«Danza de tinieblas», lo próximo de Sportula

Danza de Tinieblas, de Eduardo Vaquerizo
Danza de Tinieblas, de Eduardo Vaquerizo

En unos días, si nadie lo remedia, y mientras Terra Nova (la antología compilada por Mariano Villarreal y Luis Pestarini que tiene todas las papeletas para convertirse en la antología de ciencia ficción del 2012, y al cuerno la modestia, qué narices) va llegando a los distintos puntos de venta, estará listo el próximo proyecto de Sportula: la reedición (en ebook y en rústica bajo demanda) de Danza de Tinieblas, la novela Eduardo Vaquerizo finalista del Premio Minotauro 2005 y ganadora del Ignotus y el Xatafi-Cyberdark 2006: una impresionante ucronía steampunk que nada tiene que envidiar a lo mejor que se ha publicado internacionalmente en ese subgénero.

El aficionado a la ciencia ficción y la fantasía está acostumbrado a toparse de vez en cuando con la ucronía: un relato o una novela que se desarrolla en un mundo idéntico al nuestro hasta que en cierto momento del pasado empieza a divergir de él. Puede ser, por citar sólo algunos de los ejemplos más habituales, que Colón no llegue a América, que los Estados Confederados ganen la Guerra Civil Americana, que la Armada Invencible realmente lo sea, que Alejando Magno alcance una edad madura y estabilice sus conquistas, que los alemanes ganen la Segunda Guerra Mundial, que Juliano el Apóstata tenga éxito en su intento y el cristianismo deje de ser la religión dominante en Europa… Generalmente se elige como punto de ruptura un acontecimiento histórico bien conocido y lo más crucial posible para el devenir de la Historia… o al menos que lo parezca.

El steampunk, otro género que goza del favor del público en los últimos años, deriva hacia la ucronía con facilidad. A la premisa de mostrarnos una sociedad acorde con las fantasías de los escritores de ciencia ficción del siglo XIX (donde la tecnología dominante es el vapor, de ahí el nombre del subgénero) no le cuesta demasiado dar un paso más y dirigirse hacia un presente alternativo que se construye a partir de las ideas de Verne o Wells, por ejemplo. El atractivo estético del steampunk, por otro lado, ha hecho que en los últimos años se haya convertido en algo más que literatura: en estos momentos no es difícil encontrar diseñadores de ropa, de mobiliario y de complementos steampunk que combinan una estética de raigambre victoriana con elementos indudablemente de ciencia ficción.

Ucronía y steampunk, por tanto, tienden a ir de la mano con cierta frecuencia…

Al menos fuera de nuestras fronteras.

Porque, no nos engañemos, la mayoría de los ejemplos que nos vienen a la mente de ambos subgéneros (o del subgénero híbrido que los combina) suelen ser extranjeros y, en general, de procedencia inglesa o norteamericana. E, incluso cuando los españoles nos acercamos a la ucronía steampunk lo hacemos siguiendo los modelos dominantes y usando la imaginería de Jules Verne o H G. Wells, como hace Víctor Conde en su novela (por otra parte excelente) Los relojes de Alestes.

Hay excepciones, es cierto, obras españolas que juegan con un punto de ruptura referido a la historia nacional y tratan de darle un carácter español a la sociedad alternativa que construyen. Me viene ahora mismo a la memoria la novela corta «Fuego sobre San Juan», que juega con la idea de que España no pierde las Filipinas y, por tanto, sigue conservando parte de sus colonias de ultramar. Y estoy seguro de que hay otros casos.

Creo, sin embargo, que Danza de tinieblas (publicada por primera vez en 2005) es la primera novela española que hibrida ucronía y steampunk y lo hace, además, presentándonos un paisaje netamente español donde los referentes beben de nuestra historia y la estética remite a nuestro propio pasado.

Eduardo Vaquerizo construye, a partir del momento divergente que elige como punto de partida (no os diré cuál es, lo descubriréis en las primeras páginas de la novela), un escenario fascinante, rico en referencias, bien tramado y deliciosamente plausible: el siglo XX que nos muestra en las páginas de su novela no es el que conocemos, pero podría haberlo sido de haberse producido dos o tres ligeros cambios en nuestra historia. El Madrid que nos muestra no es el Madrid «real» de finales de los años veinte, pero es Madrid, parece Madrid, huele y respira como Madrid y se comporta como Madrid.

Y, en ese escenario, nos planta un personaje vital, terco y empecinado, una suerte de personaje de novela negra que (como todo buen personaje de novela negra que se precie) termina siendo héroe a su pesar mientras se empeña en la tarea mucho más humilde (y a veces infinitamente más difícil) de sobrevivir un día más. Joannes Salamanca es el guía perfecto para el viaje por las calles de Madrid y alrededores en que se convierte la novela casi desde las primeras páginas, acercándose así un género netamente español como es el costumbrismo: las pinceladas con las que se traza cada escala del camino son veloces, vivaces, en ocasiones gruesas y siempre eficaces para crear una atmósfera creíble y un entorno plausible.

Joannes va acompañado en su periplo de distintos personajes, y cada uno de ellos añade su propia pincelada al paisaje: Rebeca, fray Faustino, el duque de Mier, la Dolores, el Ciego… todos ellos van dejando su huella a lo largo de la novela y van componiendo un escenario cada vez más fascinante, además de oscuro y lleno de sorprendentes recovecos.

Danza de tinieblas también es ciencia ficción: ciencia ficción en otro tiempo y en otro lugar (o quizá en el mismo, aunque no del todo), ciencia ficción que se va dejando caer gota a gota para componer un misterio y su resolución y para prefigurar una tecnología que no es la que conocemos (no es la de nuestro pasado ni tampoco la de nuestro presente) pero no por ello resulta menos plausible.

Ucronía, steampunk, novela negra, costumbrismo, ciencia ficción… Una novela híbrida, por tanto, mestiza; pero, sobre todo, una buena novela con buenos personajes, una trama inteligente y bien construida y un ritmo que atrapa al lector en la primera página y no lo suelta hasta que no ha terminado la lectura; una novela en la que cada elemento encaja con los demás con una armonía sorprendente y de un modo totalmente fluido y orgánico.

Y, por encima de todo, una estupenda lectura, absorbente y fascinante.

¿Y sabéis qué es lo mejor?

Que sólo es el principio. Atentos en los próximos meses a Memoria de tinieblas.

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