“Detective” y “Adepta”, dos nuevas escalas en el viaje de “El adepto de la Reina”

Cuando escribí El adepto de la Reina, allá por 2009, no tenía la menor intención de iniciar una serie nueva. Había encontrado una idea (la confluencia de dos o tres idas dispares, en realidad) con la que me apetecía jugar y el resultado fue esa novela, con la que decidí inaugurar la andadura de Sportula, mi pequeño proyecto editorial.

Sin embargo, a medida que la escribía no tardé en darme cuenta de que el personaje y su entorno iban a ser demasiado grandes para una sola novela. Así, en enero de 2012 veía la luz El Jardín de la Memoria, donde Yáxtor Brandan, el personaje central, se acercaba a lo que podría ser el equivalente a Japón en su universo.

Pero la cosa no quedó ahí. Dos relatos de mediana extensión (“Embrión” y “Amistad“) complementaron la historia de Yáxtor, llevándonos a sus años anteriores a lo ocurrido en la primera novela. En “Embrión” nos asomábamos a los primeros momentos de su adolescencia, mientras que “Amistad” mostraba la primera misión conjunta entre Yáxtor y otro de los personajes principales de la serie, Fléiter Praghem.

Además, para cuando terminé El Jardín de la Memoria, la línea vital de Yáxtor Brandan y el modo en que se “repartiría” narrativamente estaba bastante clara en mi cabeza. Tenía bastante claro lo que iba a ocurrir en las siguientes tres novelas, al menos en sus líneas generales. Más allá de ahí el paisaje estaba poblado de niebla y sombras, pero eso ya no me importaba, tenía suficiente para seguir adelante un buen trecho.

Y, al mismo tiempo, el pasado de Yáxtor siguió reclamándome, siguió pidiéndome que lo contara.

Así nació “Detective“, una novela corta en la que un joven Yáxtor, recién licenciado como adepto empírico, unía sus fuerzas a un anciano mentor de resonancias claramente holmesianas. La historia fluyó con facilidad y escribirla fue, sin duda, uno de los periodos más divertidos de todo el tiempo que le he dedicado al personaje; me lo pasé especialmente bien narrando la interacción entre ese joven Yáxtor y su socarrón maestro. Y, además, tuvo una derivación inesperada. Si algo sabemos por las novelas es que el adepto empírico estuvo casado y que su mujer, Ámber, murió en circunstancias misteriosas (y bastante desagradables). Aproveché “Detective” para contar cómo se conocieron ambos y cómo su relación sentimental dio los primeros pasos. Confieso que la escena, casi al final del relato, en la que Yáxtor abre su corazón a Ámber y se muestra tal como es, fue uno de mis momentos favoritos.

¿Acabó ahí la cosa?

De momento, para mí, sí. La sombra del adepto, futura tercera novela de la serie, está en un impasse mientras reconsidero la mejor forma de narrarla. Pero eso no quiere decir que no haya nuevas historias de Yáxtor Brandan… más o menos.

A principios de 2012, Chema Mansilla me pidió permiso para escribir un relato ambientado en mi escenario. Se lo di y el resultado fue “Occidente“, una historia de tintes entre conradianos y lovecraftianos en la que Yáxtor es apenas una figura vista en la distancia, aunque su intervención resulta fundamental para la resolución de la trama.

Y llegó luego Felicidad Martínez, empeñada en narrar la historia, o al menos parte de ella, de Ámber. Felicidad tenía pocas pistas sobre el personaje: conocía los pormenores de su muerte, sabía que había conocido a Yáxtor y que se había casado con él muy joven, sabía que era una adepta de la curación y sabía algo fundamental: que Ámber aceptaba a Yáxtor tal como era, sin rechazar nada, sin cerrar los ojos ante las sombras y las aristas, ante los lugares más oscuros del hombre al que amaba.

Con esos mimbres escribió “Adepta“, una historia en la que Ámber es la protagonista principal y que, por peripecia y personajes, guarda bastante relación con “Detective”. Una novela corta de excelente ritmo, grandes dosis de atrevimiento y todo el desparpajo narrativo que podía esperar de Felicidad.

“Detective” fue publicada en Sportula a finales de 2013. “Adepta” acaba de serlo ahora. Ambas historias, pese a poder ser leídas de un modo independiente, creo que se complementan a la perfección y son, en cierto modo, un espejo la una de la otra. Sin “Detective” no existiría “Adepta”; sin “Adepta”, a “Detective” le faltaría algo.

Espero que ambas historias os gusten. Y prometo intentar tener lista La sombra del adepto a lo largo de este 2014. Aunque, bueno, ya sabéis lo que pasa con los propósitos de año nuevo…

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