Hace unos días que se puso a la venta La sombra del adepto, cuarto libro de la saga iniciada con El adepto de la Reina. ¿Será el último? Es algo a lo que intentaré responder en las próximas líneas.

Cuando allá por 2008 empecé a escribir El adepto de la Reina, no tenía la menor idea de que iba a ser la primera novela de una serie. De hecho, no tenía la menor intención de escribir una serie, con todas las servidumbres de tiempo y trabajo que eso implicaría. Tenía un par de ideas con las que me apetecía jugar y que quería combinar: escribir una novela de espías a lo James Bond y usar una ambientación de fantasía.

Mucho antes del final de la novela comprendí que el escenario y el personaje daban para mucho más de un libro y que en El adepto de la Reina podría limitarme a escarbar un poco en la superficie, pero no sería capaz de llegar más allá en una sola novela. Así, nueve años más tarde, hace unos pocos meses, me descubrí a mí mismo rematando la cuarta novela del ciclo, La sombra del adepto.

Cuarta, he dicho. ¿Y ultima? Confieso que no lo tengo muy claro. Podría considerarse que buena parte de la trayectoria vital de Yáxtor Brandan y los personajes que lo han ido acompañando ha llegado a un punto prácticamente definitivo en esta novela, pero no es menos cierto que aún quedan suficientes cabos sueltos para permitir una más.

El viaje de Yáxtor de monstruo carente de empatía a humano completo (con todo lo de bueno y de malo que eso implica) termina en esta novela, eso es indudable. No creo que al personaje le quede ya mucho que decir.

Pero…

Como escritor suelo tener la manía, especialmente cuando escribo una serie, de plantar pequeñas semillas en lo que estoy escribiendo. A veces esas semillas no germinan, otras lo hacen a lo largo del propio libro y otras acaban desarrollándose en los libros siguientes. Cuando las planto nunca sé qué va a ser de ellas: me parecen interesantes o necesarias en esos momentos, pero no tengo la menor idea de cómo se van a desarrollar.

Así, cuando en la primera novela creé a Asima como Adepta Suprema de la Curación y establecí su parentesco con la anterior encarnación de la Reina, no tenía ni idea de lo importante que sería ese detalle para novelas posteriores. Asima fue creciendo poco a poco a medida que lo hacía la serie y todo parte de una pequeña escena sin demasiada importancia en El adepto de la reina.

Del mismo modo, El Jardín de la Memoria termina con Mizuni embarazada, cosa que me pareció buena ocurrencia en ese momento, pero no tenía la menor idea de las consecuencias que podría tener. Como podréis ver cuando leáis La sombra del adepto, ha tenido unas cuantas.

Shércroft nació como poco más que un homenaje holmesiano (un  reto que me lanzó en público mi buen amigo Santiago L. Moreno) y acabó convirtiéndose en un personaje fundamental para entender a Yáxtor. De hecho, su relación con Asima ha sido una de las cosas más divertidas de desarrollar en estos libros.

Ámber, quien fuera la mujer de Yáxtor, ha sido una de las grandes sorpresas de la serie. El modelo «bondiano» del que parte mi adepto empírico me pedía que Yáxtor hubiera estado casado y que hubiese enviudado en trágicas circunstancias. Ámber nació para encarnar ese papel, pero no tenía la menor idea de cómo era, ni en qué medida había influido en la vida de Yáxtor. Lo describí en parte en la misma historia que presentaba a Shércroft, pero fue Felicidad Martínez la que de verdad exploró el personaje en lo que, con el tiempo, acabaría siendo Los rostros del pasado, segunda novela de la serie.

(Sí, he dicho segunda, no es ninguna errata. Es algo que explicaré en una entrada posterior, pero mientras tanto, seguid leyendo.)

En La sombra del Adepto he plantado también varias semillas. Algunas muy evidentes, otras, no tanto. Es muy posible que algunas de ellas empiecen a crecer en mi mente y acaben dando pie a una nueva novela. Ya veremos. De ser así, creo que esta vez sí que será la última… o al menos la última novela desarrollada en Érvinder que gire alrededor de la peripecia de Yáxtor y su entorno. Y sospecho, además, que el adepto, si tal novela llega a escribirse, ni siquiera va a ser el personaje principal.

Pero eso en todo caso es el futuro, que siempre en movimiento está, que decía Yoda y, por tanto, difícil de ver es.

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