Primigenio

El fútbol, en general, no me entusiasma. La última vez que vi un partido… bueno, no recuerdo cuándo fue, pero seguro que ni siquiera estábamos en este siglo.

Ayer, tomaba algo en la terraza de nuestro café habitual (el Trisquel, para quienes no lo sepan, que ha acogido nuestra tertulia desde que, hace unos años, el Avalón cerrase sus puertas) e iba oyendo las vicisitudes de la final del Mundial a medida que se sucedían las oportunidades perdidas de gol o Casillas lo iba parando todo.

Qué narices. Llegado un momento no resistí más y decidí ver la prórroga.

Soy un tipo civilizado, me digo a mí mismo, racional, apátrida, antitribal.

En dos minutos todo eso se había ido al carajo: el subidón de adrenalina fue inmediato y allí estaba yo, uno más de la tribu, animando a sus guerreros, echando pestes del árbitro, cagándome en esos marrulleros de naranja, pasándolo mal cada vez que se acercaban a nuestra portería. Gritando, haciendo aspavientos, mordiéndome las uñas a medida que pasaba el tiempo y perdíamos esta oportunidad y la otra y pegando un salto y un grito bestial cuando, por fin, el balón entró en la maldita portería. Luego, los agónicos minutos hasta el final del partido, temiendo un empate, pensando “no la caguéis, no la caguéis, no les dejéis acercarse”.

Disfruté sin cortapisas, de un modo totalmente desinhibido, irracional, salvaje. Me lo pasé de miedo. Y acabé agotado. Y eso sin haber visto el partido entero.

Fue una sensación curiosa. Comprender el modo en que, en lo más hondo de uno mismo, el primate tribal, territorial y agresivo sigue existiendo.

Fue gratificante, sin duda.

Ahora, pensándolo un poco, me da algo de miedo.

Pero, qué coño.

Moló.

5 comentarios

  1. Me alegro por ti, una cosa es saber que es irracional y otra no poder disfrutarlo, como se puede disfrutar de una montaña rusa o del sexo. Somos primates, algo racionales, pero si intentamos evitar el disfrute irracional nos estamos haciendo infelices voluntariamente, y no tiene ningún sentido.

  2. Pues yo estaba con unos amigos en una cafetería y aunque había fútbol (por suerte a volumen muy alto, ni con mucha gente), ni me inmuté. Lo mejor de estos partidos es que la gente se queda en casa y la ciudad está más tranquila.

  3. Lo de que la gente se queda en casa me choca. En gijón toda cafetería con televisión mas o menos visible se llenaba hasta los topes en los partidos de españa. Y las que no la tenian en una posición demasiado visible tenian todos los alrededores de la misma mas o menos llenos de gente : P.

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