Por un voto responsable

No te engañes a ti mismo.

Mientras no cambies tus hábitos a la hora de votar, tu voto no servirá absolutamente para nada.

En estos momentos, los dos grandes partidos (tres, en aquellas zonas con una presencia nacionalista fuerte) están cómodamente repantigados, repartiéndose amigablemente su parte del pastel, haciendo grandes aspavientos públicos hacia el contrario pero sin hacer nada realmente serio no vaya a ser que alguien les estropee el chollo. Aquí cosecho yo, aquí cosechas tú, nos quitamos el sitio de vez en cuando pero, en lo básico, somos conscientes de que estamos bien instalados y no nos vamos a putear unos a otros demasiado no vaya a ser que se nos acabe a todos. Entre bueyes no hay cornadas, qué carajo. Así que el hecho de que cambie el color de un Ayuntamiento, una Autonomía o el del país completo no va a alterar la situación más allá de en pequeños detalles: básicamente el de qué partido se lucra a tu costa.

(Y mientras tanto, los que se lucran de verdad, los que provocan crisis, sacan beneficios de ellas y a los que no les importa hundir países, crear hambrunas o causar catástrofes en tanto sus bolsillos estén llenos, se frotan las manos, encantados.)

Y no lo olvides, el responsable de esa situación eres tú. Tú, que todos estos años has votado «a los tuyos» independientemente de lo que hicieran o dejaran de hacer. Tú, que en vez de comportarte como una persona racional, como un adulto responsable, has votado como lo haría un hooligan: a tus colores. Y si los de tus colores roban, engañan, estafan, manipulan… qué más da, al menos son los tuyos y seguro que los de enfrente habrían hecho lo mismo o algo peor.

Quizá va siendo hora de que reacciones. Quizá va siendo hora de que dejes de comportarte como un mono tribal incapaz de ver más allá de tus narices. Quizá va siendo hora de que dejes de votar con las tripas y empieces a hacerlo con la cabeza. Y si no eres capaz, cuando te la hayan clavado hasta el fondo y se enriquezcan más a tu costa, no protestes: tú has querido que sea así.

Y recuerda una cosa: tu voto es un arma. Quizá la única que te ha dejado un sistema basado en el clientelismo y la corrupción que malamente puede llamarse ya democracia.

Así que el próximo 22 de mayo, cuando vayas al colegio electoral, hazte antes una pregunta muy sencilla:

¿En qué lugar puede hacer más daño mi voto a esos hijos de perra que se han repartido el pastel?

Y, una vez que la hayas respondido, vota en consecuencia.

Pero vota.

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