en la que había un gusano desconocido para la ciencia; el de James Philimore, que volvió un día a su casa a por un paraguas y no volvió a ser visto jamás; y el del balandro <em>Alicia</em>, que desapareció en un banco de niebla en una mañana de primavera. Watson menciona esos tres casos en el párrafo inicial de «El problema del puente de Thor» y la idea de insertarlos en mi trama detectivesca no tardó en hacérseme irresistible.</p>
<p style="text-align: justify;">Empecé a escribir, decía.</p>
<p style="text-align: justify;">Y descubrí que no podía parar.</p>
<p style="text-align: justify;">Una semana de actividad febril más tarde tenía entre manos una novela de poco más de 120 páginas, narrada con la voz del doctor Watson y donde el detective se enfrentaba a un caso de ocultismo cuyas raíces estaban en lo que Holmes había estado investigando durante «el gran hiato».</p>
<p style="text-align: justify;">Al contrario que con intentos anteriores, los resultados en esta ocasión me satisficieron plenamente. La novela, me decía, funcionaba, tenía buen ritmo, la voz de Watson estaba conseguida y el caso investigado tenía interés por sí mismo. La conclusión, por otro lado, podía chocarles a algunos lectores, pero me parecía que estaba a la altura del resto.</p>
<p style="text-align: justify;">Empecé a dejar la novela a algunos amigos. Y todos coincidieron en su valoración de que aquella novelita era, sin duda, el texto más ameno y entretenido que había escrito nunca.</p>
<p style="text-align: justify;">Empecé a moverla por aquí y por allá. Fundamentalmente por algunos concursos literarios. A finales de 1995 supe que había ganado uno de ellos: el Premio Asturias de Novela, convocado por la Fundación Dolores Medio. Hacía unos meses que había publicado mi primera novela, <em><a href="http://www.amazon.es/sonrisa-gato-ciclo-Dr%C3%ADmar-ebook/dp/B008TZWPCE/ref=sr_1_13?s=digital-text&amp;ie=UTF8&amp;qid=1347270837&amp;sr=1-13" target="_blank">La sonrisa del gato</a></em>, y la concesión del premio a <em><a href="http://www.amazon.es/Sherlock-sabidur%C3%ADa-archivos-perdidos-ebook/dp/B0073YESFO/ref=sr_1_2?s=digital-text&amp;ie=UTF8&amp;qid=1347270597&amp;sr=1-2" target="_blank">La sabiduría de los muertos</a></em> era la culminación perfecta para un año donde, por fin, parecía estar despegando como autor.</p>
<p style="text-align: justify;">La novela se publicó al año siguiente, en una edición de tirada muy limitada y distribución casi inexistente. Luego, varios años después, fue reeditada por Luis G. Prado en Bibliópolis (y, posteriormente, en Alamut) lo cual me llevó (unos diez años después de haberla escrito) a jugar con la idea de una continuación&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">Tres, en realidad. Tres novelas holmesianas más que llevaron al personaje por nuevos derroteros y ampliaron el escenario de un modo que, aunque visto en restrospectiva me parece natural, casi inevitable, en aquel momento me sorprendió tanto como a algunos lectores.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero eso es, naturalmente, otra historia para otro momento.</p>
<div align=right><span style="font-variant: normal;font-size: 12px; color: #ffffff">&copy; 2012, Rodolfo Martínez</span></div>]]></content:encoded>
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		<title>Shogun: la erección desaparecida</title>
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		<pubDate>Wed, 05 Sep 2012 16:58:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rodolfo Martínez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Algunos fetiches]]></category>
		<category><![CDATA[Lo que hay es lo que ves... o no]]></category>

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		<description><![CDATA[Los que me conocen saben que una de mis debilidades es la novela (y posterior serie de televisión) Shogun, del autor británico James Clavell. De hecho, esa novela fue la responsable de despertar mi interés por lo japonés y mi<span class="ellipsis">&#8230;</span><div class="read-more"><a href="http://www.escritoenelagua.com/?p=3666">Leer más ›</a></div><!-- end of .read-more -->]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_3667" class="wp-caption aligncenter" style="width: 487px"><a href="http://www.escritoenelagua.com/wp-content/uploads/2012/09/shogun.jpeg"><img class="size-full wp-image-3667" title="Shogun, de James Clavell" src="http://www.escritoenelagua.com/wp-content/uploads/2012/09/shogun.jpeg" alt="Shogun, de James Clavell" width="477" height="800" /></a><p class="wp-caption-text">Shogun, de James Clavell</p></div>
<p style="text-align: justify;">Los que me conocen saben que una de mis debilidades es la novela (y posterior serie de televisión) <em>Shogun</em>, del autor británico James Clavell. De hecho, esa novela fue la responsable de despertar mi interés por lo japonés y mi fascinación por algunos aspectos de su cultura y su historia. No es casual que cuando <a href="http://www.amazon.es/inc%C3%B3modo-ropaje-sicarios-Ciudad-ebook/dp/B0091LDR8Q/ref=sr_1_11?s=digital-text&amp;ie=UTF8&amp;qid=1346864115&amp;sr=1-11" target="_blank"><em>Este incómodo ropaje</em></a> aún era <em>Los sicarios del Cielo</em> incluyera una subtrama que implicaba a un grupo de japoneses miembros de un Nihon secreto que añoraba los buenos viejos tiempos de shogunado Tokugawa. Como tampoco lo es que, en <em>Fieramente humano</em>, uno de los personajes que acuden al desierto en busca de su destino sea un japonés llamado Taira&#8230; Curiosamente, los primeros borradores de esa parte de la novela tienen más de veinte años, así que mi interés por Japón y especialmente por la época justamente anterior a que Tokugawa cerrara el país a los extranjeros viene de lejos.</p>
<p style="text-align: justify;">Estos días he vuelto a ver la serie de televisión donde Richard Ramberlaine encarna con convicción a Blackthorne y John Rhys-Davies nos ofrece un Rodrigues vitalista y casi falstafiano. Por no mencionar un regio Toshiro Mifune que parece haber nacido para encarnar a Toranaga. Y, como una cosa lleva a la otra, decidí volver a leer la novela.</p>
<p style="text-align: justify;">Aprovechando mi recién estrenado Kindle, la busqué en Amazon. No había versión española en ebook (luego, claro, el editor que tenga los derechos para el mercado español se quejara de que la piratean sin ser consciente de que su actitud al no ponerla en el mercado es una buena parte del problema) así que decidí comprarla en inglés.</p>
<p style="text-align: justify;">Inició la lectura. El inglés de Clavell es sencillo, sin florituras y directo, así que avanzo a buen ritmo. A medida que voy leyendo detecto momentos que no recordaba, comentarios de algunos de los personajes que no creía haber leído en la versión española. Bueno, mi memoria dista de ser perfecta, así que me encogí de hombros y seguí leyendo.</p>
<p style="text-align: justify;">De pronto, llego al momento en el que Blackthorne le obligan, sí o sí, a tomar su primer baño civilizado. Y me encuentro con ciertos acontecimientos en esa secuencia que estoy seguro de que no leí en la versión española. Por si acaso, me acerco a mi biblioteca, tomo mi edición en castellano de Shogun y voy pasando las páginas hasta que encuentro lo que busco.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Y qué encontré?</p>
<p style="text-align: justify;">Para qué explicarlo. Mejor mostrarlo.</p>
<p style="text-align: justify;">Esto es lo que dice la versión española:</p>
<p style="text-align: justify; padding-left: 30px;"><em>No era que se avergonzase de aparecer desnudo delante de unas mujeres, sino que él se desnudaba siempre en privado, según la costumbre. No le gustaba que lo desnudara nadie, y menos aquellas salvajes indígenas. Pero, que lo hiciesen en público, y que lo lavaran como a un recién nacido, con agua caliente, jabonosa y perfumada, mientras charlaban y sonreían tranquilamente, era demasiado. Pero después lo había tomado a broma y se había echado a reír y los otros se habían sorprendido de momento, pero habían acabado riéndose con él. Después lo habían sumergido delicadamente en un agua perfumada y tan caliente que al principio no pudo aguantarla, y lo habían sacado jadeando y tendido de nuevo en el banco.</em></p>
<p style="text-align: justify;">Y esto es lo que dice en inglés (incluyo traducción propia, no muy buena quizá, pero espero que inteligible):</p>
<p style="text-align: justify; padding-left: 30px;"><em>It was not that he was ashamed of being naked in front of a woman, it was just that undressing was always done in private and that was the custom. And he did not like being undressed by anyone, let alone these uncivilized natives. But to be undressed publicly like a helpless baby and to be washed everywhere like a baby with warm, soapy, scented water while they chattered and smiled as he lay on his back was too much. <strong>Then he had become erect and as much as he tried to stop it from happening, the worse it became—at least he thought so, but the women did not. Their eyes became bigger and he began to blush. Jesus Lord God the One and Only, I can’t be blushing, but he was and this seemed to increase his size and the old woman clapped her hands in wonder and said something to which they all nodded and she shook her head awed and said something else to which they nodded even more.</strong></em></p>
<p style="text-align: justify; padding-left: 30px;"><em><strong>Mura had said with enormous gravity, “Captain-san, Mother-san thank you, the best her life, now die happy!” and he and they had all bowed as one</strong> and then he, Blackthorne, had seen how funny it was and he had begun to laugh. They were startled, then they were laughing too, and his laughter took his strength away and the crone was a little sad and said so and this made him laugh more and them also. Then they had laid him gently into the vast heat of the deep water and soon he could bear it no longer, and they laid him gasping on the bench once more.</em></p>
<p style="text-align: justify; padding-left: 30px;"><em>(No es que se avergonzase de estar desnudo frente a una mujer, sino que desvestirse siempre había sido un asunto privado y ésa era la costumbre. No le gustaba que nadie le desnudase, y mucho menos aquellos nativos sin civilizar. Pero, encima, que lo desnudaran en público como un bebé indefenso y lo lavaran por todas partes como una criatura con agua caliente, jabonosa y perfumada mientras charlaban y sonrían viéndolo tendido de espaldas era demasiado.<strong> En ese momento tuvo una erección y, cuanto más intentaba detenerla, se ponía peor&#8230; o eso pensaba, aunque era evidente que las mujeres no. Sus ojos se agrandaron él empezó a ruborizarse. Dios Santo Todopoderoso, no puedo estar ruborizándome, pero lo estaba y eso tuvo el efecto de aumentar su erección y hacer que la vieja diera palmas maravillada y dijera algo a lo que todos los demás asintieron; luego, asintió y menó la cabeza y volvió a decir algo, a lo que los demás asintieron otra bez.</strong></em></p>
<p style="text-align: justify; padding-left: 30px;"><strong><em>Mura dijo, totalmente serio:</em></strong></p>
<p style="text-align: justify; padding-left: 30px;"><strong><em>-Capitán-san, Madre-san te da las gracias por el mejor momento de su vida. ¡Ahora ya puede morir tranquila!</em></strong></p>
<p style="text-align: justify; padding-left: 30px;"><em><strong>Y tanto él como todos los demás hicieron una reverencia al unísono</strong> y entonces, Blacthorne había comprendido lo ridículo de la situación y había empezado a reírse. Los demás se habían sorprendido al principio, pero acabaron riéndose con él. Después lo habían sumergido delicadamente en un agua perfumada y tan caliente que al principio no pudo aguantarla, y lo habían sacado jadeando y tendido de nuevo en el banco.)</em></p>
<p style="text-align: justify;">La parte en negrita es, evidentemente, la que ha desaparecido de la versión española. La edición en castellano es de 1976 y eso me lleva a sospechar, tal vez, que la responsabilidad de la desaparición de ese pasaje (y esos pequeños comentarios aquí y allá que yo creí detectar como nuevos y que, en efecto, lo eran y tenían relación con los genitales masculinos) es más debida a un editor mojigato que a un traductor puritano. O no, quién puede decirlo. Por si a alguien le interesa, el editor en cuestión fue Plaza &amp; Janés y el traductor (o traductora, que una inicial pocas pistas da) J. Ferrer Aleu.</p>
<p style="text-align: justify;">Repartid las culpas como prefiráis. Pero, en todo caso, ahí está el misterio de esa erección desaparecida de la edición española de <em>Shogun</em>.</p>
<div align=right><span style="font-variant: normal;font-size: 12px; color: #ffffff">&copy; 2012, Rodolfo Martínez</span></div>]]></content:encoded>
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		<title>Jormungand. La serpiente del mundo</title>
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		<pubDate>Tue, 04 Sep 2012 09:10:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rodolfo Martínez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Drímar]]></category>
		<category><![CDATA[Lo que hay es lo que ves... o no]]></category>

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		<description><![CDATA[Era 1991. Estaba escribiendo una novela. Había escrito otras (unas cuantas, de hecho), pero todas habían terminado en un cajón y ni siquiera me había arriesgado a enviarlas a ningún editor para ver si las podía publicar. No me parecía<span class="ellipsis">&#8230;</span><div class="read-more"><a href="http://www.escritoenelagua.com/?p=3633">Leer más ›</a></div><!-- end of .read-more -->]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_3634" class="wp-caption aligncenter" style="width: 435px"><a href="http://www.amazon.es/Jormungand-El-ciclo-Dr%C3%ADmar-ebook/dp/B00957XX12/ref=sr_1_21?s=digital-text&amp;ie=UTF8&amp;qid=1346668995&amp;sr=1-21" target="_blank"><img class="size-full wp-image-3634" title="Jormungand" src="http://www.escritoenelagua.com/wp-content/uploads/2012/09/jormungand.jpg" alt="Jormungand" width="425" height="624" /></a><p class="wp-caption-text">Jormungand</p></div>
<p style="text-align: justify;">Era 1991. Estaba escribiendo una novela. Había escrito otras (unas cuantas, de hecho), pero todas habían terminado en un cajón y ni siquiera me había arriesgado a enviarlas a ningún editor para ver si las podía publicar. No me parecía que ninguna de ellas estuviera a la altura.</p>
<p style="text-align: justify;">Presentía que ahora sería distinto.</p>
<p style="text-align: justify;">La novela iba a ser una epopeya planetaria. Y, en cierto modo, lo fue. Iba a ser, también, mi primera novela con protagonista femenino. Y lo acabó siendo&#8230; más o menos. Iba a ser la novela definitiva de la ciencia ficción española, el libro con el que iba a demostrar a propios y extraños que estaba allí para quedarme. Bueno, no fue lo primero ni de lejos, no hace falta que lo diga; en cuanto a lo segundo, se le adelantó por un año otra novela llamada <a href="http://www.amazon.es/sonrisa-gato-ciclo-Dr%C3%ADmar-ebook/dp/B008TZWPCE/ref=sr_1_13?s=digital-text&amp;ie=UTF8&amp;qid=1346668995&amp;sr=1-13" target="_blank"><em>La sonrisa del gato</em></a>.</p>
<p style="text-align: justify;">Todo empezó con la historia de una mujer cuya nave espacial quedaba varada en el planeta Okeechobee; un lugar atrasado, ferozmente tribalizado y muy aislado del resto de la Galaxia. Mi protagonista femenina, mientras buscaba desesperadamente los medios para salir de allí y volver a su planeta, iría recorriendo Okeechobee, conociendo a las distintas tribus y, poco a poco, dejándose ganar por aquella extraña forma de vida. En cierto momento descubriría que todo el ecuador del planeta estaba circundado por un enorme cañón (una especie de Valle Marineris a lo bestia) por el que circulaba un inacabable río de viento.</p>
<p style="text-align: justify;">Ése fue, de hecho, el primer título que tuvo la novela, antes de acabar llamándose <em>Jormungand</em>. Un <em>Jormungand</em> que no era aún, ni de lejos, lo que acabó siendo. Aquellos que ya la hayáis leído en su día notaréis que la sinopsis que acabo de detallar se aparta en unos cuantos detalles de la historia finalmente publicada.</p>
<p style="text-align: justify;">Y es que aquel primer <em>Río de Viento</em> murió sin llegar a puerto. En cierto momento la historia se desinfló, perdió fuerza y garra y no fue capaz de llegar a ninguna parte. O, dicho de un modo más sencillo, dejó de interesarme, no me apetecía seguir contándola.</p>
<p style="text-align: justify;">Por allí se quedó, en mi viejo disco duro de 20 Megas (eran los gloriosos tiempos del MS-DOS, en los que 20 Megas de disco duro daban para todo y aún sobraba espacio) mientras me dedicaba a otras cosas que&#8230; sí, lo habéis adivinado, tampoco llegaron a buen puerto. Un día, me descubrí pensando de nuevo en el Río de Viento: el planeta seguía interesándome, tanto la idea de que estuviera poblado por tribus de aspecto primitivo como el cañón ecuatorial. Pero estaba claro que necesitaba otra historia, porque la había intentado contar no parecía lo bastante buena.</p>
<p style="text-align: justify;">Así, poco a poco, fue naciendo <em>Jormungand</em>. Enseguida tuve claro que el planeta anteriormente conocido como Okeechobee (y ahora rebautizado como Tierra de Nadie) era un planeta prisión que había permanecido totalmente aislado del resto de la galaxia durante casi mil años. Y no tardé en decidir que, una vez terminado ese aislamiento, el gobierno de Drímar enviaría una expedición diplomática (y algo más) para restablecer el contacto. Página a página fui creando el pasado de Tierra de Nadie, la historia de los Jefes, la de las ratas inteligentes y, por supuesto, la de Iskenderum. También, página a página los miembros de la expedición fueron adquiriendo rostro y se fueron relacionando unos con otros: Katia (quizá el único personaje que sobrevivió, aunque no sin cambios, de aquel primer <em>Río de Viento</em>), Isak, Marcia, Pfernan y Cástor&#8230; y los multis, los alienígenas multiformes que convivían con la humanidad y que habían venido de la Nube de Magallanes.  Y, cómo no, los habitantes actuales del planeta: Viento de Estrellas, Piloto, el Buhonero&#8230; Y Bailarín Lujurioso, no olvidemos a Bailarín Lujurioso, el delfín telépata que, lo reconozco, acabó en la novela por influencia de la obra de Aguilera y Redal. Tal cual.</p>
<p style="text-align: justify;">Los multis fueron mi primer intento logrado (y, en realidad, casi el único) de crear una especie extraterreste inteligente. Katia fue, seguramente, mi primer personaje femenino con una cierta profundidad. En cuanto al resto, en mayor o menor grado, creo que me las apañé para hacerlos creíbles y proporcionarles unas motivaciones plausibles y una forma de pensar coherente con sus personalidades.</p>
<p style="text-align: justify;">La trama avanzaba en dos frentes, narrando el presente de la acción y el pasado del planeta en capítulos alternos. Cada capítulo iba encabezado por una falsa cita de un falso libro llamado<em> Curiosidades de la ciencia</em> obra de un no menos falso Isaac R. Martinson. Aún hoy no recuerdo por qué, pero en cierto momento decidí que aquella estructura no era la adecuada, que el ritmo narrativo no funcionaba si contaba la historia de esa manera.</p>
<p style="text-align: justify;">Así que eliminé las citas de Martinson. Sobrevivieron un par de ellas, que me pareció que venían a cuento y aportaban información relevante, pero ahora dentro del cuerpo de la historia.</p>
<p style="text-align: justify;">Y decidí que, en lugar de alternar simplemente un capítulo con otro, los iría presentando por bloques. Así, la novela acaba arrancando con los dos capítulos dedicados a Iskenderum, de los que se pasa a otros dos capítulos donde se narra cómo se forma la expedición a Tierra de Nadie, quién la compone y cómo llegan al planeta. En dos nuevos capítulos asistimos a la historia de los  Jefes de las Tribus de Tierra de Nadie y luego, en tres más, vemos lo que hacen los miembros de la expedición en su exploración del planeta. Un nuevo capítulo narra la historia de Explorador para, finalmente, llegar en los dos capítulos finales a la conclusión de la historia y la aparición del personaje que le da título a la novela&#8230; y que ha estado narrándola.</p>
<p style="text-align: justify;">Tardé algo más de año y medio en escribirla, cosa que para mí es insólita. Claro que hay que contar el paréntesis de nueve meses de la Mili, durante el cual apenas escribí nada. Y es, quizá, la novela a la que, una vez terminada la primera versión, más vueltas le ha dado, especialmente en lo que se refiere a su estructura narrativa y su montaje cronológico.</p>
<p style="text-align: justify;">Iba a ser, estaba convencido, mi primera novela publicada, después de haber tirado a la papelera casi una docena de ellas en los últimos quince años. Tenía claro adónde enviarla: Ediciones B, cuya colección Nova, dirigida por Miquel Barceló, había empezado a publicar españoles&#8230; no muchos, todo hay que decirlo. Sólo un libro al año, de hecho, pero era claramente el sitio al que aspirar.</p>
<p style="text-align: justify;">Miquel recibió la novela a finales de 1993: aprovechando que había quedado finalista del Premio UPC, fui a Barcelona a la ceremonia de entrega y le di entonces el manuscrito. Y sus primeras impresiones eran buenas. Así que confiaba en que, tal vez en 1995, <em>Jormungand</em> aparecería en Nova. Era una espera larga, pero estaba seguro de que iba a merecer la pena.</p>
<p style="text-align: justify;">Y sí, es cierto que publiqué mi primera novela en 1995. Pero no fue <em>Jormungand</em>, sino <em>La sonrisa del gato</em>. Y no fue con Ediciones B, sino con Miraguano.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Qué pasó?</p>
<p style="text-align: justify;">Una vez la novela estuvo en manos de Miquel podríamos decir que me olvidé de ella. No del todo, pero digamos que tenía claro que había hecho todo lo que podía y que ahora se trataba, simplemente, de esperar. Así que me dediqué a otras cosas. Algún relato corto&#8230; y una nueva novela de ciencia ficción que tuve terminada para finales de 1994. No podía enviársela a Miquel, evidentemente, no hasta que no decidiera qué hacer con <em>Jormungand</em>. Así que la envié a la otra editorial que publicaba autores españoles: Miraguano.</p>
<p style="text-align: justify;">Respondieron enseguida y positivamente. Firmamos el contrato, la maquinaria editorial se puso en marcha la novela estuvo lista para ser presentada en Cádiz, durante la HispaCon en otoño de 1995.</p>
<p style="text-align: justify;">Mientras tanto, <em>Jormungand</em>&#8230;</p>
<div class="wp-caption alignright" style="width: 267px"><img title="Tierra de Nadie: Jormungand" src="/imagenes/rudy/jormungand.jpg" alt="Tierra de Nadie: Jormungand" width="257" height="376" /><p class="wp-caption-text">Tierra de Nadie: Jormungand, en su primera edición en Nova</p></div>
<p style="text-align: justify;">Acabó siendo publicada y, en efecto, lo fue en Nova, pero en 1996. ¿Por qué ese año y no el anterior? Hubo varios motivos y sospecho que uno de ellos tuvo mucho que ver con las dudas de Miquel sobre publicar una novela de un autor que, hasta aquel momento, era conocido sólo por los fans más recalcitrantes y cuya obra se limitaba a algo más de una veintena de relatos en distintos <em>fanzines</em> de escasa circulación. Así que supongo que la publicación de <em>La sonrisa del gato</em> por parte de Miraguano fue el empujón final que Miquel necesitaba. O quizá no, y simplemente fue una cuestión de logística: al fin y al cabo,  Miquel sólo tenía espacio para un libro español al año en su colección.</p>
<p style="text-align: justify;">Se publicó, decía, pero no simplemente como <em>Jormungand</em>, sino como <em>Tierra de Nadie: Jormungand</em>. Miquel pensaba que darle como título una palabra extranjera desconocida y de pronunciación incierta desorientaría al lector. Sugirió que la titulase <em>Tierra de Nadie</em>, usando el nombre el planeta donde transcurría la acción. Acabamos llegando a un término medio que reflejaba, digamos, las preferencias de cada uno de los dos.</p>
<p style="text-align: justify;">Empecé diciendo que iba a ser la novela definitiva de la ciencia ficción española, el libro con el que iba a demostrar a propios y extraños que estaba allí para quedarme. Está claro que no fue lo primero.  Era, sin duda, mi novela más ambiciosa hasta aquel momento y fue bien acogida por los lectores del género, pero es evidente que distaba mucho de ser la novela definitiva de nada. Y, para cuando se publicó, ya no hacía falta demostrar que estaba allí para quedarme: <em>La sonrisa del gato</em> lo había demostrado un año antes.</p>
<p style="text-align: justify;">Ahora, dieciséis años después de su publicación original, la recupero en formato ebook con Sportula, mi editorial. Releerla y revisarla para esta edición ha sido un proceso lleno de sensaciones agridulces. La novela aún me gusta y aún me funciona y me parece válida. Pero ya no soy el chaval de veintiséis años que la inició ni el tipo de treinta y uno que la vio publicada. Me reconozco aún en muchas de las ideas y en parte del estilo y la forma narrar. En otros momentos me ha resultado difícil contener los deseos de corregirme a mí mismo, de demostrarle a mi yo más joven que las cosas no se hacen como él las hizo, sino como yo las hago ahora. No lo he hecho, no he querido traicionar a esa encarnación más joven (y quizá más hambrienta y ambiciosa) de mí mismo y, más allá de revisiones menores para limar errores o pequeñas incoherencias, he dejado la novela tal cual: es la que empecé a escribir hace más de veinte años, no la que habría escrito ahora, para bien o para mal.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>Jormungand</em> fue la primera novela en la que conseguí crear unos personajes creíbles, una trama elaborada y una peripecia compleja. Podríamos decir que, tras el largo proceso de aprendizaje que habían supuesto todas las novelas anteriores (ahora perdidas) <em>Jormungand</em> fue, en cierto modo, el inicio de mi madurez como autor de ciencia ficción, aunque no el final del aprendizaje (éste no sé termina nunca). Por lógica, tendría que haber sido mi primera novela publicada, pero los azares editoriales hicieron que fuera la tercera (<a href="http://www.amazon.es/Sherlock-sabidur%C3%ADa-archivos-perdidos-ebook/dp/B0073YESFO/ref=sr_1_2?s=digital-text&amp;ie=UTF8&amp;qid=1346750584&amp;sr=1-2" target="_blank"><em>La sabiduría de los muertos</em> </a>se publicó el mismo año, unos meses antes). En cualquier caso, ahí la tenéis de nuevo, casi veintiún años después de que empezara a escribirla (hay qué ver cómo pasa el tiempo) e, igual que entonces, ansiosa por encontrar su público. Espero que la disfrutéis.</p>
<div align=right><span style="font-variant: normal;font-size: 12px; color: #ffffff">&copy; 2012, Rodolfo Martínez</span></div>]]></content:encoded>
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		<title>Este incómodo ropaje: una vida accidentada</title>
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		<pubDate>Tue, 28 Aug 2012 19:34:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rodolfo Martínez</dc:creator>
				<category><![CDATA[La Ciudad]]></category>
		<category><![CDATA[Lo que hay es lo que ves... o no]]></category>

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		<description><![CDATA[Corría el año 1999. Estaba trabajando en una novela a la que había decidido titular Este incómodo ropaje. Las cosas avanzaban bien, o eso parecía. Llevaba lo que creía que sería un tercio del total y estaba en racha: la<span class="ellipsis">&#8230;</span><div class="read-more"><a href="http://www.escritoenelagua.com/?p=3617">Leer más ›</a></div><!-- end of .read-more -->]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 427px"><a href="http://tienda.cyberdark.net/este-incomodo-ropaje-los-sicarios-del-cielo-ebook-n102134.html" target="_blank"><img class=" " title="Este incómodo ropaje (Los sicarios del Cielo)" src="/wp-content/uploads/2012/08/esteincomodoropaje1.jpg" alt="Este incómodo ropaje (Los sicarios del Cielo)" width="417" height="589" /></a><p class="wp-caption-text">Este incómodo ropaje (Los sicarios del Cielo)</p></div>
<p style="text-align: justify;">Corría el año 1999.</p>
<p style="text-align: justify;">Estaba trabajando en una novela a la que había decidido titular <em>Este incómodo ropaje</em>. Las cosas avanzaban bien, o eso parecía. Llevaba lo que creía que sería un tercio del total y estaba en racha: la historia avanzaba a buen ritmo y todo parecía indicar que en un par de meses, a lo sumo, remataría la novela, o al menos su primera versión. Luego vendría el momento de repasar, revisar y corregir (seguramente no tan a fondo como debiera, pero no lo puedo evitar: llega un momento en que las correcciones acaban convirtiéndose, como dijo Asimov, en «mascar un chicle usado»), pero en lo básico el libro estaría completo en dos o tres meses más.</p>
<p style="text-align: justify;">Y sin embargo no fue así. Algo pasó. No recuerdo muy bien qué, pero por algún motivo que desconozco, la historia dejó de interesarme, ya no me motivaba trabajar en ella. Lo intenté, pese a todo, pero no conseguía pasar del capítulo donde Judith recordaba su pasado.</p>
<p style="text-align: justify;">Así que la abandoné. Iba a decir que me dediqué a otras cosas pero, en realidad, y aunque yo no lo sabía, estaba dando inicio mi bache creativo más largo&#8230; al menos hasta el momento. Y, de hecho, espero que realmente sea el más largo.</p>
<p style="text-align: justify;">Durante los siguientes cuatro años apenas escribí nada. Algún relato corto, normalmente a petición, y una novela corta (que, con el tiempo acabaría convirtiéndose en mi novela <a href="http://www.amazon.es/sue%C3%B1o-del-Rey-Rojo-ebook/dp/B003D7LI4E/ref=sr_1_5?s=digital-text&amp;ie=UTF8&amp;qid=1346181066&amp;sr=1-5" target="_blank">El sueño de Rey Rojo</a>, pero ésa es otra historia) y varios inicios fallidos de media docena de novelas que no llegaron a ninguna parte y que acabaron desapareciendo por el camino. De hecho, llegó un momento en que dejé de escribir, dejé hasta de pensar en hacerlo e incluso llegué a preguntarme si la cosa se habría acabado, si había llegado a un punto muerto definitivo y mi breve carrera literaria (breve como autor publicado, escribiendo llevaba desde los doce años, al fin y al cabo) habría llegado a su fin.</p>
<p style="text-align: justify;">No fue así.</p>
<p style="text-align: justify;">Hubo indicios de recuperación por el camino. Antonio Rivas me sugirió en 2001 la posibilidad de unir <a href="http://www.amazon.es/sonrisa-gato-ciclo-Dr%C3%ADmar-ebook/dp/B008TZWPCE/ref=sr_1_12?s=digital-text&amp;ie=UTF8&amp;qid=1346181066&amp;sr=1-12" target="_blank">La sonrisa del gato</a>, «Un jinete solitario» y «Los celos de dios» en un solo volumen. Tenía sentido: eran tres narraciones de mediana extensión que compartían el escenario, buena parte del trasfondo y alguno de los personajes, y hacía tiempo que no estaban al alcance del público. De aquella sugerencia nació <em>Bifrost</em>, la última narración del ciclo de Drímar. Pero eso también es otra historia.</p>
<p style="text-align: justify;">Y Julián Díez me comentó que por qué no probaba a convertir mi novela corta «El sueño del Rey Rojo» en una novela. Tal vez incluso Alejo Cuervo podría estar interesado en publicarla en Gigamesh.</p>
<p style="text-align: justify;">Así que pasé un buen periodo de tiempo con aquello: no era como crear algo de cero, pero tampoco era limitarme a revisar material viejo. Para <em>Bifrost</em> construí una historia-puente que englobaba los tres relatos originales y le daba una perspectiva nueva a todo el conjunto. Y convertir una novela corta de poco más de sesenta páginas en una novela de doscientas fue un proceso largo y complicado, que exigió de mí como autor más de lo que esperaba, pero que también compensó sobradamente el esfuerzo.</p>
<p style="text-align: justify;">Y finalmente, a finales de 2003 retomé <a href="http://www.sportularium.com/?p=1977" target="_blank">Este incómodo ropaje</a>. Releí lo que tenía escrito y, de algún modo, conseguí seguir adelante. Me costó al principio, pero no tardé mucho en pillarle el ritmo a la historia y volver a encarrilarla. Curiosamente, cuando ya estaba cerca del final me di cuenta de que me faltaba algo, de que algo se me había quedado por el camino. Así que volví sobre mis pasos y, en medio de la acción inserté una nueva subtrama, pulí lo que ya tenía escrito para que ésta encajara y seguí adelante.</p>
<p style="text-align: justify;">La terminé, pero no a tiempo para presentarme al Premio Minotauro de Novela que, en el año 2004, daba sus primeros pasos. Fue por los pelos y no sé lo que habría pasado de haberme presentado: seguramente habría ganado de todas formas León Arsenal con <em>Máscaras de matar</em>, pero tal vez mi novela habría quedado finalista y habría sido publicada como lo fueron otras. O tal vez no. Quién sabe.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero al año siguiente, sí que pude presentarme y <em>Este incómodo ropaje</em> fue la ganadora. Hubo un cambio de de por medio, sugerido por la editorial en busca de un título con un gancho más comercial. Me sugirieron <em>Los sicarios de Dios</em>, pero no tardamos en descubrir que ya existía una novela con ese nombre, obra de Ángel Torres. Así que acabó llamándose <em>Los sicarios del cielo</em>. Y así fue publicada.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Ayudó o entorpeció su carrera el cambio de título y una portada con reminiscencias evidentes de <em>El código da Vinci</em>, el <em>thriller</em> esotérico de moda por aquella época? Lo desconozco, aunque siempre he sospechado que fue más bien lo segundo y que ese aire de <em>thriller</em> esotérico no ayudó a que una novela de fantasía oscura y ambientación urbana encontrase su público natural.</p>
<p style="text-align: justify;">En cualquier caso, es difícil saberlo. Y, como sea, accedí al cambio de título, así que si eso perjudicó las ventas, soy tan responsable como el que más.</p>
<p style="text-align: justify;">Han pasado siete años desde entonces. En ese tiempo, me las he apañado para recuperar la novela, restituirle su título original y, de paso, corregir algunas cosas que en la primera versión no acababan de cuadrar muy bien. Así que ahí está <a href="http://www.amazon.es/inc%C3%B3modo-ropaje-sicarios-Ciudad-ebook/dp/B0091LDR8Q/ref=sr_1_19?s=digital-text&amp;ie=UTF8&amp;qid=1346182350&amp;sr=1-19" target="_blank">Este incómodo ropaje</a>, en su versión electrónica, con una nueva (y magnífica) portada de Pablo Uría y, eso creo, un contenido a su altura.</p>
<p style="text-align: justify;">Ahí está la historia de Remiel, ese ángel indeciso que durante la rebelión de Lucifer no apoyó a bando alguno y que, un día, decidió recorrer el mundo y vestir la humanidad como si fuera un ropaje. Un ropaje un tanto incómodo que, al final, acabó convirtiéndose en una parte de sí mismo de la que ya no podía prescindir.</p>
<p style="text-align: justify;">Aquéllos que la leísteis en su día, espero que la disfrutéis de nuevo y que encontréis adecuados los cambios introducidos en ella. A los que se acerquen a la novela por primera vez, sólo me queda desearles una fructífera lectura.</p>
<div align=right><span style="font-variant: normal;font-size: 12px; color: #ffffff">&copy; 2012, Rodolfo Martínez</span></div>]]></content:encoded>
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		<title>Un experimento</title>
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		<pubDate>Wed, 30 May 2012 15:20:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rodolfo Martínez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mi misma mismidad]]></category>
		<category><![CDATA[Núcleo]]></category>

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		<description><![CDATA[Es un argumento que he oído muchas veces y que, en apariencia, parece irrebatible: luchar contra la piratería con una política de precios razonable (o incluso agresiva) es imposible, porque, no importa lo mucho que bajes el precio, nunca podrás<span class="ellipsis">&#8230;</span><div class="read-more"><a href="http://www.escritoenelagua.com/?p=3589">Leer más ›</a></div><!-- end of .read-more -->]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Es un argumento que he oído muchas veces y que, en apariencia, parece irrebatible: luchar contra la piratería con una política de precios razonable (o incluso agresiva) es imposible, porque, no importa lo mucho que bajes el precio, nunca podrás competir con algo que es gratis.</p>
<p style="text-align: justify;">Siempre me pareció que el argumento estaba viciado de partida. Matemáticamente es correcto: cero siempre será mejor precio que cualquier otro, por bajo que sea y, por tanto, en un mundo lógico y desapasionado, regido solamente por las frías ecuaciones, sería irrebatible.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero no vivimos en un mundo así, en ocasiones por suerte y en muchas otras por desgracia. Tengo la impresión de que, en general, la mayoría de la gente prefiere hacer las cosas por lo «legal» que por lo «ilegal» (sí, el entrecomillado es deliberado, faltaría más) si se lo pones un poco fácil. No sé si es genética, educación o una combinación de ambas, pero creo que es así. Tenemos una cierta tendencia (congénita o adquirida) a respetar la leyes y seguir las costumbres establecidas y sólo cuando nos lo ponen difícil acudimos a otros métodos y nos salimos del estándar.</p>
<p style="text-align: justify;">Hasta ahora, esto era simplemente una creencia personal. Digamos que avalada por ciertos indicios y por mi observación de ciertos comportamientos, pero sin ninguna prueba sólida.</p>
<p style="text-align: justify;">Y, bueno, la prueba que he adquirido estos meses quizá no sea del todo sólida y tal vez se trate simplemente de un caso de evidencia anecdótica: real pero irrelevante.</p>
<p style="text-align: justify;">Aunque sospecho que no.</p>
<p style="text-align: justify;">¿De qué estoy hablando?</p>
<p style="text-align: justify;">Me explico.</p>
<p style="text-align: justify;">En febrero de este año puse a la venta, a través de <em>Sportula</em>, la versión en ebook de <em><a href="http://www.sportularium.com/2012/01/29/la-sabiduria-de-los-muertos/" target="_blank">La sabiduría de los muertos</a></em>, mi primera novela holmesiana. Lo hice consciente y deliberadamente, sabiendo que era un experimento y que, por más que la intuición me decía que obtendría el resultado deseado, no tenía garantía alguna de ello.</p>
<p style="text-align: justify;">Porque, veréis, no sólo <em>La sabiduría de los muertos</em>, sino mis cuatro novelas holmesianas pueden encontrarse gratuitamente para su descarga en la red. No, no os diré dónde (tampoco es plan de ponerlo más fácil de lo necesario) pero una búsqueda en Google os hará dar con ellas en poco tiempo, si tenéis interés. No sé quién las ha subido, ni me he molestado jamás en averiguarlo. En cualquier caso, las cuatro novelas están disponibles para quien quiera descargárselas sin pagar ni un céntimo.</p>
<p style="text-align: justify;">La edición oficial en ebook, por tanto, debería haber sido un fracaso estrepitoso. ¿Quién va a querer comprar una novela que puede encontrar gratis con facilidad?</p>
<p style="text-align: justify;">Bueno, más gente de la que parece, por lo visto. En febrero, marzo y abril, <em>La sabiduría de los muertos </em>ha ocupado el número uno en la lista de l<a href="http://www.sportularium.com/top-ventas/" target="_blank">os ebooks más vendidos de Sportula</a>. En el mes de mayo ha estado en dura competición por el primer puesto con <em>The Queen’s Adept</em>, la versión en inglés de <em>El adepto de la Reina</em> y, mientras escribo estas líneas, es Holmes y no Brandan quien lo ocupa, aunque la diferencia es tan pequeña que aún puede bascular antes de que acabe el mes. Y, si vamos al ranking general, <em>La sabiduría de los muertos</em> es mi segundo ebook mejor vendido, tras <em>El adepto de la Reina.</em></p>
<p style="text-align: justify;">O sea, un puñado de gente ha decidido pagar por conseguir algo que podría haber encontrado gratis sin demasiada dificultad. ¿Por qué? ¿Es que son tontos? ¿O tal vez es que, cuando alguien percibe que el precio es bueno o adecuado ni siquiera se toma la molestia de buscarlo gratis?</p>
<p style="text-align: justify;">Un grano no hace granero, dicen. Y esto, en efecto, puede ser pura coincidencia, evidencia anecdótica, como comentaba más arriba. Sin embargo, sospecho que no y me reafirma en mi idea de que la forma adecuada de luchar contra las descargas no autorizadas no es rasgarse las vestiduras, subirse a un ridículo pedestal de superioridad moral y poner todas las trabas posibles a los posibles lectores de tu obra, sino justo el camino contrario: ponérselo fácil, poner la obra a su disposición a un precio que encuentren adecuado y que les haga no tener que tomarse la molestia de ir a buscar gratis lo que quieren porque lo pueden encontrar con más facilidad por un desembolso asequible y razonable.</p>
<p style="text-align: justify;">En cualquier caso, el experimento no ha acabado. Tengo la intención de editar en ebook en Sportula todo mi material holmesiano. Y no voy a hacer el menor esfuerzo (esfuerzo ridículo y condenado al fracaso, por otra parte) para que sean retiradas las versiones gratuitas no autorizadas.</p>
<p style="text-align: justify;">Ya veremos qué pasa.</p>
<div align=right><span style="font-variant: normal;font-size: 12px; color: #ffffff">&copy; 2012, Rodolfo Martínez</span></div>]]></content:encoded>
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