Vendedores de humo

Conocía la especie, claro, pero confieso que principalmente de oídas o, como mucho, de lejos. No ha sido hasta recientemente cuando he podido darme con uno de ellos cara a cara. Y confieso que despierta mi admiración el modo en que día a día, se las apaña para convencer a sus superiores de que es la hostia, la biblia en verso, la caña de España y el azote del rock sin que le importe un pimiento que sus inferiores (que en teoría son sus iguales, pero a los que ha tenido siempre mucho cuidado de no tratar así, no lo vayan a confundir con uno de ellos) vean sus marrullerías y sufran su incompetencia.

Llegará lejos, sin duda. Medrará, flotará y quién sabe si hasta puede que termine levitando. Por suerte, y si todo va bien, me queda poco tiempo de estar en el mismo escenario que él.

Lo cual, a veces, lamento. El espectáculo merece la pena. Y la idea de la confrontación, que tendría que llegar tarde o temprano, me estaba empezando a resultar interesante.

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