Whedon sigue en la brecha

Recientemente he visto lo que, supongo, son las dos últimas series que ha preparado Joss Whedon: Dr. Horrible’s sing-along blog y Dollhouse.

La primera es una miniserie para internet de tres breves capítulos que, entre otras cosas, juega con los clichés (qué raro, Whedon jugando con clichés) del científico loco que quiere conquistar el mundo y el superhéroe pagado de sí mismo. Con Neil Patrick Harris (el “legendario” Barney de Cómo conocí a vuestra madre) y Nathan Fillon (el Malcolm de Firefly) en los papeles principales,  es una cosa inclasificable que navega entre la parodia y la comedia musical, para acabar desembocando en un inesperado (o no tanto, conociendo a Whedon) giro oscuro que hace que termines el tercer capítulo con una sensación que es cualquier cosa menos agradable. Una vez más, Whedon juega a reventar las expectativas del espectador y, una vez más, lo hace de un modo magistral.

Dollhouse es otra cosa, una serie regular concebida para durar varias temporadas y que ha estado al borde mismo de la cancelación en su primer año. Las noticias son que habrá, al menos, una segunda temporada, pero durante unos cuantos meses se temió que los doce episodios emitidos hasta el momento serían todo lo que tendríamos, en una repetición de lo que pasó en su momento con Firefly. De hecho, Whedon llegó a filmar un episodio trece que, en cierto modo, hacía lo que en su momento hizo Serenity con Firefly y que funciona como una especie anticipo o resumen de lo que podría ser la segunda temporada.

Ahora que la sombra de la cancelación ya no pende sobre la serie, me pregunto si Whedon usará esas líneas argumentales que dibujó en el episodio trece o convertirá éste en una especie de futuro alternativo que quizá no pase nunca, una especie de versión de aquel Días del futuro pasado que fue uno de los arcos argumentales más recordados de los X-Men de Claremont y Byrne.

Ni idea. Lo sabremos a partir de setiembre en todo caso.

Entretanto, ver estas dos series me ha demostrado que Whedon sigue gozando de buena salud creativa. Sospecho que el modo en que trata los temas que trata, a su particular manera, lo condenarán a que ninguna de sus series sea jamás líder de audencia, pero espero que al menos se mantengan en una cómoda middle-list que evite su cancelación prematura y podamos seguir disfrutando de capacidad para hacer buena televisión de género y, sobre todo, su envidiable habilidad para jugar con los clichés y dinamitarlos en el proceso.

La primera temporada de Dollhouse, es cierto, promete más de lo que da. Pero son promesas interesantes que, estoy seguro, madurarán del modo adecuado si se le da tiempo a su creador para ello.

Crucemos los dedos.

2 comentarios

  1. Dejé Dollhouse allá por el sexto o séptimo capítulo. Me harté del recorrido por el cliché de serie americana, que en esta ocasión es más descarado que en cualquier otra, porque esencialmente no acababa de saber a cuenta de qué venía tanta revisión. Cacería humana en los bosques con chalado incluído, comunidad religiosa con rollito oculto, cantante de fama borde que es una persona como cualquier otra…, en fin. No encontré ni ironía, ni sarcasmo, ni mensaje subliminal ni nada. Más allá de algún giro inesperado (lo del sillazo a la cantante, por ejemplo), no acabo de ver qué tiene de interesante.

  2. Le pasa lo que les pasa a casi todas las series de Whedon: que no termina de despegar, se demora demasiado en los detalles y no empieza a realizar del todo su potencial hasta que lleva un rato avanzada (recordarmos las primeras temporadas de Buff o Angel. Promete, más que dar, como digo en la entrada.

    Sin embargo, a mí esas “promesas”, esos pequeños atisbos que voy viendo aquí y allá de toda la tramoya son suficientes para mantener interesado y seguir con la serie.

    Quizá uno de los problemas de Whedon es que su planteamiento de serie es un tanto anticuado, más al estilo de lo que eran las series a finales de los ochenta o principios de los noventa.

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