Por supuesto, otra forma de ver las cosas distinta a la mía es imposible, faltaría más

Ese gigante intelectual, ese campeón del pensamiento crítico y racional que es el Papa Benedicto XVI dijo allá por 2007:

Digámoslo muy simple: el hombre necesita a Dios, de otra manera se queda sin esperanza.

En otras palabras: yo (Benedicto XVI) necesito a Dios para justificar mi existencia o mi vida carece de esperanza; por tanto, es lógico pensar que a todos los demás les pasa así. Verlo de otra forma sería impensable.

En fin, la verdad es que no debería hacer falta ni discutir eso. Pero parece que sí, que a algunas cabezas pensantes no les entra en la ídem la posibilidad de que otros contemplemos la vida de un modo distinto al suyo.

¿Que necesitas la idea de un Dios para justificar tu existencia? Muy bien, hermano, estás en tu derecho, es asunto tuyo y nadie tiene derecho a meterse contigo por eso. Es más, estoy dispuesto a batirme el cobre por tu derecho a pensar y sentir de esa manera. Ahora bien, no intentes venderme la moto de que eso (personal, tuyo e intransferible) que tú necesitas para estar completo es una verdad universal, evidente por sí misma.

Muchos no necesitamos de nada fuera de nuestra propia vida para que nuestra vida esté justificada, llena de esperanza, de alegrías y de momentos cojonudos. Mi vida merece la pena por sí misma. Tiene sentido. Y lo tiene, porque yo he decidido dárselo. No necesito justificarla con Dios.

Y, de paso, no necesito el temor al infierno para tener mi propio sistema ético y moral. Si soy bueno, lo soy por elección y porque creo que así es como tienen que hacerse las cosas, no porque alguien “de fuera” haya venido a decirme que así deben ser y que, además, más vale que las haga de ese modo, o se me va a caer el pelo.

6 comentarios

  1. Como deciamos en la academia, los “de fuera” miran y dan tabaco (y si se ponen pesados también regalan dientes)

  2. Aunque en lo básico estoy de acuerdo con el mensaje de la entrada, y en general con su carga ideológica, te señalo que “tu sistema ético y moral” no es en realidad tuyo. No se te ha ocurrido a tí solito (aunque hubieras podido). Fuiste educado en la moral judeocristiana, y tu sistema de valores es fruto de una larga herencia cultural, en la que tiene un peso no precisamente escaso la ideología cristiana.

    A lo largo de los últimos días he leído citas, intervenciones e ingeniosas opiniones -no sólo aquí- acerca de la inutilidad básica de la religión. Tengo que decir que me han parecido casi infantiles en su simplismo práctico. Aunque es cierto que la religión no nos ha dado directamente tostadoras o motores de inyección (la literatura o la música, tampoco, y no las menospreciamos por ello) sí ha aportado a las diferentes culturas los principios morales y de convivencia que estas necesitaban para subsistir ordenadamente.

    Hubiera habido caminos mejores. Sin duda. También hubieran podido crearse esos sistemas éticos y morales tomando como base mejores teorías religiosas, y con procesos menos traumáticos. Por supuesto. Sin embargo, eran las herramientas que había, y como tal han servido en épocas en las que la falta de medios, de tecnología, de medios de difusión cultural y de oportunidades no ofrecían un método mucho mejor de llegar a la gente de una forma directa y eficaz.

    Todos los sistemas éticos y morales en los que la humanidad ha basado su comportamiento tienen una base religiosa. La propia filosofía, de la que se deriva al fin una ética independiente del hecho revelado, nace como una reacción intelectual a las imposiciones irracionales del hecho religioso. Si hemos alcanzado un nivel intelectual y un sistema de valores capaz de prescindir del hecho religioso es porque hemos tenido sociedades ordenadas que han permitido el desarrollo del pensamiento racional y el intercambio de ideas, y ese orden a menudo ha sido posible, precisamente, gracias a la existencia de un mecanismo tan poderoso como la propia religión.

    De hecho, estoy absolutamente convencido de que la existencia de la religión -de cierto tipo de religión y sus cismas, como es el caso del cristianismo- nos ha permitido en Occidente llegar a un tipo de sociedad en la que el hecho religioso pueda ser superado, o al menos mantenido dentro de ciertos límites que lo vuelvan un fenómeno estrictamente personal e intimo de quien lo desee o necesite, que es lo que debiera ser, y no lo que es ahora mismo. Y desde ese punto de vista la religión me parece mucho más práctica y funcional que una cafetera o una bicicleta.

  3. Estoy de acuerdo con tu argumentación (que por otro lado no invalida una sola de las palabras que he escrito en el post, a poco que lo pienses), y al mismo tiempo estoy profundamente en desacuerdo.

    Todo lo que dices es cierto… en pasado. Del mismo modo que quizá podemos afirmar que sin astrología no habría habido astronomía o sin alquimia no habría habido química. Pero llega un momento en que hay que dejar esas cosas atrás, tirar las muletas y aprender a caminar por uno mismo. No podemos pasarnos el resto de nuestra existencia como especie inteligente justificándonos en base a lo que una especie de padre espiritual omnipotente considera que es mejor para nosotros mismos. Ya va siendo hora de que caminemos solos de una puñetera vez, si queremos llegar a ser adultos como especie algún día.

  4. Tampoco es enteramente exacto afirmar que “todo” sistema ético o moral viene directamente del pensamiento relgioso. Se sabe que ciertas tendencias como la solidaridad y la compasión son en realidad tendencias afincadas en los genes, producto de un giro determinado de nuestra evolución, de la misma manera que la conciencia surgió como rasgo evolutivo que a la postre nos permitió sobrevivir e imponernos a otras especies de homínidos. Las explicaciones racionales -y allí hemos de incluir las religiones, por cierto- surgieron después de haber alcanzado nociones de convivencia derivadas de nuestras conquistas biológicas, conquistas cuyo mérito no nos pertenece. En todo esto, la religión cristiana se nutre de religiones anteriores y de sistemas de pensamiento distintos a la religión que le sirvieron de base. Hoy en día, semejantes datos sólo nos ilustra el porqué de nuestra existencia y de nuestra manera de pensar, no justifica los atropellos que se cometen actualmente en nombre de la religión.

  5. Lo de que la Solidaridad y la Compasión están afincadas en nuestros genes como tendencias me parece un planteamiento muy original, pero precisamente recurriendo al método científico -la observación y la experimentación, por ejemplo aplicadas a cualquier periódico- yo desecharía completamente la teoría. De hecho, basta con leer a Séneca para darse cuenta de que incluso entre las clases cultas e ilustradas tales sentimientos se consideraban excentricidades hasta la plena implantación de la ideología cristiana (siempre hablando desde un punto de vista teórico, claro) al menos en el mundo occidental. Otra cosa es que el comportamiento grupal y sus circunstancias haya sido adoptado por la especie como un rasgo que aumentaba sus posibilidades de supervivencia. Es algo que también hacen las anchoas y los atunes, y eso no los vuelve especialmente compasivos.

    En realidad, creo que estamos hablando de dos asuntos distintos. Uno de ellos es la cuestión de si hemos alcanzado un estado cultural y social que permita superar la religión como mecanismo y vivir sin embargo en base una cierta ética. Si somos lo suficientemente adultos o maduros como especie, como ha dicho Rudy. Es decir, si podemos.

    Y la otra cuestión es si queremos. Es decir, si habiendo alcanzado las herramientas necesarias de comprensión y reflexión y a pesar de poseer un posibilidad de comportamiento ético desligado de causas sobrenaturales, la gente QUIERE prescindir de la religión. Y ese es un tema diferente. Hay gente que no sólo necesita creer, sino que quiere creer. Elige creer. Y eso es enormemente personal, intimo, y mientras no interfiera en el modo de vida ajeno, ni pretenda gobernarlo, es sumamente respetable.
    Evidentemente, no deberían permitirse los excesos cometidos en nombre de la fe, del mismo modo que no deberían permitirse los excesos cometidos en nombre del amor, que es algo igualmente inaprensible, indefinible e indemostrable, pero que no se pone prácticamente en duda porque todo el mundo pretende o cree haber estado enamorado alguna vez…

    El problema es que nuestra percepción del hecho religioso viene de la mano de la Iglesia Católica, del Cristianismo y, en general, de los Monoteísmos, que por definición son proselitistas, exclusivistas y paternalistas. Es decir, pretenden imponer su estilo de vida, ideas y creencias porque parten de la base de que debes ser salvado AUNQUE NO QUIERAS, que en el fondo eres como un niño pequeño que debe ser protegido de sí mismo y del peligrosísimo Libre Albedrío (que sin embargo algunas dicen reconocer), y que sólo ellos tienen la llave de esa salvación. Desde mi punto de vista, la desaparición del paganismo y los politeísmos dejó el hecho religioso en las peores manos posibles, si es que ha de haber sentimientos religiosos. Lástima que a Juliano el Apóstata se lo cargaran tan pronto…

  6. Sospecho (y admito que es una sospecha que no puedo avalar con evidencias) que, con el tiempo suficiente, cualquier religión organizada acaba degenerando en alguna forma de monoteísmo o, de no ser así, en alguna variante dogmática que acepta como axioma que su forma propia de religiosidad es la única correcta y el resto son aberraciones que deben ser erradicadas. Especialmente en el caso de que esa religión acabe cerca del poder temporal, o convertida en el propio poder temporal.

    Repito que no tengo pruebas que avalen eso, no soy un experto en el tema.

    En cualquier caso, no tengo ningún problema en aceptar que parte del género humano necesite (o quiera) algún tipo de expresión religiosa para que su vida esté más plena. Lo que no acepto es que me digan que sin algún tipo de expresión religiosa una vida plena es imposible o que se pretenda convertir en objetivo y universal algo tan ferozmente subjetivo. Siempre recuerdo el caso americano: esa obsesión de que hay que creer en un dios, no importa cuál, en tanto creas en alguno, como si el ateísmo fuera una especie de lacra horripilante que hay que evitar a toda costa.

    Comprendo que, en cierto modo, las religiones dogmáticas (que hoy, por hoy, son las dominantes en el mundo, nos pongamos como nos pongamos) le tengan más miedo al ateísmo que a las otras religiones. Después de todo, en el último caso estás en el mismo juego que ellos y, en el fondo, con unas reglas muy parecidas. Crees, por lo tanto, si crees en la religión X tienes el “equipamiento” para que venga la Y y te convenza de que es mejor que la tuya.

    Los ateos son (somos) los que se niegan a jugar. Los que se han salido del juego y se niegan a participar en él. Son, por tanto, no sólo un material más difícil (siempre será más fácil cambiar de orientación una creencia que crearla allí donde no hay ninguna) sino más peligroso: son un ejemplo práctico y concreto de que se puede vivir sin ninguna religión y no pasa nada. Son el verdadero enemigo a temer.

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