Sensatez

Me han resultado sorprendentemente refrescantes (por lo sensatas) las palabras de Fernando Guillén Cuervo que leí ayer en el periódico La Nueva España, referidas a la piratería y quién es el responsable de la actual situación del negocio.

Ojalá alguien dijera cosas como estas más a menudo:

la culpa de que exista [la piratería] y del daño que está haciendo no es de los que bajan películas gracias a internet, sino de los que trabajamos en el cine, que no hemos sabido afrontar una nueva realidad. Nosotros somos los que tenemos que tomar medidas para cambiar el panorama. Se deben crear portales donde el precio del producto sea justo para el consumidor. ¿Por qué va a pagar 25 euros un joven por un DVD si sabe que eso no es lo que cuesta? En el mercado del vídeo hay una plusvalía enorme que se están llevando las distribuidoras. Si ponemos las bajadas a un euro los jóvenes van a pagar porque eso es lo que se gastan, por ejemplo, en los politonos. Es injusto que al creador no le llegue el dinero para que otros que están en Estados Unidos se lleven la pasta porque el cineasta necesita ese dinero para seguir con su trabajo. Tenemos que organizarnos para que las bajadas sean limpias y el consumidor pueda comprar cine a un precio asequible. Está en nuestras manos y debemos hacerlo.

Fernando Guillén Cuervo

7 comentarios

  1. Alguien sensato, si señor. No se si pudiste escuchar las palabras de Rodriguez Ibarra el Domingo en el programa de El Follonero, pero fueron igual de sensatas (un político que puso, su gobierno, Linux en todas las escuelas de su región para abaratar y no dar dinero a una multinacional).

  2. Una iniciativa con algo de sentido, aunque de momento no la he usado. En la PS3 tienen un servicio de descarga de películas, compra o alquiler, la compra está por unos diez euros, el alquiler por dos, hablo de memoria. La mayoría de veces cuando bajo algo es para verlo y borrarlo, es posible que lo almacene por si alguien me lo pide, pero realmente no suelo volver a verlo. Un alquiler por dos euros me parece bien, una canción por un euro, por cierto, o un politono, me parecen un robo.

    Una película, por muy glorificada que esté, no es más que dos horas de entretenimiento, de media. Ya me parece bastante pagar el dineral que cuesta verla en el cine, pero allí al menos te ponen la butaca, la pantalla y el sistema de sonido.

  3. Pues no. Ya se puede empeñar en ponerlo a duro, que no. El problema es que compites contra un producto de valor cero.

  4. Tus matemáticas son impecables.

    Pero me temo que el mundo no funciona del todo de un modo matemático. Tengamos en cuenta que, con los precios actuales, se siguen vendiendo DVDs, discos y hasta e-books, cosa que, con el razonamiento que haces, no debería pasar.

  5. Como siempre, es sencillo caer en la demagogia con los precios. El coste de descargarte algo no es cero. Requiere el tiempo de búsqueda, la descarga en si misma y el almacenamiento. Algo que puede parecer trivial para alguno de nosotros y profundamente incómodo para otros. En películas y series se da el caso extremo, con descargas que no son lo que dicen, calidades que no son las que se quieren y con tamaños que después no se sabe como almacenar.
    Lógicamente, en libros de menos de 10 Mb, todo es mucho más sencillo.
    El usuario está dispuesto a pagar un precio bajo, algo que queda patente en las descargas de aplicaciones del iPhone, muchas de ellas con costes inferiores al euro, si se le ofrece algo a parte. Y ese algo es sencillez de búsqueda, almacenamiento e inmediatez. Y si, precio, pero no necesariamente.

    Existen muchísimos profesionales que están comprando Kindle como lector de ebooks para comprar libros técnicos en la tienda de Amazon. La razón no siempre es el precio, pues hay ocasiones en los que la versión digital cuesta lo mismo (mientras que otras es más barato), sino la inmediatez y almacenamiento. En el momento que está disponible en Estados Unidos es cuestión de conectarse a la web y en un minuto lo puedes leer. Ese proceso suele llevar mucho más en un soporte físico. Por otro lado, cuando terminas de leerlo no te ocupa espacio y si en alguna ocasión quieres revisarlo es suficiente con conectarse y descargarlo, ya lo tienes pagado de antes.

    Puede que los usuarios no estén dispuestos a pagar por contenidos, pero sin duda están dispuestos a pagar por comodidad. Lo que no es lógico es poner películas a 20 € en soporte digital, pero la compra a 6 € (por poner un número) y el alquiler a 2 € (en el videoclub de la esquina es lo que cuestan las novedades) es algo realmente razonable. Si lo sumas a un interfaz cómodo, ahí si hay futuro.
    El problema es que las organizaciones de defensa de sus derechos de autor solo quieren que pagues. Y mucho. Lo cual es totalmente absurdo.

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