Hace dos o tres años la AEFCFT (Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror) se puso en contacto conmigo para pedirme un relato. Un año antes habían editado, en un cuadernillo que solo tuvo distribución entre los socios, un relato de César Mallorquí y ahora querían repetir la experiencia con uno mío.

Difícil negarme. Soy miembro de la AEFCFT desde mediados de los años noventa e incluso estuve en una de las Juntas que la dirigió (aunque mi papel en ella no fue, digámoslo con suavidad, muy brillante). El problema era que en aquel momento no tenía nada que encajase en el proyecto. Querían un relato más bien largo, algo casi en la frontera de la novela corta, y no tenía nada inédito que cumpliera esos requisitos. Sí que tenía un par de ideas para un relato de ciencia ficción y se me ocurrió que podía intentar esribirlo.

Pero mi mente funciona como le da la gana, y lo que iba a ser un simple relato ambientado en el escenario de «En el ático» (mi cuento distópico incluido en la antología Mañana todavía) acabó convirtiéndose en un proyecto mucho mayor que me llevaría a convertir el cuento original en una novela. Un proyecto en el que aún estoy y que espero terminar este año.

Pero tenía que ofrecerles algo a la gente de la AEFCFT y el plazo se iba acercando.

Algo tenía. Un capricho que había escrito a finales de 2015 en el que narraba los días previos a la boda entre Conan el bárbaro, rey de Aquilonia, y Zenobia, la joven que lo había ayudado a escapar de las mazmorras de Belverus. Se titulaba «Zenobia y el rey» y era un relato puramente intimista centrado en las vidas privadas de ambos personajes, especialmente ella. Además, eran poco más de diez mil palabras, algo que difícilmente encajaba en lo que la AEFCFT me había pedido.

Pensando en el asunto, se me ocurrió añadir una pequeña subtrama paralela, más cercana a los topos y clichés de la espada y brujería, que iba teniendo lugar al mismo tiempo que la trama intimista. Al final tenía entre manos cerca de veinte mil palabras, lo cual se ajustaba mucho mejor al encargo. Cuando escribí la versión corta del relato aún no me había puesto con La canción de Bêlit, mi novela de Conan, pero cuando llegó el momento de ampliarlo, ya la había terminado y los hechos que enhebré en esa nueva versión guardaban fuerte relación con la novela a pesar de que los separaban más de veinte años en la vida del cimerio. Así que, en cierto modo, el relato ampliado se convirtió en una suerte de extraña continuación de La canción de Bêlit. De hecho, no me sorprendería que acabase convirtiéndose en el embrión de una nueva novela del bárbaro. Ya veremos.

Como sea, así salió publicado «Zenobia y el rey», en un cuadernillo que fue ilustrado (portada y un par de ilustraciones interiores) por Corominas y que se regaló a los socios de la AEFCFT.

Pero el relato original seguía ahí. Y me gustaba tal como era, con aquel tono puramente intimista, sin brujos ni intrigas ni muertes en medio de la noche. No tenía muy claro qué hacer con él hasta que Mariano Villarreal, que preparaba nuevas entregas de Nova Fantástica, me preguntó si tenía algo para alguna de ellas. Le conté la historia y le envié ambas versiones. Mariano, creo que con muy buen tino, prefirió la versión corta, centrada puramente en Zenobia y en su relación con Conan.

Acaba de salir esta misma semana, incluido en El viento soñador y otros relatos bajo el título de «La concubina y el bárbaro». Mariano me sugirió que usase un título distinto al de la versión larga, para que la gente no pensara que era exactamente el mismo cuento que ya había sido publicado. Me pareció buena idea.

No sé lo que pensaréis al leerlo. Aunque ambientado en la Era Hibórea y con apariciones de algunos personajes howardianos clásicos, no es en realidad un cuento de espadas y brujería. Es la historia de una joven de serrallo que acaba convertida en reina, que ve cumplidos sus sueños contra toda esperanza y no se atreve a creer que puedan ser ciertos. También la historia, o al menos el inicio, de lo que sin duda será una relación sentimental complicada y quién sabe si tormentosa. Y, aunque el relato puede parecer un mero divertimento, un pequeño experimento sin mayor trascendencia, nada del otro mundo en suma, está entre mis relatos favoritos, en parte porque me permitió lanzar sobre el mundo howardiano la mirada insólita de una joven que ha sido esclava y que no ve el mundo como lo vería un aguerrido cimerio que lleva veintipico años viviendo a golpe de espada.

Como sea, espero que os guste.