Una fábula

Imaginemos un gobierno que saca una adelante una normativa que sabe ilegal. No sólo él. Lo saben también los sindicatos que representan a los trabajadores del estado a la que afecta la medida y los propios trabajadores, y sus amigos y, hasta sus perros, seguramente.

Pero, dado que, por otro lado, les viene bien a todos, nadice dice nada y se establece un pacto de silencio implícito: si nadie se va de la lengua, nadie tiene por qué enterarse de que la cosa es ilegal, la normativa se aplicará y todos (es un decir) tan contentos.

Sólo que hay un sindicato que decide que no. Que la normativa es, en efecto, ilegal y que por tanto va a recurrirla ante los tribunales.

Así lo hace. Y como era de esperar, la sentencia les da la razón.

¿La reacción del gobierno? Decir que sabían desde el principio que su iniciativa tenía “debilidades legales”, hermoso eufemismo donde los haya, pero que no pasa nada.

¿La reacción de los otros sindicatos? Acusar de irresponsable al que ha llevado el asunto a los tribunales. Y decir, de paso, que lo que importaba era que “sus chicos” (quiero creer que se referían a los trabajadores, no sólo a sus afiliados, y es que soy así de bueno) cobrasen lo que tenían que cobrar, y no minucias tales como la legalidad o la ilegalidad del asunto.

¿La reacción de los trabajadores afectados? Encabronarse porque van a dejar de percibir un dinero al que, con la ley en la mano, nunca tuvieron derecho y, por supuesto, llenarse de “justa” indignación por los actos de esos irresponsables que llevaron el asunto a los tribunales.

Como dice el título de la entrada, esto es una fábula. Nada remotamente parecido podría suceder en el mundo real.

Un comentario

  1. Hombre, si fueses un buen narrador enriquecerías la fábula con algún elemento más y lo convertirías en una novela en vez de una fábula. Y te paso varias ideas gratis:

    1 – Situarías la historia en una república bananera. Con una gran masa funcionarial y una larga serie de chiringuitos promovidos por el poder de turno para cobijar familiares y sin embargo amigos.

    2 – Imagínate que tienes comprados a los sindicatos mayoritarios gracias al punto anterior. Ya sabes: congresos, cursos, subvenciones y farturas (y facturas) varias…

    3 – Imagínate que la medida se promete justo antes de unas elecciones en la que los sondeos no te dejan muy bien parado. Podemos poner unos 100 euros de media más todos los meses. ¿A cambio de qué? De firmar un papel en blanco que diga: en el futuro, cuando exista…

    4 – Imagínate que después hay un pulso de poder entre distintos departamentos por un quítame estas competencias, mezclado con un pacto de gobierno con el que alguna fuerza política contaba y no se produce (gracias en parte al punto anterior que te hizo arañar algún voto más). Gente que de repente se encuentra sin despacho, en la calle, y se pone nerviosa y tira de teléfono para empezar a contar cosas (que si esti Puertu, que si esto que firmaron, que si yo siempre lo dije pero no podía hablar…)

    5 – Imagínate que para parar el punto anterior les das un despacho, pero que hay algún sindicato insobornable y minoritario que sigue haciendo lo que tiene que hacer un sindicato.

    6 – Y después de ganar en los tribunales, cuando la gente del primer punto se pone nerviosa pensando que tiene que devolver ese dinerillo que cobró de más durante dos años, puedes firmar con la gente del punto dos la solución del problema, al fin y al cabo son TU GENTE. O sea que se queden con la pasta, para repartirse luego las medallas del mérito, rueda de prensa con pinchoteo (para tener mejor cobertura informativa) mediante. Y aprovechas para demonizar a los malos.

    Pero para hacer la historia redonda, yo la enfocaría desde el punto de vista de ese veinte por cierto de trabajadores que no quisieron venderse por un plato de lentejas, y que no han cobrado un duro en todo este tiempo. Ellos se llevan la satisfacción moral de que tenían la razón y “los otros” la pasta. Todos contentos.

    Claro que todo esto son ideas y cualquier parecido con la realidad es pura mala leche…

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