¿He dejado la ciencia ficción? (1)

Una reciente discusión en Literatura prospectiva me ha traído a la memoria una acusación que algunos amigos me hicieron hace unos años.

Básicamente, consistía en decirme que había abandonado la ciencia ficción a favor de la fantasía, o de un cierto tipo de fantasía.

Y, bueno, si echamos un vistazo a lo que he publicado a lo largo de todos estos años y nos centramos, por no dispersarnos mucho, sólo en las novelas, podríamos decir que tienen razón. Únicamente tres de mis novelas parecen de ciencia ficción: La sonrisa del gato, Tierra de Nadie: Jormungand y El sueño del Rey Rojo. Las demás, en apariencia, son fantasía.

Pero… ¿es así realmente?

Veamos, por ejemplo, mi ciclo de Sherlock Holmes. Sin duda la primera novela, Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos, es fantasía. El elemento no realista que aparece en ella tiene todo el tufillo de una intervención sobrenatural. Sin embargo, a medida que vamos leyendo la saga, quizá la cosa no esté tan clara. En la segunda novela, Sherlock Holmes y las huellas del poeta y, muy especialmente en la tercera, Sherlock Holmes y la Boca del Infierno, se dan las suficientes pistas para permitir una interpretación no sobrenatural, racionalista y de ciencia ficción de todo lo que ocurre. En cuanto a la última, Sherlock Holmes y el heredero de Nadie, no creo que podamos dudar que es ciencia ficción: ciencia ficción pulp en su parte final y ciencia ficción «juliovernesca» en su parte central.

Sigamos.

Le tocaría el turno a la Ciudad, cuya primera novela es El abismo en el espejo (la novela anteriormente conocida como El abismo te devuelve la mirada, por parafrasear a Prince) y que parece ser un thriller que gira alrededor de un objeto mágico, un espejo. Pero, ¿es realmente mágico? Nunca se afirma tal cosa a lo largo de la novela y lo único que sabemos del espejo es que permite el acceso a realidades alternativas, a mundos paralelos al nuestro. Lo cual, por otro lado, no deja de ser un viejo cliché de la ciencia ficción.

En cuanto a Los sicarios del Cielo, teniendo en cuenta que en ella aparecen, entre otras cosas ángeles encarnados (y caídos), por no mencionar una casa llena de objetos mágicos en la que hay un estanque que permite un viaje a lo que parece ser el infierno… bueno, es fantasía, tiene que serlo. Vale, de acuerdo, aceptamos ésta.

¿Qué pasa con Fieramente humano, la novela más reciente de la Ciudad y que aparecerá este mes en NGC Ficción!? Bueno, podría decir, como con Los sicarios del Cielo, que los elementos que la hacen ser ficción no realista pertenecen más al terreno de la fantasía que al de la ciencia ficción. Es cierto, por otro lado que lo que se narra en el capítulo IX de la tercera parte (lo siento, tendréis que leer la novela para saber de qué hablo) podría darle un giro a la historia y encaminarla hacia la ciencia ficción. Pero, venga, no seré malo y reconoceré sin problemas que Fieramente humano es fantasía.

Podríamos hablar de El adepto de la Reina, cuyo escenario remite a primera vista a la fantasía épica con un par de toques steampunk. Sin embargo, ¿es cierto? Todo depende de cómo consideremos a los mensajeros (¿como transmisores de la voluntad divina o como nanomáquinas?), de si vemos a los carneútiles como seres feéricos o como producto de una avanzada ingeniería genética, de si consideramos que el corazón de los bosqueoscuros encierra la esencia de la magia o una tecnología extraña que hace que el mundo sea como es. La novela permite, sin problemas, ambas interpretaciones. Es cosa del lector decantarse por una o por otra. Y, lógicamente, según la que elija estará leyendo ciencia ficción o fantasía.

Y, para terminar, tenemos Sondela. Una novela mixta, podríamos decir: situada en un futuro más o menos cercano (digamos mediados-finales de este siglo XXI) y por tanto con elementos de ciencia ficción pero en la que hay aspectos claramente «mágicos», empezando por la propia existencia de la Atlántida o el hecho de que los dioses parecen existir y pueden intervenir en el mundo. Aunque, por supuesto, se puede interpretar todo eso de un modo racionalista no sobrenatural (hay pistas a lo largo de la novela) que convertirían todos esos elementos mágicos en ciencia ficción.

Así que, bien, podemos aceptar que he dejado de escribir solo ciencia ficción, pero a tenor de lo expuesto más arriba sí que parece que la ciencia ficción sigue componiendo el grueso de mi narrativa.

Pero, ¿es eso cierto?

(continuará)

21 comentarios

  1. Sorry, el comentario anterior llegó incompleto. Dice así:

    Cóno decía Fredric Brown, y tú mismo sugieres en tu texto, muchas veces la diferencia entre un género y otro nPero, ¿de verdad crees que hay tantas diferencias entre la cf y la fantasía? Como decía Fredric o es más que léxica (si dices “mensajeros divinos” es fantasía; si dices “nanorobots” es cf)

  2. Sí, pero para mí esa diferencia léxica es importante. De hecho, fundamental. En un caso se está admitiendo la existencia de lo sobrenatural (de algo que está por encima de las leyes que rigen el universo) y en el otro no.

    Esa simple diferencia de términos, para mí, es totalmente relevante.

  3. Aquí juegas un poco la baza de la ley de Clarke, no? Si nos ponemos así, hasta el Señor de los Anillos se puede interpretar como cifi, pero ¿cuanto hay de ficción científica, en el sentido un poco más estricto? Sin plantearse si los elementos que aparecen pueden ser coherentes con el modelo científico actual, o con algún modelo científico sobre el que se teoriza, la diferencia entre nanobots, midiclorianos y pichurrina es cosmética, pero no deja de ser fantasía.

  4. Sea lo que sea, te lo ha pedido el cuerpo… incluso como lectores solemos variar de género según épocas, servidor incluso le da a los ensayos científicos muy de vez en cuando. No sé, a mí esa variedad me parece MUY sana (nada malo que decir de lo contrario, por supuesto).

    Aparte, es tal y como lo comentáis, fantasía y ciencia ficción no se diferencian mucho… incluso las novelas “realistas” de vez en cuando tienen elementos dudosos o equívocos, y aunque nadie las califique como fantasía, el toque está ahí.

  5. Ah, eso por descontado, tú escribe lo que te apetezca, los géneros son etiquetas para entendernos, si se convierten en jaulas, mejor salir volando.

  6. Yo creo que lo que has hecho es abrirte a nuevos subgéneros que a lo mejor antes no habías tocado. En tu saga de Sherlock, por ejemplo, entra de lleno el steam punk con un tinte pop, con super héroes y todo. Y en El adepto de la reina… bueno, si James Bond visitara alguna vez una tierra alternativa pseudo-mística, ya sé qué aventuras viviría. Me encanta que te acerques a estos géneros, de hecho. Creo que en la hibridación están las claves para abrir nuevos caminos.

  7. Esto me recuerda cuando en Artifex Segunda Época dedicábamos espacio en la introducción para justificar por qué no incluíamos más cuentos de cf. Lo más interesante es que la mera acusación de no querer lo suficiente a la cf nos ponía a la defensiva.

    Sobre géneros, hibridación y las expectativas del lector largué una parrafada en Artifex Plus con la excusa de _Tríptico de Trinidad_ de Gardini. Por si os pareciera pertinente:
    http://artifexplus.blogspot.com/2010/11/resenas-de-triptico-de-trinidad-de.html

    (Por cierto, no tiene nada que ver, pero me encanta que tengas enlazadas aquí al lado las ediciones extranjeras de _La sabiduría de los muertos_.)

  8. La verdad es que las novelas de Sherlock de Rudy me parecen tan, pero tan buenas y tan divertidas, que Luis, convéncelo para que escriba otras tres o cuatro más. En tu sabiduría de editor confiamos :)

  9. Para mí, la diferencia fundamental entre ciencia ficción y fantasía (y aclaro de paso que, para mí, no podrían ser dos géneros más distintos, incluso enfrentados en sus premisas fundacionales, digamos) es una diferencia de mentalidad, de enfoque. Y por eso encuentro tan importante esas diferencia léxicas.

    ¿Importa que los mensajeros sean considerados emisarios de la voluntad divina o simples nanomáquinas, por ir al ejemplo de El adepto de la Reina? ¿Cambia para algo la novela?

    Evidentemente, la peripecia y los personajes serán los mismos. Pero desde un punto de vista… ¿metafísico, quizá? verlo de una forma u otra altera totalmente el resultado.

    La ciencia ficción postula un entorno racional y materialista; la fantasía un entorno mágico y sobrenatural. En la ciencia ficción lo sobrenatural no tiene cabida: por definición, no puede existir.

    ¿Que los elementos que aparecen en una o en otra son igualmente imposibles? ¿Que es igual de imposible el viaje más rápido que la luz que, no sé, hablar con los muertos (bueno, hablar con ellos, no; más bien que te respondan)?

    Sí, pero la diferencia de enfoque entre una cosa y otra es fundamental. No se trata tanto de ciencia contra magia como de “pensamiento científico” (la idea de que no puede existir nada que contradiga las luyes del universo y por tanto “sobrenatural” es un oxímoron) contra “pensamiento mágico”.

  10. Siguiendo tu argumento: ¿y si el universo no fuera el nuestro? Una obra que se desarrolla en un universo con leyes distintas a las del nuestro… ¿sería entonces siempre fantasía? Y si no es así (pues los universos paralelos o alternativos, son, precisamente, un tema muy caro a la cf), o bien la consistencia con las leyes naturales no es marca característica de la cf, o bien buena parte de la fantasía también sería cf según tu definición.

    A _Tríptico de Trinidad_ (y a lo que conté sobre él en la entrada citada) me remito.

  11. De hecho… bueno, en realidad, cosas como “El señor de los Anillos” no las considero realmente fantasía. Para mí, en la fantasía, el elemento “sobrenatural” debe serlo en el contexto del mundo donde se desarrolla la historia. Para los habitantes de la Tierra Media, que haya magia o que existan dragones que hablan o que te vuelvas invisible al ponerte un anillo no tiene nada de sobrenatural: es coherente con las leyes del universo. Así que no, no es fantasía.

    Algunos llaman a eso “literatura de lo maravilloso”, precisamente, para distinguirla de la fantasía (“Pequeño, grande”, por ejemplo, sí que sería fantasía, donde lo mágico irrumpe en el mundo real y sigue unas reglas distintas a las de éste).

    ¿Podríamos considerar entonces este tipo de “literatura de lo maravilloso” como ciencia ficción? En algunos casos sí, al menos para mí, sin ningún problema. En otros (sobre todo en aquellos donde la sombra de una deidad creadora vuelve sobre el escenario) no.

  12. De hecho, y por seguir con el tema, Fernando Ángel en su libro, distingue tres tipos de literatura no realista, en función de cómo se “acopla” el elemento no realista al mundo, entendiendo “mundo” por el escenario en que se desarrolla la historia que, para sus habitantes, sería “la realidad”.

    -La fantasía: donde los elementos sobrenaturales irrumpen en el mundo y son algo ajeno a él.
    -Literatura de lo maravilloso: para nosotros esos elementos no realistas son mágicos, sobrenaturales. Para los habitantes de ese mundo son parte de él y, por tanto cotidianos. A nosotros nos parece fantástico, a ellos, no.
    -Ciencia ficción: los elementos no realistas no son mágicos ni para nosotros ni para los habitantes del escenario. Son cosas que pueden ser tecnológicamente imposibles (aquí y ahora) pero no necesariamente imposibles en el sentido de que vayan contra las leyes del universo tal como las conocemos.

    Espero no haberme liado con el tema. Creo recordar que Fernando Ángel lo explicaba así. Y es una definición que me convence bastante, la verdad.

  13. Pues así lo expliqué, sí, siguiendo una tradición larga de otros que lo han dicho antes que yo. Y estoy de acuerdo contigo, Rudy: cada una línea de esas líneas es muy poderosa en el momento de crear una interacción con el lector y de desarrollar en ella situaciones, personajes… Considero también que cambia muchísimo estética, psicológica, filosóficamente… cualquier texto dependiendo de la línea que se escoja. Por ejemplo, Alien no sería la misma película si se combatiera al bicho con hechizos o Cien años de soledad no tendría sus implicaciones simbólicas si su realismo mágico fuera explicado por la tecnología.

    Gracias por la cita, por cierto. ;)

  14. Y, por cierto, esa división no tiene nada que ver con lo que de verdad ocurre en el mundo real. Son convenciones pactadas inconscientemente por el texto y un lector modelo.

    Por ejemplo: en Parque Jurásico, Crichton parte de un adelanto que debería haberse realizado en un tiempo anterior al de la escritura de la novela. Pero por convención, asumimos que fue descubierto.

    Cuando se escribió Crónicas marcianas, tanto Bradbury como los lectores sabían ya que no hay marcianos en Marte. Pero por convención hacemos como que sí.

    En cuanto al comentario de Luis… Pues dependería de muchas cosas, habría que estudiar ese caso tan retorcido… Pero seguro que esa fusión de ideas crea algo diferente que lleva a un pacto diferente con el lector. Lo mismo es un nuevo género… Lo mismo no.

  15. Aquí se mezclan varios temas. Por un lado está la cuestión de la evolución creativa del autor, que puede llevarle a abordar otros géneros sin necesidad de abandonar por completo la ciencia ficción. Creo que eso lo deja Rudy claro en su siguiente entrada.

    Luego está la cuestión de si lo que escribe tiene un enfoque, una ideología por decirlo e algún modo, más próxima a la ciencia ficción o a la fantasía. Para mi está claro que no deja de ser ciencia ficción, en un sentido amplio, en la medida en que en todos sus universos se presentan una serie de características que son propias de una visión científica del mundo.

    Como comentaba al presentar “Sondela” incluso en las obras más de fantasía de Rudy se aprecia un universo determinista regido por unas leyes cognoscibles y bien definidas. Incluso los ángeles obedecen leyes, y no arbitrarias o se crean de repente, y en varios lugares los personajes sobrenaturales sugieren que lo que llamamos magia no dejan de ser leyes naturales para ellos. Incluso en “Los sicarios del cielo” se llega a afirmar esto.

    Además se adopta un punto de vista realista en el sentido de que el mundo existe realmente independientemente de las percepciones humanas, y las entidades sobrenaturales son realaes.

    Si nos guiamos por lo que Scrödinger consideraba como los dos principios metafísicos básicos que fundamentan la ciencia, las obras de fantasía de Rodolfo Martínez presentan universos “científicos” ,

    En cuanto a la cuestión de los universos múltiples. Dejando de lado el error que se comete cuando se mezcla el concepto en literatura, lógica y física, se llega a una serie de imprecisiones metafísicas que enturbian la discusión. Creo que se abusa demasiado de los universos múltiples como el todo vale.

    Si bien físicamente podríamos decir que la existencia de tales universo no es imposible, las teorías que los predicen pueden establecer limitaciones en lo que respecta a las leyes internas de estos (otra cuestión es la de universos con las mismas leyes pero distinto devenir de los acontecimientos). Las propias matemáticas también podrían imponer límites a lo que es posible.

    Por otro lado en lógico deberíamos verlos, tal y como proponía Leibniz, como potencialidades, propensiones, no como entes reales. Así que creo que sí, que hay límites filosóficos si queremos enfocarlos desde una perspectiva científica, y que algunos mundos alternos realmente sí que serían mágicos.

    Por supuesto los universos como elemento puro y duro de la crítica literaria son una cosa muy diferente, pero supongo que el hecho de depender de un pacto de ficción también limitaría las posibilidades de considerar que cualquier universo con leyes alternas mágicas le parezca o no al lector como equivalente a uno de ciencia ficción. Pues eso depende de la percepción del lector…

  16. Aclaro, aunque no creo que sea necesario, que comparto al 100% lo expuesto por Instan, especialmente en lo que se refiere el enfoque ideológico que hay tras lo que escribo.

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