El mapa político español con el que me despierto esta mañana no es muy distinto del que me había imaginado. Victoria esperable del PP,  merecido descenso (y en algunos casos, descalabro) del PSOE y una pequeña nota de esperanza en algunas fuerzas políticas minoritarias cuya representación sube o, incluso, que obtienen escaño o concejales por primera vez. Cierto que mis previsiones no contaban con una victoria tan aplastante del PP ni con un descenso tan bestial del PSOE, pero más o menos las cosas se mueven por los parámetros que había imaginado.

(Mención aparte merece el caso de Asturias, donde el PP, pese al descenso del PSOE, no sólo no ha ganado sino que se ha convertido en la tercera fuerza política de la región, mientras el recién creado partido de Francisco Álvarez Cascos se lo comía todo en casi todas partes. Un motivo de reflexión para el PP asturiano, que en unos meses han pasado de la posibilidad de obtener la mayoría absoluta en el Parlamento Autonómico -y en el Ayuntamiento de Gijón, así como de revalidarla en el de Oviedo- a tener que pactar, si quieren acercarse al poder, con el tipo al que rechazaron como candidato.)

Y la pregunta obligada este 23 de mayo de 2011 es: ¿han servido para algo las movilizaciones de estos días, han tenido algún efecto?

Ya he escuchado voces pesimistas. Comentarios del estilo de «mucho salir a la calle, pero a la hora de la verdad, se ha seguido votando a los de siempre». Bueno, creo que cualquiera que esperase un gran descalabro de los dos grandes partidos mayoritarios en estas elecciones era un iluso. Entre ambos, siguen copando la mayor parte de los votos emitidos en este país. Y era esperable que pasase eso.

Y, lo dicho, quien creyese que iba a suceder otra cosa, no era más que un iluso.

Lo sucedido estos días, sin embargo, sí que ha servido. Y de mucho. A un nivel estrictamente electoral ha servido para que pequeños partidos que ni contaban en las encuestas (ni salían en el mapa electoral) obtengan representación. Es un paso adelante no desdeñable.

Pero, sobre todo, ha servido para demostrar que no estamos dormidos. Que la capacidad para movilizar a la gente está ahí. Y que la gente está deseosa de ser movilizada porque, básicamente, está harta. Que, en resumen, tenemos capacidad para movernos. Quizá no tengamos muy claro hacia dónde, pero al menos hemos despejado una duda.

Lo ocurrido durante la última semana ha sido, simplemente, el inicio. Se han calentado motores, se ha puesto la maquinaria a punto y se ha echado a andar. Lo que hemos visto no es la culminación de nada, nunca se pretendió eso: sino simplemente un prólogo.

La verdadera carrera, la lucha en serio, empieza ahora. Ahora que hemos demostrado que tenemos herramientas a nuestro alcance, que la red sirve para algo más que para el porno y los cotilleos y que tiene un efecto mensurable en el mundo real. No es el momento de lamentarnos porque las elecciones no hayan salido de un modo distinto. Es el momento de tomar aire, recuperar fuerzas y seguir adelante.

Y hacerlo con prudencia, con tranquilidad y, sobre todo, con enorme cautela. Es fundamental impedir que ningún partido político intente instrumentalizar lo ocurrido estos días a su servicio. Ninguno. Ni grandes ni pequeños ni medianos. Ni partidos de izquierda ni de derecha.

Porque hay que tener muy clara una cosa. El movimiento que ha surgido estos días es, sin duda, un movimiento político. Lo es en el sentido más estricto del término. Pero no lo es, no debe serlo, en el sentido de que esté al servicio de ninguna formación. Y mucho menos de ninguna ideología concreta.

Lo que se pide es algo tan sencillo como un sistema que de verdad sirva para representar la voluntad de la ciudadanía. Y eso no es una reivindicación de izquierdas o de derechas. No es liberal ni conservadora. No es reaccionaria ni revolucionaria.

Es, simplemente, la base de cualquier sistema democrático.

Mucho cuidado, entonces, con convertirlo en instrumentos de este o de aquel otro grupo. Pienso especialmente en grupúsculos radicales que estos días han hecho amagos de hacerse con el control organizativo e ideológico de la situación.

Éste no debería ser su movimiento, lo siento, como no puede serlo el de ningún partido.

Debe ser un movimiento de los ciudadanos. Por los ciudadanos. Y para los ciudadanos.

Hay sobre la mesa una propuesta concreta y precisa, un acuerdo de tres puntos mínimos que, creo, son los que deberían marcarse como objetivo a partir de ahora. Tres puntos precisos, concretos y realistas en los que cualquier ciudadano de un país democrático debería estar de acuerdo. Los ha propuesto Federico Maciñeira y, creo, son los tres puntos que deberían unirnos a todos por encima de nuestras diferencia ideológicas o de clase:

  1. Reforma de la Ley Electoral para que todos los votos de todos los ciudadanos de España, vivan donde vivan, cuenten igual en el reparto de escaños.
  2. Verdadera separación de poderes: Independencia total de la Justicia del poder político y reforma del Senado para que tenga un papel real y no siga siendo un mero trámite para el Congreso.
  3. Regeneración política: Listas abiertas, supresión de la financiación pública de los partidos políticos, inhabilitación perpetua para cargos públicos condenados por corrupción, supresión de los privilegios injustificados que conllevan los cargos políticos, publicación de sus patrimonios personales antes y durante el ejercicio de sus funciones, etc.

Cada uno tendrá sus reivindicaciones políticas propias en consonancia con su ideología. Pero estos tres puntos me parecen el mínimo común alrededor del cual nos deberíamos agrupar.

Y, con ellos en mente, seguir adelante. Sin pararse. Sin prisas. Y sin dejarse utilizar.

4 thoughts on “Y ahora… ¿qué?

  1. Gran escrito Rodolfo. Esaes jústamente la idea. Este es el principio de algo grande, o al menos eso estoy deseando creer. Comparto tu idea, así como este escrito en mi muro.

  2. D acuerdo contigo Rodolfo; unirse es muy dificil… buscar nexos es complikau… debemos utilizar los mínimos para avanzar… simplemente se trata d despertar, concienzar, empezar a caminar y demostrar q otro tipo d democracia es posible… dond los politicos hagan lo q les pedimos los ciudadanos y no al reves -los ciudadanos hacemos lo q nos dicen los politicos, sin rexistar…- como se ha venido haciendo hasta ahora.

  3. Es un alivio leerte; así uno puede pensar en la seriedad de la movida; acabo de escribir en la entrada ‘de esto lo arreglamos sin ellos’ y un tal Adriano dice que el joven que ha gritado ‘ladrones’ en Bruselas tenía que haberlo hecho disparando con una metralleta, otros le ponen apellido a la democracia, lo cual es discapatizarla en algun sentido.
    Lo que si tengo claro es que os tenéis que desembarazar de la influencia de manifiestos chavistas -como el de ‘democraciarealya’ y otras manifestaciones que les descalifican: ej. la censura a las tvs a rodar en determinados lugares (yo creí que sol es una plaza pública y no de unos cuantos, aunque sean millares) y a las odiosas emisoras o media que no están con los antisistema.
    Desgraciadamente, no creo que lo consigáis y, ¡ojalá! me equivoque.

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