Un político diferente

Con su novedosa y dinámica forma de encarar la política, Eugenio Biennacido, líder del PPSIULCN (Partido Popular Socialista de la Izquierda Unida, Liberal, Conservadora y Nacionalista), también conocido como SPA (Socialistas y Populares Amancebados) está causando sensación y puede que sea la gran sorpresa de estas elecciones.

Cuando llegamos a la habitación del céntrico hotel donde ha establecido su campaña, lo encontramos cerrando un abultado maletín del que están a punto de escapársele un par de billetes de quinientos. Nos sonríe, nos saluda y afirma:

—La cosa marcha. Aún no hemos ganado y la Federación de Empresarios ya nos está sobornando. Se nota que sabemos hacer bien las cosas.

Tomamos asiento y damos inicio a la entrevista. La primera pregunta tiene que ir, por fuerza, acerca del modo en que su partido ha confeccionado las listas electorales.

—Ha sido difícil —responde—. Un esfuerzo que no se puede imaginar. Pero al final lo hemos conseguido. Todos los componentes de nuestras listas, ya sea a Ayuntamientos o a Comunidades Autónomas están imputados por corrupción. Incluso hemos conseguido que algunos de ellos, que claramente van en cabeza de lista, ya hayan sido condenados. Hemos luchado duro por ello, nos hemos esforzado y creemos que haberlo conseguido representa un enorme paso adelante en la evolución hacia la normalidad de nuestro estado democrático.

Está orgulloso de ello, y se le nota.

—Creemos que es nuestra mejor baza. Hemos conseguido aquello a lo que los otros partidos se limitan a aspirar. Eche un vistazo al panorama: un implicado por aquí, otro por allá, alguno que otro de tapadillo, sin armarla mucho, como quien no quiere la cosa. Hasta he oído (aunque confieso que no termino de darle crédito) que algunos se avergüenzan de que haya imputados en las listas de su partido. Bueno, nosotros no hacemos las cosas a pequeña escala. Es evidente (y más de veinte años de democracia dan fe de ello) que el electorado quiere un perfil concreto de gobernante. Y nosotros se lo hemos dado. A lo grande.

Le preguntamos luego por algunos de los puntos más novedosos de su radical programa electoral.

—Pues claro que mi gobierno estará compuesto de banqueros, directivos de sociedades de inversión, constructores y grandes empresarios —dice, sorprendido—. Es lógico. Hasta me atrevería a decir que inevitable. Piense un poco, hombre. Use el sentido común. ¿Quién va a saber gestionar la crisis mejor que aquellos que la han creado? Si es que es de cajón. La verdad es que no comprendo por qué la prensa ha armado tanto revuelo con el asunto. Sentido común, ya le digo.

En cuanto a las protestas callejeras, su opinión no puede ser más firme:

—Radicales. Gentuza antisistema. A ver, ¿usted se ha fijado en lo que piden? ¿A cuento de qué viene eso de exigirnos a los políticos que representemos los intereses de los votantes? ¿Es que acaso nos pagan los votantes? ¡Valiente atrevimiento! ¡Inconcebible osadía! Unos antisistema, ya le digo, gentuza radical que quiere desestabilizar la democracia. Pero no lo vamos a permitir. Uno de los principales puntos de nuestro programa es una reforma de las leyes que haga obligatorio que los partidos políticos sean el único cauce posible para manifestar las peticiones de los ciudadanos. Cualquier otro modo será declarado ilegal y merecedor del máximo castigo posible. ¡Hasta ahí podíamos llegar, hombre! Esa gente quiere destruir la democracia, y no lo vamos a consentir, lo digo bien claro.

Le preguntamos después acerca de sus planes para dinamizar la economía:

—No me cansaré de repetirlo: sentido común. ¿Quién mejor  para contribuir a las arcas del estado que los trabajadores? ¿Y quién mejor para gastar ese dinero, para ponerlo en circulación que los ricos? Es de cajón hombre: el trabajador, trabaja y paga, que está en su naturaleza. Y el rico, acumula y gasta, que es a lo que lleva dedicándose toda su vida. No le puedes dar un montón de dinero a un pobre: se lo gastaría en una casa, un coche, la universidad de sus hijos, chorradas de esas que no van a ninguna parte. Un rico, en cambió, sabe dónde gastar su dinero en cosas importantes.

Toma aire unos instantes.

—Sentido común. Ése es mi lema. Sentido común. Por ejemplo: supongamos que logramos arañar los suficientes votos para tener representación. Pues, sin problema, pactamos con la lista más votada: una consejería, alguna concejalía jugosa y tienen todo nuestro apoyo. Que no hay que ser avariciosos y hay pastel para todos. Sentido común. Un buen reparto y todos contentos, ya le digo.

La entrevista va llegando a su fin. Nos agradece nuestra presencia y nos despide amablemente.

—Y el domingo vayan a votar. Por nosotros.  Bueno, o no vayan, qué más da. A quién le importa lo que hagan, después de todo.

 

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