¿Gigatrek?

Me temo que el chiste acabó resultando inevitable.

Veréis, Gigamesh empezó como un fanzine. Y así siguió durante unos años. Luego, Alejo Cuervo decidió dar el salto a revista profesional y de ahí surgió un primer número de Gigamesh (con fecha de portada Junio/Julio de 1991), que tuvo una distribución bastante potente en toda España. De hecho, en su día pude llegar a verla en varios quioscos de Gijón. Y si llegó hasta aquí es que tuvo que haber llegado a todas partes.

No tengo la menor idea de cómo se vendió ese primer número de la revista, aunque los rumores de la época decían que a Alejo se le había ido la mano, había hecho imprimir como veinte mil ejemplares y se había visto obligado a comerse con patatas buena parte de ellos.

Repito, era la rumorología que había por aquel entonces. No tengo manera de saber qué había de verdad en ella. Aunque, conociendo cómo son estas cosas es fácil suponer que el rumor fuera una exageración que contenía algún que otro elemento real.

El caso es que sacó un segundo número. La revista era bimestral, así que aquél fue el número de Agosto/Septiembre del 91. Tras la salida del número tres, con un pequeño retraso (Enero/Febrero de 1992), la cosa parecía estar afianzada y en marcha.

Así que nos dispusimos a esperar por el número cuatro.

Y a esperar.

Y a esperar.

Y pasaron los años. Casi tres, si no recuerdo mal. Pese a las protestas de su editor, casi todo el mundo en el fandom estaba convencido de que el experimento Gigamesh había pasado a mejor vida tras un periodo fugaz e interesante en que había intentado convertirse en revista profesional y que, aunque su muerte nunca sería anunciada de forma oficial (eso nunca se hacía en el fandom: los fanzines entraban en hibernación, jamás se cancelaban, no importaba que la hibernación fuera eterna), ésta era un hecho.

Lo cual demuestra lo equivocado que uno puede estar. O que muchos pueden estar. Porque hubo un número cuatro de Gigamesh. Y un cinco. Y un seis. Y, con el tiempo, aunque fue costoso (hubo un larguísimo paréntesis entre el número 6 -diciembre del 95- y el 7 -octubre del 96-), Gigamesh empezó a cumplir plazos y fechas y la revista salió puntual y sin retrasos. El responsable de eso (y de hacer que la publicación empezase a convertirse en un referente entre los aficionados) fue, sin la menor duda, Julián Díez.

Pero, entretanto, y hasta la llegada de Julián, el tiempo seguía pasando, no salían números nuevos de Gigamesh y, sin embargo, su editor anunciaba que la revista no estaba muerta y que, en cuanto ciertas cosas estuvieran en orden, seguiría adelante.

Así que, como decía al principio,  el chiste fue inevitable.

No sé quién lo lanzó al aire. Pero no tardo en calar entre los aficionados. No es sorprendente, era sencillo, directo y su retruécano resultaba perfectamente comprensible por todos:

—Oye, ¿te acuerdas de aquel episodio de Star Trek: la nueva generación en el que Picard está leyendo el número cuatro de Gigamesh recién salido de imprenta?

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