Ted Chiang: Lo que hubiera podido ser

Acabo de leer “Exhalation“, el relato de Ted Chiang que es candidato este año para el Hugo.

Y, como siempre que leo algo de este autor, me ha dejado sin aliento. No es un chiste fácil ni un vano intento de un juego de palabras, aunque pudiera parecérselo a quien haya leído el relato.

La capacidad de Chiang para mostrar, de forma coherente y plausible, mundos totalmente imposibles me llena de asombro. Y no me sorpende menos el modo en que hace ciencia ficción “dura” (es decir, totalmente rigurosa desde un punto de vista científico) usando al mismo tiempo postulados distintos a la ciencia que conocemos, ambientando relatos en una Tierra plana, en un universo donde la gracia de Dios es algo perceptivle y mensurable o en un entorno donde los golems se han convertido en mano de obra indispensable para comprender una civilización.

Cada vez que leo uno de sus relatos tengo la sensación de estar contemplando una especie de evolución alternativa. No del universo, sino del género literario que aprendí a amar en mi infancia y que, lo confieso, cada vez me decepciona más. Porque, en cierto modo, la ciencia ficción de Chiang es una muestra de lo que el género podría haber llegado a ser si hubiera seguido otros caminos.

¿Qué quiero decir con eso? Difícil pregunta. La especulación científica rigurosa, seria y coherente que hay en toda su obra podría recordarnos a la Edad de Oro del género, en los años cuarenta y cincuenta. Su gusto por la metafísica también podría traernos recuerdos de esa época. Unamos a eso un estilo de apariencia sencilla y, sobre todo, de enorme eficacia narrativa: contando precisamente lo que quiere como quiere y en el momento que quiere, consiguiendo que el lector entre en un universo ajeno al suyo sin que le cueste trabajo alguno, haciendo parecer natural lo que es casi imposible.

¿Y qué obtenemos al mezclar todo eso? Pues la sensación de que falta algo. De que hay algo más en la obra de Ted Chiang que se nos escapa. Confieso que me resulta muy difícil definir su obra. Y usar lugares comunes como decir que es enormemente personal o que resulta inclasificable me deja, la verdad, bastante insatisfecho.

Hay un viejo chiste. Un editor recibe una novela de un joven escritor. La lee y le dice: “Su obra es buena y es original. Lástima que las partes buenas no sean originales y las partes originales no sean buenas”.

La obra de Chiang (adecuadamente circunscrita al relato corto, donde realmente la ciencia ficción concentra toda su fuerza y su garra y de donde a veces me digo a mí mismo que nunca debió escapar) es justo todo lo contrario de lo que acabo de describir. Es una de esos raros artefactos donde calidad y originalidad van de la mano y son además inseparables.

No me suelen faltar las palabras, pero la obra de Chiang a menudo me deja sin ellas. “Exhalation” no ha sido una excepción: la idea brillante que lo sustenta (una de las mejores reflexiones que he leído, junto con “Learning to be me” de Greg Egan, sobre la identidad y el “yo”), el modo no menos brillante en que la plasma, la increíble capacidad para darle un tratamiento cotidiano a algo imposible… todo ello me ha llevado de nuevo a los mejores momentos del género, cuando éste empezaba a descubrirse a sí mismo y sus enormes posibilidades.

Y una vez más, vuelvo a pensar que los relatos de Chiang son lo que habría podido ser la ciencia ficción de no haber torcido el camino en cierto momento, de no haber perdido la garra ideológica y especulativa que hizo de ella una literatura vital y una herramienta afilada. Cuando pienso en su estado actual, embotado su filo, sumida cada vez más en la pura aventura (contra la que no tengo nada, pero cuando se convierte casi en la única opción acaba resultando fatigosa) o en la autorreferencialidad extrema sólo apta para iniciados, a veces no puedo evitar el pesimismo.

Así que leer de vez en cuando algo como “Exhalation” que, sin renunciar a uno solo de los tópicos y los ejes temáticos principales del género, mantiene la potencia especulativa (y casi diría que metafísica) que tuvo en su momento es -y ahora sí que se trata de un chiste fácil- toda una bocanada de aire fresco.

3 comentarios

  1. Aún no he leído este “Exhalation” del que hablas, pero “La historia de tu vida” es el libro que más y mejor me ha hecho pensar en los últimos años. En cierto modo, me abofeteó literariamente hablando. Sentí una sacudida en el primer relato, y varias más a lo largo del libro.

  2. Estoy completamente de acuerdo. Eso es lo que debería de haber sido la ciencia ficción. De hecho creo que la ciencia ficción hard debería de ser como la plantea Chiang, rigurosa en el empleo de la ciencia, pero no tiene necesidad de emplear una ciencia correcta.

    Por eso puede especular, por eso puede crear sentido de la maravilla, y por eso puede ser buena literatura. En cierto modo Chiang hace el mismo tipo de ciencia ficción que Stanislaw Lem pero lo hace no desde la profundidad filosófica sino dentro de los cánones populares del género.

    A día de hoy el único autor que va tan lejos como Chiang es Egan. Y existe un gran diferencia, Chiang es mucho más digerible por el lector medio de Egan que es más denso conceptualmente. Y curiosamente son dos autores que se han movido mejor en los cuentos que en los relatos largos.

    Como bien dices el cuento, y en algunos casos la novela corta, son las estructuras fundamentales en que debería de desarrollarse la ciencia ficción, como literatura de ideas. Quizá esa falta de interés que tiene la ciencia ficción guarde relación con la tendencia hacia los tochos.

  3. Muy buena entrada, Rudy. Chiang es, literalmente, un fuera de serie. Ojalá se prodigará más, pero desde luego el tío es consecuente: dice que sólo escribe cuando tiene algo que decir. Así que sus cuentos son diamantes puros.

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