Pesadilla en Elm Street

Al principio nos pareció una buena idea, el modo perfecto de rentabilizar la máquina del tiempo. Unas pocas entradas a un precio exorbitante y nos forraríamos.

Supongo que nos dejamos llevar por la avaricia.

El maldito montículo acabó lleno de gente. No tardaron en empezar a pelearse unos con otros. Todos querían ser el que apretase el gatillo. Estaban tan ocupados gritándose y pegándose que ya se habían olvidado de la limusina.

Tuve que disparar yo mismo. Un poco más y el maldito Kennedy sale vivo.

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