¿He dejado la ciencia ficción? (y 2)

Quizá, como decía en la primera parte de esta entrada, no he dejado de escribir ciencia ficción. Pero sin duda sí que la he diluido. La he rebajado para que no se note mucho y hasta en ocasiones la he camuflado como fantasía, podríamos decir. Es decir, es ciencia ficción ma non troppo.

Poco puedo decir contra eso. Es cierto. Mi última novela que puede ser considerada ciencia ficción «fetén» es El sueño del Rey Rojo y fue publicada en 2005.

¿Qué ha pasado, entonces? ¿Me he alejado en busca de pastos más frescos? ¿He preferido darle a la fantasía (o, a veces, a la ciencia ficción camuflada de fantasía) en la esperanza de que así se vendiera mejor lo que escribo?

Pues no lo sé, la verdad. Aunque, si pienso en ello, no lo creo. De hecho, si repaso a lo largo de los años lo que he ido escribiendo y cómo, veo una evolución bastante clara en mis preferencias temáticas: lenta, progresiva y, seguramente, lógica e inevitable. Poco a poco, he ido pasando de una narrativa centrada casi exclusivamente en un solo género, a una que ha terminado por ser una mezcla heterogénea de todos los géneros que me gustan como lector y que me atraen como escritor.

Si echamos un vistazo al pasado, a mi ciencia ficción aparecida en los años noventa, veremos que eso ya estaba allí, al menos en embrión. Al fin y al cabo «Un jinete solitario» era al mismo tiempo un cyberpunk y una de espías a lo Le Carré. Y «Territorio de pesadumbre» era una extraña y difícil mezcla de ciencia ficción y fantasía metafísica. Hasta La sonrisa del gato era space opera, cyberpunk y novela de espías al mismo tiempo.

Así que en realidad, he estado mezclando géneros la mayor parte de mi vida como escritor. La diferencia es que, en mis primeros años, el elemento dominante de la mezcla era la ciencia ficción y, a medida que iba pasando el tiempo, éste iba cediendo relevancia a otros.

De hecho, tuve oportunidad de comentar recientemente algo sobre el tema en una  larga conversación sobre el ciclo de la Ciudad con Ignacio Illarregui que será publicada en breve. Permitidme caer en el nefasto vicio de la autocita y entresacar un párrafo de esa conversación:

mis cimientos como escritor, como narrador (término que, confieso, me gusta más para definirme a mí mismo) son muy claros: la ciencia ficción, la fantasía, el western, la novela de aventuras decimonónica, el policiaco, los superhéroes, la novela de espías, la novela histórica… Orbitando alrededor de esos géneros están las características que me definen como lector y como escritor.

Y esto ha sido así desde siempre.

Podríamos preguntarnos, en cualquier caso, por qué la ciencia ficción ha pasado de ser el elemento principal de esa mezcla a convertirse en simplemente uno más y en estar tan diluido que a veces es difícil verlo.

No lo sé. Supongo que es algo tan sencillo como que, con el paso de los años, me ha ido apeteciendo contar otras cosas, narrar otro tipo de historias, usar los clichés de otros géneros. Sin abandonar en realidad del todo la ciencia ficción, por otro lado: creo que no podría aunque quisiera.

Incluso cuando escribo fantasía pura y dura, mi mente es como es. Y hace que la interpretación que hay tras los acontecimientos mágicos y sobrenaturales sea tan racionalista y materialista que hasta mi fantasía acaba siendo una suerte de extraña ciencia ficción.

Así que, volviendo al inicio de esta entrada, ¿he dejado de escribir ciencia ficción?

No.

¿He dejado de escribir ciencia ficción que lo parezca al primer golpe de vista?

Sí, más o menos.

¿Volveré a escribir ese tipo de ciencia ficción?

Quién sabe. Sin duda me gustaría. Ya veremos lo que dice el tiempo.

 

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