Para qué amordazar a la prensa si puedes limitarte a comprarla

Según una de esas encuestas que publican de vez en cuando los periódicos, la de político es la profesión peor valorada en nuestro país. Y no es que falten motivos a la vista de cómo se comporta nuestra clase política, de qué forma legisla para amiguetes y de qué  modo mete dinero público a paletadas en las gargantas de los que causaron la crisis, por mencionar sólo un par de ejemplos.

Sin embargo, y pensándolo un poco, a lo mejor no es la de político la profesión que debería estar peor valorada.

Hubo una época, cuando era más joven, más delgado y con más pelo, que llegué a considerar la posibilidad de elegir el periodismo como profesión. Me parecía una buena ocupación para un aspirante a escritor. Hoy, confieso que me alegro infinito de haber elegido finalmente la muy noble y siempre vapuleada profesión de informático en su lugar.

El nivel de manipulación, de falsedad, ocultamiento, tergiversación y, directamente, engaño al que se está llegando en la llamada «prensa seria» ya hace tiempo que ha sobrepasado el grado de lo preocupante para empezar a convertirse directamente en motivo de nauseas profundas y rabia homicida.

Siempre leo un periódico a la hora de comer. Y siempre procuro que no sea el mismo que he leído el día anterior.

Y en todas partes dicen lo mismo. Sí, hay pequeñas diferencias de tendencia según de qué palo ideológico sea cada medio, pero en ciertos temas existe una unanimidad sospechosa: todos mienten en lo mismo y de la misma forma.

Hay muchos ejemplos, pero el más reciente ha sido, oh sorpresa, la aprobación por el Congreso de la Ley Sinde.

Todos los periódicos han recogido una y otra vez el hecho de que una de las modificaciones que se le hicieron a la ley fue la introducción de la figura de un juez en el cierre de las webs para asegurarse de que el proceso contaba con las debidas las garantías judiciales.

Falso. Mentira.

Lo repito. En voz alta, con negrita y subrayado:

ESO ES MENTIRA

Hay un juez en medio del proceso, cierto. Lo único que puede decir ese juez es si el cierre de esa web vulnera o no algún derecho fundamental. Ya. Fin.

El proceso de cierre seguirá siendo un proceso administrativo, sin ninguna garantía judicial. La presencia de un juez en todo el asunto es puramente cosmética. Está ahí de convidado de piedra, sin ningún poder de decisión, sin que en ningún momento pueda decir «lo que hace esa web es perfectamente legal con la legislación española en la mano: ustedes no pueden cerrarla».

Que es lo que hacían los jueces hasta ahora. Todos y cada uno de los procesos judiciales en los que la SGAE o alguna otra sociedad gestora de derechos de autor han emprendido para cerrar alguna web han sido fallados en su contra. No han podido cerrarla.

¿El resultado?

Sencillo. Se ha descolgado el teléfono, se ha llamado al gobierno y se le ha pedido una ley a la carta que sortee el papel de esos molestos jueces que insisten, una y otra vez, en aplicar las leyes vigentes, los muy cabrones. Una ley que es un despropósito legal. Una ley por la que un comité puede cerrar una página web, esté haciendo algo ilegal o no, por sus santos cojones.

¿Habéis visto algo de esto en los periódicos? ¿Ha mencionado la prensa escrita que la figura del juez en el asunto es meramente decorativa?

¿O habéis visto lo mismo que yo? ¿Habéis visto el modo en que todos cerraban filas como uno solo a favor de la nueva Ley —y algunos de paso acusaban de delincuentes y traidores a los que pudieran estar en su contra— y, más allá, de minucias por aquí y por allá, todos repetían la misma consigna sobre lo mucho que se había avanzado para proteger los derechos de autor en nuestro país? ¿Habéis visto eso? ¿Y no os resulta sospechosa tanta unanimidad? ¿No os resulta sospechoso el hecho de que, no sólo todos mientan, sino que encima cuenten las mismas mentiras?

Si yo fuera periodista, creo que no lo diría públicamente. Me sentiría demasiado avergonzado de los extremos de servilismo casi cerril a los que está llegando la profesión.

Creo que era Noam Chomsky quien decía que una sociedad no puede ser libre si no está bien informada. Y, como todos sabemos, lo primero que hace cualquier dictadura es ejercer un control férreo sobre los medios de comunicación.

Bueno, no hace falta censurarlos ni amordazarlos. Parece que con comprarlos es más que suficiente. Incluso mejor: mantienes las apariencias de una prensa plural sin las molestas complicaciones que eso conlleva.

Así pues tenemos políticos que legislan a espaldas de sus votantes, sindicatos con miedo a hacer su trabajo no vayan a quedarse sin subvenciones  y periodistas que no son otra cosa que correveidiles de la voz de su amo.

Y supongo que todavía habrá quien diga que vivimos en una democracia.

POSTDATA:  Con la Ley Sinde en la mano se podría cerrar Google. ¿Habrá cojones?

4 comentarios

  1. :s

    Miedo me dan este tipo de leyes, más aún con lo que has expuesto sobre la realidad de la realidad de prensa (y teniendo en cuenta que la corrupción crece cada día). Espero no tener que llegar a ver como se cierra una web por la información que da, aunque usando otra excusa :s

  2. Casualidad porque yo también comparé la información de diferentes periódicos en papel y electrónicos. El único periódico que -creo- no ha dicho la mentira es el Libertad Digital. De hecho, no deja de ser irónico que es casi el único medio por el que me entero de verdaderas cagadas que organiza el gobierno y que no salen en otros periódicos. No sé si directamente se lo inventan, pero tampoco me creo que se puedan inventar absolutamente todo.

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