Como si no pasara el tiempo

A veces sospecho (seamos sinceros, más que sospechar, estoy casi seguro, y no es sólo “a veces”) que los artistas (o creadores, si así lo preferís) españoles no se han enterado de que ha tenido lugar la Revolución Industrial, con todo lo que eso trajo aparejado para el profesional de las artes (incluido, ojo al dato, la creación del propio concepto de “profesional de las artes”) y siguen anclados al modelo de buscar un mecenas que les financie sus caprichos artísticos. A ese mecenas puede llamársele “subvencion del estado”, “implicación institucional con la cultura” o como a cada uno le plazca. Pero no deja de ser un mecenas como lo eran los de antaño y que, por definición, convertían al autor/creador/artista en un mantenido.

La diferencia es que ahora el artista exige un mecenazgo sin contrapartidas. Yo hago lo que quiera y, si no te gusta, me sigues pagando igual. ¿Resultados de taquilla? ¿Qué pasa, vamos a ponernos materialistas? Que lo mío es arte, hombre, que yo trabajo para la posteridad.

Así que mantenme, subvencióname y déjame hacer lo que quiera. Aunque nadie lo quiera ver/leer/oír/mirar más allá de mis familiares, mis amiguetes y yo mismo, que todos estamos convencidos de que soy la megahostia de que te cagas.

Aunque no lo parezca, todo esto viene a cuento del Avatar de James Cameron. Y del hecho de cómo a algunas mentes de este país la expresión “cine comercial de autor” sigue haciendo que les revienten las neuronas (las dos), incapaces de aprehender el concepto.

3 comentarios

  1. Ufff… terreno espinoso éste. Porque por un lado, sí, existe el cine comercial de autor o, simple y llanamente, el cine comercial de calidad (véase Cameron, véase Spielberg). Pero no todo el cine de calidad es comercial, y eso es impepinable (véase Mullholland Drive), igual que no todo el cine comercial es de calidad (véase Saga Crepúsculo).

    Y ahí entamos en el problema de las subvenciones del estado. ¿Le damos dinero a los productos que van a ofrecer esa contrapartida llamada taquilla? Vale, asumo que no estamos hablando de dárselo a la Saga Crepúsculo, sino a los Cameron y Spielberg nacionales, de haberlos. Eso es, de hecho, lo que pretende el nuevo borrador de la Orden Ministerial, la Orden de la discordia. Y, tal como lo has expresado, Rudy, tiene todo el sentido del mundo. La postura de quienes se enfrentan a ello, sin embargo, tiene también un sentido aplastante: Spielberg y Cameron, dado el rendimiento económico de sus películas, van a poder hacerlas sin subvención. Lynch no. Y es conveniente que existan ambos, porque no sólo de Spielberg vive la historia del cine. Y ahí entraríamos en el concepto de excepción cultural, y tocaría otra parrafada igual de larga, y no es plan, que es tu blog, no el mío!

  2. Cálmate Rudy, tú no eres lo suficientemente bueno como para que se planteen tan siquiera darte una subvención.

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