Por suerte o por desgracia, las cosas entran por los ojos y el continente, a menudo, condiciona el disfrute del contenido. A todos nos ha pasado, hemos dado de lado diferentes objetos porque a primera vista no nos resultaban atractivos, algo en su apariencia nos echaba para atrás y, en lugar de investigar más a fondo, hemos decidido seguir adelante en busca de algo que nos atrajera más la mirada.

Algo parecido ha estado a punto de pasarme con Inquilinos, de Alicia Pérez Gil. Ni las ilustraciones (no tanto por la calidad de las mismas como por la sensación de que su estilo no casa muy bien con el contenido) ni la defectuosa maquetación del ebook animaban a emprender la lectura de este libro. Pese a todo, seguí adelante, fiándome de la persona que me lo había recomendado, y he de decir que no me he arrepentido. De hecho, habría lamentado profundamente no haber llegado a leer nada de esta autora, desanimado por la poco atractiva apariencia de su libro en tanto que objeto.

Así que si tenéis ocasión de toparos con él, hacedme caso, no os fiéis de las primeras apariencias y dadle una oportunidad.

Inquilinos es una recopilación de relatos, no sé muy bien si de terror o fantasía oscura (cada vez tengo menos clara la frontera entre ambos géneros). Lo que sí que sé es que es una buena recopilación de relatos que, más allá de los inevitables altibajos, me ha descubierto una escritora con una sorprendente habilidad para la creación de atmósferas inquietantes y los giros malrolleros a situaciones aparentemente manidas.

Se abre el libro con un prólogo que es una suerte de homenaje a «Las autopistas de los muertos» de Clive Barker, o así me lo ha parecido, por cuanto pretende, en cierta manera, englobar a todos los relatos del libro, al igual que hacía el relato de Barker en Libros de sangre. La comparación no es ociosa: Al igual que el autor de Liverpool, Alicia Pérez Gil tiene un talento envidiable para la creación de la atmósfera y las imágenes inquietantes, algo fundamental en el género del terror, y sabe llevar al lector de la mano hasta el inevitable, y a menudo desagradable, desenlace.

Tras el prólogo nos encontramos con diez relatos que nos van a mostrar diez paisajes deformados, contrahechos, descritos con pinceladas efectivas y donde se lanzará una mirada, a menudo no exenta de ironía, sobre alguno de los topos más habituales del género de terror. No todos los relatos son igualmente satisfactorios y quizá una poda de uno o dos no le habría venido mal al libro, pero el resultado final es satisfactorio y sumamente recomendable.

Aconsejo leer este libro de noche, totalmente solos, arropados en una manta a la única luz de un flexo. A ser posible mientras el invierno aúlla con voz de lobo al otro lado de la ventana.

 

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