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Perfección
Cuando acabó su obra, el tejedor de alfombras supo que era perfecta. Para no ofender a Dios, volvió sobre su trabajo y cometió deliberadamente un error, tan evidente y palpable que no hacía sino resaltar la perfección del resto de la alfombra.
Dios no tardó en castigarlo por su soberbia.
© 2009, Rodolfo Martínez
Nunca permitas que tu sentido de la moral te impida hacer lo correcto.Salvor Hardin









