Lo oculto

-Pero, Holmes -dije, maravillado-, ¿cómo supo que James Hawkings era el asesino?

Sherlock Holmes, reclinado en su sillón favorito frente a la chimenea de nuestras habitaciones de Baker Street, entrelazó los dedos de las manos y apoyó en ellos la barbilla. El fuego iluminaba sus facciones aquilinas y un brillo visionario resplandecía en sus ojos entrecerrados.

-Unas deducciones de carácter absolutamente elemental, amigo mío -respondió-. Nada que sea realmente digno de atención, en cualquier caso. Al fin y al cabo, lo oculto acaba saliendo a la luz por sí mismo, si sabemos observar y tenemos la paciencia necesaria.

En aquel momento, desperté. Me costó aceptar el hecho de que yo no era el doctor Watson. Y que jamás había conocido a Sherlock Holmes. Luego, me dirigí a mi laboratorio, tomé una nueva dosis de mi suero y el doctor Henry Jekyll no tardó en desaparecer de este mundo.

4 comentarios

  1. Vaya, que bien. Por cierto: apenas hoy adquirí ‘Las hazañas de Sherlock Holmes de Donan Doyle Jr. y Carr. A ver que tal, aunque me parece haber leído por aquí alguna crítica a eso.

  2. No sé si comenté el libro aquí en alguna ocasión. Es posible. Sí que lo leí en su momento y son relatos bastante miméticos respecto a los originales, que no aportan nada nuevo pero que, precisamente por su fidelidad, y dar más de lo mismo, contentan al fan que algunos llevamos dentro. Aunque no me parecen, ni de lejos, de lo mejor que se haya hecho en el terreno del pastiche holmesiano.

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