Piensa en verde… o, mejor, no pienses

No suelo dedicar una entrada a recomendar algo, por lo general. Sin embargo, a veces no puedo evitarlo.

Esta misma mañana, mientras hacía lo de siempre (repasar los blogs que leo habitualmente -algo que para mí se ha convertido hace ya tiempo en un ritual similar al de la lectura matutina de la prensa impresa para otros- y buscar alguno nuevo que me pueda resultar interesante) encontré esta entrada en El retorno de los charlatanes, la bitácora de Mauricio José Schwarz.

No sólo comparto todo lo que dice, sino que toca un tema que siempre me ha interesado y resultado chocante: y es la actitud tecnófoba, que casi podríamos llamar de “reaccionaria en lo científico”, de buena parte de la izquierda, sobre todo de aquella más “progre”, más heredera de lo “setentero”. Esa especie de mantra de “la ciencia es mala” que repiten una y otra vez sin saber muy bien, me parece, lo que están diciendo.

En fin, mejor os leeis la entrada de Mauricio, que pone el dedo en la llaga en unos cuantos puntos y, además, lo hace de un modo muy interesante.

3 comentarios

  1. Estoy de acuerdo con todo lo que dice, y con que hayas puesto ese enlace. Lo peor de todo es que la inmensa mayoría de la población, con su escaso nivel en conocimiento, da por un hecho probado y real lo que las líneas de alta tensión producen leucemias galopantes y cosas así.

    Al final de tanto insistir la gente se lo cree. En cierto modos los mantras verdes son el Maellus Maleficarum de estos tiempos. Y no hace falta recordar los efectos secundarios de las tesis incluidas en dicho libro.

    Y luego está la reacción, lógica y comprensible, que mucha gente razonable tiene ante todo lo que huela a ecologismo. Y el escepticismo ante el cambio climático u otros riesgos ambientales contrastados científicamente no nos lo podemos permitir.

  2. No puedo estar más en desacuerdo con Instan: lo que no podemos permitirnos es la falta de escepticismo. Que a los que expresamos nuestras muy razonables dudas (nuestro más abierto y racional escepticismo) sobre la nueva religión climático-catastrófica progre se nos acuse de negacionistas y otras chorradas por el estilo resulta insultante (no para nosotros sino para las víctimas del auténtico negacionismo) y delirante.

  3. Estoy de acuerdo en que la falta de escepticismo es un lujo que no debemos permitirnos. Y, por pura salud mental, creo que el primer lugar al que hay que aplicar ese escepticismo es a “nuestras cosas”, por así decir, a aquello que nos parece más cercano, a todo aquello que llevamos toda nuestra vida dando por supuesto y sin planteárnoslo jamás con espíritu crítico y, muy especialmente, a todas esas ideas que, por estar en consonancia con nuestra forma de ser, de pensar o de ver el mundo, aceptamos sin cuestionarlas jamás.

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