Donde dije “digo”…

Así, con total naturalidad, la prensa española ha pasado en unas semanas de, más o menos, negar que hubiera habido un golpe de estado en Honduras, a mencionarlo una y otra vez.

Leed los periódicos del último mes y comparad el tratamiento informativo que se le dio en un inicio al asunto al que se le está dando ahora.

Mientras fue noticia de portada, se evitó con un cuidado exquisito la menor alusión que pudiera llevarnos a pensar que lo que se había producido en Honduras era un golpe de estado contra un gobierno constituido democráticamente. Al contrario; sin decirlo de un modo explícito, la sensación que nos quedaba era que las fuerzas democráticas del país latinoamericano se habían visto obligadas a tomar medidas contra ciertos intentos totalitarios del presidente del gobierno.

Ahora que todo lo referente a Honduras ha pasado a las páginas interiores (cuando no a ignotos rincones apenas consultados del periódico) sí que se habla de golpe de estado sin ningún problema. Que, por otro lado, es lo que fue.

Por supuesto, se sigue mareando la perdiz. Cuando se habla de enfrentamientos entre los ciudadanos y los golpistas, los diarios siguen hablando de enfrentamientos entre los partidarios del presidente depuestos y de los gobernantes actuales, como si ambos “bandos” estuvieran pie de igualdad moral o ideológica.

Lo que me llama la atención de todo el asunto, sin embargo, es el modo que se ha rectificado sin rectificar, la manera en que el sesgo de las noticias han ido desde la justificación casi explícita de un golpe de estado contra un gobierno democrático a la condena (más o menos -a veces, en algunos casos, sigue siendo menos que más-) del mismo hecho. No debería sorprenderme. Esa habilidad de la prensa para decir “Diego” donde unos días atrás había dicho “digo” y asumir que siempre ha sido así, que ellos nunca dijeron “digo” y si alguien lo recuerda de ese modo es que les falla la memoria, es algo habitual en nuestro mundo.

Pero no he perdido la capacidad de sorprenderme. Sigo asombrándome como un niño cada vez que alguien dice todo lo contrario de lo que decía hasta hacía poco y lo hace como si nunca hubiera dicho lo anterior.

Aunque, en el fondo, lo que más me asombra es que, pese a todo, funciona.

2 comentarios

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.