Evolución, creacionismo, diseño inteligente

Aunque ya tiene unos cuantos meses, tengo que recomendar la siguiente entrevista que Luis Alfonso Gámez le hizo a Franciso J. Ayala en su sitio web Magonia. Lo que el biólogo dice sobre la teoría de la evolución, el creacionismo (y su hijo disfrazado de falso cientifismo, el diseño inteligente) no tiene desperdicio.

Y aprovecho para aclarar algo que lleva dando lugar a confusiones (y armas a algunos de los que niegan la evolución) y es el uso del término “teoría” que se da en el ámbito científico.

No es infrecuente oír “la Teoría de la Evolución es sólo eso, una teoría, no está probada”.

Y en el lenguaje común eso sería cierto. El problema es que eso que nosotros llamamos teoría (una idea que se nos ha ocurrido, que es una posible explicación de algo y de la que aún no tenemos prueba) es lo que los científicos llaman “hipótesis”. Cuando la hipótesis está avalada por experimentos, está describiendo de forma adecuada el mundo real tal como lo conocemos y todas y cada una de las pruebas que encontramos la avalan y no hay un solo elemento en el mundo que la contradiga, deja de ser una hipótesis y se convierte en una teoría.

En otras palabras: una descripción correcta del fenómeno. Y lo sigue siendo hasta el momento exacto en que aparezca una sola evidencia en contra.

Y a la Teoría de la Evolución le pasa exactamente eso. Todo cuando sabemos (el registro fósil, el parentesco genético entre todas las especies del planeta, el modo en el que hemos ido viendo cómo el ambiente selecciona unos individuos y otros) avala la Evolución. Y no hay una sola prueba en contra.

Hay creencias, claro. Pero no hay pruebas, no hay evidencias. Éstas racalcan una y otra vez (casí diría que lo remachan) que la Evolución es una explicación correcta de cómo funciona, ha funcionado y seguirá funcionando la vida en la Tierra (y, sin duda, en el resto del universo).

Como Ayala comenta en su entrevista: “la Evolución está más comprobada que la teoría heliocéntrica”.

Por supuesto, cada uno es muy libre de creer que el Sol gira alrededor de la Tierra o que el mundo fue creado el 26 de octubre de del año 4004 AC a las nueve de la mañana. Las pruebas, sin embargo, dicen otra cosa.

Supongo que, tal y como se comenta en la entrevista citada más arriba, el verdadero problema de la evolución es que fue lo que dio la puntilla a nuestra verdadera importancia en el orden de las cosas: pasamos de ser el centro del universo a ser un planeta más de un sistema solar poco importante en una galaxia del montón. Darwin remató eso diciendo que los seres humanos éramos, como el resto de la vida del planeta, fruto del azar. No había nada especial en nosotros.

Eso tuvo que ser muy duro de tragar. Y aún lo es, supongo.

Pero es lo que tienen lo hechos. Que joden un huevo. Y les preocupa más bien poco resultar convenientes o no.

3 comentarios

  1. La verdad es que Darwin concluyó la mal denominada revolución copernicana (porque Copérnico no era “copernicano”). Y precisamente por eso es tan fuerte la reacción ante su idea de selección natural, que ciento cincuenta años después sigue tan viva como siempre.

    El problema está en todos aquellos que desde los ámbitos académicos de las “ciencias sociales” y las “letras” ponen en duda la verdad científica, dejando el terreno abonado para los enemigos del pensamiento racional. El posmodernismo ha hecho mucho daño y me temo que es irreparable.

  2. Poner en duda las cosas no sólo no es malo, sino recomendable. Tener una mente abierta y no dar nada por sentado debería ser una norma fundamental para todos. El problema es cuando tienes la mente tan abierta que el cerebro se te cae.

    Es precisamente, la paradoja del “investigador de lo paranormal”, que acusa a la “ciencia tradicional” de cerrazón de mente y de dogmática cuando el primer cerrado de mente y dogmático es él mismo: no importa cuántas veces demuestres la falsedad de sus creencias o le pongas por delante de la cara la ausencia total de pruebas de las mismas: él sigue creyendo y acusando a aquellos que se pasan la vida poniendo a prueba lo que sabemos del universo y confirmándolo o refutándolo en base a experimentación y recogida de evidencias de ser “cerrados de mente”.

    Cuando los hechos contradicen un postulado científico, éste deja de tener valor y se intenta buscar uno nuevo que se ajuste a los hechos. Cuando los hechos contradicen un fenómeno paranormal, los hechos están siendo manipulados por un oculto poder en la sombra del que, por supuesto, no hay pruebas.

    Eso es tener la mente abierta… tanto que, como he dicho, el cerebro se te acaba cayendo.

  3. Yo no veo el problema de las ciencias como un atentado de los científicos “sociales” ni de la gente de letras. Las ciencias sociales son ciencias, no son inventos imaginados por locos. El problema es que su sujeto de estudio es la cultura y el ser humano como individuo social, por tanto, sus postulados son más difíciles de tragar. Pero son ciencias.
    La gente de letras que es verdaderamente de “letras” es lo suficientemente intelectual para abrir su mente (sin que se le caiga el cerebro) de la misma manera que un científico lo hace (un buen científico).
    El problema comienza con la ignorancia, con los prejuicios, con los temores y con la credulidad de las masas. En este punto, las religiones no ayudan mucho a fomentar el espíritu crítico, pues más bien alientan la aceptación de los dogmas y cuando mezclan esos dogmas con hechos científicos, comienzan los rechazos airados y los problemas, tal como sucede con la evolución y la teoría heliocéntrica. Como no se ajustaba a la Biblia (o al Corán), no podía aceptársele y punto. Ese es un mal punto de partida. Otro mal punto de partida es creer que todo lo que los científicos hacen o descubren es falso, son montajes. Eso es ignorancia pura y exceso de perspicacia (o lo que suponen lo es).
    En general, seguiremos viendo este tipo de actitudes en el futuro. Vienen con el paquete de opciones de toda sociedad humana.

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