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Coda
En la noche mil dos, el sultán decidió dormir solo.
Sherezade, sin un público para el que trenzar una historia, no pudo conciliar el sueño.
A la noche siguiente, los enemigos del sultán tomaron el palacio y pasaron a todos por la espada... excepto al sultán y a Sherezade. Al primero, le perforaron los tímpanos con hierros al rojo. A ella, la cegaron para que nunca supiera con certeza si alguien oía sus historias o no.
Los dos vagan ahora por las ruinas del palacio, sin encontrarse nunca.
© 2009, Rodolfo Martínez
Eres un poderoso luchador, pero al final no eres más que una criatura egoísta. Mientras que los héroes.. . ¡Los héroes tienen una capacidad infinita de estupidez! ¡Y así nacen las leyendas!Walter Simonson
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5 Junio, 2009 - 10:50
Qué final cruel!
6 Junio, 2009 - 05:20
joer que malaleche chaval. Un mal dia lo tiene cualquiera, supongo.