JCVD

Confieso que el motivo principal que me llevó a ver esta película fue el morbo puro y duro. Los comentarios que había podido leer sobre ella me llevaron a pensar que me las vería con una especie de juguete sadomasoquista donde el musculoso belga daría rienda suelta a su autocompasión.

Y, aunque algo de eso hay (especialmente en el momento en que Van Damme se pone a hablar con el espectador y a “desnudar su alma”), lo cierto es que estamos ante una buena película, cuyo intento de disección de las pequeñas miserias y grandezas de una celebridad funciona, como también lo hace el análisis a vuelapluma (impresionista y superficial, seguro, pero efectivo) de la sociedad que lo rodea.

JCVD se articula en varias secuencias que van mostrando distintos fragmentos de lo que pasa desde diferentes puntos de vista, alterando ligeramente el fluir cronológico y volviendo de vez en cuando al mismo momento enfocado desde otra perspectiva. Poco a poco, las piezas van encajando y vamos viendo con mayor claridad lo que realmente ocurre.

No tengo muy claro si Jean-Claude van Damme se prestó a este proyecto por pura necesidad crematística, por falta de pudor, por compromiso personal o… bueno, por lo que sea. Sus motivos para rodar esta película son exclusivamente suyos y seguramente no los conozcamos nunca. Tampoco es que importen. Lo que su presencia aporta al film es un innegable aire de verismo, de verosimilitud.

Porque la película funciona, no sólo por su impacable dosificación de las distintas versiones de lo que está pasando, sino (y, de verdad, no me puedo creer que esté escribiendo esto) por la interpretación de Van Damme. No, no estoy diciendo que sea un gran actor. Ni siquiera un actor pasable, seguramente. Pero es capaz de ofrecernos una versión de sí mismo (porque no tengo muy claro que el Jean-Claude van Damme que aparece como personaje en la película sea realmente el Jean-Claude van Damme del mundo real) creíble y plausible. Y, dado que la película tiene a su personaje como pivote alrededor del que gira todo, desde el instante en que te lo crees a él, desde el momento en que te crees a esa estrella del cine de acción en decadencia involucrada a su pesar en la versión cotidiana y realista de algo que, sin duda, estaría harto de solucionar a golpes y tiros en su filmografía, te crees todo lo que ves en la pantalla.

Como he dicho, me molesta un poco el momento en que se abandona la ficción fílmica y el personaje se dirije a la cámara (o sea, al espectador) para desnudar su alma hasta las últimas consecuencias. Hasta ahora, la composición del personaje había sido impecable, consiguiendo que simpatizásemos por él, nos diese cierta pena su situación y quisiéramos que saliera airoso de ella, sin necesidad de caer en lo evidente ni lo machacón. En ese momento, sin embargo, la impresión que me queda es que se ha jugado de un modo demasiado explícito a la complicidad a través de la compasión (a mostrarnos un “hombre muy humano”, por usar uno de los tópicos más abyectos del lenguaje periodístico actual), y eso me acaba estropeando un poco la película, lo reconozco.

Pese a todo, me alegro de haberla visto. No es que sea un peliculón que vaya a pasar a los anales del cine (bueno, a los del cine belga -filmografía que confieso desconocer-, a lo mejor) pero sí es una película bien construida, bien narrada y, sobre todo, interpretada de un modo que hace que te la creas sin ninguna dificultad desde el principio hasta el final.

No sé  cuánto de lo que ahí se narra es real, qué parte corresponde a las peripecias del Van Damme real y qué parte se ha inventado para la película. Pero, real o falso, quizá mi momento favorito es cuando alguien le pregunta al actor en qué proyecto esta metido ahora y éste responde que en ninguno. Su interlocutor le dice que creía que iba a trabajar en tal o cual película.

Van Damme duda un momento y dice:

-No. Le han dado el papel a Steven Seagal.

Esas palabras reflejan con más contundencia que cualquier otra cosa el momento de declive y decadencia en que, al menos en la ficción fílmica, se encuentra el actor belga. Cuando alguien prefiere a Seagal antes que a ti para un papel, es que has caído muy bajo, desde luego.

4 comentarios

  1. La verdad es que yo también flipé.
    Flipé que me gustara y flipé que al acabar la peli me apeteciera recomendarla. Qué cosas.

  2. JCVD y Ben X, curiosamente las dos Belgas,
    fueron dos de las películas mas sorprendentes
    del 2008.

    JCVD es descacharrante desde la escena inicial.
    Muy recomendable.

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