Coda

En la noche mil dos, el sultán decidió dormir solo.

Sherezade, sin un público para el que trenzar una historia, no pudo conciliar el sueño.

A la noche siguiente, los enemigos del sultán tomaron el palacio y pasaron a todos por la espada… excepto al sultán y a Sherezade. Al primero, le perforaron los tímpanos con hierros al rojo. A ella, la cegaron para que nunca supiera con certeza si alguien oía sus historias o no.

Los dos vagan ahora por las ruinas del palacio, sin encontrarse nunca.

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