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Bien, ya tenemos nuestro ePub, maquetado a nuestro gusto y que, por supuesto, habremos probado en nuestro lector. O, si no lo tenemos, al menos lo cargaremos con algún programa que visualice eBooks, como puede ser el Lucidor.

Es importante hacer esto puesto que, aunque Sigil nos presenta el texto con un aspecto bastante similar a como se vería en un lector, los resultados no son del todo idénticos y conviene hacer alguna prueba al respecto, antes de considerar nuestro libro electrónico listo para publicarse.

Pero supongamos que ya hemos hecho todo esto y ha quedado a nuestro gusto.

Aunque… un momento. ¿Está todo a nuestro gusto? ¿Significa eso que tiene también una cubierta? Y si es así, ¿de dónde la hemos sacado? Éste es un tema peliagudo, que quizá merezca un artículo para él solo, pero digamos de momento que es importante tener una buena cubierta, no sólo en el sentido de que tenga una ilustración atractiva, sino de que esté bien diseñada. Y, como en todo, si queremos algo hecho de un modo profesional, tenemos que pagar por ello. Por supuesto, si tenemos los suficientes conocimientos de diseño gráfico para encargarnos nosotros de la portada, adelante, pero mejor nos los pensamos bien antes de hacerlo. El libro, ya sea electrónico o impreso, va a entrarle al lector por los ojos y lo va a hacer por lo primero que verá de él: la portada.

De acuerdo, asumamos que tenemos el libro acabado, cubierta incluida. ¿Qué hacemos ahora con él? ¿Lo ponemos en nuestra web para que la gente se lo descargue?

Es una opción, por supuesto, si es que pretendemos que el libro sea gratuito. Subimos el ePub a nuestro espacio web, ponemos el correspondiente enlace y dejamos que la gente interesada se lo baje.

Pero, si pretendemos que nos paguen por descargarse el libro, los quebraderos de cabeza que supondría montar en nuestra web una plataforma de pagos serían considerables, por no mencionar que las comisiones bancarias probablemente nos dejen temblando. Tengamos en cuenta que estamos hablando de micro-pagos: no vamos a esperar que la gente que entre en nuestra tienda virtual se pille veinte ejemplares de nuestros treinta y ocho eBooks; comprará, como mucho, uno de cada. Y, de hecho, lo más probable es que se limite a ir pillando uno a uno.

Así pues, si queremos cobrarle a la gente para que lea nuestro libro, lo mejor es que acudamos a un lugar donde se vendan libros. Sí, eso llamado librerías. Hay unas cuantas en la red que venden libros electrónicos, así que es cuestión de entrar, ver qué condiciones manejan, ponernos en contacto con ellos, ofrecerles nuestro material…

Como he dicho, las opciones son muchas. Pero, para los propósitos de este artículo me centraré exclusivamente en dos. ¿Por qué esas dos? Bueno, en un caso se trata de una librería española muy solvente y, en el otro, de la más conocida librería on-line del mundo.

Pero, primero, hay dos preguntas cuya respuesta deberíamos tener muy clara antes de dar ningún paso.

¿Pretendemos ponerles a nuestros libros algún tipo de sistema anti-copia o vamos a confiar en la bondad del consumidor y suponer que una vez que alguien se ha comprado un ejemplar del libro no va a hacer miles de copias para distribuir entre amigos, familia, conocidos causales y vecinos lejanos?

No es una pregunta baladí y no tiene una respuesta fácil.

La primera reacción suele ser de desconfianza. Al fin y al cabo, nos decimos, si nos bajamos películas, música y libros gratuitos… qué no harán los demás que, por definición, son peores personas que nosotros.

Por otro lado, a poco que lo pensemos, los sistemas anti-copia no son lo que se dice muy fiables (o no podríamos bajarnos todas esas películas, música y libros que nos bajamos), así que ¿para qué molestarnos?

Lo cierto es que no sabemos qué pasará. Ponerle un DRM al libro no garantiza que no lo vayan a craquear en un par de días y que esté disponible al tercero para que todo quisqui se lo baje. Y no ponérselo tampoco tiene por qué implicar un desastre: quizá encontremos suficientes personas dispuestas a comprar el libro si ponemos un precio adecuado, por no mencionar que algunos sistemas de DRM son bastante engorrosos y hacen que el consumidor se lo piense antes de comprar un libro con protección. Hay incluso una tercera opción, que comentaremos en la siguiente entrega y que, quizá (si es que funciona y se impone) esté llamada a revolucionar por completo el modelo de negocio.

Entretanto, digamos que nuestras opciones se limitan a ponerlo en una librería online para que quien desee pagar por el libro se lo baje a su lector. Seguimos con la duda de si ponerle DRM o no.

¿Qué hacer?

Me temo que es una opción personal.

Desde mi punto de vista, los sistemas anti-copia están hechos para ser reventados. Así que no merece la pena malgastar el tiempo con ellos. Pero, como dije, es una opción personal: cada uno decidirá lo que le parece mejor.

Bien, de acuerdo, primer escollo superado: ya hemos decidido si le vamos poner DRM o no al libro.

Nos queda la segunda pregunta a responder: ¿a qué precio pretendemos venderlo?

La respuesta es muy sencilla y muy complicada al mismo tiempo: debemos ponerlo exactamente al precio que los consumidores estén dispuestos a pagar. Ni un céntimo más.

Fácil, ¿eh?

Sí, sólo falta saber cuál es ese precio.

Preguntarnos a nosotros mismos cuánto estaríamos dispuestos a pagar por un libro electrónico puede ser una buena opción. Y, casi siempre, la respuesta será: «no mucho». Un precio entre uno y cuatro euros, tal vez. Por encima de eso, la mayoría de los lectores —nosotros mismos, entre ellos— considerarán que se los está estafando y pasarán del libro (sobre todo si pueden encontrárselo gratis en otras partes).

Así que pensémoslo bien, seamos realistas y hagamos nuestros números.

Y ahora, sí, a la librería.

La primera es el Kindle Store de Amazon. Allí se venden los libros en el formato para el lector de la popular librería online.

Ya explicamos en la entrega anterior que nuestro ePub sirve perfectamente para que Amazon lo adapte a su formato. Ahora sólo nos queda saber cómo hacer que quieran venderlo.

Muy sencillo y totalmente gratuito: nos damos de alta en su Plataforma de Texto Digital (https://dtp.amazon.com/) y a partir de ese momento estaremos en disposición de tener nuestros libros electrónicos a la venta en Amazon. Los pasos a seguir son simples (eso sí, en inglés) y en unos minutos podemos tener el libro en producción. Tardará unos días en estar en la web (el tiempo que Amazon tarda en sus comprobaciones), pero el proceso en sí de entregárselo para que lo publiquen no lleva más de unos minutos.

¿Y el pago? ¿Cuánto te paga Amazon?

Bueno, tiene dos modalidades. A priori, querremos la más ventajosa para nosotros: un 70% para el autor y un 30% para la librería. Esa opción sólo tiene un pero: Amazon nos obliga a poner un precio mínimo que, a lo mejor, encontramos demasiado elevado. De no ser así, adelante. Y si queremos ser libres de poner el eBook a un precio tan bajo como deseemos, tenemos la opción de que la librería se lleve el 65% y el autor «sólo» el 35. Nosotros elegimos.

Ya está, unos minutos para rellenar unos formularios (en los que debemos indicar, entre otras cosas, si queremos aplicarle DRM al libro) y subir unos archivos y el ebook estará, en un par de días, en Amazon, en su tienda Kindle.

El otro lugar del que quería hablar es Cyberdark (http://tienda.cyberdark.net), la librería online española especializada en el género fantástico y que, desde hace unos meses, ha abierto también una tienda de eBooks. Cyberdark, que es partner de Google Books Search, trabaja con Todoebook y Libranda, distribuidores de de libros electrónicos, pero tampoco tiene problema en trabajar directamente con los autores.

Si hemos optado por no proteger el libro contra copias, el proceso es rápido: una vez que hayamos llegado a un acuerdo con la librería, le proporcionamos el fichero y en unos minutos el libro puede estar a la venta. Cyberdark acepta sin problemas ePub y PDF y también, en algunos casos, FB2. En cuanto al reparto de porcentajes, ofrece un 80%, sin exigir ningún precio mínimo.

No obstante, si queremos que nuestros eBooks lleven DRM, la cosa se complica algo más, ya que somos nosotros, como proveedores, quienes debemos proporcionarle a la librería el sistema anti-copia y la inversión que eso exige para un particular es, a todas luces, excesiva.

(Mencioné antes a Todoebook. A través de ellos, el libro puede estar disponible, no sólo en Cyberdark, sino en la web de la Casa del Libro, en la de El Corte Inglés y en multitud de sitios; y podremos elegir si queremos el libro con o sin DRM, con posibilidad de que el consumidor lo imprima y con varias opciones más. ¿La pega? Todoebook nos cobrará por distribuir tu libro. No son grandes cantidades, pero es ya cosa de cada decidir si quiere trabajar con ellos y que muevan el libro por donde puedan o prefiere realizar él mismo esas gestiones y acercarse, una por una, a todas las librerías online y ofrecerles tu material. Lo primero es más cómodo —comodidad por la que hay que pagar—, lo segundo exige más tiempo y esfuerzo.)

De un modo u otro ya tenemos el libro publicado. Lo ideal sería que estuviera al menos en dos sitios: Amazon, para aquellos que usen Kindle, y alguna otra librería online en ePub para los que utilicen otros lectores. He mencionado a Cyberdark porque me parece un buen ejemplo de un negocio serio y llevado de forma extremadamente profesional, pero desde luego las opciones son múltiples.

Y no olvidemos una cosa: hemos cambiado el soporte y hemos prescindido de intermediarios. Pero una vez que estamos «en el escaparate», por así decir, la cosa no cambia tanto con respecto al modo tradicional de vender libros.

Lo que quiero decir es que, salvo contadísimas excepciones, la obra no se va a vender por sí sola. Necesitamos promocionarla, publicitarla; hacer, en suma, que hablen de ella. Y bien, a ser posible.

Es cierto que internet permite estrategias de publicidad cuyos costes son considerablemente menores que los de la publicidad tradicional. Pero no lo es menos que lograr que el libro esté presente, se hable de él y les suene a los lectores nos va a exigir una considerable inversión en tiempo y esfuerzo.

Publicar electrónicamente implica muchas ventajas: la mayor, que hemos prescindido de casi todos los intermediarios entre el público y nosotros. Pero ése es también el mayor inconveniente: todo lo que habría hecho un editor o un distribuidor, tendremos que hacerlo nosotros mismos ahora y quizá descubramos que no es tan fácil como parecía o que no estamos dispuestos a tomarnos la molestia.

Así que, a lo mejor, el camino que acabo de detallar no es el nuestro. Cada uno debe decidirlo, obviamente.

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