La lectura de Inquilinos, de la misma autora, me había dejado con ganas de más. Y concretamente con ganas de hincarle el diente a algo más largo, donde pudiera ver si la capacidad envidiable de Alicia Pérez Gil para crear atmósferas inquietantes podía desarrollarse y sostenerse en una narración más larga.

Barro no me ha defraudado en ese aspecto. Al contrario, la autora ha sabido meter al lector en el bolsillo desde el principio y llevarlo a un viaje extraño, a menudo con tintes surrealistas, en el que ha sabido mezclar con eficacia lo inquietante con lo sorprendente, haciendo que cada etapa resulte novedosa y genere abundantes preguntas para las que el lector no encuentra respuestas. Cada uno de los paisajes que se dibujan en Barro es más extraño, sugerente y perturbador que el anterior y las apuestas van subiendo hasta llegar a un desconcertante clímax narrativo que seguramente dejará desorientado a más de un lector.

A mí me pasó, hasta que supe que este Barro es, en realidad, el primer tercio de una obra más larga. No tengo ni idea de lo que me voy a encontrar en las dos próximas entregas, pero estoy seguro de que será tan fascinante y turbador como lo ha sido esta primera.

Así que a la gente de Cerbero, adelante con ello, que ya están tardando.

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