El invierno del dibujante

El invierno del dibujante

Poco puedo decir de El invierno del didujante, el cómic que acaba de publicar Paco Roca y que rememora las visicitudes de un grupo de dibujantes en la Editorial Bruguera a finales de los años cincuenta.

En realidad, puedo decir mucho. Y prácticamente todo bueno. De hecho, muy bueno.

Pero, aparte de comentar que es uno de los mejores tebeos (sí, un tebeo, una historieta, un cómic… no una novela gráfica, se pongan como se pongan los esnobs) que he leído en mucho tiempo y de recomendar su lectura encarecidamente, tengo la sensación de que es innecesario decir nada más.

No revelo ningún secreto si digo que Paco Roca se está convirtiendo en uno de los mejores narradores de este país en su medio: el tan difícil como a menudo ninguneado medio de la historieta. Lo lleva demostrando unos cuantos años.

Y, con El invierno del dibujante ha estado muy cerca de dar el do de pecho. La minuciosa documentación de la época usada sin estridencias, sin darle importancia, siempre al servicio de la historia y la ambientación; el juego con el color con el que tiñe cada grupo de páginas; el inteligente trastocamiento del fluir temporal, que permite que lo sucedido funcione como un rompecabezas que se va componiendo poco a poco en nuestra mente; la naturalidad, la cotidianidad con la que todo está contado; el evidente cariño teñido de nostalgia por unos personajes y un medio… en fin, todo eso se confabula para hacer de El invierno del dibujante el mejor cómic que ha creado Paco Roca hasta la fecha.

Y recalco lo de «hasta la fecha».

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