Los múltiples pasados del Joker

La memoria es algo muy curioso.

No hace mucho releía “La pared de hielo” (uno de los mejores cuentos de César Mallorquí y, de hecho, uno de los mejores relatos que ha dado la ciencia ficción española) y no podía evitar pensar en ello. Fue Marisa Cuesta quien me dijo hace años que en ese cuento era donde mejor había visto descrito el funcionamiento de la memoria humana. Dado que es cabezóloga y, por tanto, asumo que sabe de lo que está hablando en ese terreno, no seré tan osado para contradecirla. Además, estoy de acuerdo con ella.

Un par de líneas de diálogo del relato, precisamente sobre la memoria, me hicieron sonreír en su momento. Uno de los personajes dice: “muchas veces la memoria falla”. Y el otro responde: “siempre falla. Por eso el mundo es imperfecto”.

¿Imperfecto? Quizá. Pero interesante. Que nuestra memoria no sea perfecta, que trabaje de un modo fragmentario y elástico, que pueda ser “embellecida”, retorcida, deformada, reinventada una y otra vez, es una de esas cosas que le dan salsa a la vida, en cierta forma. Recordemos a ese Joker de La broma asesina que, puestos a tener un pasado, prefiere tenerlo múltiple, algo que Christopher Nolan aprovecharía para su propia visión del personaje en El caballero oscuro.

El mejor mentiroso es quien se cree sus propias mentiras, al fin y al cabo. Y, añadiría, aquél que ni siquiera es consciente de estar inventándose un pasado.

Nop estoy seguro de que sea el caso, pero algo que he visto en los últimos días me ha hecho pensar en el tema. Confieso que ha tenido su gracia ver ciertos giros radicales de actitud (casi me dan ganas de decir “de 360º”, como hace el personaje de Anthony Quinn en El último gran héroe), dados además con una elegancia y una distinción que me llenaron de maravilla. Si a eso añadimos que el carácter claramente retroactivo del giro, fue casi de ovación y vuelta al ruedo. A estas alturas, no me cabe duda alguna, en su memoria ya no habrá habido giro alguno y estará convencido de estar manteniendo la misma postura que ha mantenido toda su vida. Brillante. Homérico, casi me atrevería a decir.

Y, sí, ha hecho el mundo un poco más interesante de lo que lo era hace unos días, sin duda.

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