Pues igual no estamos tan mal o En todas partes cuecen habas

Una de las quejas más habituales de los aficionados al género fantástico, cuando se juntan dos o tres y deciden ponerse a rajar de las editoriales del género, es la mala calidad de algunas de las traducciones que por estos lares se publican.

Y no seré yo quien les lleve la contraria. He podido leer auténticos horrores «traduceriles» que aún hoy me hacen desear arrancarme los ojos con una cucharilla de postre. No es menos cierto, por otro lado, que hay editoriales dedicadas a la publicación de fantasía y ciencia ficción que sí que cuidan ese aspecto de su empresa (bueno, en general procuran  cuidarlos todos, traducción incluida).

Sin embargo, hablar de lo que está bien resulta aburrido, claro. Y uno siempre se lo pasa mejor dando caña a lo infecto que alabando lo sublime. Es de cajón.

Nada que objetar, hasta aquí.

Pero hay un aspecto de todo esto que me molesta un poco. Me refiero a ciertas… «reconvenciones» que se nos hacen desde algunos sitios. Sitios donde se afirma que el nivel de las traducciones en los libros de ciencia ficción y fantasía es más bajo de lo normal en el mercado español y que lo es por culpa del aficionado, que traga de todo y no se preocupa por exigir más calidad.

No discutiré el segundo punto. Confieso que no lo sé. No tengo información suficiente para afirmar si el aficionado medio al género fantástico es menos exigente en sus baremos de calidad de edición que el aficionado medio a la lectura de este país. Ni idea, la verdad. Y sospecho que, quien eso afirma, tampoco tiene información suficiente para ello, pero mejor dejamos ese aspecto del asunto.

En cuanto a la primera afirmación…

Bueno, no. Lo siento, pero no.

Las editoriales de género no editan peor que las generalistas. No maquetan peor. Y, sobre todo, no traducen peor.

No cuando encuentras auténticas barbaridades en libros publicados por grandes editoriales que ni se despeinan por la chapuza de edición que están ofreciendo en tapa dura y a más de treinta euros.

Veréis, no hace mucho esta releyendo las novelas de Jack Ryan. Qué le voy a hacer, me divierten, me hace gracia seguir la evolución del asunto y comprobar cómo Tom Clancy, poco a poco, ha ido pasando de hacer novelas de espías a escribir auténtica ciencia ficción. Además, tomadas en broma (es difícil tomarse en serio algunas de las últimas novelas de Ryan) son una diversión más que aceptable.

Llegué a una de mis favoritas: Órdenes ejecutivas, donde Ryan acaba de encontrarse de pronto con que, sin comerlo ni beberlo, es ahora el Presidente de los Estados Unidos.

Ya había leído antes esta novela pero como normalmente, en una primera lectura, tengo una velocidad de crucero un tanto excesiva (me limito a dejar que la historia me pille, me lleve de un lado a otro y me entretenga y no me paro en detalles)  no había caído en lo infectamente mala que es esa traducción.

Una traducción donde, una vez tras otra, el esforzado traductor ha decidido que los adjetivos van delante del nombre se ponga como se ponga nuestro idioma. Siempre, repito, hasta el extremo de que me extraña que no haya decidido traducir la novela como Ejecutivas órdenes.

Es frustrante e irritante, la verdad, ver lo mal que ha hecho ese tipo su trabajo. El empeño, además, que pone en estropear frases, por lo demás, sencillísimas de traducir. Que Clancy no es precisamente Shakespeare, Joyce o el equivalente americano de Góngora.

Pero no, dale que te pego. Hasta el extremo de que a veces pensaba que estaba leyendo Astérix en Bretaña y que no tardarían en hablar de «mágicas pociones» o «romanas galeras».

Y supongo que todavía tengo que estarle agradecido de que haya decidido traducir, por ejemplo, «the average soldier» por «el común soldado» (sic) y no «el medio soldado», que ya habría sido el colmo del recochineo.

Y esa traducción no la ha perpetrado y puesto en el mercado a precio de oro un editorzuelo del tres al cuarto. No. Ha sido Planeta. Y no es un caso aislado, me temo. Estoy bastante harto de leer novelas producidas por grandes editoriales plagadas de erratas y con traducciones, como poco, descuidadas y, eso parece, que no han sido revisadas por nadie. Lo de Clancy es un ejemplo que me ha saltado recientemente a los ojos, pero ni de lejos es un caso aislado.

En fin, una cosa no disculpa la otra, por supuesto. Las chapuzas de unos no hacen desaparecer las de otros.

Pero… volviendo al tema, ¿de verdad esos pequeños —y a menudo más voluntariosos que otra cosa— editores del género fantástico editan peor que los grandes grupos editoriales de este país? Sospecho que no, para nada. Que ni siquiera esas dos o tres editoriales del género que todos tenemos en mente (y que todos ponemos como ejemplo de lo que no se debe hacer cuando hablamos del tema) editan peor que muchas editoriales generalistas con muchos más medios —humanos y materiales— a su alcance.

¿Que hay traducciones infectas en el mundillo del fantástico? Sí, sin duda. ¿Qué la media de calidad en las traducciones es más baja que en el mundo editorial general?

Repito. Sospecho que no, para nada.

3 comentarios

  1. Aún me duele al bolsillo la pasta que me gasté en la primera edición de La torre oscura VII… que, vale, es género fantástico, pero es Stephen King y Plaza y Janés… estaba tan mal traducida que había cosas directamente ininteligibles, y se vieron obligados a repetir la traducción en la siguiente tirada… con mi consecuente cabreo, claro, que yo ya había soltado la guita.

  2. A mi lo que me hace daño a la vista es el leísmo, laísmo y loísmo que domina en muchas novelas traducidas. Es lamentable que unos traductores con su licenciatura y sus estudios sobre lengua española aún no hayan aprendido estos conocimientos básicos.

  3. Estoy de acuerdo. En las colecciones más cuidadas, las que miran más la biblioteca de autor, caso de Anagrama, Mondadori o Tusquets, por poner jemplos, es difícil encontrar esos subniveles de edición y traducción, pero en muchos best sellers de Planeta, Plaza & Janes, Grijalbo, etc, sí que se pueden encontrar estas bajas calidades. Yo creo que al aficionado a la ciencia ficción le pierde su afán de protagonismo. Su género no sólo es diferente por las cosas buenas, sino también por las malas. La cosa es que sea “especial”. Y lo cierto es que, como dices, hay grandes editoriales en cuyos libros se cometen errores de bulto.
    Me refiero en calidades medias de cagadas, aclaro, porque lo que sí es cierto es que cuando la edición de cf se sumerge en el inframundo es inimitable. Cinco de las cinco peores ediciones que he tenido en mis manos a lo largo de mi vida pertenecen a libros de cf.

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