El gran olvidado

Hoy la prensa asturiana dedica buena parte de sus páginas a loar la figura de Sabino Fernández Campo. Entre las muchas cosas que dicen los distintos líderes políticos, hay una que se repite una y otra vez y que podría resumirse más o menos así:

Hay tres nombres clave en la Transición española: Adolfo Suárez, Felipe González y Sabino Fernández Campo.

Y confieso que esa idea, como digo repetida varias veces, hace que me hierva un poco la sangre. No porque esté en desacuerdo con la valoración de la importancia que pudo tener Fernández Campo en el proceso de Transición, sino al ver cómo implícitamente se está ninguneando y sepultando en el olvido de nuestra memoria política a un hombre como Torcuato Fernández-Miranda, cuya intervención fue clave en el proceso de la Transición y sin el que las cosas habrían sido muy distintas.

Sin su mano izquierda, sin su capacidad para nadar entre dos aguas sin comprometerse con nadie, sin su habilidad zorruna y sutil, es posible, para empezar, que Adolfo Suárez nunca hubiera sido presidente de gobierno y, por tanto, no hubiera podido liderar la Transición. Por no mencionar el texto de la Ley para la reforma política que permitió que el proceso de un régimen autoritario a una democracia occidental se realizase sin rupturas ni vacíos legales y que Fernández-Miranda entregó a Suárez diciendo, con sencillez: «Aquí te dejo esto, que no tiene padre».

Torcuato Fernández-Miranda fue, sin duda, la eminencia gris de todo aquel proceso, el hombre que, entre bastidores, hizo auténticos encajes de bolillos para que las cosas funcionaran y que, una vez acabada su tarea, tuvo la elegancia de retirarse de la vida pública sin alardes ni estridencias. Nunca fue una figura notoria y jamás gozó de grandes simpatías, ni entre los afectos al viejo régimen ni entre la oposición democrática. Tal vez porque nunca se «casó» con nadie.

No diré que sin él no hubiera habido Transición. Pero sin duda, el proceso habría sido mucho más traumático y quién sabe si sangriento.

Ver cómo hoy se lo sepulta en el olvido me cabrea un poco, como he dicho. No me sorprende, porque temo que Fernández-Miranda fue una figura incómoda incluso para aquellos que se sirvieron de él. Así que enterrarlo y no volver a hablar de él es quizá lo esperable.

Pero me sigue cabreando un poco, qué le vamos a hacer.

3 comentarios

  1. Total, absoluta y completamente cierto. Fernández-Miranda fue el hombre clave en la transición; quizá incluso más que el rey.

  2. Es cierto. A fuerza de que nadie lo haya nombrado durante años, me había olvidado completamente de él. Sin estómagos agradecidos es como si no hubieras existido jamás.

  3. Tan olvidado que yo, que soy algo más joven, confieso con sonrojo que juraría no haber oido hablar de él. Me ha sonado el nombre al leerlo, pero que me maten si soy capaz de decir algo de este hombre. Verdaderamente vergonzoso si fue tan importante como tú dices.

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